historia

historia
"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
Mostrando las entradas con la etiqueta Trovas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Trovas. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de noviembre de 2019

RELATOS IMAGINARIOS DE SANTA INÉS DE BARINAS A SAN CARLOS DE AUSTRIA


RELATOS IMAGINARIOS


DE SANTA INÉS DE BARINAS A SAN CARLOS DE AUSTRIA

(Una bala para Martín Espinoza, una bala para Ezequiel Zamora)



El 15 de enero de 1860 un jinete sobre un brioso castaño frontino, patas blancas, trocha roquedales, escalando las serranías de Ospino con rumbo hacia el vecino estado Lara. Va armado de doble canana, cruzada sobre el pecho, un machete al cinto y un Máuser en la cañonera de la silla, además de una afilada lanza. Bajo el trajinado sombrero alón luce el rostro de rasgos aborígenes: escasa barba de meses, mirada de águila al acecho, dando muestras de cansancio, sed y hambre. Va huyendo de las huestes de las cuales desertó hace cinco días en San Carlos de Austria, luego del magnicidio que puso fin a la vida azarosa de Ezequiel Zamora “El General del Pueblo Soberano”. “CUNAGUARO”, así es como llaman a este fugitivo. Hasta hace pocos días conformó, junto con “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León”, las siete fieras del Estado Mayor del comandante Martín Espinoza, indio rebelde, nativo del caserío Río Viejo del cantón de Guanarito, provincia de Barinas.


Eran los preludios de la Guerra Federal, cuyos focos en el llano comenzaron con la rebelión indígena de Guanarito, teniendo como protagonistas al cacique Regino Zulbarán, mejor conocido como “Indio Zulbarán”, o “El Indio Blanco”, un catire de ojos azules, a pesar de sus rasgos aborígenes; y Martín Espinoza, lugarteniente de Zulbarán. Martín era de contextura fuerte, mediana estatura, imponente y de mal carácter, a quien los godos, no sólo le quemaron su rancho, sino que también le mataron la familia, después de violarle la esposa y las hijas. Desde ese momento juró venganza contra todo el que tuviera piel blanca y ojos claros. Por esta razón hasta su jefe inmediato Regino Zulbarán le tenía ojeriza y cierto temor.


Después que conformaron la legión de los indios de Guanarito y arrasaron este pueblo, pensando en botines de guerra, se incorporaron al ejército de Ezequiel Zamora, un patizambo maluco, bigotudo, pálido, de nariz aguileña y azul mirada de gavilán. A pesar de su valentía, al conocer a Martín, Ezequiel lo vio con desconfianza, y desde entonces nunca lo perdió de vista, pues hasta un espía secreto le designó en su propio Estado Mayor.


El tal Zamora no era el intelectual ideologizado por ideas liberales que pintan algunos historiadores. Era un caudillo más, sedicioso y ambicioso de poder. Otro más que se alzó contra el Partido Conservador que ostentaba el poder para aquel momento. De manera que aquel caudillaje, sin excepción, disperso por toda la geografía venezolana se amparó bajo la sombra de las banderas amarillas del Partido Liberal y de la consigna ¡Oligarcas, temblad! “Tierra y hombres libres”. La Guerra Federal fue un capricho genocida que en cinco años exterminó más vidas humanas y causó más ruinas económicas que la de Independencia, que duró más de diez.


Otros elementos que alimentaron esta locura, fueron la desgracia y la pobreza extrema de los campesinos, despojados de sus tierras. Esto dio pie para que los hombres laboriosos del campo le cambiaran el oficio a sus machetes, apartándolos de los labrantíos y colocándolos al servicio del crimen y la sedición que eran los objetivos que subyacían en la causa revolucionaria de Ezequiel Zamora, el mentado “General del Pueblo Soberano”.


“Cunaguaro” lo llamaron desde pequeño. Hasta él mismo ignoraba su nombre de pila. Era vecino del rancho de Martín Espinoza en Río Viejo. Siempre anduvieron juntos desde la infancia, como dos camaradas, juntos navegaban el río Guanare y compartían el fruto de la pesca. Juntos disfrutaban los tragos de aguardiente y juntos andaban en un viaje a Guerrilandia el día que los godos asaltaron, violaron y quemaron el hogar de Martín; y juntos también mataron el primer hombre en Guanarito. Una vez que lo vieron se les metió la idea de que aquel catire que vestía una guerrera del uniforme de los conservadores era uno de los supuestos culpables de la tragedia de Martín. Después que le fingieron amistad, entre ambos lo embriagaron y lo sentenciaron a muerte en nombre de la Federación. Antes de ejecutarlo Martín lo despojó de un valioso anillo de oro con un zafir. Luego lo colgaron de la rama de un guamo, a orillas del río. Después de muerto Martín ordenó a “Cunaguaro” bajarlo, desnudarlo y cortarle pene y testículos, se los sujetaron de los pies junto a un letrero, y lo volvieron a colgar. El pérfido mensaje decía: “Así terminan los enemigos de Martín Espinoza”. Desde entonces cobró fama la condición de esbirro, tanto de Martín como de “Cunaguaro”. A partir de ese infausto momento, en el dedo medio de la mano izquierda de Martín brillaría el zafir del anillo de oro bajo los soles del llano, sin quitárselo más hasta el día en que lo fusilaron. Martín, el indio de Río Viejo estaba hecho para las hazañas y las fechorías en nombre de la revolución. Una vez el General Zamora le preguntó: -Espinoza, ¿dónde obtuvo usted ese anillo de oro tan costoso?... ¿Por qué no me lo vende? Y le respondió el indio: -No, mi General. Ese es un botín de guerra muy preciao pa mí. Muchas gracias. Zamora bien pudo decomisárselo, sin embargo le respetó la justificación del origen de aquella valiosa prenda.


La primera aparición de “Cunaguaro” en combate fue en julio de 1858, cuando se alzó Zulbarán, y detrás de éste su amigo y jefe Martín Espinoza. La legión la conformaban puros indios, oriundos de Río Viejo y de Sabana Seca, arengando consignas como: “Viva la Federación”, “La tierra es de todos”, “patria o muerte” y “Horror a la oligarquía”. La primera operación bélica fue la sonada “Batalla de Trapichito”, un arrasamiento con llamas, machetazos, tiros y lanzazos en una hacienda que llevaba este nombre, entre Guanarito y Sabana Seca. Ese día “Cunaguaro” se dio cuenta de su habilidad natural para ejecutar un fusil. Sin haber disparado nunca antes uno, en esa refriega había liquidado él solo a catorce personas, a larga distancia, además de cinco pescuezos, volados a machetazos a cinco humanos que se le arrodillaron implorándole clemencia. -¡Nojoda, guerra es guerra! Decía “Cunaguaro” mientras soltaba sonoras carcajadas, entre marrones escupitajos de tabaco masticado.


Un día cualquiera se sintió “Cunaguaro” un soldado importante, ya enrolado en las huestes de Zamora. Allí conoció a los otros seis sanguinarios con los que formarían los siete temibles hombres del Estado Mayor de Martín Espinoza: “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León”. “Caimán” era un llanero de agua, bueno para nadar, zambullir y aparecer a flor de agua con un caimán enlazado en alguna solapa. “Perro” y “Pantera” eran y hombres de cacería, expertos lanceros, capaces de proveer a la tropa con carne de bichos de monte, mientras que “Onza”, “Tigre” y “León”, además de diestros macheteros eran, junto a “Cunaguaro”, los tres de mayor confianza de Martín Espinoza. Eran los administradores del pertrecho y los primeros en atacar a la hora de un asalto. ¡Y cómo asaltaban y asesinaban en nombre de la revolución!


Después que alcanzó jerarquías en la legión de Zamora, Martín no quiso someterse a las órdenes del indio Zulbarán, y formó tienda aparte con sus huestes, no menos incendiarias y sanguinarias que las de sus superiores. Tanta fue la fama de esbirro que aquilató Martín, que se convirtió en un turbio problema para la causa de la Federación. Asimismo, Zamora, como todos los caudillos populistas de Venezuela cogió la manía de compararse con Bolívar Libertador, y entonces, en sus delirios contrastaba a Martín Espinoza con el impertérrito general Manuel Piar, tan sólo buscando un motivo para llevarlo al paredón.


El “Indio Zulbarán”, desplazado en el ejército zamorano por la calidad y el arrojo guerreros de Espinoza se sintió celoso y comenzó a advertir al jefe supremo sobre los peligros del sedicioso de Río Viejo. Otros alabarderos como el “Brujo-Edecán”, de manera adulona le advertía al mostachoso caudillo: “Cuídese de Martín Espinoza, mi general. Ese animal lo mira a usté con rabia. El otro día lo escuché diciendo que usté es otro godo que merece el filo de un machete en el pescuezo, que una bala quiqué es muy cara pa gastala en usté”.


Eran constantes las quejas que llegaban a Zamora de asaltos, robos y crímenes que, en nombre de la causa Federal y en su nombre propio, cometían estos demonios que no conocían miedo ni escrúpulo alguno. Cada vez que cometían una fechoría, socarronamente gritaban en coro las consignas del ejército zamorano: ¡Oligarcas, temblad! “Tierra y hombres libres”. En una de esas andanzas, cuando devastaron a plomo, machete y candela una pequeña fundación cerca de Dolores, un machetazo que lanzó “Onza” a una marrana lechona que escapaba de la cocina, se lo clavó en pleno talón derecho a su jefe, y esto lo dejó impedido de sostenerse en pie. Después de detenerle la hemorragia, en brazos de amigos lo subieron a caballo hasta Santa Inés, a donde los había mandado a llamar el general, pues se aproximaba un desenlace importante para la causa federalista. Ese día del asalto en Dolores “Cunaguaro” disfrutó de su puntería, cuando un zagaletón quiso escaparse a caballo en violento galope, y lo bajó de un tiro cuando iba entrando a un mogote, a más de cien metros. ¡La bala le dentró en el mero cogote! ¡Je, je! Decía el bárbaro lanzando un escupitajo de tabaco masticado.


Tanto y tanto fue el cántaro al río hasta que se quebró. Se cansó Zamora de las quejas que le llegaban del susodicho asaltante. El 9 de diciembre de 1859 en Santa Inés de Barinas amaneció el día más radiante que nunca. La brisa sabanera traía olores de campanillas navideñas, estoracales recién florecidos, y los dragos desgranaban sus últimos oros sobre la tierra llanera. Mientras el Estado Mayor del “General del Pueblo Soberano” preparaba los últimos detalles para la gran batalla, éste, caviloso, se atusaba el enorme bigote y su añil mirada gavilanesca se perdía en el horizonte. Estaba sentado sobre las raíces del descomunal samán cuyas ramas cobijaban todo el perímetro de la plaza mayor. ¡Histórico samán, inmortalizado por las plumas de los mejores cronistas de Venezuela!

De ipso facto se levantó, mascullando a solas: “la culebra se mata por la cabeza”, y llamó a uno de sus edecanes, ordenándole traerle su caballo, montó, picó los ijares y se presentó en el rancho donde convalecía Martín, entre fiebres y espasmos del machetazo, casi a punto de tétano. Zamora, a pesar de verlo imposibilitado de cabalgar, le ordenó, mientras le miraba con ambición el anillo de oro con el zafir en el dedo medio de la mano izquierda: “Espinoza. Necesito que se vaya con sus hombres a Guanare, para que dé punto de apoyo al avance de nuestro ejército, porque pronto avanzaremos hacia Caracas”. El indio, viéndose impedido de cabalgar, ordenó a su hombre de más confianza, en presencia de Zamora: “Cunaguaro, llame a nuestros hombres pa que se cumpla la orden de mi general Ezequiel Zamora. Yo estoy impedío de montá a caballo. Usté me perdona, mi general, pero enfermo no puedo. En otra ocasión cumpliré su orden al pie de la letra”´.

Fue entonces cuando dijo Zamora: “Está bien, Martín. Váyanse todos, menos “Cunaguaro”, para que lo asista a usted, Espinoza, mientras se recupera”. A la media hora de haberse marchado la legión del herido, lo mandó a traer a la plaza mayor. Había improvisado un Consejo de Guerra para condenarlo a muerte, sin apelación, por los delitos de rebeldía, indisciplina y carencia de moral revolucionaria. A la una de la tarde fue traído a rastras el sedicioso de Río Viejo. Dijo Zamora: “Una sola bala es suficiente para fusilar a un traidor. Llévenlo al pie del samán para la ejecución.


-“Cunaguaro”, le ordeno que cargue su fusil y sea usted, el mejor fusilero del ejército, quien cumpla la ejecución”.


El aludido no pudo negarse, pues de contrariar tan severa orden correría la misma suerte de su jefe inculpado. Con lágrimas de hombre apareció entre la soldadesca. Cargó su fusil y esperó la orden. Un viejo cura apareció y pidió permiso a Zamora para confesar al sentenciado, quien contestó no tener nada de qué arrepentirse que no fuera la mala hora en que siguió a Regino Zulbarán para ponerse a la orden de los mismos godos que violaron y asesinaron a su esposa e hijas.


Pensando en la ambición de Zamora por su valiosa joya , se despojó de su anillo de oro y lo lanzó hacia el pajonal, y sin inmutarse ni permitir que le vendaran los ojos, esperó la orden que el mismo Zamora, espada en mano, dio: ¡Preparado. Apunte. Fuego! El sonoro y certero disparo de “Cunaguaro” se incrustó en la frente del indio rebelde que sin mueca de dolor quedó mirando hacia el frondoso ramaje de aquel enorme samán que históricamente, fue testigo de un fusilamiento insólito, pues el hombre de confianza del ejecutado fue quien tuvo la desdicha de ponerle fin a su tortuosa existencia. Aquella tarde “Cunaguaro” lloró a solas su perra suerte, mientras en silencio juró vengar la muerte de su jefe, de su aliado, de su amigo de siempre.


El día siguiente, 10 de diciembre de 1859, a las tres de la madrugada sonó la diana. Se aproximaba el feroz combate que daría renombre a Ezequiel Zamora y a la Federación. Fue un apoteósico acometimiento en el que los Ejércitos Federales se llenaron de gloria. Los godos oligarcas mordieron el polvo, sonaron los clarines anunciando la victoria definitiva…

“Aviva la candela
el viento barinés
y el sol de la victoria
alumbra en Santa Inés.
¡Oligarcas, temblad,
viva la libertad!”


Ese día, con el despecho en el alma y el remordimiento en el corazón “Cunaguaro” usó su fusil sin control, matando liberales y godos por igual. Todavía no había agotado el odio y las lágrimas de arrepentimiento por haber tenido que ser él, precisamente, el seleccionado para fusilar a su amigo. “Con razón no quiso que yo me fuera con los otros guerreros pa Guanare” –decía mascullando su rabia- A pesar de su dolor, fingió compartir la victoria, pero se decía a sí mismo, en silencio: “el día e pagá, nadie es tramposo. Yo vengaré la sangre que derramé a Martín Espinoza, carajo”.


Aquellas navidades fueron las más amargas para “Cunaguaro”. Ni siquiera el retorno de sus amigos: “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León” logró revivir su alegría. Ya no había nada qué asaltar ni a quién matar por placer. Así llegó el día de Reyes de 1959. “Los héroes de Santa Inés” se preparaban para el avance hacia Caracas a tomar el poder.

Partieron una madrugada de Santa Inés y con el atardecer estaban llegando a san Nicolás, jurisdicción de Guanare. Esa noche los vencedores, junto a su héroe serían objeto de un gran homenaje con terneras, aguardiente y música de bandola, cuatro y maracas. “Cunaguaro” andaba atento a todo. Vio a Zamora bailar con una catirita de catorce años, percibiendo que los padres de la niña, cabrones, adulantes y ambiciosos, se la ofrecían al “General del Pueblo Soberano”. Esa noche vio la habitación donde durmió el guerrero, sin ninguna custodia, fácil presa para una fiera.

Al día siguiente, con el atardecer, acamparon en Guanare. Zamora andaba paranoico y ordenó que el fusilero “Cunaguaro” fuera apostado en el campanario del templo para que vigilara cualquier intento de magnicidio en medio de la aclamación popular. “Cunaguaro” trepó con facilidad el campanario con su fusil y con el pecho adornado de una doble canana. No se le quitaba la impresión de haber fusilado a Martín Espinoza, y continuaba con su soliloquio: “el día e pagá, nadie es tramposo. Yo vengaré la sangre que derramé a Martín Espinoza, carajo”.


Amanecía el 10 de enero de 1860 cuando en San Carlos de Austria, el general ordenó tañer las dianas en señal de los preliminares al posible ataque de los godos. Era el aniversario de un mes de la gloriosa gesta de Santa Inés. Una pésima y estridente pieza oratoria del general arrancó arengas en la multitud: ¡Vivan los héroes de Santa Inés!... ¡Viva el general Ezequiel Zamora… viva la Federación! Inmediatamente surgió el coro interpretando el glorioso Himno de la Federación:

“El cielo encapotado
Anuncia tempestad…
¡Oligarcas, temblad,
viva la libertad!”.

En medio de aquel barullo se perdió el fusilero “Cunaguaro”. Mientras las emociones cundían la multitud bulliciosa y la soldadesca se confundía con el pueblo, “Cunaguaro” trepó con facilidad el campanario del templo de San Carlos, con su Máuser y con el pecho adornado de una doble canana. En ese momento Zamora fue llamado para un brindis, a una casa vecina de donde se hallaba despachando. Desde el campanario, el resentido soldado “Cunaguaro” apuntó con la misma puntería que utilizó para fusilar a Martín Espinoza hacia el sombrero hongo donde asomaba la visera del quepis que cubría la gloriosa cabeza del “General del Pueblo Soberano”… ¡bang! … un solo disparo acabó con “La Gloria de Santa Inés”, mientras mascullaba: “Muerto el perro se acabó la rabia”, como dijo él mismo cuando me mandó a fusilá a mi vale Martín: “Una sola bala es suficiente para fusilar a un traidor”.

En medio del bullicio nadie supo de dónde había salido la bala. Todo el mundo se volcó hacia el lugar donde había caído el cuerpo de Ezequiel Zamora Correa. De “Cunaguaro” nunca más se supo nada. Nadie lo echó de menos. Nadie sabe que él había sentenciado al verdugo que lo hizo fusilar a su jefe: “el día e pagá, nadie es tramposo. Ya vengué la sangre que derramé, sin querer, a Martín Espinoza, carajo”. ¡Misión Cumplida, Cunaguaro!

Ahora cabalga solo, huyendo hasta de su propia sombra. En su soliloquio dice: “será que se cumple en mí la sentencia de que el que a jierro mata, a jierro muere, y con qué gusto moriría, después de matá el perro pa que se acabara la rabia… ojalá Dios me dé licencia pa di a buscá en el pajonal de Santa Inés el anillo de mi vale Martín”…

El sol larense reverbera sobre la serranía, y entre cujíes y cardones se borra la silueta del prófugo jinete… el mejor fusilero del ejercito los “Vencedores de Santa Inés”… el célebre “Cunaguaro”… él mismo, todavía ignora su nombre de pila.


Yorman Tovar 

La Colonia-Guanare, 10 de diciembre de 2016
9: 45 P.M. 
(A 256º aniversario de la necesaria muerte de Ezequiel Zamora)

miércoles, 22 de mayo de 2019

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!


CRÓNICAS GUANARITEÑAS

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!
Cierto domingo de 1973 estaba de visita en nuestra casa el paisano-primo Grossman Parra, éste salió para la calle y de pronto entró con un aspaviento: “Asómense un momento… ¡Lo que viene es Eneas!” Todos nos asomamos con curiosidad y nos reímos de la ocurrencia de Grossman. Ciertamente, lo que venía era ENEAS. Se acercaba ENEAS PEÑA, un humilde, simpático e inofensivo anciano, guanariteño genuino, con el nombre del héroe de “La Eneida”, epopeya latina escrita por el poeta Virgilio en el siglo I a. C. continuidad, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya
Nuestro Eneas era también otro guerrero de la vida, pero muy pacífico. Tenía el rostro huraño, con cejas y bigotes poblados y canos, que le daban un semblante de hombre rudo, bajo aquel trajinado sombrerito de paño. Tenía en la voz una gravedad natural, como los experimentados locutores de la buena radio, pero hablaba muy poco. Su diminuta figura la cubría siempre una blusa tipo liquilique y un enrollado pantalón de dril, color kaki o gris, atuendo salpicado de chimó, y sus pequeñas alpargatas, y cargaba siempre un cuartico de ron en un bolsillo. Caballerosamente esgrimía una leve sonrisa cuando lo saludábamos:
-¡Eneas Peña, carajo! … y respondía: -¡Eneas Ramón Peña, a su orden!

Su seriedad y respeto al prójimo rayaba en la tolerancia. Tanto así que no le prestaba atención a las arengas de algunos zagaletones y personas necias que trataban de molestarlo, gritándole: ¡Eneas… cuando lo apretan se mea! Los escuchaba con indiferencia y seguía su lento caminar como si nada.
¡Debe haber vivido entre 80 años o un poco más. Nunca se le conoció concubina ni concibió descendencia. Era más bien un llanero inocente, pero con la indígena malicia del campesino auténtico. Eso sí… un hombre a carta cabal. Lo demostraron sus hechos.

En tiempos otrora en el pueblo se le admiraba por su dos labores especiales: pintor de brocha gorda, con cal y pinturas que él mismo fabricaba con tierra, ceniza, carbón y otras sustancias, mezcla especial para paredes de bahareque; y por ser experto fabricante de trabucos en las fiestas patronales, los cuales hacía con cánulas de bambú verde, llenándolos con carburo y algo de pólvora. Eso sí, era él mismo el encargado de detonarlos. Toda la gente corría y se apartaba para oír la explosión, pero Eneas se quedaba estático, con una sonrisa, esperando el resultado de su ingenio popular.


Siempre se le veía solitario, caminando con parsimonia bajo el tórrido sol guanariteño; y algunas veces en noches de plenilunio, daba gusto mirarlo pasar con las manos hacia atrás. Parecía la imagen del Juanbimba de la tarjeta negra de AD-GOBIERNO para la candidatura de Raúl Leoni en 1963. De vez en cuando le ponía oficio a las manos: pelaba por la carterita de ron, se ajilaba un “palo e músico” y sacaba una pequeña armónica o sinfonía (sustituta del acordeón), la envolvía entre sus pequeñas manos, se la llevaba a la boca, y la arrancaba mientras las notas vagabundas de un viejo bambuco que sonaba en las rock-olas de las cantinas: “métale candela al monte/ que se acabe de quemar, / ya mi china se me fue/ y no sé si volverá”. A pesar de ser bebedor solitario, jamás se le vio acostado en una acera… ¡era un bebedor de vergüenza!

Ya a principio de la década de los 80, una noche veranera, probablemente bebió más de la cuenta para su avanzada edad, y sin saber cómo ni cuándo se acercó al río, y hasta allí llegó su sencilla existencia. Amaneció abollado a la orilla, bajo unos guamos. Por primera vez lo vimos sin sombrero. Su viejo compañero abollaba también junto a una de sus alpargatas. Parecía un muñeco de trapo flotando en las claras aguas veraniegas del río Guanarito. Aquella infausta noche, la luna de Guanarito, sin sospechar el fatídico final de aquel soñador, lo siguió hasta su trágico destino.

A la mañana siguiente, las ya desaparecidas campanas de bronce lo despidieron con melancólicos dobleces, y vimos pasar su entierro de hombre pobre y solitario en un desaliñado cajón mortuorio que donó el Concejo Municipal. Cuando pasó el humilde cortejo frente de la casa de doña Carlota Correa de Mezherane (paso obligado, de la iglesia al cementerio), es probable que, católica como nadie, se halla asomado a la ventana, y seguramente dijo: ¡Eneas, Dios te perdone y te lleve a la eterna gloria!

Por muchos años, después de su muerte, cuando aún en nuestro pueblo no existía el hampa ni la inseguridad, nos parecía ver la diminuta silueta columpiando en la semipenumbra de la noche llanera, y la voz musical de una vieja sinfonía desgranando aquellas notas del bambuco:

“métale candela al monte

que se acabe de quemar,

ya mi china se me fue

y no sé si volverá”

Así fue la sencilla vida de un guanariteño que vivió entre la soledad y la pobreza, pero con el corazón y el alma henchidos de honradez. Nunca pidió clemencia ni mendigó nada, ni siquiera un trago de ron que era su debilidad.

Nota: Por no tener en mi archivo una foto del personaje, ilustro la crónica con una silueta imaginada por mí, y con una gráfica del Puerto "Los Guamos", donde pereció Eneas.


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)
La Colonia-Guanare, 17 de febrero de 2015.
Son las 11 y 58 minutos de la noche.

viernes, 12 de abril de 2019

“Pedro Chaplaco”: entre el real y lo fantástico del acervo cultural.

CRÓNICAS GUANARITEÑAS

“Pedro Chaplaco”: entre el real y lo fantástico del acervo 
cultural.


Según investigaciones del inolvidable abogado Ángel Armando Yúnez Diaz, los primeros libaneses llegaron a Guanarito en 1915, huyendo de las guerras. Necesario es destacar apellidos como: Yúnez, Fáez, Asís, Gacelt, Magual, Chamate, Cavada, Baruki, Raidi; y personajes don Miguel Mezerhane, don Pedro Raidi, y a “Musiú Carlos” (el único desafortunado de todos).

De esas descendencias hay mucha tela que cortar, y es propicia la ocasión para recordar a Pedro Ramón Báez (su verdadero nombre); otros lo llamaban Pedro Yajure, porque, supuestamente, era hijo de un libanés con ese apellido, en el vientre de una criolla desconocida. Lo cierto es que desde muchacho fue peón de algunos de sus parientes, los Yúnez. Siempre guardó buena relación con los libaneses y sus descendientes, especialmente con los Yúnez, y cuentan también que le don Pedro Raidi y que le guardaba dinero.
Aquilataba en su perturbada humanidad características físicas y espirituales propias de la novelística galleguiana: la apariencia harapienta, inocentona y supersticiosa de Juan Primito; la zamarrería de Melquíades “El Brujeador” y la gracia genuina de Pajarote, y encarnaba perfectamente a Juan “El veguero” de “Cantaclaro”, pero jamás las bribonadas de Balbino Paiva, porque nuestro personaje era honesto; y no podría tener un espíritu diferente aquel hombre descendiente de la trilogía mestiza del llanero, ligada a la impertérrita raza moruna, curtida en los interminables desiertos del histórico Oriente universal.

Lo conocí de trato y comunicación y fuimos buenos amigos, desde cuando mi madre tenía el restaurante en la vieja casona que fue de don Rafael Cuevas, él comía allá y pagaba con quinchonchos, sacos de yuca, topochos y plátanos; y otras veces me madre le quitaba algún préstamo y él le contestaba: a la tarde se lo traigo, y aparecía siempre con el préstamo en monedas sencillas. Yo creo que hacía esto para impresionar, pues en el pueblo comentaban que tenía dinero enterrado, o en el conuco o en la casa.

En la actualidad, al margen izquierdo de lq que hasta hace 15 años fue la carretera (hoy destartalada por falta de mantenimiento) que se inicia, rumbo a la “Calceta Arriba”, “El Placer”, “La Cebereña” y “Morrones”, se construyó la “Aldea Universitaria”, una modesta estructura, con aires de civilización si la comparamos con lo que hace 40 años era ese lugar. Algunos de los que allí laboran hasta altas horas de la noche afirman haber visto por los pasillos la sombra de un viejo campesino flaco, de mediana estatura, sombrero de cogollo y botas de caucho… sólo se escucha en el silencio la onomatopeya de las botas de aquella sombra fugaz, como si estuvieran llenas de agua: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco! Si esto fuere verdad, más allá de lo maravilloso, hay que considerarlo como lógico, dentro de lo verosímil, porque justo en aquel lugar estuvo hasta mediados de la década de los 80 la el conuco o la vega del pintoresco personaje, híbrido de libanés y llanero.

El supuesto origen de su sobrenombre nos remonta a la poesía popular del payador argentino Atahualpa Yupanqui en su canción de arriero “Los ejes de mi carreta” cuando inicia el canto:

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao,
si a mí me gusta que suenen
¿pa qué los quiero engrasaos?

Ese remoquete de “Pedro Chaplaco”, sin querer, lo creó el mismo personaje en su primera juventud, cuando conversaba con los amigos, y les contaba -con la tartajosa voz de anciano que le caracterizó desde joven-, que a él, cuando llevaba el arreo de mulas, lo divertía el sonido de sus botas, mojadas por dentro de sudor: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco! Desde ese entonces comenzaron a mentarlo así, cosa que él rechazaba y se volvía furioso, capaz de agredir a cualquiera con su afilado machete rozador, aunque en verdad, nunca agredió a nadie, aun cuando se daba él mismo la fama de ser experto jugador de garrote. No obstante, fueron muchos los osados que “pidieron cacao” corriendo delante de la amenaza de aquellos tétricos pasos persecutores, mientras le gritaba: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!

Para él existían fechas especiales para el buen vestir: bien fuese el 24 o el 31 de diciembre, o el sábado santo, para ir a la misa, y el día de las elecciones. Resultaba extraño verlo, en lugar de los harapos del pantalón y la franela cruda, manchados de topocho, con un liquilique de lino gris, sombrero “cavalliero” del mismo color, con vuelta “Gardeliana” y un par de alpargatas “Pampaneras”, en vez de botas de goma.
Decía no saber ni la O por lo redondo, pero sabía firmar, y solía leer en voz alta. Muchas veces lo escuchábamos, al pasar por su rancho, leyendo lecciones del libro “Mantilla”. Tras su zamarra imagen de hombre analfabeto, se ocultaba, no un sabio, sino alguien que había asimilado su poca lectura pasada; a veces se ponía a hablar de historia de Venezuela, y si uno le preguntaba el nombre de su padre, respondía: ¡Manuel Piar! Sus innumerables anécdotas, todas son graciosas, algunas muy escatológicas, sin embargo, todavía andan de boca en boca en la oralidad guanariteña. Por ejemplo cuando pasaba con su burro cargado de frutos de su vega y él montado o a pie, soltaba, canturreando coplas como esta:

Del caballo la carrera,
del toro la vuelta el cacho,
de las mujeres me gusta
ponde le sale el muchacho.

Me contó la fallecida doña Luz María Noguera que una vez su madre María Froilana, padecía de dolores lumbares, y Chaplaco le recomendó una pomada llamada “Valera el puy”, que vendían en Farmacia “La Pastora” en Caracas, muy famosa por cierto. Ella tomó muy en serio las dotes medicinales de Pedro y encargó a alguien la pomada. Un mes después la persona a quien ella había hecho el encargo, le contó haber pasado una vergüenza por pedir una vaina que no existía. En cierta ocasión encontró a Delfina Quiñones con un dolor que le empezaba en “la rabadilla” y le salía en las corvas. Entonces Pedro le dice: ¡Mirá, Delfina, lo bueno pa esa vaina son perches de sebo e zorro en hojas de zorrocloco en el rabo! Delfina, que no era pendeja, lo mandó pal carajo con sus recetas, y el hombre se perdió por la calle, en una picaresca carcajada.

Para una semana santa, mi madre dizque le pidió: -Compa Pedro, méteme un morrocoy. El hombre accedió. Cuando estaba en su función de matarife, mi hermano Héctor (“Chochongo”), de 7 años se acercó a curiosear, fue entonces cuando Chaplaco aprovechó la ocasión para su maldad. Cuando Héctor le preguntó por qué abría y cerraba la boca, Chaplaco le dijo: ¡Métale el deo, hijo que ese no jace nada!... el inocente le metió el dedo, cuando doña Lina oyó el grito corrió a ver qué pasaba, vio a Héctor con el dedo sangrante, algunas presas del morrocoy en una totuma, y de Chaplaco ni la sombra. Menos mal que lo que le mandó a meter fue el índice de una mano, si lo manda a meter otra cosa mi hermano no hubieses tenido fama que ha tenido.

Una noche le dio por quejarse, dando fuertes alaridos: ¡me arde el culo! ¡Me arde la cagalera!!Ayayay! Y empezaron a llegar los vecinos a ver qué le pasaba a don Pedro, cuando de repente se levantó, desnudo en pelota corriendo, con el machete en la mano tras de los curiosos. Otra vez comenzó a quejarse de la misma forma, y esta vez fue su vecino Adelis Peraza quien a pesar de las diferencias que tenían, acudió en su auxilio, y al verlo le grita Chaplaco: ¡Adelis, coño e madre, y jacei tú en mi casa, no sabei que somo enemigos por unos gallos! Cuando fue a coger el machete que tenía en un rincón, cogió Adelis un palo de leña y se lo recostó en una costilla… “pa que cogiera filo” –dijo Adelis-

Los últimos días de su vida fueron críticos: le pego un dolor en la cintura y una “esrengadera” que lo puso a caminar en cuatro patas, pero tuvo la suerte de que una vecina: Coromoto Alvarado, la popular “Gorda Coromoto” lo atendía como si aquel fuese su padre. Por esta razón, al morir Pedro Chaplaco, su primo Armando Yúnez le dijo a la generosa mujer que se quedara con aquel rancho, el cual vendió por tenerle miedo al muerto.

Volviendo a lo fantasmal, pienso que es posible que sea el espectro la sombra de Pedro Chaplaco la sombra que recorre los pasillos de la Aldea Universitaria, en busca de un valiente y piadoso que se atreva a sacar el tesoro que –según algunos viejos- dejó enterrado en su otrora conuco, del que tan celoso fue hasta sus últimos días.

Nota: A decir verdad, la imagen que ilustra esta crónica no es la de PEDRO CHAPLACO. La copiamos de la página 104 del libro texto “Abajo Cadenas” o “Juan Camejo”, en el cual aprendí a leer, y siempre, al ver la imagen de varios ciudadanos alzando la vista para leer una información del Consejo Electoral acerca de la importancia del VOTO, uno de esos ciudadanos se me pareció a PEDRO, y por eso se me ocurrió colocarlo allí para que quienes lo conocieron, vean el coincidencial parecido con aquel personaje que se vestía bien en días especiales.



Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)

Voz demorada. Rafael Roberto Gavidia

LA CIUDAD EN 1939 




RAFAEL GAVIDIA
Fuente: Publicada por Freddy Escalona Rangel en la pagina

PORTUGUESA, MEMORIA GRÀFICA

Para 1939, un guanareño muy destacado, y por ende, olvidado de las nuevas generaciones, Don Benito Fernández Machado, representaba en este suelo guanareño la función de Cronista, espontá-neo, mantenía así viva la fe en los altos valores del espíritu. Expresaba que cada cuarenta años los pueblos a través de sus hijos, harían un alto en el carmino, valorizando diferentes aspectos del desarrollo social, cultural, económico y político; esto con la finalidad de que no vaya a perderse ninguno de esos hechos que van tejiendo la gran madeja en donde se puede observar o pescar cada etapa. Esta tarea la denominaba abrumadora, pues tendría que trazarse líneas de conducta, saber de las buenas costumbres, hablar de obligaciones, encender el patriotismo, y si el cronista hace reminiscencia de otra época, en los corrillos nuevos le podrían considerar como retardatario. Pero el cronista tiene que fajarse bajo el sol reverberante. Estos cuarenta años que se cumplen hoy por extraña.y feliz coincidencia, me permiten dejarles una breve ojeada de muchos de esos momentos, con el solo ánimo de no permitir que la deshumanización se asiente y el envilecimiento subvierta hermosos sueños, que fueron capaces de servir como recurso a la respetuosa dignidad humana. En 1939, el gobierno regional estaba presidido por el médico guanareño Pedro Rodríguez Ortiz, la ciudad empobrecida se alegra y sale a recibirle confiada en que él conoce la fe popular y es capaz de buscar con optimismo el ritmo de una mejor vida. Ese día circularon ciertos volantes que textualmente decían: "Nuestro mandatario conoce la tristeza de los campos, la pobreza inclemente, de los escuetos bohíos, la desolación de las aldehuelas y todo cuanto impresiona desagradablemente a la retina del viajero extraño". Esa misma tarde el Dr. Argenis Romén fue designado Secretario General de Gobierno y se nombró gobernador del Distrito Guanare al Sr. José Andrés Oráa, y su Secretario; José Antonio Huizzi. El señor Jesús Méndez fue designado Inspector de vehículos. Fue tarea del momento reorganizar la Imprenta del Estado, ya que se encontraba en deplorables condiciones, y como en toda la jurisdicción del Distrito no había una persona capaz de soldar las piezas rotas, vino de Barquisimeto el señor Roberto Bas a quien se le ofreció una recepción por tal motivo; en dicho acto el poeta Ramón Vargas Hicher declamó sus versos: 

Cerca, muy cerca del dolor humano 
pero lleno tu amor de lejanía, 
tornas por un pesar una alegría, 
por una duda, un pensamiento sano. 
El dos de septiembre de 1939, circuló una resolución del Ejecutivo del Estado organizando el Erario Estadal, y el Decreto dotando a Guanare de aceras, esto fue considerado como una labor de autentico progreso. Un grupo de guanareños se acerca hasta el primer magistrado y le plantea el problema del agua, que como sabemos es viejo en la ciudad y le pide que haga lo posible para que la construcción de esta obra figure en el Plan Trienal, ya que estamos en presencia de un río mezquino y caprichoso que destruye las tomas de los Curubares. La modorra provinciana continuaba bajo el inclemente sol. En esos días regresa de Caracas el joven poeta Alirio Ligarte Pelayo y se encarga de déleitar con sus versos a los amigos que le visitan, entre ésto aprovechando las festividades coromotanas, los Doctores Angulo Ariza, Miguel Ferrer Víena, Manuel Falcón Heredia y los señores Pedro Delgado Lozano, en la casa de Ramón Castellanos Lara oyen al joven poeta declamar su lección de Aurora: 
Cada monte tiene una quebrada dormida, 
cada quebrada dormida tiene mil pozo:
cada pozo tiene una garza en la orilla, 
en esta lección de aurora. 

Por primera vez los comerciantes de Guanare, los dueños de pulperías, de hoteles y pensiones, reciben la visita del médico sanitarista Emilio Carmona Pérez, quien les da quince días de plazo para que sus empleados obtengan el certificado de salud y vacuna. En esta misma ocasión, Justiniano Curero anuncia al pueblo de Guanare, en su condición de encargado de la sección carretera de Portuguesa hasta Barinas, que había llegado un autopatrol y que habían veinte obreros trabajando para mejorar la condición de la vía. Por las noches circulaban algunos volantes en donde desmentían estos trabajos, ya que no se pasaba bien por la balza. Sorprende a los moradores una comisión que viene desde Guanarito, pidiendo telégrafo para esa zona. La juventud católica femenina rinde un homenaje de gratitud y cariño a la memoria del sacerdote Mariano Fortunato Andueza. Los peregrinos pudieron admirar esta demostración de gratitud que al decir de María Padilla "el pueblo de Guanare tenía que reconocerle a este meritorio Presbítero, todo cuanto hizo por la Santísima Virgen de Coromoto, por su culto". Un grupo de agricultores hacen propicia la ocasión de celebrar la creación de las Cajas Rurales, ya que el Banco Agrícola y Pecuario había recibido cinco millones de bolívares para darle créditos a los agricultores. El jefe civil del Distrito Guanare advierte a la ciudadanía, y lo hace cumplir, a través de multas, de que nadie puede botar basura ni desperdicios en las quebradas. El Bachiller José Aguilera Unda, en su condición de mayor condueño de la posesión Vega del Braza, ofrece a quien quiera ir a cultivar esas tierras, liberarlo del arrendamiento y darle completamente gratis los materiales para construcción, tales como palma, bejucos y horcones. En cuanto a la política, se funda la Agrupación Cívica Bolivariana, en la casa de habitación del señor José Aguilera Unda. Allí asisten entre otros, José Zacarías La Riva. Tobías Guedez Belda, Luis Fajardo Galeno. Manuel Domingo Rivero y Juan J. Méndez.
Un acontecimiento de singular importancia y relieve que hizo desfilar a los guanareños para conocerlo, es cuando el señor Manuel Amparam invita a conocer el Hato Modelo, en donde sembraban pastos de diferentes tipos, maíz, hortalizas; tenía una
extensión de dieciseis hectáreas y una unidad veterinaria. Se alegra la colectividad guenarñeña cuando en los primeros días de octubre de mil novecientos treinta y mueve. el Dr. Julio García Alvarez, Ministro de Samdad y Asistencia Social, le regala el Puesto de Socorro una nevera y algunos útiles para las operaciones de cirugía. El poeta Alberto Arvelo Torrealba visita la ciudad y comenta "su libro GLOSAS AL. CANCIONERO VENEZOLANO 

"Para abajo corre el río, 
el de la llanura, sin puente, 
venere bravo y rico. 
camino entre las selvas, 
límite odioso entre lo baldío y lo baldío. 
desamparado como la copla y el vaquero..."

En el transcurso de la apacible vida guanareña, el médico Jefe de la Unidad Sanitaria promueve un concurso destinado a determinar cuál es el niño mejor nutrido, el premio es único, consta de cien bolívares, las condiciones eran las siguientes: estar criado a pecho, que tenga peso no menor para los seis meses de siete kilos con cien gramos; hasta los doce meses, con un peso de 8.900 Ks, que le hayan brotado los cuatro incisivos: que sea capaz de sentarse; que su buen estado se manifieste por una capa de tejido adiposo debajo de la piel.

Se decretó ese mismo año la reconstrucción del camino de recuas que conduce de Biscucuy a Barinas hasta el sitio denominado Gonzalera. La colectividad guanareña designa una Junta Pro-homenaje al Dr. Melitón Vargas, con el fin de levantarle un busto y de respaldar las actividades del comité de Caraca. Un acontecimiento bastante satisfactorio congrega a los guanareños a a fines de 1939, un 
pequeño cantante, desde la Radio Barquisimeto. en la hora de aficionados, triunfa rotundamente, se trata de Félix Fernando Delgado,  y se anuncia a la colectividad el día 18 de diciembre la presencia del doctor Roberto Picón Lares, Director del Instituto de Inmigración y Colonización, del doctor Salvador  Lima, Severo Saverio y el Sr. Víctor del Moral. quien venía designado como Administrador del Instituto de Colonización que funcionaría en Guanare; “estas distinguidas personas venían haciéndole compañía a los sesenta inmigrantes portugueses que se establecerían en lo que es hoy la colonia Guanare.
Fue decretado día de júbilo: a la entrada de la población el Hermano Nectario María les dio la bienvenida y la población contenta desfiló por las calles, entre repiques de campanas y fuegos artificiales. Este paso fue considerado como el mejor acierto dado por el General Eleazar López Contreras en tierras guenareñas; así lo dijo Alfonso Mejías, Ministro de Agricultura. Para esa época la ciudad no llegaba a tres mil habitantes, y se apresta con emoción a recibir la visita del señor Presidente de la República, quien viene justamente el día31 de enero de 1940. Le acompañan su señora Doña María Teresa Núñez Tovar de López Contreras, el Ministro de Sanidad. Dr. Julio García Alvarez y el Ministro de Agricultura y Cría. A las nueve de la noche el Presidente López Contreras se dirigió a la colectividad guanareña. recordó el pasado histórico; el Libertador como estadista y pudo decir lo siguiente: "Conocedor de todos los factores históricos de mi país la clave efectiva de no dejarme llevara ser dictador y un demagogo. Tampoco en ningún momento me han secundado ni podrían secundarme la oligarquía. Mi política ha sido orientada para conquistar una verdadera autoridad moral.
Esa noche hubo fiesta, el pueblo sencillo se alegró.

Pan y circo caía de nuevo sobre la ciudad. El poeta de aquellos días, Don Rafael Simón Rodríguez Ortiz 
recitó sus versos:

Samanes de Guanare 
Samanes centenarios del Pionío, 
asilo generoso de turpiales, 
cuántas veces el oro del estío 
ha volcado en tus frondas sus caudales. 

Señoras y señores, de esta evocación distan cuarenta años, palpantes a través de ella; qué ha quedado, qué se ha mejorado, qué hemos hecho. Sinceramente, ¿le habremos servido al Guanare de nuestro afecto?. Tenemos un presente donde aún resuenan los pasos de la historia, a pesar de las andanzas del pasado, la lámpara votiva de nuestro acontecer formativo debe seguir encendida. Allí, junto al escudo estará el esfuerzo común de todos, ensalsando la frase central del mismo: "Ven Espíritu Creador". 

Señoras y Señores. 




"VOZ DEMORADA" 

Palabras en la Sesión Extraordinaria del Concejo Municipal del Distrito Guanare, Estado Portuguesa, en ocasión de investir como Cronista de la Ciudad al Doctor Rafael R. Gavidia 

Publicación del Concejo Municipal del Dtto. Guanare 


CONCEJO MUNICIPAL DISTRITO GUANARE 
ESTADO PORTUGUESA 

Presidente: Prof. Antonio Escudero R. 
Primer Vicepresidente: Dra. Martha de Sgambatti 
Segundo Vicepresidente: Zenón Torrealba 
Vocales: 
Pedro Molina Mauro Valera 
Ellas García 
Heriberto Hurtado 
Roque Montenegro 
Martín Rodríguez 
Síndico Municipal: Dr. Antonio Bastidas 
Secretaria de Cámara: Myrna Ferrer de Ferrer 
Administrador Municipal Lic. Emilio Carmona 
Contralor Municipal: Lic. Aurelena V. de Ancheta 
Ingeniero Municipal: Antonio Rodríguez Mata 
Director de Catastro: Ing. Franklin Carrillo R. 
Jefe de Personal: Lic. Edgar Fernández 
Jefe Desarrollo Comunal: Alfonso Palacios G. 
Director de Inquilinato: Dra. Zoraida de Urbina 

miércoles, 10 de abril de 2019

AQUELLOS LLANEROS DE AGUA ESTAMPAS DEL VIEJO LLANO GLOSA DE LA LLANERIDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS Yorman Tovar 

AQUELLOS LLANEROS DE AGUA

DE ARISMENDI A GUANARITO,
PARTIENDO LAS TURBIAS AGUAS,
REMONTA, EN CANSINO VIAJE
UN BONGO DE VEINTE VARAS.
Gabán Pionio
Viejo llano ribereño
de aquel Guanare impetuoso,
el recuerdo quejumbroso
gime en la voz de mi ensueño.
El marinero, en su empeño,
dejaba escapar su grito,
y la guarura era el rito
que anunciaba los viajeros…
¡Ah mundo, aquellos bongueros!
DE ARISMENDI A GUANARITO.

Viejo bongo, tren fluvial
sobre los rieles del río
donde se fue el amorío
de mi edad primaveral.
Palanquero sin rival
de bongos y de piraguas,
desafiando las macaguas
y los caribes golosos,
y hasta caimanes mojosos
PARTIENDO LAS TURBIAS AGUAS.

¡Con Dios y la Virgen vamos!
Dice Abelardo al patrón,
luego “El chingo” Pantaleón
responde: ¡…on elloj vamoj!
Mangles, caramas y guamos
simbolizan el paisaje,
el bongo marca el oleaje,
barquineando por la carga,
con un motor “pata larga”
REMONTA, EN CANSINO VIAJE

El catire Omar Linares
le comenta a Abel Cancines:
-“En estos viejo confines
voy a enterrar mis pesares”.
Bonguero de cien Guanares,
tú, que sabes de curiaras,
quisiera que me contaras,
sentado allá en la barranca
cómo se nueve a palanca
UN BONGO DE VEINTE VARAS.

Guanare, enero de 2009.



Yorman Tovar

(Cronista Popular de Guanarito)

JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS


JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

Creo que llegó a Guanarito en 1968, cuando llegaron los equipos
eléctricos de CADAFE, cuya planta se instaló a la entrada del pueblo, justo al lado de la casa de familia del desaparecido coterráneo Coromoto Cárdenas. Si no me falla la memoria, creo que nació en Barreras, población cercana a Tocuyito-Carabobo, pues siempre la refería en sus conversaciones. Cuando aún las universidades venezolanas no habían creado la carrera de Técnicos Superiores Universitarios, ya Fuentes había obtenido el título de T.S.U. en Mecánica Diessel, acreditado por una universidad de EEUU. Fue el primer Jefe de Planta que tuvo CADAFE en Guanarito. Allí laboraron entre otros los Peritos Electricistas Luis Enrique Morillo Lucena, Saturno Colina, un amigo de apellido Cedeño, y años más tarde los técnicos Pedro Vásquez y Antonio Umbría Núñez (mi suegro), además de Juancito Ortega (el obrero encargado de la limpieza del área).

A principios del año 1969 mi madre fue arrendataria del restaurante del recordado Guevara, que había fallecido un año atrás. Un día de aquellos ocurrió un accidente con una bombona de gas y el local se incendió. Eladio Crespo Flores, quien era presidente del Concejo Municipal estaba comiendo en aquel infausto momento, salió y prendió su carro, y como a los 15 minutos llegó Jesús Fuentes (jefe de CADAFE) con un camión cisterna y pudo paliar la situación. Desde entonces se hizo nuestro amigo. Por eso afirmo que lo conocimos lo muy de cerca, puesto que mi madre, luego de que nos mudamos para el barrio El Cementerio tenía una casa de bahareque al lado de la nuestra donde ella habita, y se la dio en alquiler a don Jesús, quien además era su cliente comensal. Fue allí donde entablamos una sólida amistad, y de vez en cuando compartíamos un buen whisky, en seguida buscaba un equipo portátil, reproductor de casetes y escuchábamos sus preferencias musicales: Jorge Negrete, Pedro Infante y Los Panchos. Siempre fue un hombre solitario, aunque cordial con quien se adaptara a su firme manera de ser. Hablaba a veces de su familia (esposa e hijos), pero sin ahondar en detalles.

Tiempo después Fuentes se retiró de esa actividad y se dedicó a la agricultura, en una finca que adquirió por los lados de Guanare Viejo; y más tarde se dedicó al transporte de material granular en un viejo volquete que era su dolor de cabeza y su diversión, pues era capaz de desarmar y armar el motor en un solo día.

Siendo agricultor, fue víctima de una emboscada en cayapa, por parte de otros productores envidiosos. Los sujetos planificaron bien la celada. Salieron en una camioneta desde Guanare para Guanarito, y como sabían que Fuentes traía la misma ruta, detrás de ellos, fingieron estar accidentados. Al divisar la camioneta con el capot abierto, Fuentes, experto mecánico y hombre solidario, se detuvo delante de ellos y se propuso a solucionarles la avería, y en lo que dobló la espalda para asomarse al motor le dieron un golpe contundente en la cabeza y huyeron cobardemente, dejándolo tirado en el hombrillo de la carretera, creyendo que lo habían matado, hasta que fue auxiliado por alguien. Esto le costó varios meses de inactividad y le dejó ciertos trastornos cerebrales. Lo cierto es que sus agresores ya murieron y Fuentes todavía está vivito y coleando. Todo lo dejó en manos de Dios, sin pensar en venganzas.

Tenía, por aquel tiempo, unos 60 años, pero también una fuerza increíble, pues alzaba una yanta del camión, con rin incorporado, y de un tirón lo lanzaba a la cachucha del volteo. Otra vez se encontró en la carretera a dos hombres que estaban por despresar un toro que había atropellado una gandola, pero no cargaban cuchillos. Se detuvo Fuentes y los ayudó, y éstos le ofrecieron una pierna, pero entre los dos no podían subirla al camión (cargado de granzón), fue entonces cuando Fuentes la agarró y él solo la lanzó sobre el encerado que cubría el granzón, encendió su camión y arrancó.

Una noche estábamos un grupo de amigos libando cervezas en el bar de Samuel Prieto. En esos llegó el amigo José León Mora (“Morita”), encervezado y hablando con arrogancia. Venía mojado y lleno de barro, y dijo: -le acabo de dar un coñazo a Jesús Fuentes que lo pasé por encima de un charco. Y comentó José Ramón Lucena: -Es probable que Fuentes haya pasado por encima del charco, pero después de zumbar a “Morita” en el barro.

Un buen día se perdió de Guanarito, sin rumbo desconocido. Después supimos que estaba por los lados de Calabozo, remontado en una buena gandola, transportando rubros agrícolas. Dejó una cantidad de cosas, entre ellas unas esquelas de amor, de una dama con la que se carteaba, el diploma-título de TSU en Mecánica Diessel y el retrato que adorna esta crónica, recibiendo un reconocimiento del gobierno regional adeco, pues en el fondo se observa el perfil del profesor araureño Ramón Moreno Delgado (Director de Educación para entonces).

Desde el día de su inesperada partida para no volver, todos los que lo conocimos, nos preguntamos: -¿Y qué será de la vida de don Jesús Fuentes?

Yorman Tovar 

Cronista Popular de Guanarito

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA Andrés Eloy Blanco




!Feliz Domingo a todos mis seguidores!

Yorman Tovar 

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA

“No hay que llorar la muerte de un viajero,
hay que llorar la muerte de un camino”.
(Andrés Eloy Blanco)

POETA, HERMANO QUERIDO,
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

SE MUERE LA FE EN LA GENTE
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO
NI LA MUERTE DE UN CAMINO
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.

I
POETA, HERMANO QUERIDO,

ayer nos dijiste adiós,
por eso calló su voz
el saucelito en el nido,
el perro lanzó un aullido
lastimero, penitente;
muere el pueblo impunemente
sin pan y sin medicina.
Crucificada en rutina
SE MUERE LA FE EN LA GENTE.

II
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA

al pueblo que tú cantabas,
al pobre que consolabas
con humor e inteligencia.
Hoy, Juanbimba en la indigencia
pesa menos que un comino,
va con semblante cetrino
como perro callejero,
como triste pordiosero
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO.


III
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA

transmutada en negro infierno
le hace falta un buen gobierno
de cordura y con decencia,
que cese la delincuencia
del Cuello Rojo asesino,
que el USURPADOR cretino
no diga más: “Soy obrero”…
a él no le importa el viajero
NI LA MUERTE DE UN CAMINO.

IV
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

por puñales de traición
le hacen falta, otro Simón,
y otro Miranda aguerrido,
y otro PAPA comedido,
no un cómplice indiferente,
sino un Prelado valiente
que defienda al pueblo honrado,
que muere desesperado
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.


REQUIEM POR EL PASTOR DE POLICROMÍAS



Y ENMUDECIERON LOS CIELOS,
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!
ESTIBADOR DE ILUSIONES,
PASTOR DE POLICROMÍAS.



I
El fuego canicular
secó el laurel de la fama,
la vela extinguió su llama
y el pincel se echó a llorar,
se negó el sol a brillar,
y contuvieron sus vuelos
las garzas, ya sin anhelos,
sin vigor quedó el follaje,
de luto vistió el paisaje,
Y ENMUDECIERON LOS CIELOS.


II
Y la rosa matutina
de su secreto vergel,
la que fue panal de miel
mitigando su rutina;
-mientras la tarde declina-
se funde en melancolía
en la tersa poesía
de un manoseado cuaderno…
el silencio se hace eterno… 
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!

III
El creador acuarelista
de perenne juventud,
pinceladas de virtud
trazaron su alma de artista
se irguió sobre la conquista
de laureles y ovaciones,
adoctrinó corazones
y los perfiló en el Arte
e implantó su reino, aparte, 
ESTIBADOR DE ILUSIONES.

IV
Escultor de la pureza,
pintor de nombre laureado,
¡oh poeta reservado!
Rapsoda de la tristeza,
tu eterno adiós se embelesa
con cándidas fantasías,
sollozan las armonías
de un cuadro, aún no acabado…
El pincel fue tu cayado, 
PASTOR DE POLICROMÍAS.

Yorman Tovar
6 de abril de 2019

sábado, 6 de abril de 2019

Graterolacho ¡Inolvidable!




TROVAS DE TRAVESÍAS

Graterolacho ¡Inolvidable!
(Hoy a 84 años de su nacimiento)

Por Yorman Tovar




En 1989, cuando aún tenía Manuel Graterol Santander su despacho en el sector de “Los Ruices” (Caracas), me encomendó la tarea de recopilarle y prologarle una Antología de poemas nativistas, plenos de romanticismo llanero a la que tituló “CASIMBA, poesía del pueblo”, publicada por José Agustín Catalá y su Editorial Centauro en 1995. El prólogo lo inicié así: “Puedo afirmar que conozco a Manuel Graterol Santander desde 1965, de cuando, ocasionalmente, llegaba a Guanarito uno que otro ejemplar del semanario “El Imparcial” de Don Manolo Escalona”.


Efectivamente, en mi pueblo comencé a leer sus glosas y romances. Y me despertó admiración por aquel extraño nombre: “Graterolacho”, sin pensar, remotamente que años más tarde compartiría con él un encantador elenco en el semanario “El Camaleón”, encartado los fines de semana en el diario El Nacional), junto a Luis Muñoz Tébar (Lumute), Carlos Bujanda, José Hinojosa, Ubaldo Quevedo, Octavio Montiel “El poeta del 23 de enero”; y los caricaturistas: Jorge Haralambides, Jairo Osorio, Omar Cruz, Carlos Cruz y Panchito Borges. Cuando le envié los primeros trabajos, con mi nombre al revés NAMROY TROVÁ, cuál no sería mi sorpresa, el domingo siguiente, cuando aparecieron publicados con el pseudónimo que me colocó: EL MAYOR TROVÓN “El Camaleón de Guanarito”, con el cual se me conoce en las lides de la poesía popular. También tuve el privilegio de que me prologara mi antología de lo que había publicado en 5 años en ese semanario: “Trovas de El Mayor Trovón”, bajo el sello de Ediciones Centauro en 1994.

La obra lírico-romántica y nativista de Manuel Graterol Santander es diferente a la que produjo el escritor desdoblado, bajo la pseudonimia de GRATEROLACHO o “El Camaleón mayor”, y entregarla, saturada de humor, plena de sarcasmo y mordacidad, y a la vez combativa.

La parte lírica se inicia con “Araguaney”, su primer poemario (1959). Eran los tiempos en que, al visitar Portuguesa, participaba –entre tantos eventos de trago y bohemia- en las tertulias de “Punta Brava”, casona de “El cabezón” Armando Hernández Molina en Araure. De esas reminiscencias y de las de sus andanzas de zagaletón en Píritu, recuerda su amigo del alma, el poeta Arjuna Castro Castillo en su romance “El caballo de Manuel”:

“Yo lo conocí potranco
en el Distrito Esteller
y era bastante despierto,
hoy es lo mismo que ayer:
Sobrado en el pasitrote,
pasillano, uno, dos, tres,
y ágil en volatería
era faculto también.
Perverso en la falsa rienda,
porque lo suyo es correr (…)
Y hasta se sabe en detalles
los secretos de Manuel:
cuando le repugna el trago,
cuando lo quiere beber,
cuando tiene el pensamiento
puesto en alguna mujer
y cuando anda en armonía
Graterol con Santander”

En 1982 publica “El caballo de mis coplas” con notas preliminares de Reinaldo Espinoza Hernández, Simón Díaz, Manuel Salvador Páez y Enrique Hidalgo. Espinoza Hernández comenta:
“Manuel Graterol Santander, poeta del amanecer que va recogiendo en su porsiacaso los primeros cantos de la soisola y la menuda harina de los rocíos engrillados, sabanea en sus glosas el cristal de los caños y lagunazos y la piel de vidrio de los ríos llaneros. Mientras ande por las tierras venezolanas siempre tendré en mis labios un verso de Manuel Graterol Santander, el último glosador”.

De este libro, conservo el ejemplar que me obsequió en el III Encuentro de poetas, en 1987, con esta dedicatoria: “PARA YORMAN TOVAR, EL POETA GRANDE QUE SIGUE ENLAZANDO LOS POTROS QUE SE LE ESCAPARON A MI PENSAMIENTO”.

En 1989 publica “Glosamoríos”, donde pone de manifiesto su ingenio de inventar la GLOSA-GLOSA: es decir, un palabreo con dos cuartetas. Los cuatro versos iniciales de cada décima corresponden a la primera cuarteta, y el final o pie tradicional de cada décima es, consecutivamente cada verso de la segunda cuarteta. Nada fácil de construir, sin embargo, la hemos seguido practicando –entre otros- Guillermo Jiménez Leal, José “Cheo” Ramírez y quien escribe.



En el año 1995 aparece “CASIMBA, poesía del pueblo”, una compilación mía con poemas de los tres libros antes mencionados. En la “Puerta de entrada” dice José Ignacio Casal:
“Manuel Graterol es un campesino por haber nacido en Turén y por haber vivido hasta la adolescencia en Píritu y Acarigua. Todo campesino sueña con tener llena la CASIMBA, pero no con frutos ajenos sino de su propia cosecha. Manuel está cosechando muchos años de siembra, de trabajar los surcos del afecto, de regar la semilla de la venezolanidad, con el inagotable manantial de su fuerza creadora, fertilizando el suelo con la fórmula de la amistad, el cariño y la lealtad, porque –como é mismo escribe- es amigo de los amigos, con razón o sin razón, en las buenas y en las malas”.

En el amarillento ejemplar que conservo de esta obra, se lee la dedicatoria: “A YORMAN TOVAR, AUTOR INTELECTUAL DE ESTE PROYECTO. GRATEROLACHO. ABRIL 95”.

Su obra lírica, casi toda en octosílabos, urdidos en décimas y romances, no sólo queda impresa en estos libros mencionados, sino también en diversos Long Play de acetato, Casetes y Discos Compactos (CD) y nuevas tecnologías. En espectáculos y parrandas, sus versos seguirán cabalgando en muchas voces, y especialmente en mi humilde voz, como declamador y locutor. Sus pasajes, joropos, tonadas y golpes, musicalizados por tantos creadores de esta tierra, seguirán su curso en las emisoras de radio y en cada lugar donde esté un poema de Manuel, en voces de Gualberto Ibarreto, María Teresa Chacín, Oscar Martínez, Víctor Morillo, Pablo Baresco, Simón Díaz, Rummy Olivo y otros talentosos intérpretes.

En otra dimensión, la obra humorística de Graterolacho o “El Camaleón mayor”, diferente a la obra lírica Manuel Graterol Santander, se sustenta en la sátira política de todos los tiempos, contra la corrupción, la burocracia de la llamada “IV República”, y los cánceres, de esta “V RES PÚBLICA” hasta la hora de su muerte el 11 de junio de 2010.

En esos versos está plasmada toda su inquietud angustias por Venezuela. En “El Libro Flaco de Graterolacho (nombre paródico de “El Libro Gordo de Petete”); en las viejas páginas de la revista Semanal “Bohemia”, en las casas donde algún coleccionista haya guardado ejemplares de “El gallo pelón” y del Semanario “El Camaleón” y “El Nuevo País” y la innovadora tecnología del TWITER, donde dejó un incalculable número de cuartetas “jodedoras”.


En épocas pasadas el pueblo tenía poco acceso a los poetas, y, lógicamente, había una parte de Portuguesa que no conocía a Manuel hasta que en 1985 se llevó a cabo el I Encuentro de Poetas Portugueseños, evento que tuvo alrededor de 17 ediciones. Fue creado por Manuel Escobar (Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela en Guanare); Luis Bazán García, y Leonel Páez en la AEV Acarigua-Araure, con la cooperación de la Coordinación de Cultura del Gobierno de Portuguesa, dirigida por el Dr. Miguel Eduardo Gómez. Estos encuentros hicieron que Manuel se compenetrara con el pueblo y con el resto de los poetas, tanto de su generación como con los que estábamos iniciándonos en el oficio.

El 13 de junio 1990, en el marco del Bicentenario del natalicio de Páez, se funda la “Casa de la Poesía” en Acarigua, y el Museo de Humor que lleva su nombre, compartiendo honores con su padrino “J. Epitacio” y con Simón Díaz. A partir de ese momento, ese recinto se convirtió en el lugar del reencuentro con ese gran portugueseño al que admiramos, amamos y seguiremos recordando por siempre., aún después de su desaparición física.

Dijo Cristina de Suecia que “los grandes hombres tienen presentimientos de su destino, en lo que rara vez se equivocan”. En su libro “El Caballo de mis coplas”, en el poema titulado “Final” pide el poeta a sus hijos:

“Tráiganme un puñado de la misma tierra
que cuando era niño me cargó en sus piernas
y mojado en lágrimas de un hombre cualquiera
échenlo en mi tumba como última ofrenda”.

Y así se cumplió su petición hecha varias décadas atrás. Y en su poema “Romance para otro amigo”, en “Casimba”, manifiesta el poeta su condición de llanero bien nacido:

“Y es que uno nació llanero
y es difícil olvidarlo,
eso no se olvida nunca,
eso lo tengo bien claro,
y aunque pase de 60
y me sienta más anciano,
Luis Bazán, vuelvo y te digo,
con la música de un cuatro
que en mis hijos y en mis nietos
–aunque me hayan sepultado-
aun después de mi muerte
seguiré queriendo al llano”.



Hoy, a 84 años de tu nacimiento en Villa Bruzual, capital del entonces distrito Turén, hay un incalculable número de venezolanos que como este amigo, te seguimos recordando, Gran Maestro del buen humor, puntero del romance lírico hecho canción, madrinero de glosas, décimas y sonetos, rebaños cimarrones, indomables como El caballo de tus coplas, tú poesía continuará trochando la tierra venezolana, para cumplir lo que tú dices en el poema:
“Entre sus patas de alma
voy divisando un tierrero,
y es tierra venezolana
lo que levanta hacia el cielo,
para que hasta Dios conozca
cómo se canta en mi pueblo”.

¡Descansa en paz, hermano!

viernes, 15 de febrero de 2019

TROVAS DE TRAVESÍAS JOEL HERNÁNDEZ: UN AUTÉNTICO CANTOR.


TROVAS DE TRAVESÍAS

JOEL HERNÁNDEZ: UN AUTÉNTICO CANTOR.

Decía el famoso cantante, compositor poeta y guitarrista argentino Palo Pandolfo en una entrevista periodística: “Hice toda una canción que salió entera sin pensar. Abrí la voz con la armonía, melodía, tres estrofas, el estribillo y puente, que salió de primera voz. Cuando puse play me di cuenta de que hice una cosa tan emocionante que me puse a llorar. Porque estaba diciendo en oficio de cantor cosas que nunca iba a decir. Como el amor viene y va, la piel cambia de color…es una confesión íntima que se me escapó en el inconsciente. Ante esa revelación fue que me dije: Hay que componer así”.
Cuando Pandolfo dice: “porque estaba diciendo en oficio de cantor”, está puntualizando las habilidades propias de un cantor: voz con armonía, estrofas que brotan de la inspiración (la musa) y sentir la emoción espiritual y el buen gusto por lo que se hace en ese instante de creación.

Al respecto afirma Raúl Flores (bailarín, escenógrafo y coreógrafo mejicano): “Tengo muy presente que en mi infancia, durante la década de los 1980s, se utilizaba mucho el término “cantor” o “cantora” para definir a algunos cantantes. Si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), encontraremos que CANTOR es una persona que canta principalmente por oficio. Para dar un ejemplo, podríamos decir que un cantor es un juglar que se gana la vida cantando historias. Pero si nos referimos a que los cantores son por oficio, entonces podemos decir que ellos son los que nacieron cantando; esas personas cuyo canto fue forjado por sus vivencias y en ella se ve reflejada su humanidad”.

Y para complementar su idea, el citado artista mejicano considera cantores en toda la extensión de la palabra a Pedro Vargas, Lola Beltrán y Amparo Ochoa -entre otros- ; y establece la diferencia entre cantor y cantante, definiendo a este último como “persona que canta por profesión”, pues considera que es una “voz fue formada por la experiencia”, pues “adquiere sus dones a través del estudio de la técnica vocal. Esto hace que la voz de un cantante sea más llena, compleja y alcance tonos que a lo mejor un cantor no logrará en su vida”.

En referencia a los conceptos de Pandolfo podríamos deducir que no todo CANTOR es CANTANTE y viceversa, sin embargo, hay CANTORES que aprenden, no solamente a perfeccionar sus composiciones poético-musicales, sino también sus condiciones vocalísticas y a afinar su oído musical para dar por entero lo mejor de sí.

Tal es el caso de JOEL HERNÁNDEZ PÉREZ, nacido en Araure Portuguesa el 15 de febrero de 1947. Abogado, músico, poeta y compositor que comenzó dando rienda a su afición artística en 1969, cuando ensayó su primera experiencia grabando un contrapunteo con el N° 1 de aquella época: Ángel Custodio Loyola. Más tarde prepara un manojo de pasajes para hacer su primer disco de Larga Duración, pero por compromisos laborales propios del Derecho y la política, termina grabando Cheo Hernández Prisco.

En el año 2004 cuando comencé a preparar mi Trabajo de Grado de Magister Scietiarum en Literatura Venezolana (UCV) y lo seleccioné como mi objeto de estudios, en una entrevista estructurada afirmó: “yo compongo letra y musicalizo al mismo tiempo. Esas dos actividades son simultáneas para mí”. La aserción de Joel es similar a la de Pandolfo cuando certifica: “abrí la voz con la armonía, melodía, tres estrofas, el estribillo y puente, que salió de primera voz”. De manera que al referirnos a Joel Hernández, describimos al auténtico cantor.

A finales de la década de los 70 aparece una doble revelación: Joel Hernández, quien ya ha madurado su estilo de componer poesía musical llanera, y Freddy Salcedo, la portentosa voz y elegante estilo interpretativo. Con la aparición de sus canciones –como afirma Guillermo Jiménez Leal: “Joel Hernández le da un nuevo matiz a la música llanera, porque nos presenta un esquema distinto al del pasaje tradicional”. Claro, la misma temática nativista, pero con un sentido didáctico, pedagógico que hablan de la intención del autor. En la voz de “Su Majestad El Llano” (según Joel, su mejor intérprete) vamos a escuchar “La Fundadora” (homenaje a la raíz materna de la producción bovina de un hato ganadero. Una reverencia a tan noble animal que, según la conseja, no debe ser sacrificada, sino dejarla que muera de vieja, “que se la trague la sabana”. También “Viejo soguero”, una referencia al oficio del llanero artesano que fabrica las sogas del cuero de los animales cogidos en faenas de vaquería; y esto no es más que una mera excusa para exaltar el afecto fraternal del llanero por su caballo.

En 1982 la popularidad de Joel se extiende por Venezuela, Colombia y países como México, donde la vaca y el caballo son símbolos genuinos de la canción. Es cuando el insigne araureño se ve obligado a demostrar sus dotes de CANTOR y graba, con el mismo conjunto del maestro Ramón Coromoto Martínez con que había grabado Freddy Salcedo, casi el mismo repertorio. Al oír ese Long Play con “La Fundadora”, “Viejo soguero”, “El bongo”, “El palmar”, “Corral”, “Sombrero”, “La cobija” y otras.

El oyente común, a través de los programas radiales de música llanera opinaba que era imposible que Joel superara a Freddy. Eso lo sabíamos, pues el autor no lo hizo con fines de lucro ni de promociones espectaculares, sino con el objeto de dejar un testimonio de su sentimiento ceador. Pero los oyentes analíticos comenzamos a valorar que la diferencia estaba en que Freddy Salcedo es un verdadero cantante: tenor, dueño de una voz incomparable, incólume, además de ser voz natural, se notaba su escolaridad artística. En cambio Hernández demostraba a través de sentimiento e inspiración, e imprimiendo con mayor énfasis la sugerencia de DIÁLOGO que reflejan “La Fundadora” (conversando con el “Viejo Melecio” y “Viejo soguero” con el picador de sogas).

Hace dos años, en el marco de la celebración de sus 70 años en Acarigua, presentó un Disco Compacto con muchas de sus viejas canciones y otras de más reciente creación, acompañado del TRÍO KRISTAL de Boconó-Trujillo; una perfecta combinación de su voz, ya bien timbrada y con el característico falsete natural, al compás de tres guitarras y un bongó, una innovación que nos permitió percibir la perseverancia de este abogado-cantor por preservar las tradiciones y la cultura del llano, un resultado de sus investigaciones sistemáticas de lo que conocemos con el nombre de LLANERIDAD. Creo que no me equivoque cuando decidí titular mi Trabajo de Grado (libro aún inédito) “Vigencia de costumbres y tradiciones del Llano Venezolano en la Poesía Musical de Joel Hernández”.

Cómo olvidar aquella tarde en que me correspondió defender mi Trabajo de Grado en un aula del Post Grado de la Facultad de Humanidades de la UCV (Los Chaguaramos). Entramos todos a la presentación. El Jurado (incluyendo a mi tutora profesora María Del Rosario Jiménez) ignoraba que aquel hombre delgado, de sombrero y bigote cano, con un estuche en la mano era el objeto de estudio. Una vez que me dieron el veredicto, les pedí permiso para presentarlo, y Joel, con la humildad y serenidad que lo caracterizan, hizo un pequeño recital explicativo de su obra. Todos quedaron satisfechos con mi exposición, pero encantados y sorprendidos con la faena poético-musical de este Cantautor portugueseño.

Después de ese año 2007, hemos actuado en varios recitales, previamente programados, él conversando y cantando sus creaciones y yo, dando muestras –en mi condición de declamador- de la poesía tradicional de Venezuela, con poemas de autores como Germán Fleitas Beroes, Ernesto Luis Rodríguez, Andrés Eloy Blanco, Manuel Graterol Santander, Arjuna Castro Castillo, Luis Bazán García y los míos propios. Creo que próximamente vamos a coincidir en un evento que se realizará en Arauca-Colombia.

Todo lo expuesto anteriormente no fue más que una excusa para desear felicidades a este baluarte CANTOR AUTÉNTICO del llano venezolano, hoy cuando arriba a sus 72 años. ¡Felicidades, Viejo Soguero!
Yorman Tovar 

Nota: La foto de Joel adolescente es de la colección de Maritza Hernández Pérez; la de Joel a caballo es de Rafael “Pepe” Roldán y de la otra desconozco la autoría, por lo que ofrezco disculpas.





Fuente: Wilfredo Bolivar