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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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sábado, 31 de enero de 2026

Crónicas Guanariteñas ADIÓS, MARLENE MIRWALD

 Crónicas Guanariteñas


ADIÓS, MARLENE MIRWALD

Yorman Tovar

Marlene Mirwald
Y llegaron a nuestro pueblo. Primero Pedro Mirwald, con parte de su prole: su esposa y dos hijos, pues los otros nacieron en Guanarito. Poco tiempo después llegó su hermano Adolfo Mirwald con su cónyuge Mercedes Jiménez, y sus cinco hijos: Zulay, Gustavo Adolfo, Marlene, Otto y Sigfrido. Adolfo venía de residir y trabajar en uno de los poblados de la Colonia Agrícola de Turén. Lo cierto es que estos dos alemanes se destacaron como expertos mecánicos, sobre todo, en maquinarias Diesel, y así forjaron, simultáneamente dos familias, con criterios de buena ciudadanía y hombres y mujeres útiles a la sociedad. 


En la familia Mirwald Jiménez, se han destacado en las artes del canto y la música tres de ellos: Zulay, Marlene y Sigfrido, formados en la Casa de la Cultura José Luis Cabrera. Sobre todo, MARLENE (nacida el 26 de abril de 1967), quien, por poseer una exquisita voz, formó parte del equipo fundador de tres agrupaciones adscritas a la Casa de la Cultura: el “Grupo Pilón” de música folclórica, la “Coral de Guanarito”, para ocasiones cívicas especiales, intérpretes en grabación del Himno del municipio Guanarito, y también de “Los Cabresteros de Guanarito”, cuya especialidad fue el rescate de los cánticos de aguinaldos. Con su exquisita voz participó en la grabación de un álbum de varios artistas, en el que grabó el pasaje “Hoy hablé de ti”. Todas estas agrupaciones fueron dirigidas por el maestro guanariteño Luis Camacho Polo, quien tomó en cuenta sus dotes cantorales para incorporarla como miembro de la Coral de la UPEL-Guanare. En ese mismo ámbito musical, laboró como docente de aula y en educación musical en la Escuela Básica “Portuguesa” de Guanarito, donde obtuvo su jubilación.


Desafortunadamente, desde hace algunos años, una penosa enfermedad comenzó a minar su salud y a pesar de su fuerza espiritual y de los esfuerzos de la ciencia, no logró superarlo, por lo cual falleció el 22 de enero de 2026. Su voz en el tiempo seguirá retratando su presencia en las instituciones y en la gente en cuyos corazones sembró la generosidad de su íntegra persona. 

Paz a su alma. El Todopoderosa la acoja en su reino.


En Marlene Mirwald, guanariteña,

mestizaje de criolla y extranjero, 

 siempre brillaron con bondad risueña.

Rasgos de Europa y casta del llanero.


 Ella cantaba con amor lo nuestro, 

pues tuvo, cual llanera, el alma pura, 

y Guanarito, como buen Maestro 

le enseñó con pasión nuestra cultura. 


Marlene Mirwald, franca y amistosa, 

fue una cayena, dulce y candorosa 

en el jardín de la amistad sincera


Hoy mi verso de luto, en despedida, 

enaltece lo grande de su vida, 

¡Murió un vergel de canto en primavera!


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)

La Colonia-Guanare, 23 de enero de 2026.

miércoles, 28 de enero de 2026

ESCUDO DE ARMAS DEL DISTRITO GUANARITO, ESTADO PORTUGUESA DESCRIPCION HERALDICA 1988

 ESCUDO DE ARMAS DEL Municipio GUANARITO


Lic. Yorman Tovar





1.- PARTE SUPERIOR


1.1. En forma de arco aparece la leyenda: FEDERACION, demostrativa de la destacada solidaridad de personajes guanariteños en esa histórica guerra civil del siglo XIX.


1.2. Un libro abierto y una pluma, simbolizando la Firma del Acta de la Independencia de Venezuela el 5 de julio de 1811, donde Guanarito estuvo representado en la persona del Diputado Doctor José Luis Cabrera, por la provincia de Barinas.


2.- Al costado izquierdo: una planta de ajonjolí y al costado derecho una planta de maíz, simbolizando el potencial agrícola de la región.


3.- Consta también de TRES (3) CUARTELES: dos(2) en la parte superior y uno (1) en la parte inferior.


3.1. El cuartel izquierdo superior, cuyo fondo es de color amarillo, símbolo de riqueza, contiene: dos (2) cabezas de ganado vacuno, que expresan la pujanza ganadera de la región.


3.2. El cuartel derecho superior, cuyo fondo es de color rojo, símbolo de sangre derramada en el glorioso pasado, con-tiene: un arco, una flecha y un carcaj, escenificación de la estirpe añeja de nuestros ascendientes aborigenes, protagonistas de la historia durante los diferentes procesos de lucha venezolana.


3.3. El único cuartel correspondiente a la parte inferior-cuyo fondo es de colores verde y azul claro- simboliza cielo y horizonte abierto. Contiene: una franja clara representando el lecho fluvial del "Guanare", río cuyos puertos fueron de bastante renombre comercial hasta épocas no muy lejanas de este siglo XX; un bosque representando la riqueza maderera de Guanarito; y una palma real como señal de tradición, recuerdo imperecedero de la histórica Palma de la Plaza Bolívar (signo de guanariteñidad).

 

4.- Por último, en la parte inferior, aparece una cinta de color azul con una leyenda que data de la fecha de la fundación de la ciu-dad de Guanarito: 24 de Enero de 1768.


Guanarito, 24 de enero de 1987


Modelo para pintar y conocer nuestros simbolos municipales y patrimonio e historia natural 

Autor: Eloy Rafael  Tovar

Diseño: Roger Rodríguez 


Referencia Bibliográfica 

Pinto Sulbaran, Jeremías. 1988. Guanarito en el tiempo. Ediciones del Congreso de la República.


viernes, 5 de noviembre de 2021

ZONNY MANUEL LEÓN FRÉITEZ… EL PEDAGOGO DE LOS CAPACHOS

TROVAS DE TRAVESÍAS
ZONNY MANUEL LEÓN FRÉITEZ… EL PEDAGOGO DE LOS CAPACHOS


Se iniciaba la década de los 70 cuando la Dirección de Extensión Cultural del estado Portuguesa bajo la coordinación del profesor guanariteño Rafael Parra Pinto comenzó a difundir la música llanera a través de un sencillo proyecto conocido como El Teatro Móvil, un camión Dodge gris con la identificación en las puertas. Un camión-Escenario conducido por José Manuel León o Cheo León “El Gavilán de la cumbre”, un sencillo cantante y compositor de la parte alta de Ospino.
Este proyecto constaba de un conjunto llanero conocido como “Los Turpiales del llano” por donde pasaron dos famosos arpistas: Pedro Castro y Ramón Coromoto Martínez. Como cuatrista Inés Castro, y entre los maraqueros que allí actuaron figuraron Jorge “Condorito” Guédez, Hernán Torrelles y José Cheo Ramírez; como bandolista Rómulo Galea, quien a la vez hacía pareja de baile con su esposa Rita Lozada; como contrabajista el indio Teodoro Yústiz, y los dos cantantes estelares eran Julio Frías y el mismo chofer Cheo León. El primer animador y director del conjunto era el piriteño Ángel Graterol Oropeza “El Caballero del llano”, más tarde sustituido por Rafel Solórzano y luego por Florentino García; y –por supuesto- un técnico de sonido, el más jovencito de la partida ZONNY LEÓN, hijo del chofer y cantante, con quien guardaba una extraordinaria semejanza, no solamente en el parecido físico sino también en aquel espíritu pleno del buen humor y el chiste oportuno. En este peregrinar por todos los rincones del estado Portuguesa y otras regiones, Zonny aprendió a defenderse con la bandola, con instrucciones de don Rómulo Galea, pero se destacó más como fino maraquero, alcanzando participación en festivales y actos de renombre en el folclor llanero.
Así conocimos al muchacho que más tarde se convertiría en un docente emprendedor. Primero a nivel de educación media y más tarde en educación superior, figurando como Profesor a Dedicación Exclusiva, con posgrado de la UPEL, después de haberse graduado en ella cuando era el Instituto de Mejoramiento Profesional de Magisterio. Después de laborar en Guanare, a petición de la administración central en Caracas, se abrió un concurso de oposición en el cual resultó victorioso y laboró hasta su jubilación en la capital de la República.


Uno de sus trabajos de ascenso en el escalafón universitario, como docente de música fue uno que difundió en diversos escenarios académicos en compañía de su colega Jesús Figuera. Este trabajo incluía todo lo referente a la ejecución de ese instrumento aborigen. Mientras Jesús Figuera iba mencionando los pasos de la ejecución Zonny iba ejecutándolos en sus maracas.
Además de buen docente, era extensionista y buen investigador de las raíces de la pluralidad musical venezolana. Después de padecer una larga enfermedad, hoy 5 de noviembre fallece a la edad de 67 años. Todavía tenía mucho que enseñar y qué producir este brillante portugueseño. En nombre de mi familia hago llegar una sentida y sincera nota de pesar a su viuda Hilda Vespa de León, a sus hijos y todos los familiares.
De Guanare hasta Caracas
la música hizo cabriolas,
un sollozo de bandola
junto a un réquiem de maracas;
la Quirpa y la Guacharaca
y el seis por numeración
lloraron junto al bordón,
y el cuatro vistió de duelo
cuando se elevaba al cielo
el alma de ZONNY LEÓN.
¡Paz a tus restos!... ¡Dios te reciba en su trono!
Yorman Tovar.
La Colonia-Guanare, 5 de noviembre de
2021.

martes, 5 de noviembre de 2019

RELATOS IMAGINARIOS DE SANTA INÉS DE BARINAS A SAN CARLOS DE AUSTRIA


RELATOS IMAGINARIOS


DE SANTA INÉS DE BARINAS A SAN CARLOS DE AUSTRIA

(Una bala para Martín Espinoza, una bala para Ezequiel Zamora)



El 15 de enero de 1860 un jinete sobre un brioso castaño frontino, patas blancas, trocha roquedales, escalando las serranías de Ospino con rumbo hacia el vecino estado Lara. Va armado de doble canana, cruzada sobre el pecho, un machete al cinto y un Máuser en la cañonera de la silla, además de una afilada lanza. Bajo el trajinado sombrero alón luce el rostro de rasgos aborígenes: escasa barba de meses, mirada de águila al acecho, dando muestras de cansancio, sed y hambre. Va huyendo de las huestes de las cuales desertó hace cinco días en San Carlos de Austria, luego del magnicidio que puso fin a la vida azarosa de Ezequiel Zamora “El General del Pueblo Soberano”. “CUNAGUARO”, así es como llaman a este fugitivo. Hasta hace pocos días conformó, junto con “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León”, las siete fieras del Estado Mayor del comandante Martín Espinoza, indio rebelde, nativo del caserío Río Viejo del cantón de Guanarito, provincia de Barinas.


Eran los preludios de la Guerra Federal, cuyos focos en el llano comenzaron con la rebelión indígena de Guanarito, teniendo como protagonistas al cacique Regino Zulbarán, mejor conocido como “Indio Zulbarán”, o “El Indio Blanco”, un catire de ojos azules, a pesar de sus rasgos aborígenes; y Martín Espinoza, lugarteniente de Zulbarán. Martín era de contextura fuerte, mediana estatura, imponente y de mal carácter, a quien los godos, no sólo le quemaron su rancho, sino que también le mataron la familia, después de violarle la esposa y las hijas. Desde ese momento juró venganza contra todo el que tuviera piel blanca y ojos claros. Por esta razón hasta su jefe inmediato Regino Zulbarán le tenía ojeriza y cierto temor.


Después que conformaron la legión de los indios de Guanarito y arrasaron este pueblo, pensando en botines de guerra, se incorporaron al ejército de Ezequiel Zamora, un patizambo maluco, bigotudo, pálido, de nariz aguileña y azul mirada de gavilán. A pesar de su valentía, al conocer a Martín, Ezequiel lo vio con desconfianza, y desde entonces nunca lo perdió de vista, pues hasta un espía secreto le designó en su propio Estado Mayor.


El tal Zamora no era el intelectual ideologizado por ideas liberales que pintan algunos historiadores. Era un caudillo más, sedicioso y ambicioso de poder. Otro más que se alzó contra el Partido Conservador que ostentaba el poder para aquel momento. De manera que aquel caudillaje, sin excepción, disperso por toda la geografía venezolana se amparó bajo la sombra de las banderas amarillas del Partido Liberal y de la consigna ¡Oligarcas, temblad! “Tierra y hombres libres”. La Guerra Federal fue un capricho genocida que en cinco años exterminó más vidas humanas y causó más ruinas económicas que la de Independencia, que duró más de diez.


Otros elementos que alimentaron esta locura, fueron la desgracia y la pobreza extrema de los campesinos, despojados de sus tierras. Esto dio pie para que los hombres laboriosos del campo le cambiaran el oficio a sus machetes, apartándolos de los labrantíos y colocándolos al servicio del crimen y la sedición que eran los objetivos que subyacían en la causa revolucionaria de Ezequiel Zamora, el mentado “General del Pueblo Soberano”.


“Cunaguaro” lo llamaron desde pequeño. Hasta él mismo ignoraba su nombre de pila. Era vecino del rancho de Martín Espinoza en Río Viejo. Siempre anduvieron juntos desde la infancia, como dos camaradas, juntos navegaban el río Guanare y compartían el fruto de la pesca. Juntos disfrutaban los tragos de aguardiente y juntos andaban en un viaje a Guerrilandia el día que los godos asaltaron, violaron y quemaron el hogar de Martín; y juntos también mataron el primer hombre en Guanarito. Una vez que lo vieron se les metió la idea de que aquel catire que vestía una guerrera del uniforme de los conservadores era uno de los supuestos culpables de la tragedia de Martín. Después que le fingieron amistad, entre ambos lo embriagaron y lo sentenciaron a muerte en nombre de la Federación. Antes de ejecutarlo Martín lo despojó de un valioso anillo de oro con un zafir. Luego lo colgaron de la rama de un guamo, a orillas del río. Después de muerto Martín ordenó a “Cunaguaro” bajarlo, desnudarlo y cortarle pene y testículos, se los sujetaron de los pies junto a un letrero, y lo volvieron a colgar. El pérfido mensaje decía: “Así terminan los enemigos de Martín Espinoza”. Desde entonces cobró fama la condición de esbirro, tanto de Martín como de “Cunaguaro”. A partir de ese infausto momento, en el dedo medio de la mano izquierda de Martín brillaría el zafir del anillo de oro bajo los soles del llano, sin quitárselo más hasta el día en que lo fusilaron. Martín, el indio de Río Viejo estaba hecho para las hazañas y las fechorías en nombre de la revolución. Una vez el General Zamora le preguntó: -Espinoza, ¿dónde obtuvo usted ese anillo de oro tan costoso?... ¿Por qué no me lo vende? Y le respondió el indio: -No, mi General. Ese es un botín de guerra muy preciao pa mí. Muchas gracias. Zamora bien pudo decomisárselo, sin embargo le respetó la justificación del origen de aquella valiosa prenda.


La primera aparición de “Cunaguaro” en combate fue en julio de 1858, cuando se alzó Zulbarán, y detrás de éste su amigo y jefe Martín Espinoza. La legión la conformaban puros indios, oriundos de Río Viejo y de Sabana Seca, arengando consignas como: “Viva la Federación”, “La tierra es de todos”, “patria o muerte” y “Horror a la oligarquía”. La primera operación bélica fue la sonada “Batalla de Trapichito”, un arrasamiento con llamas, machetazos, tiros y lanzazos en una hacienda que llevaba este nombre, entre Guanarito y Sabana Seca. Ese día “Cunaguaro” se dio cuenta de su habilidad natural para ejecutar un fusil. Sin haber disparado nunca antes uno, en esa refriega había liquidado él solo a catorce personas, a larga distancia, además de cinco pescuezos, volados a machetazos a cinco humanos que se le arrodillaron implorándole clemencia. -¡Nojoda, guerra es guerra! Decía “Cunaguaro” mientras soltaba sonoras carcajadas, entre marrones escupitajos de tabaco masticado.


Un día cualquiera se sintió “Cunaguaro” un soldado importante, ya enrolado en las huestes de Zamora. Allí conoció a los otros seis sanguinarios con los que formarían los siete temibles hombres del Estado Mayor de Martín Espinoza: “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León”. “Caimán” era un llanero de agua, bueno para nadar, zambullir y aparecer a flor de agua con un caimán enlazado en alguna solapa. “Perro” y “Pantera” eran y hombres de cacería, expertos lanceros, capaces de proveer a la tropa con carne de bichos de monte, mientras que “Onza”, “Tigre” y “León”, además de diestros macheteros eran, junto a “Cunaguaro”, los tres de mayor confianza de Martín Espinoza. Eran los administradores del pertrecho y los primeros en atacar a la hora de un asalto. ¡Y cómo asaltaban y asesinaban en nombre de la revolución!


Después que alcanzó jerarquías en la legión de Zamora, Martín no quiso someterse a las órdenes del indio Zulbarán, y formó tienda aparte con sus huestes, no menos incendiarias y sanguinarias que las de sus superiores. Tanta fue la fama de esbirro que aquilató Martín, que se convirtió en un turbio problema para la causa de la Federación. Asimismo, Zamora, como todos los caudillos populistas de Venezuela cogió la manía de compararse con Bolívar Libertador, y entonces, en sus delirios contrastaba a Martín Espinoza con el impertérrito general Manuel Piar, tan sólo buscando un motivo para llevarlo al paredón.


El “Indio Zulbarán”, desplazado en el ejército zamorano por la calidad y el arrojo guerreros de Espinoza se sintió celoso y comenzó a advertir al jefe supremo sobre los peligros del sedicioso de Río Viejo. Otros alabarderos como el “Brujo-Edecán”, de manera adulona le advertía al mostachoso caudillo: “Cuídese de Martín Espinoza, mi general. Ese animal lo mira a usté con rabia. El otro día lo escuché diciendo que usté es otro godo que merece el filo de un machete en el pescuezo, que una bala quiqué es muy cara pa gastala en usté”.


Eran constantes las quejas que llegaban a Zamora de asaltos, robos y crímenes que, en nombre de la causa Federal y en su nombre propio, cometían estos demonios que no conocían miedo ni escrúpulo alguno. Cada vez que cometían una fechoría, socarronamente gritaban en coro las consignas del ejército zamorano: ¡Oligarcas, temblad! “Tierra y hombres libres”. En una de esas andanzas, cuando devastaron a plomo, machete y candela una pequeña fundación cerca de Dolores, un machetazo que lanzó “Onza” a una marrana lechona que escapaba de la cocina, se lo clavó en pleno talón derecho a su jefe, y esto lo dejó impedido de sostenerse en pie. Después de detenerle la hemorragia, en brazos de amigos lo subieron a caballo hasta Santa Inés, a donde los había mandado a llamar el general, pues se aproximaba un desenlace importante para la causa federalista. Ese día del asalto en Dolores “Cunaguaro” disfrutó de su puntería, cuando un zagaletón quiso escaparse a caballo en violento galope, y lo bajó de un tiro cuando iba entrando a un mogote, a más de cien metros. ¡La bala le dentró en el mero cogote! ¡Je, je! Decía el bárbaro lanzando un escupitajo de tabaco masticado.


Tanto y tanto fue el cántaro al río hasta que se quebró. Se cansó Zamora de las quejas que le llegaban del susodicho asaltante. El 9 de diciembre de 1859 en Santa Inés de Barinas amaneció el día más radiante que nunca. La brisa sabanera traía olores de campanillas navideñas, estoracales recién florecidos, y los dragos desgranaban sus últimos oros sobre la tierra llanera. Mientras el Estado Mayor del “General del Pueblo Soberano” preparaba los últimos detalles para la gran batalla, éste, caviloso, se atusaba el enorme bigote y su añil mirada gavilanesca se perdía en el horizonte. Estaba sentado sobre las raíces del descomunal samán cuyas ramas cobijaban todo el perímetro de la plaza mayor. ¡Histórico samán, inmortalizado por las plumas de los mejores cronistas de Venezuela!

De ipso facto se levantó, mascullando a solas: “la culebra se mata por la cabeza”, y llamó a uno de sus edecanes, ordenándole traerle su caballo, montó, picó los ijares y se presentó en el rancho donde convalecía Martín, entre fiebres y espasmos del machetazo, casi a punto de tétano. Zamora, a pesar de verlo imposibilitado de cabalgar, le ordenó, mientras le miraba con ambición el anillo de oro con el zafir en el dedo medio de la mano izquierda: “Espinoza. Necesito que se vaya con sus hombres a Guanare, para que dé punto de apoyo al avance de nuestro ejército, porque pronto avanzaremos hacia Caracas”. El indio, viéndose impedido de cabalgar, ordenó a su hombre de más confianza, en presencia de Zamora: “Cunaguaro, llame a nuestros hombres pa que se cumpla la orden de mi general Ezequiel Zamora. Yo estoy impedío de montá a caballo. Usté me perdona, mi general, pero enfermo no puedo. En otra ocasión cumpliré su orden al pie de la letra”´.

Fue entonces cuando dijo Zamora: “Está bien, Martín. Váyanse todos, menos “Cunaguaro”, para que lo asista a usted, Espinoza, mientras se recupera”. A la media hora de haberse marchado la legión del herido, lo mandó a traer a la plaza mayor. Había improvisado un Consejo de Guerra para condenarlo a muerte, sin apelación, por los delitos de rebeldía, indisciplina y carencia de moral revolucionaria. A la una de la tarde fue traído a rastras el sedicioso de Río Viejo. Dijo Zamora: “Una sola bala es suficiente para fusilar a un traidor. Llévenlo al pie del samán para la ejecución.


-“Cunaguaro”, le ordeno que cargue su fusil y sea usted, el mejor fusilero del ejército, quien cumpla la ejecución”.


El aludido no pudo negarse, pues de contrariar tan severa orden correría la misma suerte de su jefe inculpado. Con lágrimas de hombre apareció entre la soldadesca. Cargó su fusil y esperó la orden. Un viejo cura apareció y pidió permiso a Zamora para confesar al sentenciado, quien contestó no tener nada de qué arrepentirse que no fuera la mala hora en que siguió a Regino Zulbarán para ponerse a la orden de los mismos godos que violaron y asesinaron a su esposa e hijas.


Pensando en la ambición de Zamora por su valiosa joya , se despojó de su anillo de oro y lo lanzó hacia el pajonal, y sin inmutarse ni permitir que le vendaran los ojos, esperó la orden que el mismo Zamora, espada en mano, dio: ¡Preparado. Apunte. Fuego! El sonoro y certero disparo de “Cunaguaro” se incrustó en la frente del indio rebelde que sin mueca de dolor quedó mirando hacia el frondoso ramaje de aquel enorme samán que históricamente, fue testigo de un fusilamiento insólito, pues el hombre de confianza del ejecutado fue quien tuvo la desdicha de ponerle fin a su tortuosa existencia. Aquella tarde “Cunaguaro” lloró a solas su perra suerte, mientras en silencio juró vengar la muerte de su jefe, de su aliado, de su amigo de siempre.


El día siguiente, 10 de diciembre de 1859, a las tres de la madrugada sonó la diana. Se aproximaba el feroz combate que daría renombre a Ezequiel Zamora y a la Federación. Fue un apoteósico acometimiento en el que los Ejércitos Federales se llenaron de gloria. Los godos oligarcas mordieron el polvo, sonaron los clarines anunciando la victoria definitiva…

“Aviva la candela
el viento barinés
y el sol de la victoria
alumbra en Santa Inés.
¡Oligarcas, temblad,
viva la libertad!”


Ese día, con el despecho en el alma y el remordimiento en el corazón “Cunaguaro” usó su fusil sin control, matando liberales y godos por igual. Todavía no había agotado el odio y las lágrimas de arrepentimiento por haber tenido que ser él, precisamente, el seleccionado para fusilar a su amigo. “Con razón no quiso que yo me fuera con los otros guerreros pa Guanare” –decía mascullando su rabia- A pesar de su dolor, fingió compartir la victoria, pero se decía a sí mismo, en silencio: “el día e pagá, nadie es tramposo. Yo vengaré la sangre que derramé a Martín Espinoza, carajo”.


Aquellas navidades fueron las más amargas para “Cunaguaro”. Ni siquiera el retorno de sus amigos: “Caimán”, “Perro”, “Pantera”, “Onza”, “Tigre” y “León” logró revivir su alegría. Ya no había nada qué asaltar ni a quién matar por placer. Así llegó el día de Reyes de 1959. “Los héroes de Santa Inés” se preparaban para el avance hacia Caracas a tomar el poder.

Partieron una madrugada de Santa Inés y con el atardecer estaban llegando a san Nicolás, jurisdicción de Guanare. Esa noche los vencedores, junto a su héroe serían objeto de un gran homenaje con terneras, aguardiente y música de bandola, cuatro y maracas. “Cunaguaro” andaba atento a todo. Vio a Zamora bailar con una catirita de catorce años, percibiendo que los padres de la niña, cabrones, adulantes y ambiciosos, se la ofrecían al “General del Pueblo Soberano”. Esa noche vio la habitación donde durmió el guerrero, sin ninguna custodia, fácil presa para una fiera.

Al día siguiente, con el atardecer, acamparon en Guanare. Zamora andaba paranoico y ordenó que el fusilero “Cunaguaro” fuera apostado en el campanario del templo para que vigilara cualquier intento de magnicidio en medio de la aclamación popular. “Cunaguaro” trepó con facilidad el campanario con su fusil y con el pecho adornado de una doble canana. No se le quitaba la impresión de haber fusilado a Martín Espinoza, y continuaba con su soliloquio: “el día e pagá, nadie es tramposo. Yo vengaré la sangre que derramé a Martín Espinoza, carajo”.


Amanecía el 10 de enero de 1860 cuando en San Carlos de Austria, el general ordenó tañer las dianas en señal de los preliminares al posible ataque de los godos. Era el aniversario de un mes de la gloriosa gesta de Santa Inés. Una pésima y estridente pieza oratoria del general arrancó arengas en la multitud: ¡Vivan los héroes de Santa Inés!... ¡Viva el general Ezequiel Zamora… viva la Federación! Inmediatamente surgió el coro interpretando el glorioso Himno de la Federación:

“El cielo encapotado
Anuncia tempestad…
¡Oligarcas, temblad,
viva la libertad!”.

En medio de aquel barullo se perdió el fusilero “Cunaguaro”. Mientras las emociones cundían la multitud bulliciosa y la soldadesca se confundía con el pueblo, “Cunaguaro” trepó con facilidad el campanario del templo de San Carlos, con su Máuser y con el pecho adornado de una doble canana. En ese momento Zamora fue llamado para un brindis, a una casa vecina de donde se hallaba despachando. Desde el campanario, el resentido soldado “Cunaguaro” apuntó con la misma puntería que utilizó para fusilar a Martín Espinoza hacia el sombrero hongo donde asomaba la visera del quepis que cubría la gloriosa cabeza del “General del Pueblo Soberano”… ¡bang! … un solo disparo acabó con “La Gloria de Santa Inés”, mientras mascullaba: “Muerto el perro se acabó la rabia”, como dijo él mismo cuando me mandó a fusilá a mi vale Martín: “Una sola bala es suficiente para fusilar a un traidor”.

En medio del bullicio nadie supo de dónde había salido la bala. Todo el mundo se volcó hacia el lugar donde había caído el cuerpo de Ezequiel Zamora Correa. De “Cunaguaro” nunca más se supo nada. Nadie lo echó de menos. Nadie sabe que él había sentenciado al verdugo que lo hizo fusilar a su jefe: “el día e pagá, nadie es tramposo. Ya vengué la sangre que derramé, sin querer, a Martín Espinoza, carajo”. ¡Misión Cumplida, Cunaguaro!

Ahora cabalga solo, huyendo hasta de su propia sombra. En su soliloquio dice: “será que se cumple en mí la sentencia de que el que a jierro mata, a jierro muere, y con qué gusto moriría, después de matá el perro pa que se acabara la rabia… ojalá Dios me dé licencia pa di a buscá en el pajonal de Santa Inés el anillo de mi vale Martín”…

El sol larense reverbera sobre la serranía, y entre cujíes y cardones se borra la silueta del prófugo jinete… el mejor fusilero del ejercito los “Vencedores de Santa Inés”… el célebre “Cunaguaro”… él mismo, todavía ignora su nombre de pila.


Yorman Tovar 

La Colonia-Guanare, 10 de diciembre de 2016
9: 45 P.M. 
(A 256º aniversario de la necesaria muerte de Ezequiel Zamora)

miércoles, 22 de mayo de 2019

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!


CRÓNICAS GUANARITEÑAS

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!
Cierto domingo de 1973 estaba de visita en nuestra casa el paisano-primo Grossman Parra, éste salió para la calle y de pronto entró con un aspaviento: “Asómense un momento… ¡Lo que viene es Eneas!” Todos nos asomamos con curiosidad y nos reímos de la ocurrencia de Grossman. Ciertamente, lo que venía era ENEAS. Se acercaba ENEAS PEÑA, un humilde, simpático e inofensivo anciano, guanariteño genuino, con el nombre del héroe de “La Eneida”, epopeya latina escrita por el poeta Virgilio en el siglo I a. C. continuidad, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya
Nuestro Eneas era también otro guerrero de la vida, pero muy pacífico. Tenía el rostro huraño, con cejas y bigotes poblados y canos, que le daban un semblante de hombre rudo, bajo aquel trajinado sombrerito de paño. Tenía en la voz una gravedad natural, como los experimentados locutores de la buena radio, pero hablaba muy poco. Su diminuta figura la cubría siempre una blusa tipo liquilique y un enrollado pantalón de dril, color kaki o gris, atuendo salpicado de chimó, y sus pequeñas alpargatas, y cargaba siempre un cuartico de ron en un bolsillo. Caballerosamente esgrimía una leve sonrisa cuando lo saludábamos:
-¡Eneas Peña, carajo! … y respondía: -¡Eneas Ramón Peña, a su orden!

Su seriedad y respeto al prójimo rayaba en la tolerancia. Tanto así que no le prestaba atención a las arengas de algunos zagaletones y personas necias que trataban de molestarlo, gritándole: ¡Eneas… cuando lo apretan se mea! Los escuchaba con indiferencia y seguía su lento caminar como si nada.
¡Debe haber vivido entre 80 años o un poco más. Nunca se le conoció concubina ni concibió descendencia. Era más bien un llanero inocente, pero con la indígena malicia del campesino auténtico. Eso sí… un hombre a carta cabal. Lo demostraron sus hechos.

En tiempos otrora en el pueblo se le admiraba por su dos labores especiales: pintor de brocha gorda, con cal y pinturas que él mismo fabricaba con tierra, ceniza, carbón y otras sustancias, mezcla especial para paredes de bahareque; y por ser experto fabricante de trabucos en las fiestas patronales, los cuales hacía con cánulas de bambú verde, llenándolos con carburo y algo de pólvora. Eso sí, era él mismo el encargado de detonarlos. Toda la gente corría y se apartaba para oír la explosión, pero Eneas se quedaba estático, con una sonrisa, esperando el resultado de su ingenio popular.


Siempre se le veía solitario, caminando con parsimonia bajo el tórrido sol guanariteño; y algunas veces en noches de plenilunio, daba gusto mirarlo pasar con las manos hacia atrás. Parecía la imagen del Juanbimba de la tarjeta negra de AD-GOBIERNO para la candidatura de Raúl Leoni en 1963. De vez en cuando le ponía oficio a las manos: pelaba por la carterita de ron, se ajilaba un “palo e músico” y sacaba una pequeña armónica o sinfonía (sustituta del acordeón), la envolvía entre sus pequeñas manos, se la llevaba a la boca, y la arrancaba mientras las notas vagabundas de un viejo bambuco que sonaba en las rock-olas de las cantinas: “métale candela al monte/ que se acabe de quemar, / ya mi china se me fue/ y no sé si volverá”. A pesar de ser bebedor solitario, jamás se le vio acostado en una acera… ¡era un bebedor de vergüenza!

Ya a principio de la década de los 80, una noche veranera, probablemente bebió más de la cuenta para su avanzada edad, y sin saber cómo ni cuándo se acercó al río, y hasta allí llegó su sencilla existencia. Amaneció abollado a la orilla, bajo unos guamos. Por primera vez lo vimos sin sombrero. Su viejo compañero abollaba también junto a una de sus alpargatas. Parecía un muñeco de trapo flotando en las claras aguas veraniegas del río Guanarito. Aquella infausta noche, la luna de Guanarito, sin sospechar el fatídico final de aquel soñador, lo siguió hasta su trágico destino.

A la mañana siguiente, las ya desaparecidas campanas de bronce lo despidieron con melancólicos dobleces, y vimos pasar su entierro de hombre pobre y solitario en un desaliñado cajón mortuorio que donó el Concejo Municipal. Cuando pasó el humilde cortejo frente de la casa de doña Carlota Correa de Mezherane (paso obligado, de la iglesia al cementerio), es probable que, católica como nadie, se halla asomado a la ventana, y seguramente dijo: ¡Eneas, Dios te perdone y te lleve a la eterna gloria!

Por muchos años, después de su muerte, cuando aún en nuestro pueblo no existía el hampa ni la inseguridad, nos parecía ver la diminuta silueta columpiando en la semipenumbra de la noche llanera, y la voz musical de una vieja sinfonía desgranando aquellas notas del bambuco:

“métale candela al monte

que se acabe de quemar,

ya mi china se me fue

y no sé si volverá”

Así fue la sencilla vida de un guanariteño que vivió entre la soledad y la pobreza, pero con el corazón y el alma henchidos de honradez. Nunca pidió clemencia ni mendigó nada, ni siquiera un trago de ron que era su debilidad.

Nota: Por no tener en mi archivo una foto del personaje, ilustro la crónica con una silueta imaginada por mí, y con una gráfica del Puerto "Los Guamos", donde pereció Eneas.


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)
La Colonia-Guanare, 17 de febrero de 2015.
Son las 11 y 58 minutos de la noche.

jueves, 25 de abril de 2019

CRONICA EL REGIONAL PORTUGUESEÑO Evelio Pérez Cruzzatti

Evelio Pérez Cruzzatti 


Evelio Pérez Cruzzatti 
Yo había nacido en enero de 1944, a la orilla de un caño y un jagüey, en un pequeño villorrio de mi bendita tierra portugueseña, bajo la sombra de árboles soberbios y al rescoldo de un hogar sublime e ideal: padre, madre y hermanos. Cuando aprendí a descifrar las imágenes que, con asombro, captaban mi visión y audición infantiles, comencé a distinguir y valorar el canto del turpial y de la paraulata, el campanazo del tucán desde el bosque ribereño, la clarinada del gallo en el amanecer y el bronco ronquido de los araguatos, que me parecían más bien ser del tigre, el cual aún merodeaba furtivo por los tupidos montes aledaños. 

A pocos años, mis padres decidieron mudarnos a Guanare y en el verano de 1948 nos residenciamos en el barrio La Peñita de la mencionada ciudad. Guanare, la bien llamada "Atenas de los llanos", cuna de los Unda, Vásquez, Castejón, capital del Estado Portuguesa, era una pequeña urbe de unas siete mil almas y algo más; cuatro barrios principales: La Peñita, Curazao, La Arenosa y El Cementerio; otros apenas comenzaban a formarse, como el barrio Colombia, en la salida hacia Barinas, y La Coromoto y Maturín, en los que apenas se observaban algunas casas dis persas junto a callejones de tierra y estrechos senderos zigzagueantes entre matorrales y sabanas, mastrantales y guayabitales.

Desde el día de aquel viaje en que arribamos a Guanare, se inicia unta narración de acontecimientos que ya casi nadie recuerda, y que extraigo ahora del libro de mi memoria, tratando de precisar en lo posible los momentos de mayor relevancia en cada caso, relacionándolos con las circunstancias históricas predominantes en aquella etapa de nuestro acontenecer de pueblo y nación. He aquí la narración de los hechos: 



Estando en su más bajo nivel las aguas del río Guanare, al que los indígenas llamaran una vez Guanaguanare o "río de las gaviotas", por la carretera que viniendo de Barinas y Boconoíto, atraviesa las sabanas del `Ave María y Tucupido, llegamos un día a su margen derecha, más arriba `del antiguo "paso de la balsa", en el lugar en que desde entonces se levanta el magnífico puente "Coromoto", el cual en aquellos días estaba siendo pintado del color rojo característico que se utiliza como fondo anticorrosivo, para después cubrirlo del tono plateado metálico que siempre ha tenido. Los hombres trabajando sobre la estructura de acero se me asemejaban, desde lejos, a pequeños zamuros posados sobre la armazón. Pasamos pues por un vado, por la parte sur del puente en construcción, y continuamos el viaje por la colonia agrícola inmediata en la que destacaban las viviendas de familias de agricultores, extranjeros en su mayor parte, europeos que habían traspasado el océano en busca de trabajo, paz y bienestar, lo que en su tierra natal, por circunstancias de la guerra, les era totalmente negado. Luego, en aquella tarde calurosa y soleada, por la polvorienta carretera, al pasar las primeras casas del poblado y la antigua alcabala, arribamos a la "Quebrada de las Piedras". También allí debimos vadear el cauce junto al puente en construcción, iniciado durante aquel fallido ensayo de democracia representativa en Venezuela, tras el derrocamiento del general Isaías Medina Angarita, luego de las elecciones nacionales convocadas por la Junta de Gobierno constituida a raíz de aquel hecho, ocurrido el 18 de octubre de 1945, en las que resultara electo presidente de la nación el ilustre novelista Rómulo Gallegos. Este había designado al señor Oscar Bustillos Casals como gobernador de Portuguesa. 

Las calles de La Peñita y de todo Guanare eran aún de piedras, pero pronto comenzaron a ser pavimentadas con macádam, pues luego del corto período democrático sobrevino el golpe de estado de noviembre de 1948 que derrocó a Gallegos y entronó la dictadura militar con el coronel Carlos Delgado Chalbaud a la cabeza. El señor Bustillos fue sustituido por el honorable señor Hilarión López, araureño, en la Gobernación, pero éste al poco tiempo renunció, sustituyéndole en febrero de 1949 el señor Rafael Pérez Arjona, trujillano, hombre progresista y ponderado, quien inició una serie de obras públicas en todo el Estado, que incluían la pavimentación de calles y aceras, construcción de puentes, la primera urbanización popular de Guanare, que fue el barrio Curazao, con sus avenidas y una fuente ornamental que — ignoro la causa — duró pocos años en la explanada que constituyó el cruce de la Avenida 2 Este con la Calle 7 Norte, hoy cruce de la Carrera Cuarta con Calle 12 del mencionado barrio, lugar por donde pasa empotrada la quebrada de "El Peonío" y que popularmente se ha denominado "La bajada de Curazao", frente a la residencia de la honorable familia Parra Gamarra y parque infantil que se construyó allí en aquella época. También se construyó en la. administración Pérez Arjona la Concentración Escolar "Dr. Melitón Vargas", con comedor escolar anexo. 

Llega el año 1950 y con él sobrevienen graves acontecimientos. Es conveniente reseñar que en este año se realizó el VIII Censo Nacional de Población, según el cual Guanare contaba con 8.143 habitantes; Acarigua, 16.542; Araure, 5.392; Píritu, 2.613; Guanarito, 528; Ospino, 991; Biscucuy, 2.237, y Turén, 3.859. Los datos se refieren a las capitales de los ocho distritos que conformaban entonces el Estado Portuguesa. 

En agosto de este año ocurre el terrible terremoto de El Tocuyo, que repercutió con gran fuerza en Guanare y toda la región y gran parte del país. Recuerdo la extraña sensación de aquel movimiento telúrico, yo estaba en casa en ese momento. Un periodista de la época, destacado educador y poeta, Manuel Pérez Cruzzatti, quien era corresponsal del diario "El Nacional", de Caracas, fue de los que dieron a conocer al país los detalles del alarmante suceso, pues fue enviado de inmediato a cubrir la información desde Chabasquén, población esta que, después de El Tocuyo, resultó ser la más afectada por el sismo. 

Recuerdo también la noticia del secuestro y asesinato del presidente de la Junta de Gobierno, coronel Carlos Delgado Chalbaud, el día 13 de noviembre de aquel año. En la radio y en la prensa resonaban los nombres de Rafael Simón y Domingo Urbina, y el de Marcos Pérez Jiménez, quien sería el beneficiario directo de tales acontecimientos. Igualmente se mencionaban los nombres de los otros miembros de la Junta, Luis Felipe Llovera Páez y Germán Suárez Flamerich. Meses después sustituye a Pérez Arjona en la Gobernación de Portuguesa, el teniente coronel Miguel Nucete Paoli, y al poco tiempo es designado gobernador el doctor Oscar Colmenares Pacheco, de quien se comenta era hombre incisivo y perseguidor, pues hizo ir la cárcel pública a distinguidos ciudadanos de Acarigua y Guanare, acusados de conspiración. Eran los pasos iniciales de la feroz dictadura perezjimenista. 

El año 51 fue de aparente de calma, al menos en Guanare y Portuguesa. La capital continuaba siendo un pueblo olvidado y silencioso; abundaba aún el ganado en los potreros aledaños y las vacas dormían en cualquier lugar, incluyendo las calles del poblado. Muchas casas eran de techo de palma y paredes de bahareque, y la gente acudía en busca de agua fresca a los manantiales de sus quebradas.

Yo había iniciado mis estudios preparatorios en 1949 en la escuelita de doña Trina Delgado, y el primer grado de instrucción primaria lo cursé formalmente, empezando ese mismo año, en la escuela de la señorita Damasita Colmenárez, siendo mi primer maestro el educador Pedro Colmenárez. Allí aprendí a leer y escribir y jamás dejaré de agradecer a quienes me enseñaron las primeras luces del conocimiento. Ya en 1951 era alumno de la Concentración Escolar "Dr. Melitón Vargas", de La Peñita, recién inaugurada, alternando anualmente mis estudios con el Grupo Escolar "Dr. José María Vargas" desde el año 1953 en que fue construido, ubicado entre la avenida Miranda y la prolongación de la Avenida 1 Este, frente a la antigua bomba de Pagua García, hoy Carrera 5ta, Plaza de los Escritores.

Acontecimiento deportivo de gran relevancia fue la carrera automovilística Quito-Caracas, emulando a la anterior Buenos Aires-Caracas. El pueblo guanareño, al igual que en Ospino y Acarigua, acudió en masa a presenciar el espectáculo. Por la Calle Real, Avenida 1 Oeste y Este, entraron rugiendo los bólidos Ferrari, Maseratti, Alfa Romeo y Ford, pilotados por Julio Pola, Atilio Cagnaso, "Tarzán" Hernández, Lino Fayen, habiendo participado como copiloto un habitante de Guanare, Miguel Villavicencio. Pasaron el puente de la Quebrada de las Piedras y salieron a toda máquina por la vía recta hacia Acarigua y la capital de la República.

Momento de gran espiritualidad vivió Guanare en el año 1952. El día 11 de septiembre era coronada la Virgen de Coromoto como Patrona Nacional de Venezuela, acontecimiento de especial relevancia, el cardenal Manuel Arteaga, arzobispo de La Habana, fue el legado papal quien coronó a la Virgen llanera como patrona espiritual de los venezolanos. Grandes manifestaciones de fe religiosa; la Junta de Gobierno toda presente en Guanare y los ministros del despacho. Peregrinaciones, procesiones, "Salve Aurora jubilosa", cántico de fe y esperanza: "Flores de nieve en los Andes / olas de azul en el mar / todo me dice un cantar / para admirar tus bondades..." Dicha coronación se efectuó en un espacio destinado al efecto denominado "Campo de la coronación", en el que se construyó un gran monumento a la Virgen y donde se prometía construir una nueva basílica. Allí está el monumento, frente a la actual Avenida Juan Fernández de León, barrio Sucre de la capital, pero la basílica no. En todo caso, desde entonces queda Guanare confirmada como "la capital espiritual de Venezuela". Posteriormente la Virgen fue llevada en peregrinación nacional por todo el país y a su regreso se organizó un apoteósico recibimiento a la Patrona Nacional.

Hubo un hecho político grave en el Estado Portuguesa en este año 1952, que por ser de tanta significación, el gobierno se ocupó de ocultar en lo posible y censurar cualquier opinión al respecto. Fue la masacre de agricultores ocurrida en Turén, a raíz de un asalto desesperado por parte de éstos a la comandancia y puesto militar de la población. En realidad apenas lo recuerdo, como si hubiese sido una anécdota o un sueño, pero fue todo un suceso trágico en el que Portuguesa y Venezuela regaban una vez más con su sangre, sacrificio y lágrimas el azaroso sendero hacia la libertad.

En lo positivo destaca el entusiasmo popular hacia los equipos de beisbolistas, los famosos teams Guaicaipuro y Deportivo Guanare. En el viejo estadio "Guaicaipuro" de La Peñita, jugaban el zurdo Plata, Rómulo Legones, Ramón Toledo (catcher y zurdo), el zurdo Humberto Alvarado, los jóvenes Darío Albornoz (la mejor primera base y gran jonronero) y José Francisco Cirimele, "El pupilo", quien después pasó al profesional, así como José León Valdez (tristemente finado), Paúl Avila, "El ratón" Jiménez, Miguel "Mono" Bastidas, los hermanos Arroyo y, entre otros, los hermanos Rivas, Rafael "El cuco", "El cuquito" Emiliano y "El cubano" Rosendo.

Se recuerda también gratamente aquella época de oro de la música venezolana, con Juan Vicente Torrealba y sus "Torrealberos", y sus vocalistas Mario Suárez, Magdalena Sánchez, Rafael Montaño, Héctor Cabrera, Pilar Torrealba y otras grandes estrellas como Angel Custodio Loyola y el inolvidable Alfredo Sadel "El tenor favorito de Venezuela". Muy en boga estuvo entonces el famoso "Aguacerito llanero" en la dulce voz de Marisela.

Fue este el año del fraude electoral perpetrado en las elecciones a Constituyente, consumado por el gobierno al ver que los resultados parciales favorecían ostensiblemente al partido Unión Republicana Democrática, liderado por Jóvito Villalba. Era el 30 de noviembre de 1952; nosotros escuchábamos las noticias por la radio; Jóvito ya era virtual ganador. Pero entonces se produjo un raro silencio en las informaciones y todo el mundo empezó a preocuparse. Al día siguiente, 1 de diciembre, se me ocurrió comentar en casa: "Pero bueno, y no ganó URD, ¿pues..?" "Cállese la boca. iUsted no sabe nada de eso!", fue la tajante respuesta. Y quedé tan sorprendido por todo aquello, lo extraño de aquel silencio impuesto, la tensión y el temor que veía en los adultos. El día 2 de diciembre asume Pérez Jiménez la Presidencia Provisional de la nación, y luego, en abril de 1953, se hace proclamar Presidente Constitucional de Venezuela.

Estamos ahora en el año 1953. Ya Guanare cuenta con tres salas de cine, el más antiguo "Guanare Cine" de don Ricardo Mago, así como el "Tropical" y el "Bolívar". Las películas mexicanas son el deleite del público, las series de Flash Gordon, los hermanos Villalobos, el Halcón Negro, el Aguila Negra, y grandes artistas como Jorge Negrete, Pedro Infante, Luis Aguilar "El gallo giro", María Félix, Mario Moreno "Cantinflas", Germán Valdéz "Tin-Tan". Se estrenan las películas vaqueras norteamericanas, con artistas de la talla de Gary Cooper, Burt Lancaster, Randolph Scott, Audry Murphy... Surge el "cinemascope" con filmes a todo color — antes era en blanco y negro—, "Gigante", "Siete hombres y un destino", "La guerra la paz"; "Veinte mil leguas de viaje submarino", de Julio Veme; "La dama y el vagabundo", maravilla del cine animado, de Walt Disney, y se consagra Hollywood definitivamente.

En cuanto a la radio, pues la televisión no figuraba aún, había pocos radio-receptores en Guanare. Recuerdo los famosos "Telefunken", "El Blaupunkt" y "Phillips". De éstos tenían, uno Bartolo Guevara, otro Doña Cristina Alvarado, y otro Ramón Toledo en su bodega "Venezuela". Donde había una radio la gente acudía con interés a escuchar las noticias, las novelas y programas musicales a través de emisoras de la capital. Con claridad recuerdo programas tales como aquel, muy famoso, que se anunciaba así: "Donde el peligrro amenace..., donde la maldad imperre..., allí estarrá... TAMAKUN..., el vengador errante... Todo con un inconfundible acento extranjero de "musiú". Y aquel otro, con su estribillo: "aay, changala, ca-ta-ta-chúngala'ay, chúngala, que va a atender'ay, chúngala, aqui está Bartolo, con su pobre Bachiller..." Era "El Bachiller y Bartolo", serie cómica con el joven actor Amador Bendayán y su "Bodega de la esquina". Y también: "Radiodifusora Venezuela", máxima en potencia y calidad, presenta: "BRINDIS A VENEZUELA" con Víctor Vera Morales, Alfredo Acuña Zapata, Valentín Carucí, Víctor Morillo, "El tricolor de Venezuela". Fue la gran época de Rafael Guinand y su "galerón premiado", de "Frijolito y Robustiana" y de la famosa novela radial "El derecho de nacer", protagonistas: "Albertico Limonta" y "Mamá Dolores".

En aquel año o el siguiente, ocurrió un hecho insólito en nuestra pequeña urbe. En una tarde de verano, con el cielo completamente despejado, las gentes salieron a las calles y patios de las casas pues algo extraño estaba ocurriendo. Se escuchaba un ruido lejano, como el de un motor, desde el espacio, y todos miraban hacia arriba pero no veían nada. Una especie de pánico fue apoderándose de la población, pues no entendian lo que ocurría; luego comenzó a verse una señal como de humo blanco en el firmamento, y muchos pensaron y hasta dijeron a viva voz: "iFin de mundo! iDios mío, perdónanos!" "Virgen de Coromoto, ¿qué es lo que está pasando...?" En seguida se observó nítidamente una letra, la cual era una "P" muy grande, y algunos dijeron o interpretaron: "Prepárense". Seguidamente apareció la letra "E", y entonces vaticinaron: "P.E...", "Peligro", y hasta hubo quienes se arrodillaron, tan atemorizados estaban. Después de graves momentos de expectativa se fue comprendiendo el in-sospechado mensaje que se veía en el cielo guanareño y que no era otra cosa que la muy común palabra "PEPSI-COLA", que un aviador acróbata había dibujado con humo a chorros, dirigiendo su avión. Qué tranquilidad y qué de comentarios, después de aquel gran susto para un pueblo apacible y hasta ingenuo, que jamás había visto algo así ni entendía de "advertising" ni nada por el estilo.

Pasaba 1953 y al iniciarse 1954 Pérez Jiménez se afianzaba indiscutiblemente en el poder. "El gordito del Táchira" le decía el vulgo solapadamente, y desde el vecino país colombiano nos llegaba aquel porro intencionadamente popularizado: "Coronel Marcos Pérez Jiménez / presidente constitucional / elegido por el pueblo / con orgullo nacional..." y en las fiestas y "picoteos" (modismo derivado de "pick up", fonógrafo) y en las rocolas se escuchaba con frenesí el también famoso "Cabeza de hacha': "...arrastrando esta cadena tan fuerte / hasta que mi triste vida se acabe..."

En 1954 prácticamente todos los partidos políticos venezolanos habían sido abolidos; exiliados, presos o perseguidos sus líderes, la dictadura avanzaba sola y firme. En aquel año fue mi primer viaje a Caracas. Ya antes había conocido Turén, "granero de Venezuela''; Biscucuy, pincelada andina en suelo portugueseño; Chabasquén, paraíso de montañas y ríos cantarinos; Guanarito, tierra legendaria, predios del "Silbón", soga y sabana; Ospino, "puerta del llano" anclada en su pasado de casas coloniales; también Araure, la del escudo "Honor y gloria", donde fulguró la espada de nuestro gran Libertador junto a las lanzas de nuestros centauros, émulos de Páez, "El catire", que naciera a la orilla del río Curpa. Y Acarigua, "Perla de los llanos", "Rincón de porcelana", como dijera el poeta Raúl Escalona. Lo más inolvidable para mí fue nuestra gira a Caracas. Un grupo de niños — cursaba yo estudios en el Grupo Escolar "Dr. José María Vargas" — fuimos seleccionados para representar al Estado Portuguesa en un gran festival nacional con motivo de la recién instituida "Semana de la Patria", que coincidía con el 5 de julio, fecha magna de nuestra Independencia. Con emoción evoco la llegada al Hotel del Comercio, las torres del Centro Simón Bolívar, en construcción. Nuestra actuación artístico-folklórica en la Concha Acústica de Bello Monte, hoy anfiteatro "José Angel Lamas". iQué inolvidables momentos de la infancia!

En cuanto al acontecer local hubo sucesos trágicos y tragicómicos que merecen ser reseñados. De los primeros, dos accidentes de tránsito con graves consecuencias: Uno de ellos fue el de un camión que a la altura del caserío "Las Cocuizas" rozó con otro vehículo y se incendió y volcó, pereciendo varios de sus ocupantes, algunos carbonizados y el otro un volteo que transportaba ciudadanos que habían sido reclutados para "apagar candela" en la afueras de la ciudad, según la práctica común en aquellos años de dictadura, y el cual volcó aparatosamente en la salida hacia Barinas, pereciendo también varios de los "voluntarios" transportados, entre los que habían venezolanos y extranjeros. De los segundos, se recuerda el revuelo de la noticia de que un agente de policía que cumplía guardia en el aeropuerto local aseguraba haber visto la persona del Libertador, quien se le había presentado dejándole un mensaje personal para el presidente Pérez Jiménez. Al policía se lo llevaron no sé adónde, y se especuló entonces que el tal mensaje no era otro que el que vaticinaba su derrocamiento, lo cual puso "mosca", como se dice ahora, a la temida Seguridad Nacional.

Otro gran revuelo fue el de la aparición de una misteriosa "sombra" que se proyectaba en las noches tempranas sobre la pared frontal del cementerio de la ciudad, el antiguo, no existía el nuevo. El raro fenómeno se producía noche tras noche, y llegó al punto de que, a pocos días, toda la población se desplazaba alarmada hacia el sitio a presenciar "la sombra". Aquello nunca tuvo explicación satisfactoria, pero las autoridades no se detuvieron a buscarla sino que arremetieron a plan limpio contra los curiosos y acabaron con el zaperoco. 
Ah, pero sí dejó su huella el extraño acontecimiento: "Brusca Maniguá" (Angel de Jesús Rodríguez), quien dirigía el aclamado conjunto orquestal "Unidos de Brusca Maniguá", con músicos como Pedro Miguel Fajardo, Isidoro Plata, Rafael Solano y sus cantantes "Manoneno" (Angel Fernández), Ramón Pérez "El conde de Montecristo" y otros, compuso y arregló una pieza "de actualidad" alusiva al asunto que decía: 

"En el barrio El Cementerio de Guanare 
 todos dicen que están viendo una visión 
 unos piensan y otros creen que no es nadie
 y otros juran que es el ánima del Silbón..." 

Y continuaba con este estribillo: 

"Ten cuidado, niña 
con la policía 
nunca salgas sola 
sal con tu tía..." 

Eran los tiempos de los grandes bailes de carnaval en el famoso Club Social Guanare, hoy casa de Copei, y en el lujoso hotel "La Coromoto". Y las ocurrencias de Brusca: "Señoras y señores, ahora voy a tocarles el vals Contraincendio..., es decir Conticinio", y su "elocuente" verborrea: "...lo que pasa es que hay que tener consideración que para hacer las cosas bien hechas es necesario e imprescindible tener un poco de impercuabilidad de patria, porque si no, la circunstantibilidad que se requiere pierde entonces la esencia impercuable que se necesita... ¿verdá, Pedro! (Se dirigía a Pedro Miguel Fajardo, el insigne violinista, "El mago del violín" como dijera "Pepo" Burgos) y aquél respondía: "Brusca cree que uno no entiende..., que uno es un pendejo..., pero yo sí entiendo, lo que pasa es que me hago el que no sé..." "Brusca" dirigía su conjunto "Unidos" tocando su inseparable cuatro llevando el compás con movimientos alternos de la cabeza. 

En los carnavales de aquellos años fueron electas reinas la muy distinguida señorita Esther Fajardo y la elegante Mélida Mago. Otras preciosas soberanas fueron Aurorita Mago, novia del liceo "Unda", y Fe La Riva, reina de los coleadores.

En el año 1955 graves sucesos conmocionan el país. Uno de ellos fue el deceso del insigne bardo Andrés Eloy Blanco. Perseguido por la dictadura había fijado su residencia en Cuernavaca, urbe cercana a la capital de la nación azteca, Ciudad de México. Después de un acto en memoria del mártir acciondemocratista Alberto Carnevali, en una noche de mayo ocurrió el fatídico accidente cuando un vehículo embistió al que ocupaba el gran poeta cumanés, ocasionándole la muerte. En Portuguesa causó honda consternación tal acontecimiento. Otro hecho que conmovió análogamente al pueblo venezolano fue la súbita y trágica desaparición física del gran narrador deportivo Francisco José "Pancho Pepe" Cróquer. Este ocurrió entre las ciudades de Barranquilla y Cartagena, Colombia, durante una carrera automovilística. "Pancho Pepe", "la voz deportiva de América", era gran aficionado al automovilismo y así encontró la muerte al salirse con su "Maseratti" en una curva del circuito barranquillero. Toda Venezuela lloró sorprendida la despedida prematura de su mejor narrador deportivo de todos los tiempos; en Portuguesa también repercutió con profunda tristeza este lamentable hecho. En 1956 volvió a visitar Guanare el presidente Pérez Jiménez. Esa vez estuvo en el liceo "José Vicente de Unda", pionero de la educación media en el país. Yo estaba allí, y en mi memoria está la imagen del dictador, general de brigada y presidente "constitucional": pequeño, gordito, con lentes de marco negro y grueso, piel blanca y sonrosada — sudaba aquella vez y le vimos sacar un pañuelo para secarse el sudor — y usaba una chaqueta color beige del tipo deportivo y una cristina, no vestía uniforme militar. Ese año también vino a Guanare el aclamado actor y cantante mexicano Pedro Infante. Se presentó en el cine "Bolívar" con el famoso mariachi "Vargas". Entró al local por una pequeña puerta que daba acceso desde la residencia del bachiller Luis Rodríguez Lara, y por allí salió después de su magnífica actuación hacia la residencia del gobernador, doctor Julián Sequera Cardot, por cuya cordial insinuación pernoctó allí en la sede oficial. Sequera Cardot, larense, era gobernador de Portuguesa desde el año 1953 y así continuaría hasta el 23 de enero de 1958.

Con relación al ídolo de la canción mexicana, Pedro Infante, constituyó gran motivo de pesar su muerte accidental, poco tiempo después, en abril de 1957, al estrellar su avión en la ciudad de Mérida, Estado de Yucatán, de su país natal.

En el año 1957 se realiza el plebiscito convocado por el gobierno para tratar de contener las presiones en contra del régimen y como estrategia del dictador para perpetuarse en el poder. Se decide la consulta popular; se presentaron dos tarjetas, una azul para ratificar al Presidente; la otra roja, en contra de su continuidad como gobernante. Nuevo fraude electoral; un nuevo período se asegura, aparentemente, "El gordito del Táchira". Pero en el devenir histórico nacional un ciclo comienza a cerrarse. Extraña conmoción se sintió en Portuguesa y toda Venezuela desde el amanecer del 1ero de enero de 1958; aviones de la Fuerza Aérea estaban ametrallando el Palacio de Miraflores en Caracas. Sin embargo el movimiento fue rápidamente sofocado, aunque tendría sus consecuencias inmediatas, pues desde entonces y a medida que avanza el mes de enero se acentúa la presión de los militares descontentos, la protesta de estudiantes universitarios y el repudio popular. Un ultimátum obliga a Pérez Jiménez a expulsar del país a Pedro Estrada, jefe de la tenebrosa Seguridad Nacional, y a Laureano Vallenilla Lanz, ministro del Interior. Ya el 20 de enero la situación es caótica; el 21 se ordena el toque de queda, estalla la huelga general, se paraliza el transporte. El 22 ocurren violentas manifestaciones en Acarigua y Valle de la Pascua; se combate en las calles de Caracas. La rebelión llega a su clímax, el dictador habla a la nación. Todo está perdido: en la madrugada del día 23 de enero de 1958 el avión presidencial, "La vaca sagrada", surca el espacio desde La Carlota; ha caído el régimen y el Presidente ha abandonado el suelo patrio.

En Portuguesa, desde la madrugada hay gente en las calles, toques de corneta, "icayó la dictadura!". En Guanare las masas se dirigen hacia la Plaza Bolívar y el Palacio de Gobierno. Sequera Cardot se niega a entregar el poder; mediando la mañana son liberados los presos políticos de la cárcel pública, entre ellos: el doctor Pablo Herrera Campins, el doctor Gonzalo Matínez Angulo, el doctor Bosco Barrios y el señor Pedro Miguel González, quienes habían sido trasladados desde Acarigua, y los ciudadanos José de Jesús Torres y Alberto Villavicencio, residentes en Guanare, entre otros. Algunos de ellos mostraban señales de torturas en sus cuerpos. Después, una poblada se dirigió a la sede de la Seguridad Nacional con intenciones de aprehender a los "esbirros", calificativo en boga desde entonces, pero éstos ya habían huido. En la residencia del señor Simón Briceño — "El tamarindo" — se improvisó el primer mitin de la democracia en Guanare. Avanzada la tarde, después de parlamentar, el doctor Sequera Cardot abandona el Palacio de Gobierno. Le vimos entonces salir solo, callado y sereno, vistiendo un flux blanco o crema, y atravesar a pie la Avenida Uno, la Plaza Bolívar frente a la Catedral, y marcharse definitivamente, ante las miradas del público que en ningún momento irrespetó su persona. El jefe militar en el Estado asumió el poder provisional, y en breve lapso la Junta Cívico-Militar de Gobierno de Venezuela, presidida por el joven contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto, aceptó la postulación y designó al doctor Pablo Herrera Campíns como nuevo gobernador del Estado Portuguesa. Se iniciaba así el radiante y esperanzado camino hacia nuestra democracia.


"El Regional Portugueseño" 


RESEÑA CURRICULAR 
DEL PROFESOR EVELIO PEREZ CRUZZATTI


Evelio Pérez Cruzzatti 

Evelio Pérez Cruzzatti (Guanare, 1944). Educador de dilatada trayectoria, profesor de idiomas modernos, comunicador social, folklorista, poeta, compositor, conservacionista, escritor. Como locutor es productor de programas y guiones de radio y televisión. Columnista en diversos diarios y revistas de la región. Autor de varias obras de narrativa y poesía, entre ellas: Bandolazos, Crónicas de provincia, Huellas de provincia, Misceláneas de ayer y hoy, publicados por Monte Avila Editores y la Imprenta del Congreso de la República; coautor de la Antología de la glosa portugueseña.

Ha participado en numerosos seminarios y talleres relacionados con la educación, la cultura de masas, el folklore, periodismo científico y la conservación de los recursos naturales renovables. Ha sido coordinador de Cultura de la Alcaldía de Guanare; es promotor y director ejecutivo de la Fundación Parque Cuatricentenario de esta ciudad, obra actualmente en construcción. Ha participado en todos los Encuentros de Poetas Portugueseños y forma parte de varias antologías poéticas. Tiene en imprenta el libro titulado "Huellas, trochas y caminos", cuentos de llano y leyenda, trabajo narrativo que refleja las vivencias pretéritas de los pueblos de la llanura, e igualmente un importante Glosario de términos y regionalismos de uso común en el llano venezolano, que se vislumbra como un valioso aporte lingüístico al conocimiento del pensamiento y la idiosincrasia de nuestras gentes, y está elaborando otro libro relacionado con un estudio lexicográfico del habla característica y los paradigmas socioculturales del habitante de las llanuras. 


Referencia 


Gobernación del Estado Portuguesa. 1994. Concurso literario Portuguesa y su gente Dr Rafael Roberto Gavidia. Coleccion testimonios N° 4. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Guanare. pp 21-33.

miércoles, 10 de abril de 2019

JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS


JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

Creo que llegó a Guanarito en 1968, cuando llegaron los equipos
eléctricos de CADAFE, cuya planta se instaló a la entrada del pueblo, justo al lado de la casa de familia del desaparecido coterráneo Coromoto Cárdenas. Si no me falla la memoria, creo que nació en Barreras, población cercana a Tocuyito-Carabobo, pues siempre la refería en sus conversaciones. Cuando aún las universidades venezolanas no habían creado la carrera de Técnicos Superiores Universitarios, ya Fuentes había obtenido el título de T.S.U. en Mecánica Diessel, acreditado por una universidad de EEUU. Fue el primer Jefe de Planta que tuvo CADAFE en Guanarito. Allí laboraron entre otros los Peritos Electricistas Luis Enrique Morillo Lucena, Saturno Colina, un amigo de apellido Cedeño, y años más tarde los técnicos Pedro Vásquez y Antonio Umbría Núñez (mi suegro), además de Juancito Ortega (el obrero encargado de la limpieza del área).

A principios del año 1969 mi madre fue arrendataria del restaurante del recordado Guevara, que había fallecido un año atrás. Un día de aquellos ocurrió un accidente con una bombona de gas y el local se incendió. Eladio Crespo Flores, quien era presidente del Concejo Municipal estaba comiendo en aquel infausto momento, salió y prendió su carro, y como a los 15 minutos llegó Jesús Fuentes (jefe de CADAFE) con un camión cisterna y pudo paliar la situación. Desde entonces se hizo nuestro amigo. Por eso afirmo que lo conocimos lo muy de cerca, puesto que mi madre, luego de que nos mudamos para el barrio El Cementerio tenía una casa de bahareque al lado de la nuestra donde ella habita, y se la dio en alquiler a don Jesús, quien además era su cliente comensal. Fue allí donde entablamos una sólida amistad, y de vez en cuando compartíamos un buen whisky, en seguida buscaba un equipo portátil, reproductor de casetes y escuchábamos sus preferencias musicales: Jorge Negrete, Pedro Infante y Los Panchos. Siempre fue un hombre solitario, aunque cordial con quien se adaptara a su firme manera de ser. Hablaba a veces de su familia (esposa e hijos), pero sin ahondar en detalles.

Tiempo después Fuentes se retiró de esa actividad y se dedicó a la agricultura, en una finca que adquirió por los lados de Guanare Viejo; y más tarde se dedicó al transporte de material granular en un viejo volquete que era su dolor de cabeza y su diversión, pues era capaz de desarmar y armar el motor en un solo día.

Siendo agricultor, fue víctima de una emboscada en cayapa, por parte de otros productores envidiosos. Los sujetos planificaron bien la celada. Salieron en una camioneta desde Guanare para Guanarito, y como sabían que Fuentes traía la misma ruta, detrás de ellos, fingieron estar accidentados. Al divisar la camioneta con el capot abierto, Fuentes, experto mecánico y hombre solidario, se detuvo delante de ellos y se propuso a solucionarles la avería, y en lo que dobló la espalda para asomarse al motor le dieron un golpe contundente en la cabeza y huyeron cobardemente, dejándolo tirado en el hombrillo de la carretera, creyendo que lo habían matado, hasta que fue auxiliado por alguien. Esto le costó varios meses de inactividad y le dejó ciertos trastornos cerebrales. Lo cierto es que sus agresores ya murieron y Fuentes todavía está vivito y coleando. Todo lo dejó en manos de Dios, sin pensar en venganzas.

Tenía, por aquel tiempo, unos 60 años, pero también una fuerza increíble, pues alzaba una yanta del camión, con rin incorporado, y de un tirón lo lanzaba a la cachucha del volteo. Otra vez se encontró en la carretera a dos hombres que estaban por despresar un toro que había atropellado una gandola, pero no cargaban cuchillos. Se detuvo Fuentes y los ayudó, y éstos le ofrecieron una pierna, pero entre los dos no podían subirla al camión (cargado de granzón), fue entonces cuando Fuentes la agarró y él solo la lanzó sobre el encerado que cubría el granzón, encendió su camión y arrancó.

Una noche estábamos un grupo de amigos libando cervezas en el bar de Samuel Prieto. En esos llegó el amigo José León Mora (“Morita”), encervezado y hablando con arrogancia. Venía mojado y lleno de barro, y dijo: -le acabo de dar un coñazo a Jesús Fuentes que lo pasé por encima de un charco. Y comentó José Ramón Lucena: -Es probable que Fuentes haya pasado por encima del charco, pero después de zumbar a “Morita” en el barro.

Un buen día se perdió de Guanarito, sin rumbo desconocido. Después supimos que estaba por los lados de Calabozo, remontado en una buena gandola, transportando rubros agrícolas. Dejó una cantidad de cosas, entre ellas unas esquelas de amor, de una dama con la que se carteaba, el diploma-título de TSU en Mecánica Diessel y el retrato que adorna esta crónica, recibiendo un reconocimiento del gobierno regional adeco, pues en el fondo se observa el perfil del profesor araureño Ramón Moreno Delgado (Director de Educación para entonces).

Desde el día de su inesperada partida para no volver, todos los que lo conocimos, nos preguntamos: -¿Y qué será de la vida de don Jesús Fuentes?

Yorman Tovar 

Cronista Popular de Guanarito

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA Andrés Eloy Blanco




!Feliz Domingo a todos mis seguidores!

Yorman Tovar 

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA

“No hay que llorar la muerte de un viajero,
hay que llorar la muerte de un camino”.
(Andrés Eloy Blanco)

POETA, HERMANO QUERIDO,
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

SE MUERE LA FE EN LA GENTE
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO
NI LA MUERTE DE UN CAMINO
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.

I
POETA, HERMANO QUERIDO,

ayer nos dijiste adiós,
por eso calló su voz
el saucelito en el nido,
el perro lanzó un aullido
lastimero, penitente;
muere el pueblo impunemente
sin pan y sin medicina.
Crucificada en rutina
SE MUERE LA FE EN LA GENTE.

II
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA

al pueblo que tú cantabas,
al pobre que consolabas
con humor e inteligencia.
Hoy, Juanbimba en la indigencia
pesa menos que un comino,
va con semblante cetrino
como perro callejero,
como triste pordiosero
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO.


III
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA

transmutada en negro infierno
le hace falta un buen gobierno
de cordura y con decencia,
que cese la delincuencia
del Cuello Rojo asesino,
que el USURPADOR cretino
no diga más: “Soy obrero”…
a él no le importa el viajero
NI LA MUERTE DE UN CAMINO.

IV
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

por puñales de traición
le hacen falta, otro Simón,
y otro Miranda aguerrido,
y otro PAPA comedido,
no un cómplice indiferente,
sino un Prelado valiente
que defienda al pueblo honrado,
que muere desesperado
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.


REQUIEM POR EL PASTOR DE POLICROMÍAS



Y ENMUDECIERON LOS CIELOS,
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!
ESTIBADOR DE ILUSIONES,
PASTOR DE POLICROMÍAS.



I
El fuego canicular
secó el laurel de la fama,
la vela extinguió su llama
y el pincel se echó a llorar,
se negó el sol a brillar,
y contuvieron sus vuelos
las garzas, ya sin anhelos,
sin vigor quedó el follaje,
de luto vistió el paisaje,
Y ENMUDECIERON LOS CIELOS.


II
Y la rosa matutina
de su secreto vergel,
la que fue panal de miel
mitigando su rutina;
-mientras la tarde declina-
se funde en melancolía
en la tersa poesía
de un manoseado cuaderno…
el silencio se hace eterno… 
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!

III
El creador acuarelista
de perenne juventud,
pinceladas de virtud
trazaron su alma de artista
se irguió sobre la conquista
de laureles y ovaciones,
adoctrinó corazones
y los perfiló en el Arte
e implantó su reino, aparte, 
ESTIBADOR DE ILUSIONES.

IV
Escultor de la pureza,
pintor de nombre laureado,
¡oh poeta reservado!
Rapsoda de la tristeza,
tu eterno adiós se embelesa
con cándidas fantasías,
sollozan las armonías
de un cuadro, aún no acabado…
El pincel fue tu cayado, 
PASTOR DE POLICROMÍAS.

Yorman Tovar
6 de abril de 2019

lunes, 8 de abril de 2019

Leyendas Folkloricas del estado Portuguesa: El Silbón Silva Uzcategui, R.D.

Es lo que en Lara llamamos el silbador. En Portuguesa dicen el silbón. Es un espanto que en la época de semana santa da unos silbos muy penetrantes que infunden pavor en las gentes. A un campesino de Lara le pregunté hace tiempo que si el silbador sería un pájaro, y me constestó rotundamente que no, porque el canto de los pájaros no da miedo, y en cambio, el silbido del silbador infunde espanto en quien lo oye.  

Referencias

Silva Uzcategui, R.D. 1955. Provincias Venezolanas: El Estado Portuguesa Guía y síntesis general. Edición fascimil 1998. Gobierno de Portuguesa. 264 pp.

El Silbón de Pedro Quintero García

El Silbón

Termino esta enumeración con El Silbón, conocido también como El FinFin, una de las leyendas populares conocidas como una expresión original de Guanare, cantada por los poetas y divulgada por los historiadores. 

He tenido en mis manos "un retrato imaginativo", dibujado a tinta china por el genial pintor Aníbal Lisandro Alvarado, hijo del sabio, y que me fue mostrado en una eventual ocasión y como no sé a dónde ha ido a parar, me privo de insertarlo en este libro. Aníbal lo presenta de esta manera: "Alta estatura, desgarbado, de pocas carnes, feo de cara, de piel morena cubierta de nutrida pelambre, ojos saltones, bemba de labios carnosos y dientes superiores salidos de los labios". 

Se decía que era más ligero que el viento en sus movimientos, y solía aparecer en tiempos de Semana Santa con una regularidad pasmosa. Recostado en las esquinas, dejaba oír un silbido estridente y prolongado, como si fuera una sirena; según los fanáticos, servía como toque de atención por la muerte de Cristo, como señal de entregarse a la oración y penitencia, como abono a los pecados. Otros más realísticos lo atribuían a una especie de oráculo anunciador de conflictos civiles. 

Por muchos años El Silbón, llamado también El Finfin, fue el dolor de cabeza de la colectividad guanareña, sin que ningún analista cien-tífico pudiera descifrar este misterio. Poco a poco el tiempo fue alejando la presencia de este fantasma, hasta quedar hoy en el recuerdo de los historiadores. Aunque El Silbón se ha convertido en un símbolo de las viejas tradiciones. 

Referencia

Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. p
431.