NAKICHENOVICH: EL PROTECTOR DE LA QUEBRADA DE ARAURE
Giovani Pelayo
En algún punto de mi historia personal, entre mi nacimiento y mi adolescencia, debió llamar mi total atención aquel letrero rotulado en un aviso de metal sostenido por dos travesaños y pintado de blanco, no recuerdo el color de las letras, quizás azul o quizás negro. Estaba entre las primeras cosas que uno veía cuando el viejo “Amaral” [1] conquistaba la cima de la subida hacia el hospital, después de uno admirar, desde mi araure añorado, al costado izquierdo, hacia el este, la hermosa vista de su gemela, mi amada Acarigua asentada sobre esa hermosa sabana al piedemonte de aquella colina que la bordea al oeste.
Aun recuerdo el rugido de la caja al engranar la velocidad que le activara el chófer para subir tan empinada vía. Se me viene a la memoria el sonido del motor pujando para subir aquel camatostre equipado con decenas de asientos de fibra de vidrio color rojo. Así, ya en la cima entroncando con la vía lenta del hospital a mano derecha, me parece que casi al frente, dejándose ver entre las primeras cosas que la vista ofrecía, se desplegaba en aquel aviso descolorido por el sol y desgastado por la humedad, la siguiente leyenda: «Parque Mitar Nakichenovich». ¿A qué haría referencia ese nombre? No sé el momento exacto, pero un determinado día, después de verlo tantas veces, se me despertó la curiosidad por saber de qué trataba aquel rotulo, pero fue unos años después, aquel día durante mis estudios en el liceo, que se me despejó aquella incógnita.
Después de recibir las instrucciones salimos del «Juan Pablo Pérez» [2] hacía el cerro. El guía nuestro profesor de Ciencias de la tierra. El plan era subir cerro arriba por uno de los callejones del barrio San Pablo [3], también conocido como “La Cañeria”, una comunidad a la que me unen hermosas experiencias relacionadas con mi fe cristiana evangélica pentecostal.
Así lo hicimos, caminamos sin dejar de sentir cierto miedo, porque ese sector tenía fama de albergar malandros, pero igual, subimos y en un punto de la cansona vereda pisando aquellos improvisados escalones de tierra, cruzamos hacia la izquierda, un trecho plano, más descansado. Todos íbamos emocionados mientras el profesor, cuyo nombre no recuerdo, nos iba mostrando el terreno, las diferentes capas que nos revelaban sus cortes y los tipos de erosiones que allí se mostraban.
Salimos a una «caja de agua» [4], justo detrás del estacionamiento del centro de salud de las gemelas. Nos advirtió que tuviéramos cuidado porque era un pozo de cemento abandonado y su estructura estaba vencida. Anotamos nuestras observaciones y seguimos hasta bordear la cerca del hospital y salir al frente del mismo. No recuerdo exactamente si cruzamos la «carretera negra» [5], pero lo cierto es que al preguntarle sobre el nombre escrito en el aviso, esta fue su respuesta: «Mitar Nakichenovich fue un conservacionista que lucho para crear esa zona protectora de árboles y por eso, en su honor, se le colocó a esta el nombre suyo». ¡Que interesante! Mi interrogante había sido respondida.
Pues, sí, don Mitar Nakichenovich Ramifovich fue un ciudadano de la antigua Yugoslavia [6] donde nació un 8 de noviembre de 1904. Perteneció a una laboriosa familia de agricultores, quiza por eso estudió en el instituto politécnico de su país natal, donde obtuvo el título de técnico en silvicultura [7]. Por esas cosas de la vida se convirtió en inmigrante al dejar su tierra y buscar nuevos horizontes en latinoamérica donde, después de recorrer centroamérica llega a nuestra amada Venezuela en 1931 y aquí comienza la historia que justificó el grabado de su nombre en aquel aviso.
Eran los tiempos de la dictadura gomecista y suponemos que después de hacer los trámites debidos fue contratado por aquel gobierno para trabajar adscrito al ministerio de guerra y marina. Gracias a esta oportunidad se radica en la ciudad de Maracay, donde, entre otras cosas, asesora al general Gómez en lo relacionado a la siembra de árboles en su finca.
Cinco años después, en 1936, muerto el expresidente Gómez y gobernando en su lugar el presidente López Contreras fue contratado por el antiguo Ministerio de Agricultura y Cría mejor conocido como MAC, allí laboraría por espacio de 33 años. Entre sus aportes durante sus años en este organismo, encontramos la reforestación del cerro El Ávila en las inmediaciones de Macarao; también trabajó en los viveros de Coro y en el parque botánico y zoológico bararida en el Barquisimeto crepuscular, uno de los pocos que quedan en el país. Una de sus experiencias que más llama la atención, previa a su arribo a nuestras gemelas, fue su trabajo en la reforestación del parque «Rancho Grande» ubicado en la ciudad jardín de Venezuela: Maracay. Una reservación creada en ese mismo año por el insigne botánico y conservacionista Henry Pittier [8], el cual se constituyó en el primer parque nacional del país. Lo que le dió trascendencia a este trabajo fue el haber servido bajo la tutela de tan insigne botánico. Una oportunidad que le reportó sendos aprendizajes que lo prepararían para su obra magna conservacionista en nuestra región llanera.
Nueve años después de haber llegado a nuestra patria en las postrimerías de la dictadura gomecista, pasando por las primeras etapas del proceso de trancisión hacia la democracia y luego de tan importantes experiencias, don Nakichenovich opta por la nacionalidad venezolana en 1940. Este insigne caballero solía decir que desde su primer momento en nuestro país, había hecho de nosotros su patria. Así nos ubicamos al umbral de su llegada a nuestras gemelas.
Corría el año de 1947 gobernada Venezuela por una junta patriótica presidida por Romulo Betancourt, organismo que sustituyó el gobierno del legítimo presidente Isaías Medina Angarita, después de haber sido derrocado mediante un golpe de estado. Llega, entonces, don Mitar a nuestras gemelas en ese año de elecciones que en diciembre darían el triunfo al poeta, escritor y político Romulos Gallegos, quien lamentablemente sería derrocado en otro golpe de estado al siguiente año. Bajo esa circunstancia electoral vino Nakichenovich a nuestra región con el encargo de reorganizar y tecnificar los viveros forestales en seis meses. Estos espacios verdes estaban en muy mal estado y para corregir esta debilidad se empleó a fondo con la disciplina de un europeo, tomando en cuenta que aquellos eran los centros de producción y distribución de millares de árboles requeridos por los organismos públicos y privados para efectuar las labores de reforestación. Durante este tiempo desarrolló labores de investigación que, por un lado, permitieran adaptar a nuestro medio ambiente variedades de plantas y árboles extranjeros y, por otro, propiciar mejoras en las especies autóctonas maderables u ornamentales.
Como primera obra en el estado se cuenta la arborización de las gemelas con árboles de acacia producidos en los viveros que había ido organizando y tecnificando. El proyecto se llevó a cabo en la época de una nueva, entre los años 1949 al 1951, siendo presidente para ese momento el militar golpista Marcos Pérez Jiménez, después de haber derrocado a su compañero de armas, el xx Delgado Chalbaud. Ese primer proyecto suyo me hace entender el porque en Acarigua había en mis tiempos (finales del ‘60 hasta mediados de los ‘80) tantos árboles de acacia. Recuerdo uno que había en casa de mi tía Ernesta en Río Acarigua. Si no me equivoco son estos árboles los que expiden un líquido dulce en forma de góticas a lo largo de su tronco, el cual, es muy buscado por unos insectos a los que llamábamos «pegones», ya que, se le pegaban a uno en los ojos y eran muy molestosos.
Había varios de estos árboles en el patio de las «Hermanas Peraza» y el que más recuerdo, fue el de la parada del lado oeste de la avenida «Las Lágrimas», en el barrio San Pablo, al lado prácticamente de lo que es hoy el centro comercial «El indio». Allí tuve mi reencuentro con mi Cristo en un intento de suicidio que, salvado por Él, me cambió la vida para siempre. Y aquel encuentro ocurrió bajo la sombra de un árbol de acacia quizas sembrado bajo aquel proyecto de “Mitar”, como llamaban a nuestro conservacionista.
Con estos recuerdos en mente avanzamos hacia el 1952, todavía gobernaba el dictador Marcos Pérez Jiménez, para ese entonces, la quebrada de Araure mostraba una merma en su caudal y, basándose en sus conocimientos silvicultores, botánicos y conservacionistas, planteó un proyecto para recuperar y preservar la cabecera que alimentaba las aguas de la quebrada. El plan implicó la repoblación de especies vegetales en un espacio de seiscientas hectáreas alrededor de la cabecera de agua. En el proyecto se sembraron más de 300 árboles de diferentes variedades, 44 entre propias y extranjeras.
La siguiente lista nos da una idea de la hazaña del musiú:
VARIEDAD | CANTIDAD |
Mijaos 68.000
Jabillos 36.000
Apamates 28.000
Caobos 12.000
Además de estas, se sembraron otros miles entre los cuales no podían faltar los apamates, los cuales, abundaban en nuestra ciudad en los ‘60, ‘70 y ‘80. De hecho, cuando a raíz de la inundación de Río Acarigua nos mudamos a los Baraure, noté que las áreas verdes de dicha urbanización fueron sembradas con apamates. También sembró eucaliptus, los cuales, merecen una mención especial ya que em varias partes del estado Portuguesa se podían ver grandes extensiones sembradas con este hermoso, aromático, medicinal, fresco y ornamental árbol. De esos sembradíos de eucaliptus recuerdo los que estaban sembrados a ambas orillas de la vía hacia Villa Araure, precisamente en los terrenos del parque «Mitar», también recuerdo los que se veían en el vivero del MARNR donde trabajo mi tío Octavio, además, del que estaba (no se si aún esté) a unos kilometros antes de llegar a Ospino. Todos estos sembrados mucho antes de que llegara Smurfit Carton a Venezuela.
En dicho proyecto también se sembraron especies de las tecas de la India, terminalias de Ceilán y sombreros inmaculatos del Brasil. Pero, no contento con esto, coherente con sus conocimientos de silvicultor, el viejo “Mitar” no solo se concentró en la flora, también trabajó en la fauna, pues, liberó en esa zona protegida, en cantidades no especificadas, venados, de hecho, en algunos momentos de aquellos años, yendo en la vieja Willy Drive de mi abuelo, llegué a divisar varios venados con gran emoción y recuerdo vagamente situaciones donde se atravesaban venados en la pista del aeropuerto; además, introdujo en la reservación ardillas, araguatos, propiciando un intercambio ambiental con las especies autóctonas como las lapas, chiguires, báquiros, chácharos, picures cuerpoespin y varias clases de aves y serpientes enriqueciendo nuestro ecosistema.
En este gran proyecto conservacionista portugueseño invirtió quince intensos años de su vida (1952-1967 aprox.) durante el cual, alguno de los que lo conocieron de cerca contaron que mas de una vez lo vieron junto a sus obreros, hasta altas horas de la noche combatiendo a los bachacos. Uno de ellos, Cesar González, dijo: «yo miraba y admiraba a aquel hombre». Resalta en este logro que todas las plantulas fueron cultivadas en los viveros del MAC bajo el liderazgo y la asesoría del insigne yugoslavo-venezolano y todas fueron plantadas por un equipo de venezolanos que trabajó arduamente al lado de don Nakichenovich, los cuales junto a él merecen el justo reconocimiento en estas líneas, entre otros, Ventura Aldasoro, Sinforoso Martinez, Ramon Romero , Gonzalo Suárez, Pascualito, el Caporal Aquilino Yépez y su gran amigo Rafael Alvarado. ¡Toda una hazaña conservacionista para entonces!
La proeza de Nakichenovich hizo suficientes meritos para ser reconocido y convertido en un icono de las nuevas generaciones venezolanas. Entre los reconocimientos que se le otorgaron resaltan los siguientes:
» Premio Nacional de Conservación 1959
» Condecoración Francisco de Miranda
» Título de Perito Forestal ad honorem.
» Máxima condecoración de la ciudad en1968
Junto a estos merecidos reconocimientos se inmortalizó su memoria y vida cuando, al igual que a su mentor Henry Pittier, le fue colocado su nombre como epónimo al bosque que creó como zona protectora alrededor de la quebrada mencionada anteriormente. Del mismo modo, se le dió su nombre al parque de la urbanización Fundación Mendoza en Acarigua y el grupo ecológico del liceo Páez le colocó su nombre a la plaza del mismo (ignoro si ante la sustitución de nombres en el país se mantenga el suyo en estos dos lugares).
Hasta en su partida de esta tierra, nuestro paisano “Mitar” honró nuestro gentilicio al morir en nuestra tierra llana con las botas puestas un 27 de septiembre de 1971 habiendo salido ese día a su rutina laboral diaria. Ocupado en sus labores en fue sorprendido por la muerte este insigne venezolano terminando así, entre las cosas que más había amado en su vida: Mijaos, Jabillos, Apamates, Caobos, Eucaliptus, venados, lapas, araguatos totalmente rodeado de aquellos frondosos y variados espécimenes sembrados por él y los suyos con tanto amor y esfuerzo.
Acarigua, Araure y sus alrededores le deben eterna gratitud a este noble musiú que se hizo nuestro, llanero y nos dejó el más hermoso legado que ser humano alguno puede dejar: la vegetación con todas sus bondades trascendentes. Honor a la memoria de nuestro querido “Mitar”.
NOTAS AL FINAL:
[1] “Amaral” fue el nombre de una numerosa flota de autobuses que recorrían las ciudades gemelas y varios sectores y pueblos alrededor. La palabra provino del propietario de la flota, un ciudadano brasileño asentado en nuestra sabana.
[2] “Juan Pablo Pérez” es el nombre de uno de los liceos de la ciudad de Araure. Se encuentra ubicado en el conocido barrio «San Pablo», detrás del actual comercial «El Indio» en la avenida «Las lágrimas». Le debe su nombre a un insigne médico larense que se asentó en nuestras tierras, el Dr. Juan Pablo Pérez Graterol quien a la par de su profesión lucho por la democracia en nuestra nación y fue protagonista de la fundación del colegio de médicos del estado Portuguesa. Este insigne araureño desarrollo labores como médico, profesor y político, desempeñando en este último varios cargos públicos de importancia.
[3] “Barrio San Pablo”: Uno de los barrios antiguos de la ciudad de Araure, ubicado en el centro de la ciudad, en las faldas del altiplano araureño, detrás del Hospital central «Antonio María Pineda». Limita con la quebrada de Araure por el norte, la avenida «Las Lágrimas» por el este, el hospital central y el parque Mitar Nakichenovich por el oeste y por el sur con xx.
[4] “Caja de Agua”: nombre que se le da a un tanque de agua subterráneo o superficial que sirve de depósito de agua para surtir a un determinado sector.
[5] “Carretera negra”: termino por el que se conocia coloquialmente a las carreteras asfaltadas específicamente, las que atravesaban varias ciudades y poblaciones, definiéndose como una troncal o carretera nacional. Así se diferenciaban estas de las calles asfaltadas dentro de las ciudades, poblaciones o caseríos.
[6] “Yugoslavia”: nombre por el que se conoció varios estados unidos en uno solo. Esta unión estuvo conformada por Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia, Herzegovina, Macedonia, Kosovo y Montenegro. Se disolvió en 1900.
[7] “Silvicultura”. Ciencia que trata sobre las técnicas y conocimientos relativos al cultivo de los bosques o montes.
[8] “Henry Pittier”: fue un ingeniero, geógrafo, pintor, naturalista y botánico suizo quien se destacó como pionero en la creación de parques nacionales en nuestro territorio venezolano rico en vegetación, paisajes y bellezas naturales. Bajo su gestión en 1937, creó al norte de Maracay en el estado Aragua, la primera reserva natural venezolana llamada primero «Rancho Grande» constituyéndose así en el primer parque nacional del país, el cual, tuve la dicha de recorrer con mi esposa en una oportunidad. Luego de su muerte esta inmensa y hermosa reserva forestal fue renombrada parque nacional «Henri Pittier» en su honor. Este ilustre conservacionista dedicó años de estudio a la Flora y la Fauna del País, ampliando de 2.000 a 12.000 las fichas catalogadas en el entonces Herbario Nacional, hoy conocido como Instituto Botánico. Este insigne científico produjo alrededor de 290 trabajos científicos, los cuales, fueron publicados en diversas revistas. Se considera que su principal obra es el «Manual de las plantas usuales de Venezuela» publicado en 1926. Por todo esto, Henry Pittier es una personalidad ilustre de Venezuela.
BIBLIOGRAFÍA:
Mogollon Alvarado, Adalberto. Mitar Nakichenovich Ramifovich. Bitácora del clan Yekuana [tomado del suplemento cultural del diario Ultima Hora, del domingo 10 de octubre de 1993]. 2019. Disponible en: https://bitacoradelclanyekuana.blogspot.com/2019/08/mitar-nakichenovich-ramifovich.html?sc=1701805203354&m=1#c5441754782043672024 Consultado el: 5/12/2023
Pelayo, Giovani. Memorias personales.
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