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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri

sábado, 24 de marzo de 2018

El tamborcito de cuero d­e piojo

Cuentos e historias que se contaban a la luz de la vela

Érase un rey que era muy compadecido. Le gustaba saber en qué condiciones se hallaban sus súbditos; para lograrlo, hablaba de tiempo en tiempo con los habitantes del reino.

Un día quiso recibir a los pordioseros. Entraron juntos a la sala del trono y uno de ellos habló en nombre de todos:

-Socórrenos, buen Rey, por el ángel de tu guarda, por el santo de tu nombre; mira que los fríos están muy fuertes y no tenemos donde dormir.

El Rey les ofreció una troje muy grande, de esas que hay en los ranchos para guardar la semilla, para que les sirviera de refugio; con eso los pordioseros se retiraron muy agradecidos.

Ahí tienes que entonces el rey se fijó en un animalito muy curioso que corría de un lado a otro sobre el tapiz de uno de los sillones.

-Mis guardias -dijo-, vengan a decirme qué animal es éste.

Pero los guardias se miraban unos a otros sin atreverse a contestar. Llegó en eso el mayordomo de palacio y le dijo:

-Perdone, su Majestad, no es más que un piojo que dejaron los pordioseros; mejor sería matarlo.

-No le hagan daño -dijo el Rey-, yo veré que cuiden de él.

Mandó hacer una urna de cristal, puso en ella al piojo y se lo entregó a un paje para que lo cuidara.

Para esto el Rey tenía una hija a la que le gustaban mucho los animales y que, tan luego como vio al piojo, le pidió a su padre que se lo regalara; así el paje y la princesa cuidaban del piojo, le daban su comidita, su agua y lo sacaban al jardín todos los días. El piojo, con la buena vida, comenzó a engordar y a crecer, pero una mañana amaneció muerto de frío.

La princesa lloró mucho y el Rey, su padre, para consolarla, mandó a llamar a un curtidor para que le preparara la piel y así la niña pudiera conservarla de recuerdo.

Una vez que la piel estuvo curtida la niña comenzó a discurrir:

-¿Qué haré con la pielecita?

Y pensando, pensando, pensó hacer un tambor.

Yendo y viniendo el tiempo, creció la niña y el Rey decidió que ya era necesario que se casara, pero la princesa no estaba de acuerdo, y decía:

-No papacito, ni creas que me casaré nada más así; el que quiera casarse conmigo tendrá que pasar tres pruebas y si no las pasa, penará con la vida.

Con tal de casarla, el Rey mandó por todos los confines del reino heraldos que leyeran el bando en el cual se hacía saber a todos los súbditos que pretendieran la mano de la princesa, que podían ir a palacio a someterse a las tres pruebas, advirtiéndoseles que el que no las pasara, penaría con la vida.

A pesar de eso no faltaron príncipes, ni duques, ni condes; pero todos murieron en la primera prueba.

Una vez la princesa fue de día de campo al monte. Allí la vio un carbonerito que andaba con su burro juntando leña. Cuando la niña se fue, el carbonero regresó a su jacal y le dijo a su madre:

-¡Ay mamacita! Mejor muerto que no volvera ver a la princesa; yo me voy a palacio a pedir su mano.

-No vayas, hijo -le dijo su madre-, mira que será tu perdición; si no han podido los nobles pasar las pruebas ¿qué has de poder tú, que no eres más que un carbonero que ni siquiera sabes leer?

-No importa, querida madre, écheme la bendición y ya verá como antes de los calores regreso.

Y diciendo esto se puso en camino, y andando, andando, encontró un hombre que estaba gritando:

-¡Jesús te ayude! ¡Jesús te ayude!

-Pero, hombre, ¿a quién quieres que ayude Dios, si aquí no hay nadie en peligro? preguntó el carbonero.

-Si no se trata de peligro, no seas tonto, no oyes que el Rey de España está estornudando.

-Pues la verdad yo no oigo nada -dijo el carbonerito.

-Qué has de oírlo -dijo el otro-. Yo lo oigo porque soy Oyín Oyán y hasta la hierba oigo crecer. Tú ¿adónde vas?

-Voy a pedir la mano de la princesa. ¿No me acompañas?

-Sí, cómo no -le contestó Oyín Oyán-, vámonos por ahí. En el camino encontraron a un hombre que estaba tirado, durmiendo.

-Mira ese flojo, -dijo el carbonerito- ya bajó el sol y todavía está durmiendo la siesta.

-¡Qué flojo voy a ser! -contestó el hombre-. Ayer salí de China y hoy mismo llegué, me llamo Corrín Corrán y corro más que el viento. ¿Ustedes, adónde van?

Voy a pedir la mano de la princesa -dijo el carbonerito-. Este es Oyín Oyán, ¿no nos acompañas?

-Con gusto.

Y los tres se pusieron en camino.

Más adelante se encontraron con un hombre que estaba comiendo una gallina tras otra, con todo y plumas.

-¡Ah, bárbaro! -le dijeron- -¿Cómo le haces para comértelas enteras?

-Eso es fácil -les contestó el otro- media docena de gallinas es poco para mí, que hasta un toro con todo y cuernos he llegado a comerme. ¿No ven que soy Comín Comán, hijo de Buen Comedor? Pero, ¿a dónde van ustedes?

-Voy a pedir la mano de la princesa -contestó el carbonero-. ¿Tú también quieres acompañarme?

-Sí -le dijo Comín Comán y se fue con ellos.

Así llegaron los cuatro a palacio y el carbonero se presentó a pedir la mano de la princesa. Tan luego como llegó le pusieron la primera prueba.

-Mira -le dijeron-, ayer fue la princesa a bañarse al mar y sobre una roca dejó su anillo. El Rey tiene un paje que es un gran corredor; tendrás que correr con él en busca del anillo y el que llegue primero con él ganará la prueba; si logras traerlo, ganas y te casas con la princesa, silo trae el paje gana la princesa y tú penas con la vida.

Fuese luego el carbonero a contarles a sus amigos de qué se trataba y Corrín Corrán le dijo:

-No te apures, que aquí estoy yo, ya veremos si me gana el pajecito ese.

Al día siguiente muy de mañana, ahí van corre que te correrás, pero apenas iba el paje llegando al mar, cuando Corrín Corrán ya venía con el anillo.

Se lo dio en seguida al carbonerito que muy contento fue a entregarlo, ganando así la primera prueba.

Al otro día le dijeron;

-Hoy se servirá un banquete, la princesa tiene un paje que come más que un ogro, tú tendrás que comer con él. El que coma más ganará la segunda prueba.

Esto le pareció más difícil al carbonero, sin embargo, se lo fue a contar a sus amigos.

No te apures por eso -le dijo Comín Comán-, déjalo todo de mi cuenta, ya verás cómo no te arrepientes.

Apenas lo llamaron al banquete, se presentó Comín Comán disfrazado de carbonero y para qué les digo que no sólo se comió los alimentos que le presentaron sino que para terminar más aprisa se los comió con todo y platos.

Al fin que este es un cuento ... ¿verdad, niños? Y como me lo contaron se los cuento.

La princesa no tuvo entonces nada que decir y el carbonero ganó la segunda prueba.

-¿A que antes del medio día no adivinas de qué es mi tambor y con qué lo toco?

Y el carbonerito se quedó pensando. Y pensando, pensando, se fue a ver a sus amigos.

Luego que lo oyeron, dijo Oyín Oyán:

-Ahora mismo me pongo a escuchar lo que pasa en palacio, quién quita y así sepamos de qué está hecho el tambor.

Oyín Oyán, con la oreja en el suelo y casi sin respirar, escuchó lo que decían los guardias, los pajes y toda la corte y hasta el mismo Rey, cuando de pronto va oyendo a la princesa cantar acompañándose de su tambor:

Cuerito de piojo
varita de hinojo,
cuerito de piojo,
varita de hinojo.
-¡Albricias, carbonerito! -gritó contentísimo Oyín Oyán. El tambor es de cuero de piojo y las varitas con que lo toca son de hinojo.

Con eso, al medio día, fue el carbonero a palacio donde la corte se hallaba reunida. Allí la princesa volvió a preguntar al carbonerito:

-¿De qué es mi tambor y con qué lo toco?

Y el carbonerito le contestó cantando:

Tamborcito de cuero de piojo,
varita de hinojo
La princesa mudó de color al verse perdida, pues veía al carbonerito muy sucio y muy feo, pero:

-Palabra de Rey no vuelve atrás -dijo su padre-. No tienes más remedio que casarte.

Para esto, el camarista del Rey se encargó de alistar al carbonero para la boda, los pajes lo bañaron en agua de rosas y hierbas de olor, le pusieron vestidos de seda y encaje, convirtiéndolo así en un niño precioso.

La princesa no se cansaba de mirarlo. "Ayer tan feo, hoy tan bonito", se decía, y así diciendo se celebraron las bodas, que entre cohetes, iluminaciones y músicas, duraron más de ocho días.

Para entonces el carbonerito se acordó de su madre, mandó enganchar una carroza de oro y la fue a buscar a su jacal. La viejita de pronto no lo reconoció y pensó que venía de parte del Rey a traerle las nuevas de la muerte de su hijo. Así que para qué les cuento el gusto que tuvo cuando se dio cuenta de que aquel príncipe tan elegante era nada menos que su propio hijo. Y para no hacerles el cuento largo, les diré que el niño se llevó a su mamá a vivir con él a palacio; que a Corrín Corrán, Oyín Oyán y Comín Comán, los nombró ministros del reino y que él y la princesa:

Vivieron felices,
comieron perdices,
y a mí no me dieron
porque no quisieron.







Fuente




http://www.guillermoromero.es/cuentospopulares/index.php?section=15&page=-1

Juan Antonio Quintero Piña

Pedro Quintero García

Del matrimonio del general Quintero con la señorita Dolores Piña, nacieron tres hijos, Juan Antonio, Carlos e Inés y desde temprana edad en el primero -nació el 13 de junio de 1849-, se preocupó de edu­carlo y a este objeto le procuró maestros privados, entre los cuales estaba el señor Gil y Luis Cazorla. Cuando estalla la guerra federal se empeña en acompañar a su padre montado en la grupa de su caballo y en un asalto inesperado, una bala le rozó la frente dejando una ci­catriz superficial .

 El padre temiendo males mayores porque el muchacho era inquieto, decide enviarlo a un colegio de Popayán bajo la protección de un pa­riente lejano residente en esta población.

Terminada la guerra con la victoria de la Federación, el jovencito regresa a su tierra con el grado de bachiller y se dedica a incrementar el hato de La Quintereña, cuyos rebaños habían disminuido alarma­ntemente. Emprende una labor faraónica, reposición de las cercas de los potreros, la compra de vacas y sementales en Apure y la reconstrucción de caneyes y ranchos para la peonada. Con elementos de la tropa de su padre, a quienes les había donado parcelas, se dedicó a In siembra de conucos y represar las aguas del río para asegurar agua durante la estación seca.

En verdad tres años después recoge los frutos de sus desvelos al comprobar un resurgimiento de la finca, se habían multiplicado las cose­chas, 200 novillos gordos había vendido, se había fabricado queso en poca cantidad, habían comprado más de trescientos becerros y los frutos menores los recogieron para enviarlos al mercado.

El general no quiso utilizarlo en cargos políticos, aunque liberal de convicciones, se dedicó a formar grupos partidistas entre sus compañeros y al efecto fundaron un periodiquito llamado El Combatiente dirigido por veteranos periodistas, donde semanalmente aparecían artículos doctrinarios.

A los 22 años se une en matrimonio con la bella señorita Clara To­rres y tiene los siguientes hijos: Conchita, Carlos y Juan Antonio, este último fallece a los cuatro años.

El día de su esposa, para festejar a Santa Clara el año de 1894, sufre el gran golpe de comprobar la muerte de ésta y la intoxicación de más de cien invitados por una torta cuyos orígenes jamás se esclarecieron y por voluntad de Quintero no continuaron las averiguaciones en que se presumían complicadas personalidades opositoras al liberalismo.

En 1900 decide contraer nupcias con la señorita Socorro Escobar y procrea a Juan Antonio, Rosa Efigenia y Clemencia; el primero como fatal coincidencia muere a temprana edad, como si el destino impidiera la vigencia de este nombre.

En ese tiempo abre un almacén de víveres y mercancías y empieza a trabajar en este ramo y a pesar de haber perdido mucho con la pesada muerte de su progenitor y las guerras civiles que asolaron el llano, la fortuna le sonrió con muy buenas utilidades. En sociedad con mi tío, don Sebastián García, formó una sociedad para beneficiar ganado en el mercado de Guanare, extendiéndose sus actividades a la venta de grandes hatajos de novillo hacia los pueblos de la cordillera.

La enfermedad de su segunda esposa, un largo proceso donde agotó todos los recursos posibles, tratamientos en Caracas, aplicación de todos los tratamientos, luego de largos sufrimientos la pobre dofia So­corro moría de cáncer en el seno, la madrugada del 11 de noviembre de  1919.

Don Juan Antonio padeció en su vejez los ataques agudos del reumatismo articular que llegó a impedirle los movimientos naturales y a pesar de los tratamientos aplicados la marcha de sus terribles dolencias sólo eran aliviadas con los calmantes conocidos.

En unión de su hermano Esteban, mi padre, acostumbraba ocurrir a los baños sulfurosos de agua fría y caliente llamados de Santa Ana, cercanos a Biscucuy, allí tomaba un número determinado de inmersiones que según él le proporcionaba grandes alivios.

Sin solicitar ayuda alguna, le costaba caminar valiéndose de baston  de apoyo y como era natural estaba imposibilitado de atender sus numerosas obligaciones y un día decidió entregar a su hijo Carlos, ausente desde largo tiempo, el hato y a su yerno Francisco Delgado la responsailidad del negocio mercantil y libre de estas obligaciones se entrega al ocio y el descanso hasta que un día lo encontraron muerto, quien sabe si a causa de un paro cardíaco. El 2 de junio de 1921 fue sepultado en medio del respeto y el aprecio general.

Don Juan Antonio poseía grandes cualidades, acostumbraba enviar su óbolo a los ''pobres vergonzantes'' que según él eran los que padecían mayores necesidades, sencillamente porque, no solicitaban la caridad pública. Cuando alguien se le acercaba con la mano extendida, siempre contribuía con alguna moneda.

Como una reliquia sentimental conservó bajo su cuidado un soldado espaldero de su padre que lo mantenía con un viejo fusil, especie de guardia en el portón de su casa. También tuvo un muchacho sirviente que lo apodó Fu de la Fa a quien le dejó unas tierras como herencia.

¡Ese fue Juan Antonio Quintero Piña!


Referencia


Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. pp 

domingo, 18 de marzo de 2018

Angulo Ariza: El de la palabra fácil y ordenada; gesto enérgico y afable a un tiempo; ideas claras; inteligencia aguda

Dr. Francisco López Herrera 

Señor Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales Señores Académicos; Señoras, Señores: La palabra fácil y ordenada; el gesto enérgico y afable a un tiempo; las ideas claras; la inteligencia aguda. Así conocí, ha casi un cuarto de siglo, al Dr. Félix Saturnino Angulo Ariza, cuando yo atendía a sus clases de Derecho Procesal Penal en la Facultad de Leyes de la Universidad Central de Venezuela, que entonces funcionaba en la misma casa donde hoy nos encontramos. Había ingresado como Profesor a dicha Facultad el año de 1928 y desde entonces se pasea por las cátedras de Derecho Penal, de Derecho Mercantil, de Economía Política, de Derecho Romano, de Derecho Civil y de Derecho Constitucional. Pero la que regenta con singular maestría, a partir de 1937 hasta su jubilación en 1958, es la de Derecho Procesal Penal: puede decirse que, en su época, el Dr. Angulo es en Venezuela el Profesor por antonomasia de esa disciplina. Incluso, ya jubilado por la Universidad Central, continúa durante muchos años dando clases de Enjuiciamiento Criminal en la Universidad Santa María. El paso del Dr. Angulo Ariza por las aulas universitarias, ha dejado huella. Buena parte de las reformas de que ha sido objeto nuestra legislación procesal penal en los últimos decenios, es fruto directo o indirecto de sus enseñanzas. Tuvo como preocupación básica en la cátedra, grabar en la conciencia del alumnado la idea de que el reo -sin menoscabo de las necesidades de justicia y de seguridad jurídicaes un ser humano que, como tal, merece respeto y compasión, pues su vida futura, independientemente del fallo que recaiga, habrá de quedar definitivamente afectada por el proceso. Demostró, por otra parte, un especial y reiterado interés por el estudiante de Provincia y se esmeraba en prepararlo cabalmente para sus actividades futuras, pues estaba convencido de que la materia Penal, en sus aspectos sustantivo y adjetivo, sería el campo más general y constante de su ejercicio profesional. Significa, además, un especial mérito en la actividad docente del Dr. Angulo, el haber sido iniciador de una verdadera escuela de profesores de Procedimiento Penal. Cuando aún se encuentra en la plenitud estimula y ayuda a su discípulo, el Dr. Pedro Mantellini González, a fin de que se convierta en Profesor Adjunto y luego en Titular de la materia. Mantellini, a su vez, actúa en su oportunidad de idéntica, con el prematuramente desaparecido Dr. Ernesto Faría Galán; y éste, por su parte, procede de igual modo con el Dr. Carmelo Lauría Lesseur. Así pues, en un momento dado, la enseñanza del Enjuiciamiento Criminal es impartida en todas las Facultades de Derecho existentes en Caracas –Universidad Central de Vernezuela, Universidad Católica Andrés Bello y Universidad Santa María-, por el propio Dr. Angulo Ariza y pos discípulos inmediatos o mediatos suyos. El Profesor Félix Saturnino Angulo Ariza recogió sus lecciones universitarias en un volumen intitulado "Cátedra de Enjuiciamiento Criminal", que él no tuvo la satisfacción de ver, pues la edición sólo quedó concluida después de su fallecimiento. Esa obra constituye un permanente recordatorio de su labor magisterial. Empero, quienes le conocieron mejor que yo, saben que la cátedra más elevada e importante del Dr. Angulo no era alguna de las que regentaba en las Universidades de esta ciudad, sino la que dictaba -de palabra y con ejemplo- en su propio hogar y ante un grupo de aprendices no menor de los que en mi época cursábamos el último año de Derecho. La casa de Angulo Ariza, en efecto, albergaba no sólo a su esposa y a sus cuatro hijos, sino también a sus sobrinos consanguíneos y afines, a amigos y a protegidos oriundos de su nativo Estado Portuguesa, que allí encontraban sin distingo alguno de trato, afecto, posada, alimento, enseñanza y consejo. El Profesor Angulo fue, en realidad, un auténtico pater familiae, tal como en la antigua Roma se entendía esa expresión: su potestad y su protección se extendían por igual, con generosidad y desprendimiento, a todos sus allegados, amigos y relacionados. Si la labor de Angulo Ariza como maestro fue importante, no iba a la zaga su actuación judicial. En esta otra fase de su carrera se inicia en 1926, cuando es designado mienbro de la antigua Corte Suprema de Justicia del Distrito Federal, pero adquiere especial relieve durante su larga permanencia en la Alta Corte Federal y de Casación y en la Corte Suprema de Justicia. Sus decisiones y ponencias, particularmente en materia penal, son modelo de técnica y precisión, dentro de un marco de brevedad y humanismo. Como Magistrado y como Conjuez de Casación, además, sabia insinuar al Juez de Instancia, sin entrometerse en el fondo del asunto –lo cual le estaba legalmente vedado- la forma apropiada de decidir conforme a Derecho, cuando encontraba que el planteamiento de la sentencia casada era también incorrecto. Mientras estuvo alejado de la magistratura judicial y de las actividades políticas, el Dr. Angulo alternaba la docencia universitaria con el ejercicio competente y honesto de la abogacía. Y ese triple aspecto de su personalidad -dedicado Enseñador de Leyes, recto Impartidor de Justicia y distinguido Abogador de Derechos explica el merecido y público homenaje que, aún en vida, le rindiera en 1968 el Colegio de Abogados del Distrito Federal. El Dr. Angulo Ariza, que había nacido en Guanare en 1890, creyose llamado al servicio de la Iglesia, por lo que cursó estudios como seminarista, primero en Barquisimeto y luego en Caracas. Convencido de su error antes de recibir las sagradas órdenes, trueca la sotana por la toga y se inscribe en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, donde culmina sus estudios summa cum laude en 1918, luego de una serie de interrupciones determinadas por la actividad política estudiantil, de la cual él no fue precisamente un mero espectador. Se traslada entonces a su lar nativo y se dedica a la enseñanza en el Colegio Federal de Guanare, hoy Liceo Unda. Luego ejerce la abogacía en los Estados Portuguesa, Zamora y Apure. Retorna a Caracas para presentar examen integral y optar al título de Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, que obtiene con las máximas calificaciones en 1924. Su tesis de grado fue un interesante trabajo sobre "El Consentimiento de la Madre para la Legitimación de los Hijos Naturales" En distintas épocas de su vida, el Dr. Angulo prestó distinguidos servicios al Estado venezolano: ocupó la Secretaría General de Gobierno en los Estados Zamora y Portuguesa; la Dirección de Ganadería del Ministerio de Agricultura y Cría; y el ViceRectorado de la Universidad Central. También fue legislador: y como Diputado al Congreso Nacional del Estado Portuguesa, desempeña en 1941 el cargo de ponente de la Comisión de Estudio del Proyecto del Código Civil que aún hoy nos rige y lleva a cabo la delicada labor de adaptar ese Proyecto a su texto definitivo. Fue galardonado con la Orden del Libertador, con la de Andrés Bello y con la del 27 de Junio. 

Tan variadas y múltiples actividades no le impiden interesarse en otros tópicos. Respalda de manera decisiva los esfuerzos del Hermano Nectario María de la Congregación de La Salle, para hacer proclamar como Patrona de Venezuela a la Virgen de Guanare, Nuestra Señora de Coromoto. Presta inestimables servicios a la Sociedad Bolivariana de Venezuela, cuya Vice-Presidencia llegó a desempeñar. Publica importantes trabajos sobre "Don Pedro Gual" y "Bolívar en la Llanura". 

Con natural elocuencia pronuncia discursos de orden en actos dedicados a venezolanos ilustres: Monseñor Dr. José Vicente Unda, Dr. Francisco Antonio Rísquez, Dr. Nicomedes Zuloaga, Dr. Carlos Siso, Dr. José Antonio Bueno, Dr. Luis Olavarría Matos, Dr. Tomás Liscano, Monseñor Dr. Nicolás Eugenio Navarro. . . En 1949 es electo Individuo de Numero de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, para ocupar el sillón vacante por la muerte del Dr. Carlos F. Grisanti; pero sólo se incorpora en 1971 y en esa oportunidad presenta como trabajo, un estudio sobre "La Constitución de 1811". 
A mediados de 1972, el Colegio de Abogados del Estado Portuguesa rindió homenaje a la memoria del Dr. Angulo Ariza, quien había fallecido a fines del año anterior. Correspondió pronunciar el elogio al Dr. Lisandro Urriola. Lo inició con tres versos de Antonio Machado: Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que ha vivido. Gratitud -indica el Diccionario de la Real Academia Española- es el sentimiento por el cual nos consideramos obligados a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera". Gratitud es el sentimiento que impera en mí en el actual momento. Gratitud para con todos vosotros, señores Académicos, que habéis querido hacerme partícipe de esta docta Corporación. Gratitud, especialmente, para con quienes propusieron mi nombre para ocupar el sillón vacante por la muerte del Dr. Félix Saturnino Angulo Ariza. Gratitud -de manera señalada y particular- para con el Académico Dr. José-Loreto Arismendi, quien no satisfecho con las constantes y delicadas demostraciones de afecto y de estima que ha tenido para conmigo, tomara la iniciativa y la decisión de hacerme honrar con el ingreso a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Espero poder corresponderos, cumpliendo con fidelidad y dedicación los deberes que me impone vuestra amable escogencia. 

 Discurso de incorporación del Dr. Francisco López Herrera a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales 17/04/1972


Sillón N°8 Academia de Ciencias Políticas y Sociales.

Dr. Félix S. Angulo Ariza
Electo en sesión de 30 de septiembre de 1949.
Se incorporó el 15 de julio de 1971. Murió el 26 de diciembre de 1971.

Dr. Francisco López Herrera
Electo en sesión de 17 de abril de 1972.
Se incorporó el 4 de diciembre de 1974.
Murió el 26 de agosto de 2015.

Referencia
Lopez Herrera, Francisco.     Discurso de incorporación del Dr. Francisco Lopez Herrera a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales http://acienpol.org.ve/cmacienpol/Resources/IndividuosDocs//22/sillon%208-1.pdf 

miércoles, 28 de febrero de 2018

El Dr. Félix Saturnino Angulo Ariza

Pedro Quintero García


Llegó a constituir uno de los más destacados representativos de las
 Dr. Félix Saturnino Angulo Ariza 1891-1971
Fuente: Heredia A., Cipriano. 1991. 
ciencias jurídicas venezolanas, gracias a una dedicación sin precedentes. Lo conocimos en nuestra temprana juventud impactándonos su trato humilde y cariñoso; más tarde concretamos sus virtudes para considerarlo como un catedrático en la vida sociocultural.

Nace en Guanare el 28 de mayo de 1891, hijo del matrimonio de don Saturnino Angulo, laborioso comerciante, y la virtuosa dama Vic­toria Ariza; crece en el hogar donde se le rinde culto a las tradiciones ancestrales. Como demostrara durante su secundaria en el viejo colegio cierta inclinación hacia las cuestiones religiosas, es seleccionado entre un grupo de aspirantes para continuar estudios eclesiásticos en el Seminario de Barquisimeto, pero muy pronto descubre su errada vocación y después de una profunda reflexión, sus superiores lo exoneran de las responsabilidades y se reintegra a la vida ciudadana y cuando estaba explorando las posibilidades de su destino, recibe de Guanare un toque de alarma. Es requerida su presencia para poner en sus ma­
nos la solución de una profunda crisis del viejo colegio, decano de la República y como se conocían sus facultades ejecutivas se le ofrece el cargo de director y sin vacilar se encamina hacia su destino.

Después de estudiar minuciosamente la situación, se esfuerza en obtener los recursos para acometer medidas pertinentes. Personalmente lleva al Ministerio de Instrucción una exposición de motivos y después de largas antesalas logra equipos técnicos, presupuesto fijo, aun en limitadas proporciones y luego de la colaboración de los profesores alejados, Escolástico Flores, Luis Fajardo, Aguilera Unda y otros, emprende una reorganización de sus cuadros. De esa manera logra pres­tigio y eficiencia, como simiente de cultura.

Muy a·pesar de su empeño en desarrollar aún más las actividades del colegio, fuera de sus específicas funciones, se aleja para emprender en la UCV los estudios de derecho donde, en 1924, obtiene el doctorado en ciencias políticas.


Después de una temporada en su tierra, donde obtiene sonados éxito en el ejercicio profesional, se establece en Caracas, entre una se­lecta clientela, desempeña cátedras de varias asignaturas de derecho, va escalando posiciones hasta llegar a vicerrector universitario, pre­sidente de la Academia de Ciencias Políticas, diputado al Congreso, presidente de la Corte Federal y como fruto de su experiencia aporta enseñanzas magistrales para la reforma de códigos, leyes y procedimientos para adecuarlos a las exigencias de los tiempos.

Obligado por especiales requerimientos ocupa al principio de su ejer­cicio, cargos políticos durante la dictadura gomecista , tal vez con la intención de suavizar las represiones establecidas.

En 1929 estaba en el desempeño interino de la presidencia del Es­tado Zamora, por ausencia del titular que se encontraba en campaña, cuando un viejo amigo, destacado oficial del general Gabaldón, jefe de la revolución triunfante en Portuguesa, se le acerca para tratarle asuntos de suma importancia. Después de muchos rodeos, al fin va al grano, le propone facilitar el asalto, ya debidamente organizado al parque de armamentos depositados en Barinas, que según informaciones, era un equipo de considerable cantidad. Sin inmutarse, le contesta: ''no me considero capaz de cometer tamaña traición y dadas mis convicciones morales y para tranquilidad de su espíritu, al rechazar su proposición, le ofrezco, bajo palabra de honor, ignorarla como secreto hermético", agregando, "Ud . puede estar seguro que si el plan se materializa cumpliré mi deber". El misterioso comisionado, comprendiendo la integridad de aquel gobernante insobornable, se despide cordialmente de su amigo y muchos años después revela los pormenores de la entrevista.

Angulo se destacó como tribuno de relevantes cualidades, voz sonora, gestos y posiciones adecuados, necesarios para cautivar a los auditorios; recordamos la oración fúnebre pronunciada en Guanare ante el cadáver del filántropo Dr. Manuel Padilla, un homenaje impresionante rendido en nombre del pueblo doliente y agradecido. Enumerar sus discursos sería tarea fuera de lugar en este compendio vital.

En su juventud frecuentaba los salones sociales para disfrutar de las diversiones en boga, tresillo, charadas, serenatas, representaciones, juegos florales. Su competencia en el vals era carta de triunfo, imán para coneguir la mejor pareja; dominaba el ritmo con la elegante soltura de un caballero vienés en tiempos de Strauss. A nuestra memoria llegan los célebres saraos del Hotel Avila, organizados por aquella inolvidable dama, María Edilia Valero, alma de El Hogar Americano, en donde Angulo se lucía con todo su esplendor.


 Dr. Félix Saturnino Angulo Ariza 1891-1971
Ya en el ocaso de un existencia, rodeado de su amadísima esposa doña Rosa Felicia Oráa y sus hijos Pedro y Félix, brillantes profesionales -abogado y médico, respectivamente-, como si fuera un patriarca bíblico, resolvía las consultas de los letrados que lo visitaban en solicitud de consejos y orientaciones. El mérito más sobresaliente de este maestro, es el de haber formado una serie de discípulos, fieles a su trayectoria, hoy cifras excepcionales del foro nacional.

Félix Saturnino Angulo Ariza no acumuló riquezas, porque según él, su producción no se cotizaba en el mercado de valores, en cambio tuvo la satisfacción de recibir homenajes de altura en todos los niveles, oficiales, académicos, sociales y populares, tanto del país como del extranjero.

Que el ejemplo vivido de este ilustre hijo de Guanare siga sirviendo
de estímulo a las nuevas generaciones.


Pedro Quintero García

Referencia 


Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. pp 204-207. 

Heredia A., Cipriano. 1991. Historia General del Estado Portuguesa (Tomo II). pp 218.

sábado, 24 de febrero de 2018

CRÓNICAS GUANARITEÑAS AQUELLAS QUEMAS DE JUDAS

CRÓNICAS GUANARITEÑAS    Yorman Tovar


Corría el año 1973. Eran los días de Carnaval cuando mi amigo de toda la vida MIGUEL GONZÁLEZ TORREALBA me habló de que nosotros dos podríamos preparar la quema de Judas de ese año, ya que Roberto Salazar “El Turupial” y Ramón “El Viejo” Ríos no iban a fabricar el monigote, claro, mi compañero sabía de mi habilidad para hacer versos picantes como los que aparecían de manera clandestina en panfletos anónimos o firmados con pseudónimos como “El coplero desconocido”, Zacarías Meleche y El Coyote Cojo. En efecto… nos reunimos en el pasillo interno del viejo telégrafo, frente de “La Casa del pueblo”, bajo la complicidad de los dos telegrafistas: José Ramón Castillo Vásquez y Alexander Parra. Erigimos un muñeco de madera de más o menos un 1,90, con la mano derecha alzada y con un rostro fabricado con papel “maché”, caricaturizando la imagen del candidato adeco de ese año: Carlos Andrés Pérez. Los adecos se incomodaron, y el secretario juvenil Baudilio Martínez propuso a sus compañeros decomisarnos el muñeco, pero fue pura amenaza. No eran tiempos de violencia. La quema fue un éxito. Pero nos comprometimos porque muchos viejos, entre ellos Adelis Peraza y Pedro “Chaplaco” nos dijeron que teníamos que hacerlo por 7 años seguidos, pues de lo contrario, si no cumplíamos, mucha gente se suicidaría ahorcada como Judas Iscariote. Fue así como Miguel me acompañó 7 años en la tarea. Luego me ayudaron su hermano Pablo José Torrealba, el popular “Yegua Negra” y Ovadis Vizcaya, hasta que me dejaron solo y cumplí la tarea por 21 años ininterrumpidos.
No era tan fácil. Fabricar el armatoste de madera o de cabillas, recoger periódicos, trapos viejos y ropa para vestirlo; fabricar la cabeza con la mayor perfección posible, conseguir explosivos. Para esto aprovechaba las misas de aguinaldo y coleccionaba cohetes, asimismo en las fiestas patronales, más los tumbarranchos y pólvora en lata que me facilitaba el dueño de Bodega “La Fortuna” don Víctor Martínez Durant. La tarea más fácil era escribir los versos del testamento. Desde enero comenzaba a recoger anécdotas, chismes, sucesos insólitos y los volvía rimas jocosas. Muchos me perseguían y me amenazaban. En varias ocasiones mi hermano Oliden me sacó hasta Guanare los lunes en la madrugada, después de la quema, por temor a que se cumpliera alguna amenaza; pero repito: no eran tiempos de violencia. Uno de los que más se incomodaba cuando llegaba la semana santa era mi vecino don Dionisio Vizcaya, quien se perdía para no presenciar ni oír mi lectura del testamento porque sabía que él era una fija en aquellas páginas.
Nunca olvido que para la tercera quema el piriteño Ricardo “El bachiller” Colmenares me dio esta idea: -No seas pendejo, chico. Estás perdiendo tu tiempo y tu talento. Haz como Graterolacho hacía en Píritu. Saca bastante copias del testamento y vendes ese vaina y sacas los costos”; y así comenzamos a hacerlo. Ilustrábamos la portada con una caricatura hecha con un buril sobre un stensil , y transcribíamos en las “Olivetti” del telégrafo los versos, y clandestinamente, o en el multígrafo del Concejo Municipal con la complicidad de Arévalo Cordero, o en el liceo con la confabulación de Orlando Flores imprimíamos los ejemplares que necesitábamos. El domingo vendíamos cada ejemplar a Bs. 10 y yo quedaba buchón después de la quema. A la hora de rociarle gasolina y prenderle el fósforo no faltaban el viejo jodedor José Beltrán sarmiento (alias) “Pisinga” y “El Indio” Rumaldo Quero de voluntarios.
Recuerdo que una vez hicimos la quema en el parque viejo (donde hoy es la Casa de la Cultura) y andábamos paseando el Judas en el meloso Jeep de don Tito salmerón, y el espigado chofer, atormentado por el escándalo que cargaba “Pisinga”, montado con el muñeco en la trompa del carro, hizo que chocara contra un medio tubo de izar la bandera que había atravesado en la acera del Juzgado frente de la Plaza Bolívar. El muñeco se desquebrajó y “Pisinga” daba gritos: ¡Señores, ha ocurrido una desgracia… Judas tuvo un accidente en el jeep de don Tito! El viejo Salmerón, arrecho con “Pisinga, prendió de nuevo su jeep y nosotros tuvimos que reconstruir el muñeco.

En la gráfica que adorna esta crónica se observa al Judas 1979, uno de los más perfectos, montado sobre un burro de caña brava, residuo de unos juegos artificiales, luciendo el Pelo e guama de Miguel, y la camisa es la COTA que le robé a Petra Leonor para calarle la corbata. Flanquean al Iscariote Yorman Tovar (de melena rizada y botas vaqueras) y Miguel González Torrealba (delgadito), y un poco retirado observa –mientras prepara una “comía e chimó” don ramón Guillermo Daza, un viejo sabio andino que fue entrañable amigo de mi familia. Sólo me queda quitar prestada la frase a GROSSMAN PARRA ¡Qué tiempos aquellos!

Yorman Tovar

(Cronista Popular de Guanarito)
elmayortrovon@hotmail.com, jinetetovar@gmail.com

El Himno del Estado Portuguesa

Escudo del estado Portuguesa
Fuente: Heredia 1991.

El 7 de enero de 1914 fue publicado en el periódico El Conciliador, editado en Guanare, unos versos titulados Himno a Portuguesa, escritos por el Dr. Fernando Delgado Lozano un farmacéutico de la ciudad de la localidad (Silva Uzcategui1955). 

El 4 de enero de 1935, la Asamblea Legislativa del estado Portuguesa formaliza que estos versos pasen a ser oficialmente el Himno del estado con la música compuesta por el sastre organista autodidacta Jesús María Alvarado. 

Para los que usan las versiones del Himno que están en YOUTUBE, para la interpretación en eventos, debemos hacer la acotación que la interpretación del himno, en el vídeo, tiene un error.

En el coro, donde dice: "al Liberto León combatió",

debe decir:                     "al Ibérico León combatió".



Himno del Estado Portuguesa (*)

Letra: Fernando E. Delgado Lozano
Música: Jesús María Alvarado


CORO


!Loor al pueblo que el cruel vasallaje
al Ibérico León combatió;

castigando los ruines ultrajes
a la patria su vida ofrendó!.

I
Hasta el confín lejano
de la extensa llanura
asombra tu bravura,
tu arrojo, tu valor.
Resuelto, noble, leal,
luchando hasta morir,
prefiere sucumbir
altivo y con honor.

II
Mimado por la gloria
propicio a la fortuna,
fuíste de Páez la cuna:
de Unda, de Castejón,
héroes que en la contienda
con ínclitas proezas
borraron las vilezas
del yugo y la opresión.

III
Es tu suelo fecundo,
la sangre generosa
se derramó copiosa
con valor y lealtad.
Araure la pregona:
el "Batallón Sin Nombre"
adquiere allí su nombre,
bandera y dignidad.

IV
Bajo el cielo esplendente
que a tus selvas corona,
la esmeraldina zona
de sombra se cubrió.
Fue cruento el sacrificio,
más, en recia pujanza
al golpe de la lanza
la tiranía se hundió.


V
Grandioso es el recuerdo
que dejas en la historia,
sagrada es tu memoria
en nuestro corazón. 
Y siempre los tiranos 
verán en tú diadema 
como fúlgido lema:
"¡Atrás la usurpación!"

* Versión transcrita de Silva Uzcategui (1955) y basada en la publicada en el periódico el El Conciliador El 7 de enero de 1914. 


Referencias


Acosta, Alirio. 2017. el  organista Jesús María Alvarado http://ultimahoradigital.com/2017/01/el-organista-jesus-maria-alvarado/

Heredia A., Cipriano. 1991. Historia General del Estado Portuguesa (Tomo I y II).

Silva Uzcategui, R.D. 1955. Provincias Venezolanas: El Estado Portuguesa Guía y síntesis general. Edición fascimil 1998. Gobierno de Portuguesa. 264 pp.

miércoles, 21 de febrero de 2018

CRÓNICAS GUANARITEÑAS Francisco Arias, Francisco Montoya o simplemente “El Cajeto”

CRÓNICAS GUANARITEÑAS  Yorman Tovar


Tenía mi madre su pensión de comida para viajeros en el Paso Real (margen izquierdo del río Guanare) que en aquel entonces era jurisdicción del distrito Guanare y no del municipio Papelón como es hoy. Llegaban en invierno a nuestra casona los bongueros, canoeros, viajeros y pescadores, procedentes de La Unión, Arismendi, Guadarrama, La Aguada Molinera, Las Cañadas, Mata e Topocho, Totumal, La pintura; entre ellos recuerdo a Laureano Rojas (“Don Lauro”) y a su hijo Eulogio; el catire Abel Cancines, el chingo Pantaleón a quien apodaban “Piazo e cuca”, y pescadores veteranos como “El negro Pancho” Tovar y su hermano “Babo rucio”. Eran los tiempos de la balsa del negro Rafael Salazar. Aquel Guanarito del próspero puerto de Los Guamos, donde la vida fluvial era simbología de progreso y movimiento comercial entre nuestro pueblo con Arismendi. ¡Qué tiempos aquellos, Grossman!
Rememoro la vez que, bajo un chubasco, desembarcaron en la barranca de “El musiú” Eufrasio García una madre con su hijo, y cobijados por impermeables de hule llegaron a nuestra casa. Era Demetria Arias, una doña cuarentona, con un defecto en una rodilla que la hacía cojear un poco. La acompañaba su hijo Francisco de unos 17 años, enjuto de cuerpo, rasgos zambos, muy callado, extraordinariamente introvertido y de huraño carácter. De manera curiosa, me quedaba yo observándolo, y creo que tuvo razón el malintencionado que le cuadró el remoquete de “EL CAJETO”, pues tenía un asombroso parecido a un “Chicuaco cajeto” de los que pululan en lagunas, caños y veguetas de ríos. De verdad que son admirables los osados que tienen tan buen tino para poner sobrenombres adecuados al objeto u animal con el que comparan a la víctima. Bastaba con mirar el perfil de Francisco para que uno evocara a ese plumífero lagunero.
Nuestros huéspedes duraron como una semana en casa. Todos los días abordaban la balsa para llegar hasta Guanarito, pues creo que el Dr. Boscaíno estaba tratando al muchacho o a la doña. Nunca olvido cuando la hora de almorzar. Ella lo llamaba con dulce tono: -Francisco, hijo, venga pa que coma. Pero él, antipático, parado en el patio como una estatua, llevando sol, le respondía con autoridad: -¡No, mama… ya le he dicho que no buya comé!... (Querría decir “no voy a comer”).
Desde mediados de los años 60 se mudaron de Arismendi para Guanarito y se ubicaron en una esquina del barrio El Río, frente de la casa de don Juan Ramos. Allí montaron una pequeña bodega, doña Demetria con sus dos hijos varones: Francisco el menor, y el mayor, Ramón Arias, apodado “El Tonino” por su semblante mal encarado. Ramón era un fino pescador y obrero de albañilería. Con ellos vivía también un simpático nietecito, fruto de la única hembra de la familia: Antonia, con el maestro Luis Sánchez (oriundo de Río Caribe) con quien estuvo casada. Este nieto, un gordo muy hábil, se formó jugando pelota “caimanera” en el playón del río… asombroso bateador (aunque lento en la carrera) y mejor fildeador. Después de estudiar en el liceo se empleó como maestro rural (como su padre) y conformó familia con una linda esposa.
Francisco se metía en las cantinas a echarse sus cervecitas, silencioso y siempre con una sonrisa de complacencia, porque la gente que lo apreciaba, le echaban vaina porque, pese a ser analfabeto, sabía dónde estaban ubicadas las selecciones de aquellos despechos montoyeros que eran sus favoritos: “”Amor puro”, “Mujer ingrata”, “Rosa Amelia”, “Camino solitario”, y los joropos “El espanto del troncón” y “El caimán de Boca Brava”, los cuales silbaba con perfecta armonía cuando caminaba, orondo, por las aceras, mientras la muchachada perversa le gritaba: ¡Cajeto… Cajeto! Y él respondía, entre su tartamudeo: “cajeto será tu madre… te voy a poné una navaja en el pescuezo pa que me pidai perdón”.
¿POR QUÉ MONTOYA?
Cuando uno le preguntaba su nombre, respondía, esponjado de orgullo: -Francisco Montoya, hermano de Francisco Montoya el cantante. Una vez, por curiosidad le pregunté: -¿por qué el cantante, si es tu hermano, es apureño y tú arismendeño? … me respondió, tajante: -¡Ay jodo, qué le importa esa vaina, él por allá y yo por aquí! Según me cuenta mi madre, quien pudo ser Montoya fue “El Tonino”, quien era hijo de un tal Cipriano Montoya, pero me cuenta mi distinguida amiga Adriana Silva (arismendeña de cepa) que los tres hijos de doña Demetria eran hijos de un hombre de un apellido extraño: CAÑODEAGUA… Martín Cañodegua. Pero en realidad eran ARIAS como su madre.
Por ese condenado apodo, hubo gente malintencionada que se atrevió a faltarle el respeto a la doña, llamándola “Cajeta”. Uno de ellos fue el bebedor y camorrero Nelson Viera (alias) “Cara e rata”. Este llegó a la bodega y le preguntó a la señora: -Doña, ¿tiene chimó en CAJETA? La doña, silenciosamente se fue hacia adentro, y quien salió a atender a “Cara e rata” fue nada menos que el fornido “Tonino”, que traía un machete en la mano. El sujeto, sorprendido, se perdió calle abajo, hacia el río.
En una ocasión mi amigo Adelmo Rivas se llevó a “Cajeto” para Biscucuy para juntarlo con un personaje popular de ese pueblo, llamado EDICTO. Adelmo se puso a meterles cerveza y al cabo de un rato tuvo que desapartarlos porque se cayeron a coñazo limpio. Tanto “Tonino” como “Cajeto”, además de vecinos, fueron muy amigos de Valmore Betancourt. Una vez, siendo éste alcalde, aprovechó una visita del propio Francisco Montoya y se lo llevó a una entrevista con su “homónimo” y creo que hasta les tomó una fotografía. La señora Demetria falleció hace años, igual que sus tres hijos. Particularmente cuando paso frente de donde vivieron, revivo sus imágenes: la doña detrás del mostrador; “Tonino” sentado en una silla recostada a la pared, mirando el atardecer; y el famoso “Cajeto” peinadito y bien acicalado, saliendo para alguna taguara a beber cervezas y puyar despechos de Montoya, silbando con maestría armónica natural algún pasaje guayabero de su “homónimo” Francisco Montoya (el cantante que tal vez él soñó ser). ¡Qué bellas son las historias menudas de los pueblos! …pero es más bello haberlas vivido.
Yorman Tovar
(Cronista Popular de Guanarito)