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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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sábado, 31 de enero de 2026

Crónicas Guanariteñas ADIÓS, MARLENE MIRWALD

 Crónicas Guanariteñas


ADIÓS, MARLENE MIRWALD

Yorman Tovar

Marlene Mirwald
Y llegaron a nuestro pueblo. Primero Pedro Mirwald, con parte de su prole: su esposa y dos hijos, pues los otros nacieron en Guanarito. Poco tiempo después llegó su hermano Adolfo Mirwald con su cónyuge Mercedes Jiménez, y sus cinco hijos: Zulay, Gustavo Adolfo, Marlene, Otto y Sigfrido. Adolfo venía de residir y trabajar en uno de los poblados de la Colonia Agrícola de Turén. Lo cierto es que estos dos alemanes se destacaron como expertos mecánicos, sobre todo, en maquinarias Diesel, y así forjaron, simultáneamente dos familias, con criterios de buena ciudadanía y hombres y mujeres útiles a la sociedad. 


En la familia Mirwald Jiménez, se han destacado en las artes del canto y la música tres de ellos: Zulay, Marlene y Sigfrido, formados en la Casa de la Cultura José Luis Cabrera. Sobre todo, MARLENE (nacida el 26 de abril de 1967), quien, por poseer una exquisita voz, formó parte del equipo fundador de tres agrupaciones adscritas a la Casa de la Cultura: el “Grupo Pilón” de música folclórica, la “Coral de Guanarito”, para ocasiones cívicas especiales, intérpretes en grabación del Himno del municipio Guanarito, y también de “Los Cabresteros de Guanarito”, cuya especialidad fue el rescate de los cánticos de aguinaldos. Con su exquisita voz participó en la grabación de un álbum de varios artistas, en el que grabó el pasaje “Hoy hablé de ti”. Todas estas agrupaciones fueron dirigidas por el maestro guanariteño Luis Camacho Polo, quien tomó en cuenta sus dotes cantorales para incorporarla como miembro de la Coral de la UPEL-Guanare. En ese mismo ámbito musical, laboró como docente de aula y en educación musical en la Escuela Básica “Portuguesa” de Guanarito, donde obtuvo su jubilación.


Desafortunadamente, desde hace algunos años, una penosa enfermedad comenzó a minar su salud y a pesar de su fuerza espiritual y de los esfuerzos de la ciencia, no logró superarlo, por lo cual falleció el 22 de enero de 2026. Su voz en el tiempo seguirá retratando su presencia en las instituciones y en la gente en cuyos corazones sembró la generosidad de su íntegra persona. 

Paz a su alma. El Todopoderosa la acoja en su reino.


En Marlene Mirwald, guanariteña,

mestizaje de criolla y extranjero, 

 siempre brillaron con bondad risueña.

Rasgos de Europa y casta del llanero.


 Ella cantaba con amor lo nuestro, 

pues tuvo, cual llanera, el alma pura, 

y Guanarito, como buen Maestro 

le enseñó con pasión nuestra cultura. 


Marlene Mirwald, franca y amistosa, 

fue una cayena, dulce y candorosa 

en el jardín de la amistad sincera


Hoy mi verso de luto, en despedida, 

enaltece lo grande de su vida, 

¡Murió un vergel de canto en primavera!


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)

La Colonia-Guanare, 23 de enero de 2026.

lunes, 16 de mayo de 2022

EL BRIGADIER EN GUANARE EN EL AÑO 13 Parte I

Tío Tigre, Tío Conejo, Onza, Tigre y Lion

Como era habitual, todos estaban sentados alrededor de la fogata. El crepitar de las brasas era lo único que se oía. Los niños sentados sobre el piso se miraban buscando respuestas a la tardanza inusual del abuelo. Sobre el umbral de la puerta aparece la figura alta y fuerte de un hombre de 60 años que conserva un cuerpo duro y ágil. Sus ojos azules, su barba y cabello blanco le dan una poderosa imagen de hombre de empresas bravías y de vastos conocimientos. Su color de piel delata que en sus venas corre la sangre de los hombres de arepa y chicha. Traía una butaca de samán.

Al entrar se escucho casi al unísono un - BENDICIÓN ABUELO - como si hubiese sido ensayado para la ocasión. Dios los bendiga, dijo, mientras los miraba y detallaba  a cada uno: José, pequeño de 12 años experto nadador y cazador de conejos; Simón, el más alto tiene los ojos del abuelo y con apenas 10 añitos, Gabriel a pesar de sus once veranos vividos es un joven astuto y paciente capaz de agarrar las torcazas y perdices con la mano y María de los Angeles la más vieja: 14 años, con su cuerpo adolescente ya casi completo, es tan inventora como ingenua, capaz de encaramarse en el más alto de los arboles, así como bañarse con sus hermanos con la ropa de todos arrumada a la orilla de la quebrada y nadar como una tonina desbocada.

Se sentó entre la adolescente y el paciente, soltó una sonrisa para entrar en calor y comenzó su historia de la noche:

Mis guerreros hoy no les contaré sobre Tío Conejo y Tío Tigre, ni las hazañas de Onza, Tigre y Lión; los cuentos de espanto y aparecidos los dejaremos para una noche con menos luna - los muertos hoy descansaran en paz - Les contaré sobre una ciudad y de un hombre, como tú y como yo, que pasó por las tierras que vemos a lo lejos y que se conoce como llanos. Esto ocurrió hace hoy exactamente 20 años.

Los niños habían nacido entre montañas y neblinas, su padre era del pueblo y su madre de donde ellos eran. Nunca habían estado en un lugar donde se encuentre reunidas mas de 10 casas. Allí en las soledades del bosque andino se había refugiado el abuelo en busca de la tranquilidad que en su momento no le brindaba el terruño nativo.

José, Antonio, Gabriel y María de los Ángeles esperaban ansiosos el inicio del relato.

Esto que voy a contar ocurrió en el año 13. Como ahora llovía mucho, llovía mucho, eran aguaceros que duraban varios días y con tanta intensidad que los caminos  se volvían intransitables. Una tropa, hombres armados con espadas, lanzas y fusiles: algunos a caballo la mayoría a pie. Van camino a una ciudad que fue bautizada con un  nombre muy largo: LA CIUDAD DEL ESPIRITU SANTO DEL VALLE DE SAN JUAN DE GUANAGUANARE.

La noche la han pasado en una rancherías, la cual es conocida como Biscucuy. Paso obligado de viajeros que venían de Boconó de Trujillo o de los que iban para Chabasquén en el camino del Tocuyo. La ruta mas transitado era el primero, por allí se van directo al puerto de la Ceiba lo que nace en esa tierra tabaco, añil, algodón, maíz, cueros de res y venado y el café y cacao que se da muy bien en esta zona, rumbo a España la tierra de su Sacra Real Majestad.

Esta zona de la provincia es un paraíso; la casi continua lluvia y la montaña hacen de estos lugares propicios para una exuberante vegetación que sirve de refugio, alimento a cuanto bicho de monte pueda existir: de pluma o de pelo, terrestre o acuático, aéreo o arborícola, de sangre fría o caliente.

El cachicamo que es tan pendejo y trabaja pa´lapa: el morrocoy que no sube palo igual que el mono no sube corozo: y el tigre,  !el tigre! Donde éste ronca no hay burro con reumatismo; oyes ese alboroto? Son las guacharacas. Y eso parece un  hombre, camina en dos patas !Vade retro Satanás!. Tranquilo ese es el calumniado Salvaje, también conocido como el oso de anteojos o frontino. Y así hay muchos animales como palos hay en el monte: venados, picures, váquiros, matacan, zorros, perros de agua, cunaguaros, faros, paujíes, gavilanes, araguatos, pumas,...!

El bastimento para la tropa era aportado por la cacería que abunda en la zona: báquiros, venados, paujies, pavas, dantas, entre otros bichos: de los conucos obtenían  maíz y caraotas; y cerezas de café verde, los cuales servían para entretener el hambre de la tropa. El jobo, fruto carnoso era muy buscado por los soldados,  aunque algunos los comían con recelo debido a la creencia de que su consumo era el causante de la fiebre amarilla. En esta zona no se da muy bien el ganado debido a la humedad, la cual les provoca una gusanera o nuches que los debilita y les provoca la muerte. En el sitio donde se encontraban se habían  aliviado el hambre comiendo de los frutos del Pan de Pobre que existe en el despoblado que llaman mercado.

La tropa aunque no lo exterioriza, está impaciente, la inminencia del combate los mantiene en constante vigilia. Duermen poco, el viento helado que baja de la montaña los hace tiritar. La mayoría se encuentra en tierra extraña, son pocos los que conocen la zona. El grueso de la tropa lo conforman hombres que viene de la Nueva Granada. Desde que entraron a Venezuela pasando por San Cristóbal, Mérida y Trujillo se les han sumado algunos voluntarios, pero no en la cantidad que esperaba el comandante que los dirige. Este le comenta a su compañero Rafael Urdaneta:  Gran pesar para mi espíritu, no creí que estos pueblos fueran a reaccionar de este modo: ni víveres, ni armas, ni bestias, ni ropa, nada; todo lo esconden y los hombres rehusan a ser reclutados,  sino fuera por mi fuerza de voluntad ya habría desistido, pero adelante que la lucha nos espera.

Mérida es la ciudad donde se enrolan muchos de los que aquí vienen, allí eran estudiantes o profesores de la universidad.

José María es un médico graduado en Bogotá, fue el primer médico en ejercer en su pueblo natal y pionero en la aplicación de la vacuna antivariolica colocando en un año mas de 3000 inoculaciones y después de ejercer en su ciudad  fue llamado a crear los estudios de medicina en la ciudad de Mérida. Al enlistarse en el Ejercito de la Unión es nombrado Jefe del Cuerpo Sanitario cargo que ejerce con gran destreza y humanidad. El conocía las razones de  esta revolución, la cual se estaba fraguando desde la época de Gual y España. Su hermano hombre de gran inteligencia y sabiduría al servicio de la iglesia lo mantenía informado de todas las tendencias políticas y del movimiento emancipador, por algo había sido uno de los firmantes de acta de la independencia hace casi dos años. 

Una comisión quedó  en Trujillo a la caza de un contingente de realista que los andaba buscando. Estando en Biscucuy el grupo de espías de la mosca había logrado descubrir a un pequeño de soldados del rey que se aproximaban al poblado, pero que fueron prevenidos de la superioridad de los sediciosos y emprendieron la huida.

El Desembocadero

José María se encontraba en la retaguardia cuando escucho el grito: -!La caballería rápido! enemigo en retirada -.  Los hombres y sus cuadrúpedos salen a todo galope.

En el sitio del Pajal, también conocido como El Desembocadero del río Guanare, les dieron alcance. El impetuoso río llamado Zazaribacoa en la parte alta, en esa parte deja de comportarse como un río de montaña y comienza su tumultuoso y pesado andar en el ancho valle:  también en ese sector desemboca en él, el río Anus.

El resultado fue  desastroso para el ejercito realista; mas de la mitad falleció, el que no murió combatiendo se ahogó en el paso del río y fue alimento para caimanes y caribes: A los soldados capturados se les dio dos opciones: servir al ejercito patriota o morir fusilados. A los oficiales que los dirigían se les dio solo la última alternativa.

Allí mismo, bajo la sombra de centenarios samanes y una inmensa población de mijaos coronados de vistosas orquídeas nazarenas, fueron fusilados 3 oficiales del ejercito realista; el comandante  que fungía de jefe era Julián Montalbo, el cual pagó doble pena; la de haber perdido, siendo español (Decreto de Guerra a Muerte) y la de haber abandonado al ejercito patriota en San Carlos el  25 de abril del año anterior (Traición a la patria): en aquel entonces Julián Montalbo entregó la caballería...este hecho cambió la historia y favoreció la perdida de la primera republica.

José Unda, El Médico

Luego del inventario de las armas y de haber enviado una comisión a la ciudad de Guanare, el Brigadier hizo traer a su lado al medico José Unda, cuando este se presentó le preguntó por el estado de la salud de la tropa.

Este fue su informe:
-Comandante nuestro ejercito tuvo pocas bajas si las comparamos con el desastre que se le produjo al enemigo, la mayoría de los soldados presentan heridas leves que han sido atendidas, de verdad que ha sido insignificante…
-Bien Unda, de verdad que ya yo se lo que Ud. me dice, la razón por lo que lo mandé a llamar es otra.
-Dígame Brigadier no esta conforme con mi trabajo.
-No nada que ver, solo que vi como Ud. se batió como un soldado en esta escaramuza y con una pasión poco vista en ningún soldado  y debo felicitarlo por su valiente actitud, pero le agradezco no repetirla por que un médico en mi ejercito vale por 100 hombres.
-Si mi comandante, espero que esto no vuelva a ocurrir, pero quiero que entienda que estamos a punto de entrar a mi ciudad natal y comprenda que dos de mis hermanos, presbíteros ellos, estuvieron a punto de ser muertos el año pasado por patriotas y no quiero que los españoles  tomen represalias contra José Vicente y José Antonio, sabiendo nuestra cercanía, así que solicito me permita dar alcance a la comisión que fue a tomar la ciudad…
-Bien Unda, vaya pero dejo la impulsividad que lo caracteriza y me le envía saludos  a su hermano Vicente.  

La ciudad más rica de los llanos estaba cerca.

Antes que los pies, fueron los ojos de Simón  los primeros en posarse en los llanos venezolanos. Parece un mar, un océano. Hacia el sur no se ven irregularidades, quien sabe donde termina - o empieza - esta llanura. Mientras más bajamos más grande se hace la serenitud de estas tierras.

Sálvese quien pueda
Solo un hombre logró escapar de la escaramuza del Pajal. Al pasar la quebrada Las Piedras comenzó a gritar:  nos han derrotado, corran, escóndanse, sálvese quien pueda. El Teniente de Justicia de la ciudad  lo manda a detener con dos guardias y le increpa:   ¿Y Montalbo? El joven aun jadeante le dice: Todos están muertos, es cierto lo de la proclama de guerra a muerte y no son cuatro locos como su excelencia decía, son casi mil creo yo y cayó desmayado.

Un dejo de contrariedad brillo en los ojos de Don Nícolas Trujillo, Teniente de Justicia desde hace un año, cuando los realistas retomaron el poder que habían perdido desde que un grupo de españoles criollos habían declarado la independencia. El primer trabajo cuando asumió el cargo fue poner preso y enviar a la justicia real a cuanta persona había declarado simpatías por la causa patriota. Este Trujillo era paisano de Monteverde y antes de la declaración de la independencia era un ser tranquilo, amable y dedicado a su trabajo. Luego de la caída de la república, llega como Jefe de Guarnición el también canario, José Martí y por recomendación de Monteverde lo nombra Teniente de Justicia y eso fue como si se transformara, paso de ser una paloma a gavilán: se convirtió en una bestia, metiendo preso a todo el que consideraba traidor a la patria y a los que no le caían bien y eran inocente. Además confiscó bienes e impuso impuestos de guerra injustos.

Ahora estaba en desventaja. Lo primero que hizo fue avisarle a Ignacio Huizzi y a Francisco Alvarado sus amigos:

-Por tanto recoged todo lo que podáis, agarraremos las de villadiego. Vienen por el camino de Biscucuy nos iremos por el camino real del Tocuyo, tengo un compadre con posesiones en Suruguapo y Villanueva, allí nuestros bienes y familias estarán a salvo.

Varias fueron las familias españolas que emigraron. Conocían a medias los enunciados de la Guerra a Muerte y no se quedarían allí para comprobarlo.

El Real Estanco del Tabaco

El Real Estanco del Tabaco funciona al frente del convento franciscano llamado mas comúnmente el Hospicio. En la oficina principal los administradores debatían la estrategia a seguir en vista de la situación, en esas oficinas se encontraba el producto de la comercialización del tabaco en la zona: y a la cual le rendían cuenta los administradores de Carora, San Felipe, Barquisimeto, Trujillo, El Tocuyo, Araure, Barinas y Nutrias.

Don Luis Gonzalo le dijo a sus compañeros: No creo que esto llegue a hechos de sangre: recordad lo que aconteció el año pasado, se crearon comisiones y se pudo hablar con los oficiales que iban a tomar la ciudad.

Pero estos no son españoles -apunta José Velazco- los que allí vienen  no son la misma gente y sabrá Dios, cuales son sus intenciones. Sé que se  están viviendo vientos de cambio, pero les digo algo; yo nací español y como tal quiero morir, a mis 65 año ya estoy muy viejo para estar escondiéndome o para denigrar de nuestro Rey al que le debemos lo que somos. Que vaina, yo no voy a estar buscando a Dios por las esquinas. Me quedo.

Son tres los administradores del Estanco del Tabaco, el cual  cumple las funciones que años atrás hiciera la Compañía Guipuzcoana. Muchos vascos que llegaron con esta empresa se quedaron en el pueblo y aquí se habían casado y tenido hijos. Los tres que aquí se encontraban eran poseedores de las llaves que abría el cajón donde se guardaban los frutos obtenidos por las ventas del tabaco, el cual era muy solicitado en Europa. Don José de Rueda se mostraba inquieto, sus manos no encontraba donde meterlas, a pesar de su  timidez hizo un esfuerzo y  señaló:

-Y lo del decreto, dicen que no dejará español vivo, !Nos mataran¡.

Se detiene en el balcón, mira un tiempo hacia las montañas del norte, se voltea y dice decidido:

-Yo no se ustedes,  pero yo me voy.

María Antonia, la esclava de la familia Unda

Esa la mañana una espeluznante bruma cubría la ciudad, con el  frío mañanero y el tongoneo de las campanas llamando a la oración matinal, las mujeres de canela y carbón se movían presurosas en busca de agua para los quehaceres diarios.

De las casas subía lentamente el humo de los fogones donde se cocían arepas y cachapas.

María Antonia, la esclava de la familia Unda dábale al pilón con los mazos, uno en cada mano negra, buscando el punto ideal para la masa de maíz blanco. Sobre el gran budare de arcilla colocaba las arepas 8, 9, 10 de una vez.

La casa de los Unda es un quinterón alto donde han nacido y vivido los ocho retoños del matrimonio de Don José Francisco de Unda Navarro y Doña María Francisca García; la señora por el gran amor sentido hacia su esposo y con la anuencia de este decidió llamar a todos los hijos José y a la única niña Francisca.

Varios ranchos de bahareque bordean la ciudad, la mayoría se ubican alrededor de los caminos que como si fueran ríos que salen de Guanare: el camino de Boconó, el que va pa´ Biscucuy, el de la Mesa, el que viene de San Rafael, pasando por María, el de Sabana Dulce y el de Moritas.

Los vegueros

José  Manuel Díaz  y  Cantalicio Colmenares son dos vegueros, pardos libres,  que visitan con frecuencia la ciudad. Esa mañana llegaron cuando salía el último soldado de la tropa del comandante Montalbo, quien tenia bajo su responsabilidad detener a un grupo de sediciosos que según el correo de brujas venia bajando la cordillera camino de Biscucuy.

-Vacié carajo, esto si está raro hoy; fíjese usted la tranquilidad y el año pasado cuando tomó la ciudad el capitán Juan Nepomuceno Hurtado- todo era un alboroto. Mucho a esta hora habían dejao  el polvero.

-Si verdaíta cierta, a esta hora ya se habían pirao.

-Recuerda eso eran puras comisiones pa busca a las armas de Coro  y que  para entregarles la ciudad.

 -Compadre lo que pasa es que esa gente está muy segura de que las tropas del Rey la protegerán, pero yo no creo; las malas lenguas hablan de un ejercito de mil hombres armaos con lanzas y fusiles que baja con un tal Simón.

- Púyote! Que vao, yo no confío en naiden, estos creen que porque el año pasado no hubo represalias, salvo el enjuiciamiento de los hermanos Unda, por alborotadores, no hubo hechos que lamentar, pero lo que soy yo, me llego hasta el rancho con la vieja y escondo mi mercancía antes que me la decomisen para la patria, basirruque¡.

- Cónchale  compa, mejor nos vamos, mire que Nemesio llegó hace días de Trujillo y dijo que se salvo de vainitas de ser reclutado, mejor nos vamos pa nuestro monte no vaya a ser que…

-Bueno compa no hablemos mas y pirémonos,  nos vemos en la guachiconga, después que pase este alboroto.

La entrada a Espíritu Santo

Un poco después de la hora del burro, entra la primera avanzada de la tropa patriota a la ciudad. Los granadinos Girardot y D´elhujar comanda la unidad, a su lado el Jefe del Cuerpo Sanitario. La ciudad se encuentra desolada y en silencio, de pronto  las campanas de la iglesia de la plaza comienzan a repicar en son de fiesta.

- Ora pues, parece que todo el mundo ha huido de este pueblo su merced.

- De todas formas revisen bien las oficinas públicas: el cabildo, el cuartel, el estanco,  este convento…y vayan a ver que quiere ese cura barbuo que esta gritando en ese campanario, sino es a nuestro favor bájenlo aunque sea a piedras y me lo encierran.

Al entrar el Brigadier, jefe de todo el ejercito, le hacen entrega del siguiente parte:

En la ciudad hay aproximadamente 12000 habitantes, tres iglesias y en la principal se venera a la Virgen de Coromoto, existe una oficina del Estanco del Tabaco, antigua sucursal de la Compañía Guipuzcuana y donde se han encontrado 200.000 pesos, víveres, ropas y tabaco en grandes cantidades. Hay 5 haciendas de caña de azúcar con su trapiche. Hay tres escuelas. El pueblo cuenta con muchos españolas realistas, pero casi todos huyeron por que se enteraron de nuestra llegada por un soldado que logro escapar de Desembocadero. Han sido capturadas tres personas, quienes manifiestan su lealtad a la corona española. También hay un hombre que desea hablar con Ud., dice conocerlo de Caracas y principalmente del Congreso: es el cura José Vicente Unda.

La tropa acampó al norte de la ciudad, en un bosque encantado conocido, extrañamente, como El Pionío, una tupida selva con grandes arboles de los cuales sobresalen los samanes y mijaos, imponentes representantes de la vegetación llanera. Estos arboles son los que mantienen un sin números de manantiales que han saciado la sed de la ciudad, estos manantiales protegidos por duendes o dueños del agua. Estos gigantes ademas protegen a la ciudad del calor que se siente con mayor fuerza en estas latitudes. En esta área la tropa consigue sombra, agua y también alimento: matacanes, cachicamos, picures, guacharacas y paujíes. Los troperos pudieron comer de merecures,  guanabanas, jobos y otras especies.

De la quebrada uno que otro obtenía una piedra de oro de vez en cuando. 

Guerra a muerte

De las tres personas capturadas, uno es el blanco José Velazco y otro un de los monjes franciscanos, un viejo mal encarao que repetía con in voz chillona y apocalíptica:

- Volveréis a sentir la fuerza de Dios. Igual que el año pasado, sentiréis el poder divino por irrespetar a nuestro soberano el rey de España y a su representante en la tierra su santidad el Papa,

Todos estaban destinados al paredón del patio del convento. Antes de esta acción varias matronas guanareñas dirigieron una carta al comandante de los patriotas, donde le pedían clemencia y humanidad por la vida de estos hombres y en especial por Don Velazco, pero en términos bastante fuertes porque lo llamaban cruel, bárbaro e inhumano si los sacrificaba. Esta misiva fue entregada por el Cura Unda, quien también  intercedió por la vida de estos hombres.

Bolívar sin mirarlo le dijo:

- Mí apreciado amigo, lamento no poder cumplir con tu petición. Pero la falta de una  mano dura  fue uno de los motivos de la perdida de la primera república, cuando Miranda en vez de pelear capituló. Además, recuerde que está en vigencia el Decreto de Trujillo y allí esta estipulada la forma de serle perdonada la vida a estos señores, pero ellos no quieren otra cosa sino morir por su rey. 

Unda salió desconcertado.

Rumbo a las montañas se oyó una ráfaga discordante, la cual manchaba de  sangre y agujeros la pared trasera del convento y tres cuerpos moribundos caen al suelo. Varios gritos desgarradores y espeluznantes,  como el canto de la pereza de palo, retumban y hacen eco en el valle de la quebradita. Allí mismo los capuchinos  enterraron a su hermano.

Una ciudad señorial 
La ciudad mostraba signos de opulencia, grandes mansiones servían de morada a hombres que trabajaban la agricultura y la ganadería. Unda en una de las tertulias mantenidas con el jefe expedicionario, mientras caminaba por la ciudad,  indicó que si bien era bastante dinero lo conseguido en el estanco, lo que demostraba la riqueza de esta,  la mayor parte del tabaco no es vendido a éste sino a los extranjeros que llegan, vía fluvial, hasta la ciudad o sus cercanías para comprarlo a mejor precio, la zona es una de las que produce mayores números de animales y principalmente mulas las cuales son llevadas de contrabando por el camino secreto de la mulas el cual viene de Pedraza en Barinas pasa por las cabeceras de los Ríos Guanare y Anus, atraviesa el Tocuyo y llega hasta el litoral coriano donde es comprado principalmente por los holandeses de Curazao. Además se prepara pescado, algodón, maíz, cueros de res y venados que son llevados a Maracaibo, vía Trujillo. La iglesia de Guanare es una de las mejores adornadas de Venezuela, debido a la bendición de  hospedar en su seno la imagen de la virgen de Coromoto, la cual apareció en 1652 a un grupo de indios.  Sepa que el limitar la  libertad de comercio con el monopolio es lo que ha llevado a que la mayoría de la población vea con buenos ojos la revolución.

Bolivar, Unda y Curasao

-Bolívar escucha atentamente y de pronto interrumpiendo al cura le pregunta:

-Dígame Unda, es acaso por eso de los contrabandistas holandeses que Ud. mencionó que este barrio ubicado luego  de la quebrada que pasa detrás de la iglesia, que por cierto si no hacen algo le destruirá los cimientos, se llame Curazao.

-Ud. está errado mi querido comandante, igual pensó un viajero quien dio otra hipótesis: "se llama Curazao por el carácter insular en que queda cada vez que estas quebradas se inundan durante las lluvias". Craso error. Al parecer poco después de que Juan Fernández León fundara la ciudad un fraile muy huraño y de carácter … , llamado Miguel Oraa Zuñiga, se instaló en aquella mesa, señalando al norte, la cual desde esa época la llaman la del cura. Pocas veces la gente había visto a este franciscano, para su atención tenía un esclavo quien era el que venía a hacer las compras a la ciudad. La gente de este pueblo, que es reconocida por su lengua viperina, comenzó a propagar la especie de que el cura estaba podrido en plata y esto llevó a que un grupo de desadaptados le cayera por sorpresa cuando estaba solo y lo sometiera a torturas para que entregara el tesoro del que hablaba la gente, el cura no soltaba la lengua y se negaba a ubicar lo que tal vez no poseía. Al jefe de los delincuentes se le ocurrió envolverlo en una piel de vaca que se secaba en un botalón. Luego de embojotarlo lo fueron pasando por una fogata, como al final el padre no dijo nada los malandros ya cansados y previendo que las autoridades los sorprendieran y para evitar su posterior identificación decidieron dejar que el cura muriera bajo el fuego de las brasas. Antes de morir el hombre maldijo a sus captores y a todos los Guanareños a sufrir penurias por toda la eternidad. Por ese cerro que domina la ciudad fue conocido como el cerro del cura asado, lo cual el pueblo llamó simplemente  curasao, pa donde va pal curasao  y Curasao se quedó.

Bolívar miró por un rato la famosa mesa como buscando en sus orillas la figura del sufrido padre, al cabo de un rato le dijo a su interlocutor.

Guanare, Bolivar y Juan Fernandez de Leon

-La primera vez que hoy hablar de Guanare, fue cuando mi madre le decía a mi aya, la negra Hipólita, que tal vez mi fama de inquieto y preguntón me venía de familia por que yo tenía un abuelo que durante la conquista se destacó en la fundación y población de Caracas con el capitán Diego de Lozada, luchó contra indios y franceses y al que luego le encomendaron la tarea de fundar la primera ciudad llanera de Venezuela y por tanto Juan Fernández León, mi abuelo lejano, era el padre fundador de la ciudad de Guanaguanare.  Para el mismo Bolívar pensó: ojalá la providencia me de la fuerza, voluntad y la vida para ser el padre fundador de esta patria…

Continuó Unda con la visita guiada a la iglesia matriz:

-Ese altar que ve en el centro es de plata mexicana y observe como se extiende hasta los extremos del altar superior. Estos adornos pudieron ser realizados gracias al aporte de feligreses agradecidos por milagros recibidos a través de nuestra señora. Los cálices, esas lamparas, el altar fue iniciado en 1777 y fue dorado en oro, la mayor parte de estas piezas inicialmente estaban en Tucupido pero fueron traídas aquí para ser mejor cuidadas.

Para las paredes se usó leche en vez de agua…

Dentro de la iglesia le dice Unda a Bolívar que él tiene en su iglesia a un español, que no desea reconocer la independencia, pero que es padre de familia y buen marido y además su amigo desde hace muchos años. Bolívar no se inmuta ante esta afirmación del religioso y luego de unos segundos le indica:

- Pues, padre, Simón le agradece mucho la confianza: pero le recomiendo que sea cuidadoso y evite que esto no lo sepa el Brigadier Bolívar, porque si esto llega a ocurrir,  se lo va a tener que entregar por las buenas o por las malas.

Luego de festejar la salida de su interlocutor, siguieron hablando y se dirigieron al altar.

Estaban en el templo mejor adornado de toda la Capitanía General de Venezuela, tesoros invalorables producto de promesas y regalos hechos por devotos agradecidos por los favores recibidos de su Virgen, nuestra virgen de Coromoto...

En este momento, el abuelo se percata que todos los niños se han dormido y solo María de los Ángeles prestaba atención. Le pidió ayuda a su nieta para llevar a sus hermanos hasta sus aposentos y cuando cerraba la puerta del cuarto la mano de la intrépida le impidió que la cerrará;

- Abuelo puedes seguir contándome la historia que no tengo sueño.... El abuelo asintió con su cabeza, en el fondo el estaba alegre de recordar aquellos tiempos ido y como el pensaba, me da dolor de bola recordar el pasado y por  no tener a quien contarlo, se sintió alegre de tener con quien compartir sus vivencias.

La nena pidió que le describiera como era el comandante ese el caballero, que se llamaba como su hermano, el de los diez años.

Sabes ese joven de 29 años no causaba buena impresión a primera vista, era pequeño un poco mas alto que tu como de esta altura, provenía de una de las familias de mayor linaje de Caracas, donde había nacido

La gente de Guanare no creía que el creador de la Guerra a Muerte fuera ese retaco comandante, que además era inquieto pero con una férrea decisión que lo llevaba a cumplir con la empresa que se propusiera por mas difícil que fuera.

Por su juventud era impetuoso, alegre y gustábanles las fiestas como a nadie. Cuando salía a bailar no había pareja que se le negara por lo hábil que era. En una vivienda ubicada al lado de los almacenes del Estanco ese día le celebraron tremendo sarao. 

jueves, 18 de abril de 2019

Raúl H. de Pasquali G.


Raúl Humberto de Pasquali Gualandi, nació en Ospino (estado
Raúl H. de Pasquali G.
Portuguesa) el 12 de noviembre de 1923. Egresado del Instituto de Ciencias Experimentales y Nacional de Higiene de Caracas "Jesús Rafael Rísquez", en la primera promoción, 1946, formó parte de esa legendaria brigada de sanitaristas que, con honradez, abnegación y efectivo amor por Venezuela, combatieron y erradicaron numerosas enfermedades endémicas. Al estudiarlas, encontró que una parte del combate tenía que pasar por el conocimiento del origen y desarrollo de la comunidad donde se manifestaban. Así, al mismo tiempo que!': examinaba las muestras en tubos de ensayo, anotaba las reacciones químicas y demás detalles técnicos de su profesión, también se documentaba sobre esa comunidad en archivos, registros, hemerotecas, recogía testimonios orales y materiales de valor arqueológico. Tarea que le permitió elaborar una sólida investigación científica, hoy plasmada en esta imprescindible obra para la historiografía regional, 
Caminos de Caranaca 25 siglos de historia.

Caminos de Caranaca 25 siglos de historia.
 La obra de Raúl H. de Pasquali G. titulada Caminos de Caranaca 25 siglos de historia, constituye un documento de particular importancia para la comprensión global del proceso de poblamiento y consolidación del territorio del actual Portuguesa. A partir de las investigaciones arqueológicas, el autor reconstruye, con sentido histórico, períodos de nuestra historia escasamente trabajados por la historiografía regional y nacional, y reivindica el pasado aborigen. 

Por los Caminos de Caranaca transitamos con el autor para interrogar vestigios de tiempos remotos y descubrir en alfarería, enterramientos, calzadas, montículos y cuevas las dimensiones culturales, económicas y demográficas: de comunidades aborígenes organizadas, que existieron mucho tiempo antes de la llegada de los primeros conquistadores europeos. 

La investigación histórica concreta con criterio de totalidad, nos remonta al espacio geohistórico denominado «Hacia Llanos del Valle de Hacarigua-Boraure y Provincia de Guanaguanare, durante el tiempo histórico prehispánico (1.000 A.C. a 1.500 D.C.)», espacio intensamente vivido, el cual tenemos el derecho de conocer y el deber de preservar como patrimonio de los venezolanos, y de los portugueseños en particular. 

Pasado remoto y pasado reciente tejidos con hilo de continuidad, se entrelazan en una obra magistral que enriquece la bibliografía portugueseña, revela y acopia fuentes escritas y no escritas para el estudio y la investigación, descubriendo en el. pasado y el presente al estado Portuguesa como una zona de confluencia cultural. 

En 1989, cuando el autor cursaba estudios de Maestría en Historia Económica y Social de Venezuela, consignó como trabajo final de la asignatura Historia Regional, la obra que hoy presentamos. Sorprendido por la calidad d'e la investigación, el profesor de la asignatura, Nikita Harwich Vallenilla, recomendó su inmediata publicación, lo cual no fue posible sino hasta ahora. 

Esta obra, que durante años reposó en los anaqueles de la biblioteca del autor, esperando su publicación para el disfrute de todos, se ofrece hoy, en otro tiempo histórico, probablemente en el tiempo histórico cuando le corresponde aparecer, para fortalecer nuestra identidad como nación, como pueblo, valorar un pasado aborigen que, a través de la maestría del autor, con la humildad que brinda la sabiduría, despierta la curiosidad científica por los yacimientos arqueológicos, el sentido de pertenencia y el amor por la tierra donde vivimos. 


ALCALDÍA DE PÁEZ ESTADO PORTUGUESA FONDO EDITORIAL MUNICIPAL 




miércoles, 17 de abril de 2019

Cantalicio Reinoso

CANTALICIO JURO VENGARSE DEL GOBIERNO

Ese día decidió subir a La Vigía de Córdoba. Casi al amanecer salió desde su pequeña hacienda llamada La Gurrupera, ubicada a las orrillas de la quebrada El Cumba. Subió por la vereda hasta llegar al pozo del Jujure donde tomó, en el cuenco de las manos, un poco de agua y luego siguió por la cuesta.

Estaban cayendo los primeros rayos de sol sobre los cobertizos de palma de las casas de La Vígia de Córdoba cuando sudoroso llegó a la única y empinada calle de aquel pueblito de las faldas de la serranía frente al río Portuguesa.

Después, lentamente, se dejó venir contando los pasos. Traía el rostro semicubierto por la sombra de la ancha ala del sombrero de cogollo, y las dos manos sostenidas entre la correa y la pretina del pantalón. Pasó por la gallera sin preocuparle en lo más mínimo la algarabía de las apuestas, hasta que una voz chillona rompió el coro altisonante de la riña y dirigiéndose a Cantalicio, le dijo: Mire Reinoso, esa hija suya de ojos de miel va sé pa'mí con su consentimiento o como sea.

Era la voz macilenta del jefe civil del pueblo, llamado Alcibíades Marín, quien se había antojado de unas de las menores hijas de Cantalicio Reinoso, pero este apacible hombre prefirió guardar silencio y continuó la ruta hacia "La Parada", uno de los negocios más populares de aquel lugar.

— A Reinoso como que no le gustaron mucho mis palabras. Eso no im-porta, yo soy el jefe del pueblo y aquí se hace lo que yo diga — dijo Marín y asintió con la cabeza varias veces.

No sabía Cantalicio que su tranquilidad terminaría esa noche, cuando con su oficialidad apareció Alcibíades Marín en su casa, dándole la voz de arresto y de inmediato ordenó amarrarlo en el botalón del corredor de la casa.

Después pasó al cuarto de las mujeres donde muertas de pánico for-cejeaban ante los apretones de los policías que las sacaron al corredor y al frente de su propio padre una a una, las fueron violando.

— ¡Métanle candela a esos ranchos! — ordenó despectivamente Marín— iy de paso se lo traen preso! ¡En La Vigía los espero, muchachos! — y sin dar tregua le metió las espuelas al caballo al mismo tiempo que haló la brida y el ruano chaceó briosamente.

Al poco tiempo subía Amador Colmenares y el resto de los oficiales con Cantalicio amarrado por la nuca.

Al único calabozo que había, en la jefatura del pueblo, fue llevado, pero Cantalicio no encontró ninguna razón para explicarse aquel atropello, hasta que una noche lluviosa y fría cuando la neblina entraba por la rendija de la puerta, le vino un momento de ira y juró vengarse del gobierno.

— ¡Por Justa Reinoso, mi madre santa, juro no trabajar más nunca hasta que me vengue de esos desgraciados! — exclamó en la cómplice oscuridad de la noche.

Como para esa época eran los revólveres baratos y los vendían en las pulperías, compró uno, y al salir de la cárcel se unió a los Vargas y a los Torres quienes ya andaban en armas contra el general Leonidas Morillo que también se había ensañado contra Pedro Vargas y toda su familia.

Pasaban los días y los revolucionarios, junto a Cantalicio, estaban planeando la pelea. Las noches se hacían largas esperando el anunciado día en que los Vargas tomarían a Córdoba, hasta que por fin una tardecita llegaron y tomaron la jefatura del pueblo donde sólo consiguieron a Amador Colmenares, a quien amarraron y dejaron a Miguelito Torres cuidándolo. A éste le tocamos el violín más tarde — dijo Cantalicio —mientras tanto yo voy con mi gente a La Cuchilla, a casa de Cruz Valera, a cobrar unas cuentas pendientes con Pablito Pargas el que nos mató a "Winchester".

—Pablito Pargas, no sé por qué razones — dice Lucas Pargas — mató a ese Winchester, que era de los Vargas y después se fue a San Fernando de Apure donde su tío José Vicencio Pérez Soto, que era presidente del Estado, lo protegió por mucho tiempo. Además, en la casa de don Cruz Valera estaba su hija María Francisca, que había sido jembra de ese Alcibíades Marín.

Todos los hombres se habían ido, sólo mujeres quedaban en la casa grande de la trilla de Papa'Cruz, entonces dijo Cantalicio:

— Nos tendremos que vengar con las mujeres de ellos.

Mientras que María Francisca y Emilia Rosa se escondieron debajo de la cama, Olimpia quedó al descubierto y Mama'Meye, que era comadre de Cantalicio, se quedó en la puerta a manera de defender a sus hermanas.

— ¡Eso si que no, compadre Reinoso! ¿Cómo va a tirar estas mujeres inocentes? ¡Enfrente a los Pargas o a Luis Conde, pero con ellas no se meta! le dijo Nicomedes Linares.

Después regresaron Cantalicio y Jesús "El Picure" al pueblito y se encontraron con la noticia de que Miguelio Torres había soltado a Colmenares, persuadido por Manuel García.

Todo aquello había empezado porque el general Leonidas Morillo, hijo de los ricos de El Tocuyo y representante del gobierno gomecista, había humillado demasiado a la humilde familia de los Vargas, quienes para mejorar sus vaquitas intentaron cruzarlas con los toros padrotes de Morillo y éste, disgustado, mató la vaca preñada de la escasa cría de aquéllos. Por eso el corrío dice:

Que la guerra de los Vargas
en la montaña empezó
por una vaquita flaca
que Morillo les mató.
Tiro, tiro, tiro, tiro, tiro
yo que en la montaña empezó.

Esa era una gente trabajadora, Pedro y Robertico, que eran los más afamados, buscaron a los Torres, quienes habían vivido
una historia semejante, y mucha gente los acompaño a esa guerra.



Eso dijo Robertico
cuando iba a pasar el puente
ahora es que van a saber
que los Vargas son valientes.
Eso dijo Robertico
cuando iba a pasar el río
ahora es que van a saber
si los Vargas tienen brío.

Pero Morillo decidió resolver su problema personal de mal vecino y miserable hacendado valiéndose de sus influencias con el Gobierno a través de su primo hermano Vicencio Pérez Soto, que era presidente del Estado Portuguesa, y juntos iniciaron la persecución a los hermanos Vargas, quienes se le enfrentaron en la quebrada de El Charal.

— Yo no sé por qué razón — dice Lucas — en esa pelea andaba don Manuel García. Yo no sé por qué él estaba al lado del Gobierno, pero también andaba mi padrino Pablo, que venía a San Fernando, después de la muerte de "Winchester". Parece que don Manuel era criado y ahijado del general Morillo.

Dicen que a Robertico lo mató mi padrino Pablo. No sé. Otros dicen que fue Manuel. Lo cierto es que Manuel García se presentó ante Pérez Soto con el revólver de Robertico. En esa pelea Pedro Vargas se fue muy mal herido y murió cerca de Chabasquén.

El general tocuyano Vicencio Pérez Soto mandó a hacer una fosa común, detrás de donde hoy está la Comandancia de Policía de Córdoba y después citó a toda la gente del pueblito y de los caseríos para que presenciaran el fusilamiento.

Unos de aquellos hombres que iban a fusilar era tuerto y no permitió que le colocaran la venda en el ojo sino que se colocó la mano. Pero yo no sé por qué razón. Cantalicio se escapó, entonces cuando ya estaban todos ahí. Mi tía Nicomedes (Mama'Meye) que era la que se atrevía a hablar, protestó aquella masacre diciéndole a Pérez Soto

— ¿Ese es el ejemplo que usted quería que viniéramos a ver? ¡Así no se matan los hombres!

El resto de los Vargas que se escaparon, menos Cantalicio, los agarraron cerca de Chabasquén, los despacharon a Guanare donde fueron igualmente fusilados en la parte de afuera del cementerio, convirtiéndose hasta hoy en las ánimas más milagrosas de aquel campo santo.


Tiro, tiro, tiro, tiro, tiro yo
que la guerra de los Vargas
en la montaña quedó.

LOS REVOLUCIONARIOS ASALTAN A BISCUCUY


Después que los revolucionarios se retiran a Córdoba ante la represión del Gobierno, al mando del general León Jurado quedó en Biscucuy una guarnición de cuarenta hombres acantonados para continuar la persecución a los revolucionarios. Bajo la jefatura del capitán Polo y el teniente Mónico Castillo estaba aquel pelotón de chácharos gomecistas, quienes orientados por las denuncias e intrigas del coronel Germán N. Uribe salían a perseguir a los campesinos, a quienes le quemaban sus casas por participar o apoyar a la revolución, hasta que Sandalio ManoLan y Cantalicio Reinoso se obstinaron y decidieron darle una lección. Aquellos rebeldes compañeros de Gabaldón no habían entregado las armas ni se quisieron poner a las órdenes del Gobierno. Sólo esperaban el momento oportuno para la acción política y militar, a partir de los informes que sus amigos le suministraban. Mientras tanto, desde su casa frente a la plaza y diagonal a la jefatura civil, el maestro Gamarra observa los acontecimientos de uno y otro bando.

Sabían estos revolucionarios, por informes fidedignos, que el batallón del Gobierno se entrenaba físicamente todas las madrugadas con fuertes ejercicios corporales y, como dato curioso, para esos efectos no portaban las armas de reglamento. Así fue que decidieron asaltar al pueblo por los cuatro costados. Por el este y sur entraría Mano'Lan y Leopoldo Rivero, por el norte Sandalio Linares y Sótero Parra y por el oeste entraría Cantalicio Reinoso y sus seguidores, luego de asaltar al caserío Palo Alzado.

Por la noche del último de febrero de 1930, los pobladores de Biscucuy bajo la entusiasta dirección de don Simón Alzuru y Francisco Bustillos Casals organizaron una fiesta de disfraces a propósito de las celebraciones de carnaval, donde participaron muchísimas personas conocidas y desconocidas.

Efectivamente, así se hizo. Toda la noche fue diversión, después de casi un año de zozobra y amedrentamientos de Mónico Castillo y el coronel Uribe, hasta las tres de la mañana cuando por las frescas calles se fueron retirando los pobladores, no sabiendo que sorpresivamente una hora más tarde, una descarga con máuseres despertarían ensordecidamente a quienes apenas colgaban sus ropas de fiestas.

Todas las armas dirigieron la mira contra la guarnición donde estaba residenciado Uribe, pero curiosamente esa madrugada no entrenó el ejército "porque tal vez había notado algo extraño en la noche, al observar que había muchos desconocidos en el pueblo", dice el maestro Gamarra.(1)

Pero Uribe y su secretario Potentini huyeron por el techo de la cárcel hacia la casa de Alto, donde estaba acantonado el gobierno, la tropa es-taba atrincherada en el piso, mientras que el capitán Polo, jefe de la guarnición, al oír los primeros disparos abandonó el pelotón y salió des-nudo hacia la playa del río, y el teniente Mónico Castillo hizo frente hasta las horas del mediodía, cuando cesó el fuego y se retiraron los revolucionarios, quienes se llevaban herido a "Montañita", hijo de Mano'- Lan, a quien dejaron oculto en una casa amiga, en Quebrada Negra de Chabasquén, pero el gobierno descubrió su escondite, bajándolo mal herido hacia los calabozos de la casa de Gobierno en Biscucuy, donde murió este muchacho, de apenas 14 años, sin prestarle ningún tipo de auxilio.

Como a las cuatro de la tarde, don Elías Sereno Fernández, Pedro Azuaje, Pedro Sánchez y el maestro Gamarra recogieron los muertos y los depositaron en un caney que servía de iglesia. Entre los muertos se encontraba el cabo Mujica, del Gobierno; Eugenio Oconto, de los revolucionarios, y los civiles Ponciano González, un mudo y Ramón Raga.
— Igualmente tuvimos que salir en busca del capitán Polo — dice el maestro Gamarra — quien se había refugiado en el cambural de don Marcos Olavarrieta, vistiendo únicamente su ropa interior. El señor Olavarrieta le facilitó unos pantalones y una camisa para que se vistiera y, acompañado de un grupo de civiles, lo entregaron al cuartel, desde donde lo despacharon al día siguiente con una comisión, al mando del comandante Blanco, para Humocaro Alto. De no haber sido por Cantalicio, quien se retrasó en la acción de Palo Alzado, las cuentas con Uribe se hubiesen saldado, pero el flanco oeste quedó desguarnecido al momento del asalto, dándole oportunidad a Uribe de escaparse.

CANTALICIO REINOS() CAE PRISIONERO Y ES LLEVADO A GUASINA

El maestro Gamarra siempre fue un testigo excepcional. Esta vez hubo una triste escena allá en su casa, frente a la plaza, en el pueblo de Biscucuy. El viejo guerrillero, Cantalicio Reinoso, enfermo de paludismo y una pierna ulcerada en grave estado, se había dado cita con un abogado, tío de Gamarra, llamado Pedro Delgado Lozano.

En una de esas tantas noches sobresaltadas de su vida, una culebra macaurel le había mordido esa pierna ulcerada y ante la imposibilidad de "algún tratamiento médico, decidió quedarse quieto hasta que el reptil murió cansado de morder. Así salvó la vida y por eso, por los rastrojos del río Zagual, llegó renqueando a la casa de Gamarra, donde "le manifestó al tío Pedro que venía con la intención de entregarse a las autoridades, pues se encontraba muy enfermo y cansado de huir".(2)

Cayó Cantalicio sin disparar un tiro — contaba Guillermo Gamarra Ma-rrero— sin pena ni gloria. La entrega fue triste de este solitario guerrillero que añoraba la vida, la libertad y de paso creía en la justicia, en el derecho a la defensa.

— Se despidió de nosotros despojándose de una bolsa de lona que traía terciada, donde portaba un revólver 44, con 50 tiros, y se lo entregó a Juan Durán, quien salió al frente de mi casa y le dio la orden de arresto.

Fue llevado amarrado, boca abajo, a Guanare, donde lo internaron en la Cárcel Pública y sin fórmula de juicio, sin derecho a defensa, lo mandaron a Guasina, la tristemente célebre isla del sur de Venezuela, que más tarde se consumió la vida de muchos venezolanos, entre los que se destaca el poeta José Vicente Abreu.

Contaba Cantalicio que aquel lugar debía llamarse "El fin del mundo" y que ahí mismo estaban sobre las topias ennegrecidas las mismísimas pailas del infierno.

Si el verano era terrible, más desgraciados eran aquellos interminables días de invierno cuando la isla se inundaba y Cantalicio sobrevivía encaramado en los árboles.

¿Con qué se alimentaba aquel hijo de Dios?

— De nada —respondía él mismo — . A veces bajaba de los árboles y comía verdolaga y pira.

En aquel infierno duró dos largos años hasta el 12 de febrero de 1943, cuando salió en libertad gracias a las gestiones del abogado Alirio Ugarte Pelayo, hijo del general Gabaldón. Este generoso guanareño, quien junto a su coterráneo Miguel Ferrer Viera, le trató para curarle la pierna ulcerada de aquel muerto andante allá en el Castillo de Puerto Cabello.

Después de trasladarlo al Hospital "José Gregório Hernández", de La Pastora (Caracas) fue atendido por varios guanareños pasantes entre los que se recuerda el doctor Gonzalo Martínez Angulo.

LA ALBORADA CON NUEVOS HIMNOS 


Después de la primera huelga campesina surgió un poderoso movimiento sindical liderado por aquellos hombres militantes del Partido Comunista de Venezuela; quienes se distribuyeron en las aldeas y caseríos de las riberas de El Tocuyo, sembradas de esa caña que endulza el espíritu de los amos y amarga la vida de aquellos descendientes de esclavos. Fue una larga jornada de dos décadas, desde 1936, donde los sindicatos campesinos eran verdaderos centros de formación y toma de decisiones colectivas. "Los locheros", llamaban despectivamente los amos a los dirigentes del Partido, por la cuota de doce céntimos y medio que aportaban los obreros para las finanzas de sus organizaciones. Pero vino la dictadura de Pérez Jiménez y con ello la persecución de estos soldados de la causa del proletariado, quienes debieron pasar a la clandestinidad.

De pronto, desandando por la vieja ciudad histórica, flor de piedra del siglo XVI, apareció Cantalicio Reinoso, vivito y coleando, maltratado por los años y la guerra, ahora convertido al comunismo. El máuser y su marusa con el Smith Wesson ya no carga, ni siquiera su buscado apellido, simplemente Antonio Rodríguez le dicen en el asilo de San Antonio, donde se refugian los ancianos desamparados. Pero al poco tiempo los comunistas de El Tocuyo saben que el hombre que está en el asilo no es ningún Antonio Rodríguez sino el mismísimo Cantalicio Reinoso, quien en su pierna derecha guarda cuidadosamente las siete picadas de culebra que lo delatan. Por las tardes Fulvio Rodríguez, Ramulfo Peralta, Arévalo y Rafael Rodríguez lo visitan y le dan noticias del acontecer del país. Antonio Rodríguez, tan subversivo, como siempre, no confiesa su identidad y sólo responde entre dientes — "La lucha es contra los amos de este país que no dejan a nadie trabajar".

A los pocos meses un pequeño grupo de hombres llevan el cuerpo yerto de esta leyenda viviente al cementerio de Los Yabitos, mientras el rojo estallido en el cielo despide la tarde de esta Venezuela injusta, ahora mancillada por una dictadura.



(1) Notas de Fernando Bambey. Titulado "Del pan pobre a Guasina", p. 2 (entrevista al maestro Guillermo Gamarra Marrero. Caracas, 1984).

(2) Conversación sostenida con el maestro Guillermo Gamarra Marrero en 1977. Publicada por el testimoniaste en la segunda quincena del mes de febrero de 1978 con el título de "Del asalto a Biscucuy", en el periódico El Serrano, dirigido por el periodista Ramón Salcedo Arteaga.

PEDRO PABLO LINAREZ:

Nacido en Chabasquén, cursó estudios de Historia en la Facultad de Humanidades en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Arqueología en el Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Paleontológicas de la Universidad Nacional Esperimental Francisco de Miranda bajo la tutoría académica del doctor J. M. Cruxent.

Ha dedicado buena parte de su tiempo al estudio de las comunidades de descendientes aborígenes y afrovenezolanos. Por estas razones ha convivido entre los pueblos Wayuu, Kariña, Yukpa, Añu, Piaroa y Mapoyo y entre los grupos afrovenezolanos de Barlovento, Zulia, Falcón, Lara, Yaracuy y Aragua.

Actualmente dirige el Centro de Investigaciones Etnohistóricas, en el Estado Portuguesa, desde el cual organiza la exposición museográfica sobre la cultura aborigen regional del Museo de los Llanos.

Algo más, cronista oficial de su pueblo natal.


Referencia 

Gobernación del Estado Portuguesa. 1994. Concurso literario Portuguesa y su gente Dr Rafael Roberto Gavidia. Coleccion testimonios N° 4. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Guanare. pp 9-19

Teresita Heredia de Pedro Quintero García

Teresita Heredia



                                                                  Pedro Quintero García

Encabezamos este capítulo con una heroína portugueseña, olvidada por las generaciones actuales; una hermosa dama de limpia prosapia que por su conducta indomable sufrió los vejámenes más infamantes por su férrea adhesión a la causa patriota. Teresita nació en Ospino en 1797 con vínculos familiares muy estrechos en Guanare, donde recibió sus primeras enseñanzas, emparentada con el coronel Fermín de Heredia, temido jefe español caído en la batalla de Araure en 1813.
Verguenza publica para tres mujeres en España
Fuente: blogdelapostata.blogspot.com/2019/02/mujeres-emplumadas-espanolas

Según el doctor Cipriano Heredia Angulo, tal vez su pariente lejano, de su Historia General de Portuguesa, hemos tomado informaciones sobre el proceso penal seguido a la altiva muchacha, el cual contiene muchos detalles interesantes de conocer.
En resumidas cuentas, las autoridades de Ospino en 1816 la acusaron de rebeldía contra el Rey y luego de muchas instancias fue expulsada del territorio con la amenaza de ser condenada a muerte si intentaba regresar.

Con anterioridad había contraído matrimonio con un hacendado isleño, enlace que sólo permaneció por un año, al fallecer el marido a causa de un ataque palúdico.

Ya viuda y sin hijos se dirigió a La Guaira al lado de una tía, para proseguir en su empeño de trabajar en todo aquello que favoreciera al ejército republicano, como correo clandestino o mensajera de informaciones secretas.

En una ocasión fue sorprendida en Valencia con una correspondencia para el general Urdaneta y reducida a prisión por órdenes del gobernador de Valencia, capitán Luis Dato, recibe en los calabozos el tratamiento más infamante, latigazos, régimen de pan y agua y de cuando en cuando la hacían declarar ante un juez parcializado. Un día la hicieron desfilar por las calles, completamente desnuda y bañada en miel y cubierta con plumas como castigo ejemplar para los reos de Estado.

Después de largos meses, al fin fue libertada y embarcada en un velero rumbo a los Estados Unidos, donde murió en 1837, ignorándose el sitio donde reposan sus restos.

Teresita, la hermosa muchacha trazó una trayectoria gloriosa, un martirio sin nombre, que debe recibir del Ayuntamiento de Ospino una forma permanente de honrar su memoria.

¡Así lo esperamos!


Referencia


Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. pp. 240-242.


viernes, 12 de abril de 2019

MI REQUIEM A RAFAEL GAVIDIA

Pedro Quintero García
¡Ha muerto un gallardo capitán de positivas ejecutorias! Capitán de la ley y de las letras, generoso altruista, Cronista de la ciudad de Guanare, genuino vocero de las penas y alegrías. Había cruzado este valle de lágrimas,. presuroso, como si presintiera lo breve de su carrera terrenal. Logró quemar etapas como llanero de lanza en ristre empeñado en rendir las murallas de la incomprensión. 

Cuando escalaba los peldaños del Olimpo un hado siniestro lo re-duce al limbo de lo desconocido y lo hunde en el lago tenebroso de misteriosas conjeturas y así convierte en más doloroso su calvario, cuyas causales, la vindicta pública reclama esclarecer. 

Reconocemos la habilidad de los malechores para enmarañar sus fechorías y como entre cielo y tierra no hay nada oculto, espero el ad-venimiento de la verdad.

La vida es frágil, expuesta a los monstruos de pasiones infernales, capaces de cometer salvajes homicidios sin esperar conmiseración de Dios y de los hombres. Ejemplos sobran en el mundo, Gandhi y Lut-her King me vienen a la memoria como apóstoles y mártires de un ideal sagrado. ¿Acaso el humanista guanareño sería inmolado en aras de un rito sanguinario especializado en personajes relevantes como venganza de las desigualdades del mundo?

Me unió a Rafael una entrañable cordialidad nacida en comunes propósitos y en todo momento sentí el calor de sus sensatas opiniones, termómetro de su patrimonio cultural y de sus virtudes personales.
Hubiera deseado extender estas divagaciones con algunos episodios importantes, pero la oportunidad sólo me permite esta apretada semblanza sacada de la verdad sin ingredientes extraños. 

Principio por exaltar la devoción de Rafael por Guanare, tierra que no fue su cuna, aunque supo enaltecer en todo momento y circunstancia; aquí sembró un pedazo de juventud y cosechó ilusiones y esperanzas color de rosa al contraer matrimonio con una agraciada dama de la alta alcurnia con quien modeló hijos en la escuela de la dignidad. Gracias a sus persistentes esfuerzos obtiene el título de doctor de ciencias jurídicas y como poseía verdadera vocación, abre su escritorio y empieza a luchar el derecho y la justicia con sonado éxito. 

Aquí recibió su primer golpe cruel del destino al perder su primogénito en un accidente,-sus efectos produjeron una conmoción dolorosa en el seno de su familia. 

Desde el principio del mundo la muerte ha producido un espantoso miedo, como si fuera una maldición inesperada y si recordamos el ciclo biológico, siempre estaríamos dispuestos a recibirla como un acontecimiento natural. 

"Todo ser nace, crece, se reproduce y muere". Nadie se exime de cumplir el primero y último enunciado, uno llena de alegría, el otro llena de dolor. 

Guanare fue para Rafael Gavidia alma máter de sabias enseñanzas que lo preparó para soportar las penalidades y le templó el espíritu para desviar los zarpazos del infortunio. 

Mi amigo poseía una prodigiosa móvilidad en el desempeño de sus obligaciones; a tempranas horas tomaba el desayuno y se encaminaba a su escritorio, leía la correspondencia recibida, redactaba informes y cartas, atendía a algunos clientes, se presentaba al Tribunal para revisar expedientes de sus defendidos, tomaba las debidas notas y quedaba al tanto de los pasos venideros.

Seguía hacia el Ateneo Popular y en calidad de directivo revisaba los programas y cambiaba ideas con sus compañeros. Colaboraba en el periódico "Guanare" y entregaba los artículos casi siempre relacionados con las crónicas de la ciudad. En determinados días se trasladaba a Acarigua para atender asuntos judiciales y aprovechaba para visitar al diario "Ultima Hora", charlaba con sus colegas y les consignaba algún artículo para su publicación. En la noche regresaba al hogar para disfrutar de descanso y tranquilidad.

Como se comprenderá este tren de vida a la, larga agotaría las reservas físicas y mentales y como era natural, en varias ocasiones, en mi condición de médico, le advertí mis temores por un flejamiento que podía derivar un infarto cardíaco y en medio de una sonrisa, me contestó: "de algo hay que morir", una respuesta muy lógica de los sujetos confiados en su fortaleza física, como si ello fuera un seguro de vida. Gavidia disfrutó de un pasatiempo, muy propio de un científico dedicado al mantenimiento de las riquezas naturales. En los aledaños de la población cultivó un rincón paradisíaco al sembrarlo de árboles frondosos, jardines, lagunas artificiales y frutas silvestres.

En el centro construyó un kiosco rural orlado de reliquias de antiguos personajes, restos de viejas construcciones e instrumentos de trabajo hoy desaparecidos.

Había logrado reunir ejemplares de la fauna criolla, admirablemente aclimatados por el especial cuidado en su manutención. A pesar de su vida agitada mi amigo disponía de tiempo para atender este pequeño refugio, llamado a ser el germen de un jardín zoológico.

Cuando llega el momento de su sepelio, las campanas doblan, la familia llora, los amigos gimen, las claman rezan y yo en silencio lo despido con este réquiem sentimental salido de lo más profundo de mis entrañas.

Referencia

Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. pp. 477-479.