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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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viernes, 18 de octubre de 2013

Discurso conmemorativo de los 400 años de Guanare en el Congreso de la República Dr. Cipriano Heredia Angulo.

DISCURSO DE ORDEN
EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

Caracas 31 de octubre de 1991

Dr. Cipriano Heredia Angulo

EL PRESIDENTE.— Se designa una comisión integrada por la senadora Sonia Sgambatti y los diputados Luis Manuel Esculpí y Ramón Guillermo Aveledo, para que se sirvan conducir al Orador de Orden, Cipriano Heredia Angulo, hasta la Tribuna de Honor.

(La comisión cumple su cometido).
Ciudadano Presidente de la República
Ciudadano Presidente del Congreso de la República
Ciudadano Presidente Encargado de la Cámara de Diputados Ciudadano Presidente y demás colegas magistrados de la Corte Suprema de Justicia
Ciudadano ex Presidente de la República, doctor Rafael Caldera Ciudadano ex Presidente de la República, doctor Luis Herrera Campins
Ciudadano Ministro de Estado para las relaciones entre el Ejecutivo Nacional y el Congreso de la República
Ciudadano ex Presidente de la Junta de Gobierno Vicealmirante Wolfgang Larrazábal
Honorables Senadores, honorables Diputados
Ciudadanos Ministros del Despacho
Ciudadano Gobernador y demás autoridades regionales, civiles, eclesiásticas y militares del Estado Portuguesa
Ciudadanos Representantes de las Academias Nacionales
Señores Representantes de las Universidades Nacionales
Ciudadanos Presidentes de Institutos Autónomos
Invitados Especiales
Representantes de los Medios de Comunicación Social

Guanare Siempre

Señoras y Señores:

Con emoción filial os digo ¡Salve, ciudad querida! Desde esta tribuna de honor que hoy me brinda el Congreso de la República, y que yo antes ocupara en mi ya lejana actividad parlamentaria; y hoy, porque Justamente se conmemora mediante este acto el Cuarto Centenario de tu gloriosa fundación. Si, de la fundación de una ciudad como Guanare, con pasado de gloria, con digno presente y con un futuro promisor.

Así lo testimonia el hecho de que a esta conmemoración se hayan unido organismos públicos y privados y muchas individualidades, con el objeto de hacer más condigna la celebración de esta efemérides. Así lo testimonio en nombre de la Junta Nacional Cuatricentenaria que me honro en presidir, conjuntamente con los distinguidos coterráneos doctores Gonzalo Barrios y Luis Herrera Campins, ambos miembros de este Alto Cuerpo deliberante.

Quiero en este momento liminar de mis palabras, hacer énfasis en el valor del sentimiento de afecto hacia la tierra nativa. Algunos han tenido el decir de que este sentimiento es algo como parroquialismo, es limitante, cuando en verdad se trata del más caro de los sentimientos porque encierra lo más puro del recuerdo y lo más limpio de las añoranzas.

Esta es la razón fundamental de que el sentimiento de afecto a la tierra nativa, más bien constituye un elemento que motiva el progreso, que estimula el desarrollo, cuando aquel no se utiliza para alimentar rivalidades, sino para sostener reivindicaciones y plantear elementos fundamentales para el desarrollo de las regiones y de todo el país. Y así lo digo, porque creo que nunca como ahora es más oportuna la cita de don Miguel de Unamuno cuando dijo: "Queriendo la Patria chica se quiere la Patria grande y con ella al mundo".

Ahí está un principio de la solidaridad humana, allí está la explicación de la razón fundamental de la vinculación del hombre con su raíz telúrica. La explicación de la vinculación del hombre con su tierra, la de los primeros afectos, la de los primeros cariños, la del amor de los padres, la de los juegos y compañías de la infancia, la de la mirada furtiva de los primeros amores, y la de lo recóndito de la fe enseñada. Ese es el mismo sentimiento que por algo se unía en la tradición, y nos explica que en la antigüedad los lugares tuvieran sus propios que eran los Dioses lares.

Esa vinculación, ese afecto hacia el lugar del nacimiento, hacia los lugares del contacto del hombre con los seres y las cosas que primariamente le han rodeado, muy bien lo encontramos en Simón Bolívar cuando prodigo a Caracas todo su afecto y dijo  "que a ella todo lo debía y que por ella todo lo haría". El mismo sentimiento de don Andrés Bello, cuando desde las lejanías evocara el curso cantarino del Anauco y del Catuche. El mismo sentimiento de Baralt cuando evoca su "tierra del sol amada"; el de Andrés Eloy Blanco de su Cumaná de "sal y espuma"; el de Lazo Martí cuando al nativo en alero ajeno le dice "es tiempo de que vuelvas, es tiempo de que tornes".

Esa es la razón, señores, por las cuales nosotros nos encontramos en medio de ustedes, en medio de tan distinguida y selecta concurrencia, especialmente caracterizada por la presencia de los parlamentarios del país, que constituye un poder fundamental en la estructura constitucional de la República, tanto como lo constituye el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial al cual me honro en pertenecer.


Cap. Juan Fernadez de León
Esa razón, señores, nos lleva a evocar en estos momentos mi nativa tierra, la tierra de Guanare, la que se bautizara un día con el nombre de Valle de San Juan de Guanaguanare del Espíritu Santo. Es la misma ciudad, señores, que fundara Juan Fernández de León el 3 de noviembre de 1591, en expedición que había partido de El Tocuyo, porque bien consideraba el Gobierno de don Diego de Osorio, que ya era necesario ir poblando, conquistando, colonizando la llanura, porque hasta entonces la colonización se había detenido en algunos lugares de la mar como Cubagua, de la Costa, desde Cumaná hasta Maracaibo, del Centro y de los Andes del país. Pero no se había descendido a la llanura, no se había ido a clavar la cruz y la espada que caracterizaba la gran fusión de poder de entonces, en esa gran inmensidad que por algo tiene el color de la esperanza.

Señores, esa expedición bajó de la matriz ciudad de El Tocuyo, de donde también habían salido las expediciones fundadoras de Caracas, de Barquisimeto y de otras ciudades. Bajó hacia la llanura por la Serranía de Catafaca, hoy La Raya, y San José de la Montaña y otros lugares, hasta llegar al Río Portuguesa en donde un accidente completamente aciago determinó y cambió el curso de la historia regional. Una lusitana expedicionaria pereció por sumersión en las aguas del Río Timire de los aborígenes y desde entonces a aquel río se le dio el nombre de La Portuguesa, nombre que luego se extendió a la comarca, más tarde a la provincia cuando ésta fue creada, y luego a nuestro nativo Estado Portuguesa. Y es justamente el río que abraza toda la comunidad llanera, porque atraviesa Portuguesa, entra a Barinas, atraviesa Cojedes, se viene al Guárico y viene a traerle su tributo de aguas al Apure, justamente frente a San Fernando.

Cuando esa expedición encabezada por el capitán
Río Guanare al fondo la Sierra de Portuguesa
portugués Juan Fernández de León, cuestionado de suyo desde el primer momento por el hecho mismo de su nacionalidad, aunque él proclamara ser nativo de Portugal pero criado y formado en Cádiz, es la expedición que va buscando los sitios que llamaban entonces de Caranaca y Los Cerrillos; y así se penetra ya en tierra que es hoy Portuguesa, hasta el lugar llamado La Mesa de Cavacas inmediato y comprendido hoy dentro de nuestra ciudad, en donde fundan a Guanaguanare del Espíritu Santo. Y justamente la asientan en las orillas del Río Guanaguanare, apocopado luego por Guanare, seguramente para que tuviera siempre la provisión de agua, cuando éste ha sido el suplicio de siglos de la ciudad.

Representación de la fundación de Guanare

Lógicamente que el conquistador le da cumplimiento lo mismo que el colonizador a todos los ritos y a todas las ceremonias que imponen las leyes de España, y allí Juan Fernández de León, en una forma solemne, levantando el Acta respectiva como no la tienen muchas ciudades de América, queda estampada la fundación de Guanare, que no ha necesitado artilugios históricos para determinarse cuando nació, cuando se le fundó. Pues bien, sentado así este principio, nos encontramos conque de una vez allí se constituye la autoridad municipal como es el Cabildo, la justicia real, el Juez de comiso, el Teniente del Rey. No faltaba,ninguna autoridad y menos podía faltar la autoridad eclesiástica que estaba presidiendo desde la Corona de Castilla todo el proceso de colonización de América.

Luego, sencillamente señores, van a tener su encuentro inmediato con los aborígenes que allí se encontraban. Muchos de ellos se desplazaban hacia diversas regiones del país, huyen al norte, hacia las montañas que hoy colindan con los hoy Estados Lara y Trujillo. Otros penetran hacia el fondo de los Llanos, quizás buscando aquella vieja ruta que habían seguido los Bélzares de Hamburgo con Jorge Spira y Nicolás de Federman, cuando en 1.530 llegaron a las riberas del Río Acarigua y por ahí se desplazaron hasta el fondo de los Llanos, como muy bien lo describe en su magnífica elegía don Juan de Castellanos.

Señores, ahí tropiezan de una vez, ahí ocurre el enfrentamiento de aquellos hombres que vienen con la espada, con los arcabuces en la mano y los indios que sólo tienen la provisión de sus flechas. Se encuentran con las tribus de Guamonteyes, pertenecientes a Jiraharas y Caribes, también con las tribus de los Coyones y finalmente con las de los Cospes y los Coromotos que habían venido del occidente de la Nación. Y, como para agregar algo más a todo este proceso de significación histórica, se les va a agregar en el proceso de la colonización una improvisada capitana también que es la Virgen de Coromoto, aparecida en un bohío en esa región y que atrae al Cacique a la fe cristiana.

Configurado así ese cuadro nos encontramos con que viene allí a fundarse una ciudad en el lugar que hoy ocupa la ciudad de Guanare, que no es una ciudad grecolatina como aquellas que magistralmente describe Fustél de Culangés. No es una ciudad virreinal de las que existen en nuestro Continente, es sencillamente una ciudad española enclavada en el corazón de los Llanos; y no en el corazón de los Llanos propiamente dichos sino a la cabeza de los Llanos y al pie de los Andes, como un abrazo de piedra para estrechar por siempre esas dos grandes porciones de nuestra geografía.

Guanare seguidamente se puebla de familias españolas y por eso nos encontramos conque se destacan tanto, se acumulan, inclusive los catalanes formando su propia calle con los Pou a la cabeza; y luego los vascos con los Oráa, los Alzuru, los Balda, los Macías, los Ariza, los Bastarrachea, los Olaechea y tantos otros. Esa es la formación étnica que tiene aquella ciudad; y también algunos lusitanos que se quedaron en la región como el alcalde don Domingo de Mederos y el propio fundador Juan Fernández de León cuyos huesos reposan en tierra guanareña.

En esa misma región van a comenzar a levantarse grandes edificas, ellos son, sobre todo, hechos positivos, porque no todo en la conquista es la leyenda negra, hay una parte también que es la leyenda, o como dijera Rufino Blanco Fombona en su obra "El Conquistador Español del Siglo XVI", que hemos convenido en gran parte historiadores en reconciliarnos mucho con la Patria fundadora.

En efecto, esa huella de España no puede considerarse nunca desapercibida, no podemos marginarla, y ¿cuál es esa España que ha venido a fundarnos, a colonizarnos y estrecharnos en sus brazos? Es la España cruel y la España bondadosa, es la España de la Inquisición, la España de los castigos bárbaros, la España también de Cervantes con el caballero idealista y con Sancho pragmático. Es la España de Lope de Vega, es la España de Calderón de la Barca, es la España de tantos y tantos hombres de gloria, es la España de los crueles Encomenderos y también la España de la dulce bondad de las Expediciones Capuchinas. Esa es la misma España de los Monarcas, tan notables como Carlos III que nos dio identidad y nos elevó a Capitanía General; como Felipe II que le dio brillo al Imperio y extendió el dominio de España a todos los mares; y la de Fernando VII despótico, contra el cual se levantaron estos países en su acción emancipadora. Pero también es la España que para nosotros significa más todavía con Francisco de Vittoria, quien proclama el derecho que tenían nuestros aborígenes como dueños legítimos de esta tierra porque ellos eran sus primitivos ocupantes.

En esa región de Portuguesa a la cual hoy me vengo refiriendo, van a desarrollarse también los comienzos de la ganadería y de la agricultura en una forma sensible, y más sensible aun cuando se establece la Compañía Guipuzcoana, que justamente tiene su sede en Guanare y allá está todavía testimoniando esto ante los siglos, la fastuosa mansión en donde estaba la casa principal de esa Compañía; y de esa Compañía eran sufragáneas de la sede de Guanare todas las demás factorías de la Compañía Guipuzcoana, desde el Yaracuy hasta Guasdualito. El cultivo del tabaco, el cultivo de añil, el comercio de los cueros de res, esos eran de aquel monopolio de la Compañía, que en gran parte vino a sernos favorable, porque despertó tanto el odio de los mantuanos que esto los precipitó quizás, en gran parte a lanzarse a la causa de la independencia.

Sí, esa es la Guanare que se aboca al proceso de la Independencia, y que aquí está presente con José Vicente de Unda cuando éste, no obstante su condición de clérigo, firma el Acta de la Independencia haciéndolo constar expresamente. Es sencillamente un levita criollo, que cree por sobre todo en el Dios de la libertad y que no cree en más corona que la de su propia Iglesia.

Eso es sencillamente, señores, lo que ocurre en esta circunstancia. Se ha firmado el Acta de la Independencia. Guanare en gran parte se adhiere a ella y está representado en este caso por Unda; pero también hay un poderoso grupo de realistas, porque eran familias provenientes  de España, arraigadas acá con las convicciones de España y que seguían defendiendo la causa de su credo y de su Rey. Por eso se presenta un movimiento contrarrevolucionario muy enseguida, apenas el año 12, y tiene que ir don José Francisco Olaechea a buscar auxilio a Barinas para dominar la insurrección que en Guanare se habría descubierto.

Cuando esto ocurre, ya viene pronto la detención de
Casa de Los Unda. Actual Museo de Guanare
Unda y de su hermano José 
Antonio, porque no sólo el Obispo fue prócer, es toda una familia de siete hermanos, todos de actuación procera, en el campo civil, en el campo militar, y desde la cátedra fundadora de las luces de la República. Allí está Unda preso, traído a Valencia junto con su hermano José Antonio y salvado del suplicio definitivo sólo por una bondadosa decisión del Regente Heredia, a la cabeza de la Audiencia de Caracas, esa noble Institución. predecesora en lo antiguo de la siempre respetable Corte Suprema de Justicia de hoy.

Señores, cuando Bolívar llena a Guanare en el medio
Arca de los reales estancos. Museo de la Ciudad de Guanare
día canicular del l de julio de 1813 vienen frescos todas la tinta roja del Decreto de Trujillo y los laureles  de Niquitao. En Guanare encuentra la mejor acogida, y también en el orden material, toma posesión de doscientos mil pesos que están en los arcones reales, que provienen de las arcas del enemigo, además de numerosas mercancías que le han sido de gran utilidad v son de un efecto decisivo en la Campaña Admirable como él mismo le dice a José Félix Ribas en su carta. Permanece allí con su Cuartel General durante unos días, hay plena actividad y ahí se asciende a Comandante a aquel  joven oficial zuliano llamado Rafael Urdaneta. Se desplaza a Barinas, regresa a Guanare al cabo de seis días y vuelve a establecer su Cuartel General, desde ahí expide numerosas correspondencias entre ella una muy valiosa para el señor de Peñalver, y así cuando ha permanecido unos días sigue Bolívar su marcha  hacia el Centro hacia la consagraciòn definitiva en esta ciudad que le va a dar el titulo de "Libertador".


Pero viene entonces algo extraordinario. El año 1821 va Bolívar a tener de nuevo Cuartel General en Guanare, y es allí donde convoca con los gloriosos ejércitos de Apure, y adonde Páez se desplaza, pero cuando llega ya el Libertador ha marchado hacia Araure y hacia San Carlos en donde lo espera, para ir juntos a la definitiva gloria de Carabobo. Pero en Carabobo está también presente la ciudad de Guanare, porque el jefe del Estado Mayor de Páez es el coronel guanareño Miguel Antonio Vásquez, por cierto primer Gobernador Militar de Caracas en 1822.

También fueron nativos los próceres Luque, Escalona, los Castejón, Rodríguez, Abreu, Márquez, entre otros.

Esa es la situación, señores, pero en 1821 cuando ya han triunfado las armas en Carabobo, se piensa que la emancipación no ha sido únicamente para destronar aquí el poder monárquico, no para sustituir un despotismo por el otro; es necesario sembrar la simiente de la cultura, es necesario llevar las luces del entendimiento hacia las clases populares. Eso lo interpreta Unda, y como él, a quien también reverenciamos en este acto, ha cultivado la amistad con el Libertador y le plantea la necesidad de instaurar un colegio, un colegio de secundaria como no existía en el país. Porque a Guanare le asisten circunstancias especiales en tres momentos trascendentes de la República: Cuando se firma el Acta de la Independencia, en que lo hace el único clérigo que a ella se adhiere; cuando en ella se funda el primer colegio de enseñanza secundaria en Venezuela en 1825; y luego, cuando ella le da a la Patria una Patrona para su fe religiosa. Esa es la situación existente, y Unda, todavía levantadas las polvaredas de Carabobo,
Antiguo Convento Franciscano sede del
Colegio San Luis Gonzaga 1825
ya recuerda la promesa del colegio, y en 1825, estando Bolívar en la larga Campaña del Sur, expide Santander el Decreto creando aquella Casa de Estudios que después Unda bautiza con el nombre de "San Luis Gonzaga" por su adhesión a ese Santo de la Iglesia.


En tales circunstancias se produce, pues, el surgimiento de ese Centro de Enseñanza, único en el país en el orden secundario. Hasta entonces la enseñanza era impartida en las escuelas privadas y no había colegios públicos de enseñanza secundaria. Pero Unda une una circunstancia muy especial a su propósito, le da contornos de maestro de estos tiempos, y es bueno que lo tengan presente tanto ilustres elementos del magisterio, que aquí mismo asisten en estos momentos, Unda incorpora a la colectividad, le pide a Guanare entero que se haga parte del Colegio, crea una Junta de Representantes, de los padres de los estudiantes, les exige contribución y comienza por dar él el ejemplo, de poner su sueldo (cosa que, por cierto, no ha sido muy seguida por tantos educadores). En semejantes circunstancias comienza el Colegio, pero no puede comenzar el mismo año de 1825 ni 26 porque hay muchos tropiezos y la República apenas se va estructurando. Tenemos el Movimiento Separatista en ciernes y justamente Guanare también está presente en el Movimiento Separatista porque concurren otro Unda, el doctor José Francisco Unda y el señor Bartolomé Balda a firmar la Constitución de Valencia del año 30; y es más, cuando Páez se repliega sobre San Carlos, dejando en una, más o menos, aparente libertad, al Congreso de Valencia, designa como Jefe de todas las fuerzas de Occidente al héroe oriental Santiago Mariño y le fija como asiento de su Cuartel General la ciudad de Guanare. Desde ahí es de donde Mariño lanza aquella proclama inmensamente desafiante, para el Libertador, inmensamente autonomista, pero que la historia recoge como valioso documento.

Pero el colegio va a marchar, y el año 32, como el General José Antonio Páez tiene interés en la obra y como también son guanareños el Coronel Ramón Burgos, Gobernador de todo el Departamento del Orinoco, que hace su aporte al Colegio, y aquel General tan elevado en su rango que se llamó Miguel Guerrero, guanareño, Gobernador de Barinas, legislador en candidato a la Presidencia de Colombia y Jefe de Páez el año 16 en Apure. Todo ello concurre a que el Colegio inicie sus actividades, y el año 32 se abren las clases y entre los primeros alumnos están el doctor Miguel Oráa de proficua labor y el doctor Guillermo Tell Villegas, más tarde Jefe del Estado venezolano en 1870.

Señores, esos son títulos que va reuniendo una ciudad
Dr. José Vicente de Unda
y que no pueden desconocerse en el atropello de las cosas. En ese incesante andar conque hoy vemos muy a la carrera las páginas de la historia, sin detenernos, muchas veces ni un instante en los momentos más determinantes de sus glorias. Pues ahí, una vez iniciado el Colegio, Unda, además de señalar las obligaciones de los padres y de toda la colectividad respecto al Colegio, sienta un principio, que es el de que los alumnos deben, sobre todo, saber ser. Esto lo deja, quizás, como para un mensaje ante sus sucesores: Morales, Macías Anzola y Colmenares, y que no es una especulación ontológica, es saber ser, saber la función que realmente se tiene, que no se sea alumno solamente por estar inscrito, que no se sea profesional solamente por adquirir un título, sino que cada quien se valore a sí mismo, que sepa cumplir su función para que mañana no lleguen a menospreciarse ni tampoco en convertirse en ductores oficiosos de la opinión pública.


Así prosigue el Colegio en medio de vicisitudes, de calamidades de todo orden, intrigas hasta muy recientes, pero el Colegio se salva, en aquella época; se salva en manos de Unda, se salva en manos de sus sucesores y viene en este siglo a salvarse, por sobre todo, en las manos de Melitón Vargas y de Luis Fajardo Galeno.

Señores, ahí está la obra de este ilustre fundador, ahí está la obra preclara de un levita que no se detuvo en antiguallas, y que lo primero que declaró fue que aquel Colegio no podía ser únicamente para enseñar Gramática, Filosofía y Latín, sino que los alumnos tenían también que aprender canto, bailes y diversiones honestas. Todo ello constituye un valioso testimonio en la historia de esa ciudad.

Ahora, Guanare después va a vivir todas las vicisitudes propias de una nación que está permanentemente convulsionada en el mar aciago de las guerras fratricidas, las va a vivir extraordinariamente y así pasan los diversos períodos, hasta que llega aquel momento de hecatombe de la Guerra Federal. Dos veces es sitiada y atacada por Zamora sin lograr dominarla, sin lograr ocuparla, pero sí destruirla en gran parte, porque la ciudad en su mayor porción quedó reducida a escombros. Esa era la guerra, la guerra tremenda, la guerra aciaga, la guerra destructiva, no obstante que se hacía en nombre de principios muy hermosos que muchos no siguieron y que otros pisotearon. Entonces, la llamada "Atenas de los llanos" por Lisandro Alvarado; "La Hermosa y Floreciente Guanare" por Gil Fortoul, quedó reducida a escombros. Allí todo moría, allí con aquellos ataques a sangre y fuego todo perecía, perecía el ganado en las heredades, perecía la gente en las ciudades, perecía la esperanza, mejor dicho, en Guanare, o mismo que en Barinas, en aquella época luctuosa todo moría menos la muerte.

El estupor determinó gran éxodo de familias hacia cercanas  y remotas regiones del país.

Luego, Guanare va a tener un papel extraordinariamente singular también en este episodio guerrero, que tantas calamidades le habían deparado, y es que el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente que surge del Tratado de Coche, es el ilustre guanareño doctor Eugenio Asisclo Rivera.

Luego, cuando viene la paz guzmancista en cierta forma y a pesar de las interferencias de tantas revoluciones, la ciudad adquiere de nuevo cierto desarrollo económico y social. En gran parte se debe a que se puso en auge la navegación fluvial, a que pequeños vapores comenzaron a surcar de nuevo nuestros grandes ríos, esos mismos ríos que hoy en los veranos surcan aquella tierra como lágrimas por un territorio desierto; y que luego, en las épocas pluviales arrasan con sembradíos, con vidas humanas, y siembran en sus riberas la soledad y la ruina.


General Ovidio Abreu
Así, con aquellos intervalos, con cierta lucidez en algunos momentos cuando los hombres se dan también al trabajo constructivo, Guanare se lleva en medio del adelanto y del atraso, en medio de un estancamiento más o menos general, y con ciertos fulgores de progreso en algunos instantes. En esas épocas el caudillismo postliberal, yergue en las manos de los Generales Quintero, Abreu, Batalla, Díaz Arana. Esos son los hombres del momento y cada uno de los cuales deja su huella.

Cuando concluye el pasado siglo, ese mismo Guanare que ya es capital del gran Estado Zamora, que comprende a Portuguesa, Barinas y Cojedes, que luego es capital del Estado Zamora al cual reduce Castro a Cojedes y Portuguesa, que es la capital de la Provincia de Portuguesa desde que la crea Monagas en 1851, ostenta en sus manos esos títulos y no ha dejado de serlo sino por algunos intervalos, pero sigue siendo por derecho propio la capital de esa región.


Nectario Maria en la búsqueda del lugar de la aparición
de la Virgen de Coromoto
No pueden olvidar los anales de Guanare la acción positiva del Hermano Nectario María.

Ahora, venido a la noche del Gomecismo, del Castrismo, sepultado el país bajo aquellas ominosas tiranías, Guanare naturalmente sufre esos colapsos, esos letargos. La ciudad decae. Además se agrega a la tiranía el paludismo y los caudillismos locales; pero, sin embargo, Guanare va a tener el privilegio de ser la única ciudad en el país que, no por efecto de invasiones ni otros actos, levanta un movimiento armado como es el que tiene lugar en las manos del
General José Rafael Gabaldón
General José Rafael Gabaldón, el 28 de abril de 1929. Y la ciudad Coromotana, a su Cura, el Padre Quintana, de balandrán raído, lo ve recorrer las calles empedradas auxiliando moribundos porque en esas calles empedradas y aledaños de esa ciudad quedaron más de cien cadáveres en la jornada bélica del 7 de mayo de 1929.


Igualmente, tiene Guanare el privilegio de que allí por primera vez se rindió un tributo público a un hombre verdaderamente notable, notable de verdad, don Rómulo Gallegos, cuando allí se instaló el Centro Cultural "Rómulo Gallegos" bajo la iniciativa y la
Alirio Ugarte Pelayo, Guanareño adoptivo hijo del Gral Gabaldon
Presidencia de nuestro malogrado amigo Alirio Ugarte Pelayo. Más tarde, la ciudad, ya dentro de este trajín democrático, comienza a vivir una era distinta. Le llegan ciertas inyecciones de progreso, le llegan ciertos aires de bienestar y se acentúan el saneamiento ambiental.


La ciudad, como todo el Llano, ha visto depredada su riqueza forestal. Los hombres han convertido la industria maderera en una industria meramente extractiva, de una riqueza completamente aparente, de un dinero que no creaba riqueza sino que la destruía. Sencillamente los hombres de esa industria estaban olvidando o nunca habían conocido las palabras sublimes de Tagore cuando dijo "Los árboles son los brazos que la tierra eleva al cielo en la búsqueda de Dios". Y más aún, porque estaban ignorando las frases apocalípticas del gran Vallejo, cundo dijo: "Un día la luna se detendrá en el cielo y en la selva sólo creerán las piedras".

Esa era sencillamente la realidad de aquellos medios, esa realidad de una ciudad que cuenta entre sus haberes haber dado tres Jefes de Estado a nuestro país: el General Juan Bautista García Colmenares, nativo de Guanare, dos veces encargado por largos períodos de la Presidencia en la era Guzmancista; el doctor Raimundo Andueza Palacios, orador ilustre, quien por derecho propio llegó a la Presidencia y desde allí tuvo muy buenos miramientos hacia su región nativa; y ya bajo la era gomecista el doctor Victorino Márquez Bustillos.

Pero señores, todo ello configura un panorama de
Felix Saturnino Angulo Ariza
grandeza, con el cual no solamente concurre Guanare a la historia nacional, sino que en todas las ramas del saber, en todas las actividades de la ciencia ha estado presente; y tan es así que, hay figuras de ella que bien la representan. Ahí está en el Periodismo, Leopoldo Landaeta; en el Derecho, Angulo Ariza; en el Humanismo, Miguel Zúñiga Cisneros; en la Medicina, Pedro Blanco Gásperi. Y no es de ahora solamente, de épocas contemporáneas, es que Guanare concurre a dejar sentada su presencia en la ciencia nacional, cuando allí nacen José María Unda, el fundador de los estudios de Ciencias Médicas en la Universidad de Mérida; Rafael Pino Pou el
Dr. Rafael Pino Pou
descubridor en Venezuela de la Fiebre Recurrente; y Juan Iturbe, en 1917, codescubridor del caracol de la Bilharzia y del primer caso de Leishmaniasis Cutánea en Venezuela.


Eso, señores, son valores permanentes, esas no son efímeras cosas, esos no son refulgimientos, esas no son circunstancias, esas son realidades, esos son títulos de gloria para la eternidad. Con estos elementos, señores, he querido dar una visión panorámica de lo que representa aquella ciudad, que no por ser mi nativa ciudad y la de mis mayores, la llevo dentro de mi afecto, sino porque realmente es un testimonio del valor permanente de Venezuela para todos los tiempos, para todas las circunstancias aún las más adversas, y en medio de todos los elementos de juicio.

Ese es el mismo Guanare que hoy levanta una bandera de refulgimiento, con el apoyo de corrientes inmigratorias, con la presencia de fuerzas del trabajo de todas partes, y sobre todo, con esos elementos que nunca han faltado entre sus seres que es el fervor nativo, la añoranza a aquella tierra, al estado de que aquí hay no menos de doce parlamentarios que son hijos o nietos de personas de Guanare, y siempre se consideran como nativos de aquella tierra.

Sencillamente, señores, quiero decirles, ya para finalizar, que esa misma ciudad que yace ahí, que tiene hoy una etapa de progreso señalado, porque hoy cuenta no con el viejo Colegio de Unda solamente, sino con muchos liceos, con muchas escuelas, aunque ella era la única ciudad del interior que tenía tres en 1700; que tiene dependencias universitarias, el Vicerrectorado de la Universidad de Los Llanos Occidentales; escuelas técnicas; y sobre todo una gran voluntad de trabajo. Esa es la ciudad que espera hoy que fuerzas de la industria, elementos del trabajo y del capital vayan aumentando cada día la explotación racional de sus riquezas; que vayan incrementado el valor social de la misma, tomando en cuenta las grandes necesidades de los sectores populares. Es la misma ciudad que espera que vayan a aumentar sus rebaños, acrecentar las extensiones de cultivo, ya que también en el campo agroindustrial ha comenzado a moverse, y son numerosas las empresas allí establecidas, inclusive hay tres centrales azucareros, para procesar la miel de sus cañamelares.


Caja de Agua de Guanare construida por el Ing Eleazar Urdaneta, hijo del prócer  Rafael Urdaneta
quien fue ascendido a General por Simón Bolívar en el año 1813 en Guanare. Nota el Ing. Luciano
Urdaneta, hermano de Eleazar, fue el precursor de los acueductos modernos en Venezuela 
Señores, no quiero concluir sin dejar de manifestar que Guanare entero, en medio de todo este panorama, confía también en que se cumplan las promesas legislativas y ejecutivas respecto a la obra cardinal de esa ciudad y de toda la región que es el Acueducto. (Aplausos). Por esa razón que ya presenció en ejecución el Obispo Martí en el 1777; por esa obra que decretó Andueza Palacio y la comenzó y avanzó considerablemente; por esa obra que tanto preocupó a muchos ilustres hombres y hasta un hijo de Rafael Urdaneta fue a trabajar en ella. Por esa obra que aun no concluye, porque es una ciudad mesopotámica, una ciudad ubicada entre dos caudalosos ríos, y que sin embargo, permanece sitibunda.

Ahora, esperemos que toda esa situación cambie, que se de el paso definitivo, y que Guanare no tenga que continuar aplacando con su llanto o condenando con su protesta cívica, su sed de siglos.

Buenos días.


CARACAS 31 DE OCTUBRE DE 1991


Referencias

Heredia Angulo, Cipriano.  1991. DISCURSO DE ORDEN EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA EL 31 DE OCTUBRE DE 1991. In Catalá, A. 1993. Anales del cuatricentenario de Guanare.


domingo, 29 de septiembre de 2013

RESEÑA DE LA CAMPAÑA REVOLUCIONARIA ACAUDILLADA POR EL GENERAL JOSE RAFAEL GABALDON Y AÑO DE 1929 por Gonzalo García

RESEÑA DE LA CAMPAÑA
REVOLUCIONARIA ACAUDILLADA POR
EL GENERAL JOSE RAFAEL GABALDON
Y AÑO DE 1929

Caracas, 7-11-78


Gonzalo García
Es la Reseña de la Campaña Revolucionaria Acaudillada por el General José Rafael Gabaldón y Acaecida el Día 27 del Mes de Abril del Año de 1929. Para Combatir la Tiranía del General Juan Vicente Gómez, Quien Sostenía a Venezuela Dentro de su Condominio y Fuero Personalista.

Es la Venezuela de Juan Vicente Gómez, y también de Cipriano Castro, los dos grandes tiranos, quienes estatutaron personalidad y dictatorial máxima, y asimismo gobernando constitucionalmente, dentro de Congreso eunuco también designado indirectamente, como votación congresal acaudillada y también dentro de votación concejal de servidumbre.

Por ese motivo, la protesta estudiantil generada dentro de la Universidad Central de Venezuela, el año de 1928, resultó estéril y también socavada. Sus cifras de estudiantes valerosos cayeron dentro de La Rotunda y dentro de las pocas carreteras que como vías de comunicación se reabrían, sosteniendo como sus obreros a estos mismos estudiantes y rebelados el citado año de 1.928.

Dentro de este estado de cosas, como de gestiones políticas cursativas, nada se consiguió, sino la reafirmación de continuar en el poder sin situarle ninguna atención a las reclamaciones subastadoras de la opinión, quien yacía abatidamente postrada, sin sostener ninguna base reaccionaria y patria deparada.

Es así, que el General José Rafael Gabaldón, también lugarteniente y gomecista se rebela y también se centraliza ocupando su hacienda agropecuaria de Santo Cristo, y circunscrita en el Distrito Sucre del Estado Portuguesa.

Es desde aquí que comienza a situar cartas para Gómez, llenas de reclamaciones y patrias ostensoras.

Sin embargo, ninguna de ellas ejerce piedad en el ánimo del dictador Juan Vicente Gómez, para el cual ya Gabaldón, le figura disidente y también objetativo.

Para este entonces, me encontraba en Biscucuy, capital del Distrito Sucre, en Portuguesa. Aquí figuraba de apoderado de la casa comercial del señor Germán Uribe y era cifra oponente al gobierno, en virtud de que, como Presidente del Concejo Municipal de este citado Distrito Sucre, no se me permitió rendir cuentas, ni tampoco fijar su entrega, por haber sido allanado el recinto concejil y figurar su nueva terna munícipe, cursativa por mandato del Jefe Civil y Distrital.

Estando así las cosas, es que se alzó el General Gabaldón, descendiendo hasta Guanare con fines de hacer toma de esta ciudad. Yo me integré dentro de los 31 hombres que bajamos a verificar este acontecimiento patrio tutelario.

Sin embargo, el allanamiento de Guanare no sostuvo, por parte del gobierno instalado, resistencia alguna. Desde aquí, continuamos nuestra marcha hacia Barinas, y haciéndolo por el Paso del río Boconó, dentro de su pueblacho que conducía aún este nombre.

El paso del río Boconó lo encontramos seriamente defendido por el General Sálvano Uzcátegui, quien se encontraba atrincherado en la orilla opuesta y protegido por un montañoso que integraba gran número de árboles robustos y también altos.

Es desde aquí que el General Gabaldón resolviera regresar hasta Biscucuy, con fines de conocer y también reunir las aportaciones que como contigentes revolucionarios enmarcaban el levantamiento contra Gómez y también registrando estado de coordinación militar y paralelo con el nuestro.

A nuestro regreso a Biscucuy, concurrieron Boconó con 80 hombres y 40 máuseres tomados de la oficina de la Jefactura Civil y figurando dentro de éste su comando, don Jesús Altuve Torres, persona de mucha entereza y consecuente amigo gabaldonero. El de Campo Elías, con 20 hombres y algunas armas y teniendo como su jefe al señor Orestes Briceño; como el de Guaitó que comandaba el Coronel Rafael Piñero. Posteriormente, pero por la tarde, se presentó el General Froilán Torrealba (Mano Lan) con su contingente de su hacienda Palma Sola, en Chabasquén. Así es que figuramos mejor dotados dentro de nuestro retorno a Guanare, pero manteniendo el desconsuelo de que ningún otro alzamiento se registraba coordinado con el nuestro, para hacerle frente a Gómez. Sin embargo, hasta última hora, se nos informara que los dos Humocaros, el Tocuyo, Sanare y Guarico respondieron de igual manera que nosotros y también aguardaban nuestro próximo encuentro.
Área de influencia de la Gabaldonera



Así las cosas, el General Gabaldón resolvió situarse en Humocaro Alto, y haciéndolo a través de la hacienda El Regalo en Chabasquén y alta cordillera de montaña que separa a Guaitó de Humocaro Alto. En la hacienda El Regalo, propiedad del señor Tobías Riveros, éste nos aguardaba en compañía de su hermano Víctor Manuel manteniendo un contingente de 15 hombres y armados de cubanos, escopetas y algunos revólveres; ya aquí, pernoctamos comiéndonos una sabrosa ternera y al día siguiente comenzamos a trepar la montaña de Humocaro Alto, la cual se sostenía muy pendiente y sin vía rural alguna. Colocados del otro lado de esta montaña y haciendo frente con el Valle de Arenales y también Humocaro Alto, nos situamos a esperar para conocer el acaecido participado y también el estado que sostenían sus levantamientos. Sin embargo, nuestra desesperada situación revestía mucha gravedad, y a la vez gran pesimismo, tomándolo dentro del desconocimiento y partidista nacional, para no haber respondido con nuestra insurrección; y también encontrarnos solos y aislados: sin haber aportado fuerzas militares bien armadas  y sufriendo el desengaño, harto desconsolador, de haber sido engañados; y sostener a Gómez con todo su ejército presto para aplastarnos y crematizar así nuestro brote rebelde.

Una comisión proveniente de Humocaro Alto, se nos presentó, portadora de la noticia anteriormente suministrada en Biscucuy y fijando ya tomados los dos Humocaros, El Tocuyo, Sanare y Guaríco. Figuraban el señor Carlos Gil, con 40 hombres armados; Julio Alvarado Silva con su Columna Tocuyana aportando 80 hombres semiarmados; Leopoldo Riveros, proveniente de Hato Arriba, que aportaba 20 hombres semi-armados; ya por la tarde, se reunió, procedente de Córdoba el Coronel Bernardo López con 60 hombres. Sin embargo, todavía nos sosteníamos tambaleantes y muy desconsolados. Es así, que el General Gabaldón optó por situarse en Guanare y esperar que se resolviera nuestra mala situación.

Por tanto, nuestra travesía hasta Guanare la hicimos a través de La Ciénaga donde pernoctamos; para continuar nuestra marcha hasta Guarico, donde se nos sumó Pedro Antonio Oropeza con 10 hombres semiarmados. Desde Guarico partimos para Guanare, pero apenas llegamos por la tarde al cruce de los caminos que parten para El Regalo, Villa Nueva y el mismo Guanare.

Al día siguiente, continuamos la marcha vía Guanare; en el caserío El Tigre nos aguardaba Sandalio Linares, aportando un contingente de 150 hombres provenientes de Quíbor y Sanare. Por la tarde llegamos al caserío La Raya, donde se nos reuniera el General Julio Segundo Alvarez, aportando sólo 10 hombres-, ya aquí pernoctamos- y a la vez se practicó un inventario formal de nuestro contingente que como tropa fundamentaba nuestra acción, resultando ser el siguiente: 

Sandalio Linares                       150    hombres
General Alvarez                          10           "
Dr. Julio Alvarado                       80           " 
Carlos Gil                                    40           "
Coronel López                            60           "
Capitán Héctor Hernández          80           "
General Torrealba                        40           "
Orestes Briceño                          20           "
Rafael Piñero                              20           "
Leopoldo Riveros                       20           "
Nuestro contingente primario 27           "
Total                                            547      hombres

Figuraban 150 máuseres y algún pertrecho, 13 carabinas, algunos revólveres, escopetas de cápsula, cubanos y escopetas de municiones, con su resto de machetes y limeros.

Desde La Raya partimos hasta Guanare, donde llegamos el día 7 de mayo. Ya aquí, no se preveía ataque alguno de parte del Gobierno. Sin embargo, como a las dos y media de la tarde, resultamos sorprendidos por el General José Antonio Baldó, Presidente del Estado Portuguesa.

Este ataque resultó ser sorprendente y también desprevenido, pues la noticias gubernamentales que recibíamos nada contenían al respecto.

Resultó ser ataque imprevisto y también desorientado, pues yo me encontraba dentro del Hotel Guanare, había desensillado la mula y también bañado así como situándole su ración de pasto.

Del contingente del General Baldó, la columna a cargo de Virgilio Corona resultó ser la primera que se introdujo hasta la Plaza Bolívar, donde se encontraba Sandalio Linares con parte de su contingente, y el cual consiguió rechazarlo, haciéndolo retroceder hasta la Reja de Guanare y después vía de El Papelón, donde se dispersara. Dentro de este combate resultó un muerto, al igual que herido nuestro compañero, muy apreciado, señor Angel Ramón Yépez. Por esta valiente acción, el General Gabaldón hizo General a Sandalio Linares.

Después de mi salida a la calle y habiendo llegado a la esquina de la casa de comercio de don Pancho Sereno, fue que alcanzara a divisar, y fijados en la esquina de la calle transversal y opuesta, a Joaquín Gabaldón Márquez, Carlos Sequera y Alcides Lozada, figurando el contingente a cargo de los capitanes Osián Osechas y Antonio Pérez, combatiendo al que tenía a su cargo Vicente Hernández; y así es, que conseguimos hacerlo retroceder hasta la Plaza de la Coromoto, donde también se dispersara. Pero situados dentro de la Reja de Guanare, y encontrándome inmediato al General Torrealba y a Jesús Lucena Morles, sostuvimos todo el tiroteo que el Capitán Fonseca cargara y contingente éste integrado al Batallón Gómez como su Compañía de selección; y así es, que estas sus descargas las percibimos de solo frente, resultando herida mi mula, como atravesados por balas sus dos bolsones. Este sector a cargo del Capitán Fonseca se encontraba encubierto por una cortina de monte mediano, pero tupido, no habiéndolo reparado por este motivo; además figuraba, desde el alto de la serranía que respalda nos tiroteaba también, dentro de la creencia de que nosotros éramos parte de las fuerzas gubernamentales: pues la bandera nacional se sostenía por igual dentro de ambas partes.

Encontrándome todavía en la Reja de Guanare, fui auxiliado por el General Alvarez quien procedente de la Mesa de Cavacas, donde pernoctaba, se me acercó, para brindarme protección. Por otra parte, también llegó oportuna una compañía que integraba el Contigente de Boconó, a cargo del Capitán Héctor Hernández, figurando aquí, y bien remontado, un señor de apellido Torrealba quien me brindara esta su mula, y así resultó ser que resultando otra vez, igualmente remontado, y continuando nuestro contraataque hasta el caño de Mederos, donde nos contuvimos dentro del temor de que llegaran refuerzos desde Maracay, así es, que tuvimos este su conocimiento respectivo. Desde Mederos nos regresamos hasta Guanare, pero antes de llegar a la Reja, nos encontramos con el General Gabaldón, quien me dijo: Compadre, usted ha hecho mucho; regresemos hasta casa de don Rafael Angel Gásperi, que doña Florinda nos tiene una buena cena. Ya sentados en la mesa, recuerdo que nos dijo Gabaldón: Primero nos vamos a colocar los casados. Y así lo hicimos en número de 14, para quedar los solteros para después; pues, él creía en amuletos. Ese otro día, por la tarde, partimos para Biscucuy.

Nuevamente en Biscucuy, también muy desorientados: se resolvió situarnos dentro de Córdoba, que, como región helada y montañosa, nos ofrecía gran refugio y también ser inalcanzables por el Gobierno.

Por otra parte, como región de sólo montaña, y alta se situaba impenetrable para ofrecer gran resistencia.

Pues el cerco por parte del Gobierno se venía reincorporando, y también vastamente cuantioso, por figurar buenos generales dirigiéndolo, y así era necesario colocarnos dentro de buen recaudo respectivo.

Ahora, ésta su resistencia nos resultó ser muy penosa, por figurar sin recursos de armas y pertrecho. Pues las que cargábamos eran exiguas y carecían de balas. Por este motivo, nuestra fe se había sumergido, al igual que la potencialidad de nuestras energías. Figurábamos exhaustos y también ya acobardados, como hondamente desilusionados, pues habíamos sido engañados, y toda la opinión nacional nos condenaba, en lugar de elogiarnos por nuestra proeza y osadía.

Permaneciendo en Córdoba penosamente resistiendo, dentro de una de mis visitas a la casa de familia que albergaba al General Gabaldón, y a la vez, tomándonos una taza de café, me dijo: Compadre, lo juzgo mejor que otro cualquiera para que se traslade hasta Los Ranchos y perciba allí el contingente de tropa que Mano Lan me envía y también le he solicitado; y así es, que tan pronto lo reciba, lo conduce hasta la Montaña de María Lionza, para que vaya a reforzar al sector de tropa que comanda Leopoldo Riveros, quien se encuentra ya peleando al batallón que comanda el General León Jurado.

Este cometido me resultó harto penoso y también muy expuesto, tomando en cuenta el mal camino y sectores montañosos que tenia que atravesar hasta situarme dentro del paraje montañoso donde se encontraba Leopoldo Riveros. Sin embargo, me sostuve sin percance alguno y así es, que, descendí hasta el fondo de la quebrada que separaba ambas cordilleras, y donde hallé acurrucados y también solitarios a los dos Coroneles, Orestes Briceño y Rafael Piñero, hombres de pelo en pecho y también habiendo sido formados por el General Rafael Montilla, el Tigre de Guaitó. Eran mis mejores buenos amigos, pero aislados, a como se encontraban, y habiendo perdido su guarnición, figuraban marginados.

Más adelante y dentro de plena montaña, tropecé con el Teniente Mogollón, quien figuraba ya desertor, y atascado a como se encontraba dentro de un charco de barro, su posición me causó mucha tristeza; pues figuraba con un machete y un máuser metido dentro del barro hasta la cintura y también lloviendo reciamente, y así es, que me dijo que se encontraba hambriento y también mojado. Me refirió que Leopoldo Riveros ya se sostenía dentro de la retirada, por falta de pertrechos y también de hombres. Es desde aquí y cargando solamente 10 hombres como contingente percibido de Mano Lan que me encumbré hasta el centro de la montaña, y verificándolo penosamente, dado la maltrecha vía y el estado lluvioso, que no escampaba; y así es, que llegué al campamento donde se encontraban los hermanos Torres, y cordobeños y gente muy valiente.

Informado plenamente de la maltrecha situación que sostenía Leopoldo Riveros, obtuve de estos hermanos Torres, que en número de 16 hombres, también armados, escalonaran el resto de la montaña hasta el campamento de Riveros, para reconstruirlo y continuaran peleando, mientras regresaba otra vez donde el General Gabaldón, en solicitud de más fuerzas; y así es, que, a mi regreso hasta Córdoba, contacté dentro de la vía que conducía al contingente de tropa tocuyana que comandaba el Doctor Julio Alvarado Silva, o directamente, un hermano suyo, pues él figuraba como Jefe del Estado Mayor.

Situando, otra vez, en Córdoba, me encontré con la nueva novedad existente de que, en vista de nuestra maltrecha situación, el General Gabaldón conducía una solicitud para el General Gómez, ofreciéndole que toda la oficialidad fuera a la cárcel, para que la tropa quedara en libertad; sin embargo, Gómez rehusó esta precaria solicitud cursativa, por órgano del General Argenis Asuaje, quien se encontraba acampado en Guarico, manteniendo como su secretario a don Mario Araujo, viejo gran amigo del General Gabaldón.

Esta respuesta fue recibida por mí, encontrándome de retorno de la montaña inmediata con el sitio de La Raya, donde me había trasladado con fines de alcanzar llegar hasta Ospino; pero con la mala suerte de encontrarse aquí el General Sálvano Uzcátegui con su contingente de Barinas y cercando esta vía. Situado en un puesto de observación y haciendo frente con el sitio de Las Quebraditas y altura ocupada por el General Federico Araujo, percibí del chofer del General Asuaje, la respuesta de Gómez negativa. Cuando hice ésta su entrega al General Gabaldón, figuraba ya disponiendo ésta su salida (con el resto de la tropa que le quedaba) para situarse en Santo Cristo, o Biscucuy, y así era que tenía que atravesar la montaña rellena que separa estas dos distancias. Incluido dentro de esta retirada, llegamos hasta la orilla izquierda del río Saguás crecido a como se encontraba, se nos hizo imposible su paso. Era de madrugada y lloviendo mucho, dentro de este estado como desgarrador-- que sosteníamos, fue que Gabaldón nos dijo que nos salváramos a cómo mejor lo consiguiéramos.

Reunido con el General Alvarez, mi gran buen amigo, me ofreció ésta su compañía, con dos buenos muchachos que como su escolta lo acompañaban; sin embargo, al rato de encontrarnos, ya para remontar esta penosa vía y ascenderla otra vez, hasta más abajo del pueblo de Córdoba, se nos reunió Sandalio Linares con su sector de tropas y hermanos; y luego dentro de la mediación montañosa lo hizo de igual manera Leopoldo Riveros; así es, que hubimos de recorrer la misma travesía montañosa del día anterior, hasta llegar a la casa aislada donde habíamos pernoctado y tomado café. Ya aquí, por un baquiano que se encontraba en esta citada casa, me informé de una vieja pica que conducía desde Córdoba hasta Guanare; así es que la utilizamos; situándonos en este último paraje, encontramos un viejo cambural de topocho, y tomando algunas manos, nos pusimos a comerlas haciéndolas rebanadas fijándoles mantequilla de una lata que todavía le quedaba al General Alvarez. Aquí encontramos la cabecera del río Portuguesa, pero dentro de altos y hondos barrancos, que no se alcanzaba a transitarlos. Por tanto, aislados dentro del centro escarpado de esta región montañosa, nos recostamos, y con las bestias fijadas con sus riendas dentro de la cintura y previendo que nos quedaramos dormidos, y también nos abandonaran. No se conseguía agua para apagar la sed.

Ese otro día alcanzamos a llegar, o ascender, hasta el sitio de El Portachelo pastoso, aquí conseguimos tomar agua y tomar agua y distinguir a Suruguapo como viejo hato gabaldonero, sin embargo para llegar hasta él, había que descender otra vez por la vía opuesta hasta llegar al río de La Portuguesa y, crecido a como se encontraba, se hacia muy difícil pasarlo. Sin embargo, como nuestras mulas eran muy buenas conseguimos pasarlo y colocando tropa agarrada de las colas y así es: que logramos colocarnos dentro de su orilla opuesta. 

Después de pasar el río Portuguesa, se dispuso nuestra comida con las frutas de los árboles conocidos, y así es, que nos situamos en el hato de Suruguapo propiedad de don Pancho Sereno. Ya aquí; les hablé a todos los compañeros, para abandonarlos a su suerte, conforme yo me sostenía dentro de la mía. Hice compra de un novillo y les hice reparto de su carne; y así es, que me retiré hasta Ospino; y posteriormente hasta Colombia, donde llegué al Hato del Porvenir paraje éste lejano y también hundido dentro de las sabanas del Corozal y Cravo Norte.

Mi fecha de arribo hasta Colombia suscribió la del día 30-8-29

Corolario


Situado ya en Colombia Arauca, me  sostuve hondamente sumergido y asimismo actuando como comerciante, pero sin posibilidades de retornar otra vez a Venezuela. Había dejado abandonada a mi señora y mi hijo mayor, sosteniendo año y medio de casado, y mi hijo contando cuatro meses como su edad.

Este hondo gran vacío me afectó desgarradoramente, y así es: que tuve que pedir las garantías al General Gómez para retornar al hogar que había dejado: para rehacerlo y situarme dentro de mi situación de trabajo.

Sin embargo, no obtuve las garantías solicitadas: sosteniendo como ésta su secuela que fuera publicada mi carta, por figurar aparejada dentro del estado político existente. Esta publicación me colocó dentro del ostracismo político existente opositor. Por este motivo, mi regreso al País no resultó beneficioso ni tampoco satisfactorio. La opinión me señalaba inoperante y también recusado.

Ahora, como ésta su secuela: sustento que mi inclusión reivindicativa no fue incondicional, ni tampoco enmarcada dentro del fuero contrarrevolución ario existente. Mal podría fijarme dentro de estado indefinido y opositor estéril: a como figuraba la contrarrevolución gomecista, dentro del estado de anarquía y llena de consabidos y también estacionamiento cruento diletante.

Por este motivo, jamás me ha pesado haberlo hecho; ya que jamás he debido abandonar el hogar integrado por la mujer y un hijo. Así es: que vuelto al hogar, lo hallé relleno y fijando estado mustio, pero de siempreviva.

Por otra parte, el mismo General Gabaldón resultó ser otra vez mi amigo de siempre. Nuestra posición ulterior, revive estado transigente y elocuente.
Gonzalo García

Ya, a los 79 años es que figuro consignando esta Reseña de aquella Revolución y año de 1929; para situar este recordatorio y fijarlo tal como ocurrió. Sin embargo, no lo hago como su publicidad, sino tomando en cuenta este mi antecedente y patrio ostensor, que figura eclipsadamente mustio y asimismo sumergido; pero como hombre público que todavía soy, demuestro toda mi sinceridad, como la causa que sostuve para haber pedido mis garantías. 


Gonzalo García

Caracas, 7-11-78.