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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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domingo, 25 de enero de 2026

SEMBLANZA: PEDRO PABLO LINÁREZ RINCÓN (Pedropa)

SEMBLANZA: 

PEDRO PABLO LINÁREZ RINCÓN 

(Pedropa) 

Camacho A., Carlos R. 
Escuela de Educación Facultad de Humanidades y Educación 
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela 
Correo electrónico: ccamachoa.cr@gmail.com




Pedro Pablo Linárez nació el 29 de junio del 1953 en el pequeño pueblo de Chabasquén, estado Portuguesa, descendiente de una indígena Gayona, Petra María Linárez; sostenía que era sobrino de Lisandro Alvarado. Según Linárez (2005), se consideró hombre de pueblo y algunos recuerdos de Chabasquén se remiten a las madrugadas -4 de la mañana- con su abuela Mamá Neña para tender las arepas, cocinar café y poner todo en la marusa, junto a la garrafa del agua para bajar a la casa de Pablo Betancourt dueño de la hacienda de Cerro Mulato para ir a la recogida de café (Oro Púrpura como le decía Julito Mendoza). Rememora el lenguaje tonal de la gente que se comunicaba entre sus silbidos y chiflidos, otros guaruriaban con las manos, y evoca la “deserva” para limpiar el monte de la hacienda de Cerro Mulato. Asimismo recuerda palabras y frases de Chabasquén como: Ni Medio, Polo, Felipa, Teclo, 80 y Vas a beber hoy; el autobús de Chucho; el día que descubrieron petróleo en Chabasquén; cuando apareció el papel “toilette” echando de lado la tusa y el papel periódico; cuando se descubrió en la montaña de El Diviso del Caserío La Pica una cueva con objetos indígenas, ratificando en pasado aborigen de la localidad; al Indio Zoilo con su sombrero de Palo; el candelorio del muñeco de Judas traidor y la lectura del testamento donde dejaba sus pertenencias; el rescate del cuerpo del comandante guerrillero Adrián Moncada. Estudió primaria en el Grupo Escolar de Chabasquén y fue vendedor de “granjerías”. Fundador del primer grupo de exploradores de Chabasquén (1973) junto a José Fernández (Chepina) y del periódico “Renacimiento” junto a Ali Balmores (1976). Fitotecnista egresado de la Escuela Granja “Oscar Villanueva”, en la Colonia Agraria de Guanare Estado 
Portuguesa donde logró invitar a Francisco Tamayo para que hablara de la cosa popular, a Aquiles Nazoa para unas conversas y a J.M. Cruxent para hablar de sus experiencias arqueológicas.

Fue alumno de Luis Arturo Domínguez, folclorista, autor del libro: “Conozcamos nuestro folclor”, dedicado a los niños. De él aprendió sobre dos bailes de turas, o el baile del maíz.  Licenciado en Historia, egresado de la Universidad Central de Venezuela y estudió Arqueología de Salvamento en el Centro de Investigaciones Antropológicas, Arqueológicas y Paleontológicas de la Universidad Francisco de Miranda (CIAAP-UNEFA) en la ciudad de Coro. Especialista en guerra, en palinología que es el estudio de las causas de la guerra y por eso se dedicó hacer arqueología de los desaparecidos y arqueología forense. Maestría en Historia y Arqueología Forense en la Universidad “Cecilio Zubillaga Perera” de Carora estado Lara. Obtuvo el Doctorado Honoris Causa en Historia por la Universidad Philo-Bizantine de Los Ángeles, California, USA. (2001).

Llegó a El Tocuyo en el año 1983 como coordinador del programa de arqueología de salvamento en el municipio Morán estado Lara. Fue creador y director del Museo Arqueológico “J.M. Cruxent” en El Tocuyo Estado Lara. (1999 - 2013) y cronista del municipio Morán, estado Lara. (1999-2012). Coordinador del Programa de Museos Escolares del municipio Morán y Presidente del Instituto de Antropología e Historia de las Riberas del Tocuyo.

Investigador social con especialidad en arqueología, etnohistoria, sociología de la memoria, con una orientación conceptual identificada con los intereses populares y de los pueblos en resistencia contra el poder. Perteneció a una generación disidente que según Rivero, P. (2001), rechazó las propuestas académicas y oficiales, y la historia que nos quisieron imponer.

Sostenía que cada vez sembramos más universidades y cultivamos menos conocimientos, como cultivamos menos plantas; que a uno le enseñan a estudiar boberías porque los maestros no saben nada; “que la Academia hace tiempo murió y sus enterradores no saben que están en sus funerales”. Poseedor de una espiritualidad de trabajo única, invalorable e inquebrantable; constructor de detalles basado en la cotidianidad del individuo de a pie, de un amor y una humanidad compartida; cultivador del respeto y la solidaridad para el bienestar común. En la investigación, valoró la honestidad de las fuentes, recordaba que la cosa más bonita es reconocerle a la gente de pueblo, a los que hayan hecho, reconocerle sus aportes; verdadero nacionalista y revolucionario. Difusor del ideario Bolivariano: “la gloria no está en ser grandes sino en ser útil”. Política e ideológicamente se consideró Marxista. Trabajó con el descubrimiento del Barco Masparro en el río Apure en el año 2010 y el registro de la tradición oral para complementar el registro arqueológico y la documentación escrita sobre el particular; reconoció los aportes indígenas y la marcada influencia africana en las tradiciones llaneras –cultura musical- del occidente de Venezuela. Linárez, P.P (2010) en Linárez, P.P., Mendoza, L., y Alastre, P. (2011). Denuncio el plagio a la verdadera autoría del romancero venezolano “Florentino y el Diablo”. Linárez se consideró un humilde estudioso de las culturas indígenas, por eso convivió entre los pueblos indígenas de la Sierra de Perijá, el Orinoco y con los descendientes indígenas del estado Lara. 

Denunció la invasión académica y militar yanqui en el pensamiento arqueológico venezolano, señalaba que: “Rockefeller financió proyectos, traía antropólogos para explorar cuevas, y le daba chance de explorar toda la zona de la perspectiva petrolera o petrográfica, estudio de hidrocarburos. En el año 1948 llegaron a venir miembro de la misión militar norteamericana como arqueólogos”. Y así mandaron a Cornelius Osgood y George Howard, a estudiar el Lago de Valencia, vino Alfred Kidder II a Lara y el Coronel Lewis hizo excavaciones arqueológicas en los llanos de Barinas. Entonces, empieza el culto a la academia norteamericana, a la universidad de Yale y al Programa Andino de Arqueología de las Naciones Unidas que sustentaba la Fundación Ford y la Fundación Rockefeller. Porque además en el cincuenta y dos (1952) se crea la escuela de antropología y sociología y déjame decirte que: “la crea nada más y nada menos que la CIA porque es para hacer estudios de conflictividad social”. Y a las ciencias físicas y exactas la volvieron leña, todo eso se llamó el proyecto EDUVEN Programa Educativo Universitario. Todos los manuales de hacer cualquier cosa, eran norteamericanos. Es más, eso que nos enseñaron en el liceo, ¿Cómo cree usted que debe incorporarse el indígena a la vida nacional?, eso se mandó en el año setenta, ochenta, noventa, ese era un plan de la CIA, para medir cuál era nuestra capacidad de resistencia en defensa de los pueblos indígenas. Allí es donde ellos empiezan a cultivar la vergüenza étnica, a eso le sumas los historiadores como Guillermo Morón que dicen: “en el siglo XXI no debe quedar ni un solo pueblo indígena sobre la tierra, todo esto debe estar lleno de cemento y civilización”

Pedro Pablo Linárez, vivió muchos años en Caracas y no reportó casa, vivió en muchos barrios. Docente de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) en Caracas. Facilitador en el estado Lara de la especialización en arqueología coordinada por la Dra. Jacqueline Clarac de Briceño (ULA- Mérida) bajo la coordinación de la Universidad Politécnica Territorial “Kléber Ramírez” en Ejido estado Mérida (UPTM). Director y Coordinador del Programa Nacional de Arqueología de los Desaparecidos de la década de los años 1960; miembro de la Comisión Especial creada en el 2005 por la Asamblea Nacional para investigar las desapariciones, torturas y asesinatos de venezolanos en la década de los 60, 70 y 80 y asesor de la Comisión por la Justicia y la Verdad. En este sentido sus investigaciones ayudaron en la reconstrucción de la memoria histórica de las luchas populares, sociales y políticas en Venezuela.

Fue alumno de los maestros Francisco Tamayo; J.M. Cruxent, Miguel Acosta Saignes y Adrián Lucena Goyo; admirador del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano. Hizo arqueología con J.M. Cruxent, quien estudió el trabajo arqueológico de Francisco Tamayo en Falcón, sobre las excavaciones en El Tocuyo; lo reconoce como pionero de la arqueología en Venezuela; validó la Colección Arqueológica  “Francisco Tamayo” (CAFT) y la incluye en el gran catálogo de la Arqueología venezolana que publicó la Fundación Mendoza; asimismo le confesó sobre la existencia de coleccionistas traficantes del patrimonio nacional. P.P. Linárez fue un estudioso y albacea de la vida y obra del “sabio” Francisco Tamayo, así lo consideró él, en el área de la antropología y arqueología, a punto de manejar muchos papeles personales del sabio, custodio de la colección y publicador de su trabajo inédito, del cual se sintió pariente, porque se sentía tocuyano. Sostuvo que: “soy su albacea testamentar, intelectual y toda la fuente de Francisco Tamayo, están en mis manos, porque él tuvo a bien dejármelas” … “yo trabajo en la tierra de Tamayo, yo estoy sobre las huellas de Tamayo, estoy desandando el camino de Tamayo, en lo que arqueología respecta, producto de su investigación seria, ordenada, meticulosa y rigurosa”.

¿Cómo hacer arqueología en el Valle del Tocuyo sin ver a Tamayo? Reconoció en Tamayo la habilidad que tuvo para hacer arqueología y meterse en el mundo indígena haciendo botánica. 

En este sentido, sostuvo que existían dos grupos que defendían a Tamayo: el que lo reconoce como botánico, que son los del Instituto Pedagógico de Caracas: Omar Hurtado R.,; Efraín Moreno y Humberto González, entre otros. Y el otro grupo, que pareciera ser del grupo de Pedro Pablo Linares, que es del reconocimiento antropológico y humanista de Tamayo. También sostiene que Tamayo tenía fama de brujo, porque recetaba plantas a la gente que lo visitaba, que aprendió con los indios y los campesinos y las recomendaban; que Tamayo fue pionero del expedicionismo científico en general y en particular del ambientalista y del género del periodismo literario, y fue pionero del periodismo de opinión; escribió sobre el folclor del Tocuyo; realizó investigación sobre la encomienda como forma de apropiarse de las tierras indígenas.

Reconoce a Alcides Lozada como maestro de Francisco Tamayo y pionero de los escritos sobre Afrodescendientes en El Tocuyo. 

P.P. Linárez, fue curador de la Colección Arqueológica y Etnológicas del Prof. Francisco Tamayo. (1994-1996) ubicada en el Centro de Historia Larense (CHL) en Barquisimeto estado Lara. Después de la derrota militar del noventa y dos: “estuve en el Centro de Historia Larense y les monte una exposición que se llamó Huellas de Francisco Tamayo”. Pedro Pablo Linárez, ratificó que montó esa exposición para que el director de ese Centro le abriera el cuarto de la Colección Francisco Tamayo, que era lo que él quería ver. Y así, logró ver la colección, y se puso a estudiarla, las notas, los dibujos originales de Tamayo, entre otros objetos: “Yo ya tenía muchas cosas de Caracas, cuando él murió, que doña Wensa me dio, dibujos muy buenos”.

Pedro Pablo Linárez confirmó que había trabajado en ese instituto sin ganarse un medio, pero quería trabajar con Francisco Tamayo y abrir esas vitrinas y hacer las mediciones de nuevo, y hacer todas las observaciones: “lo hice todo, el trabajo que se debía hacer, descriptivo”. Y descubrió lo que Tamayo había descubierto: la cerámica de los Ofidiomorfos o la cultura de los Caquetíos y Cerámica Pectiniforme (Tierroide) o de los Gayones.

Asimismo, Pedro Pablo Linárez sostiene que el Prof. Francisco Tamayo rescata la colección arqueológica de Lisandro Alvarado y ahí está en la colección. Según Camacho (2016), en poder de Pedro Pablo Linares quedaron siete inventarios relacionados con la Colección Arqueológica “Francisco Tamayo” (CAFT): un inventario de láminas con cartas dirigidas a/y enviadas por Francisco Tamayo vinculadas a la CAFT; un inventario de láminas, dibujo y foto de la CAFT; un inventario con manuscritos originales del Prof. Francisco Tamayo sobre las características de la CAFT; un inventario con dibujos de la arqueología Argentina y Antiguo Perú perteneciente a la CAFT; inventario de material bibliohemerográfico perteneciente a Francisco Tamayo; un inventario de fotos originales sobre Francisco Tamayo y un inventario de fotocopias sobre documentos relacionados con Francisco Tamayo. P.P. Linárez reivindicó el trabajo arqueológico de Francisco Tamayo y se fue pensando que, dicha colección se había desaparecido o fue vendida y había que solicitar una investigación judicial, porque se trata de un patrimonio nacional.

Camacho (2013). A esto agregamos realizar la debida denuncia al Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) en Caracas. Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Arqueología (A.V.A.). Participó en eventos regionales, nacionales e internacionales, destacando el II Congreso Mundial de Arqueología. Insistió en que para hacer investigación se necesita ser creativo, no se puede hacer ciencia con un lenguaje prestado, de ser así lo que se está haciendo es recreación de conocimientos y saberes. El acto de creación es un acto mayor. 

En este sentido, Arangú (2002) manifiesta que P.P. Linárez aportó conocimientos en el área de la Arqueología (Estados Portuguesa, Zulia, Lara y Yaracuy); Arte rupestre (Estados Lara, Trujillo, Portuguesa, Falcón y Bolívar); Arqueología forense (Estados Lara); Etnomúsica (Estados Lara, Portuguesa y Guárico); Indigenismo (Estados Zulia, Anzoátegui, Bolívar, Lara y Portuguesa); Africanismo (Estados Lara y Falcón); Patrimonio y Legislación (Estados Lara y Portuguesa) y Promoción Cultural (Estados Lara y Portuguesa), ente otros. Responsable de ensayos publicados en diarios del estado Lara (El Informador, El Impulso, El Chasquí); en el ámbito nacional (El Nacional, El Universal y Últimas Noticias), entre otros. Entre las publicaciones de Pedro Pablo Linárez destacan: 

1. “Sones de Negro”. Cátedra Pio Tamayo. UCV. 

2. “Pasos de Camino”. (La música indígena en las montañas del Sur del Estado Lara) (1993). CHL. Barquisimeto; 

3. “Arqueología y Etnohistoria del Estado Lara” (Aportes del Profesor Francisco Tamayo a través de sus colecciones donadas al Centro Histórico Larense) Cuaderno de Etnohistoria N° 2. Junio 1995. 

4. Aportes de Lisandro Alvarado a la Antropología Larense. (1998). UCLA. Bqto. Estado Lara. Colección Tierra Negra. 

5. La Sombra del Amo. Memoria del Siglo XX Tocuyano. (1999); 

6. Antología de Poetas Tocuyanos (2000); 

7. El Alma de Boletín Antropológico. Lara. (Obra Antropológica de Francisco Tamayo) (2000). Bqto. Estado Lara; 

8. Francisco Tamayo. El Tocuyo de 1918 y otros ensayos. (2000) Caracas; 

9. Sitios, Monumentos y Patrimonio Cultural Viviente de El Tocuyo. (2000); 

10. El Tocuyo. Oposición Histórica en Defensa de los Ejidos de la Ciudad de El Tocuyo Estado Lara, Venezuela. (2001); 

11. Raíces Etnohistóricas de la Pequeña y Mediana Industria Larense (2003); 

12. La Lucha Armada en el Estado Lara. (2004); 

13. Chabasquén Puerto Larense. (2005); 14. Orígenes Africanos del Hombre Americano (2006); 

15. Etnohistoria de Humocaro Alto. (2006); 

16. La Lucha Armada en Venezuela (2006); 

17. Desaparecidos. El Rescate de los Asesinados Políticos de los Años 60 en Venezuela. (2007); 

18. Arqueología de las Riberas del Tocuyo (2010); 

19. El Garabato. Fábrica de Armas y Explosivos de la Guerrilla en Venezuela (2011);

20. Descubrimiento del Barco Masparro (2011) y La Insurrección Armada en Venezuela (2011), entre otros. Compilador y autor de varias publicaciones en el área de la antropología y Etnología.

Pedro Pablo Linárez dejó mucho material bibliohemerográfico en el Museo Arqueológico “J.M. Cruxent” en El Tocuyo y en la biblioteca de su casa, incluyendo manuscritos originales sobre antropología, arqueología y la libreta de anotaciones de campo del Prof. Francisco Tamayo, que consideraba patrimonio de la humanidad. Asimismo confirmó haber recibido de manos del sabio Tamayo el diario de Henry Pittier, una libretica menudita y los diarios de Alfredo Jahn.

Finalmente, Pedro Pablo Linárez, siempre quiso volver a su pequeño Pueblo de Chabasquén para devolverle su dignidad, a combatir la tristeza, a encontrarse con sus hermanos, a parrandear, a rememorar las víctimas de la democracia representativa y a suprimir la monarquía que se adueñó del pueblo. Según González, A. en Linárez (2005): “P.P. Linárez no escribió para que lo quisieran … su afán al escribir fue para que no mueran los recuerdo”.

Pedro Pablo Linárez fallece en la ciudad de Barquisimeto el 18 septiembre 2014 por complicaciones de la diabetes y la cirrosis hepática, esta última por su trabajo con excavaciones arqueológicas, que venía padeciendo hace mucho tiempo. 

FUENTES CONSULTADAS

Fuentes orales

Camacho A. Carlos R. (2013). Entrevistas a Pedro Pablo Linárez en

El Tocuyo Estado Lara. Agosto 19 y septiembre 06, 2013 y en

la ciudad de Mérida. Venezuela octubre 19, 2013. En Aportes

de Francisco Tamayo a la Antropología en Venezuela. (2016).

Tesis Doctoral no publicada. Anexos A, B y C. Págs. 289-352.

ULA. Mérida. Venezuela.

Fuentes documentales

Arangú, D. (Comp.) (2002). Pedro Pablo Linárez. Doctorado Honoris

Causa. Aportes a la Antropología y la Historia. [Folleto].

Tipografía y Litografía Horizonte C.A. Lara: Autor.

Camacho A., Carlos R. (2016). Aportes de Francisco Tamayo a la

Antropología en Venezuela. Tesis Doctoral no publicada. ULA.

Mérida. Venezuela.

Linárez, Pedro Pablo (2005). Chabasquén Puerto Larense. Unión

Editorial Gayón. Museo J.M. Cruxent. Chabasquén, estado

Portuguesa.

Linárez, Pedro Pablo (2010). Los Llaneros y la Marcada Influencia

Afrodescendiente en los Llanos Occidentales. En Linárez, P.P.,

Mendoza, L., y Alastre, P. (2011).Descubrimiento del Barco

Masparro. Fundación MRT. Museo J.M. Cruxent. El Tocuyo

estado Lara. Venezuela.

 Rivero, P. (2001) Pedro Pablo Linárez: Hacer Arqueología es como

volar en Papagayo. En Diario El Informador. Barquisimeto 16

marzo 2001.

Referencias Bibliograficas

Camacho A., C. R. (2022). Semblanza: Pedro Pablo Linárez Rincón (Pedropa). Boletín Antropológico40(104), 381-390. https://dn710204.ca.archive.org/0/items/ba-no-104-julio-diciembre-2022/BA%20N%C2%BA%20104%20Julio-Diciembre%202022.pdf

Boletín Antropológico. Año 40. Julio- Diciembre 2022 N° 104. ISSN: 2542-3304 Universidad de Los Andes, Museo Arqueológico, Mérida, Venezuela. pp. 381-390

http://www.doi.org/10.53766/BA/2022.104.02.07

miércoles, 17 de abril de 2019

Cantalicio Reinoso

CANTALICIO JURO VENGARSE DEL GOBIERNO

Ese día decidió subir a La Vigía de Córdoba. Casi al amanecer salió desde su pequeña hacienda llamada La Gurrupera, ubicada a las orrillas de la quebrada El Cumba. Subió por la vereda hasta llegar al pozo del Jujure donde tomó, en el cuenco de las manos, un poco de agua y luego siguió por la cuesta.

Estaban cayendo los primeros rayos de sol sobre los cobertizos de palma de las casas de La Vígia de Córdoba cuando sudoroso llegó a la única y empinada calle de aquel pueblito de las faldas de la serranía frente al río Portuguesa.

Después, lentamente, se dejó venir contando los pasos. Traía el rostro semicubierto por la sombra de la ancha ala del sombrero de cogollo, y las dos manos sostenidas entre la correa y la pretina del pantalón. Pasó por la gallera sin preocuparle en lo más mínimo la algarabía de las apuestas, hasta que una voz chillona rompió el coro altisonante de la riña y dirigiéndose a Cantalicio, le dijo: Mire Reinoso, esa hija suya de ojos de miel va sé pa'mí con su consentimiento o como sea.

Era la voz macilenta del jefe civil del pueblo, llamado Alcibíades Marín, quien se había antojado de unas de las menores hijas de Cantalicio Reinoso, pero este apacible hombre prefirió guardar silencio y continuó la ruta hacia "La Parada", uno de los negocios más populares de aquel lugar.

— A Reinoso como que no le gustaron mucho mis palabras. Eso no im-porta, yo soy el jefe del pueblo y aquí se hace lo que yo diga — dijo Marín y asintió con la cabeza varias veces.

No sabía Cantalicio que su tranquilidad terminaría esa noche, cuando con su oficialidad apareció Alcibíades Marín en su casa, dándole la voz de arresto y de inmediato ordenó amarrarlo en el botalón del corredor de la casa.

Después pasó al cuarto de las mujeres donde muertas de pánico for-cejeaban ante los apretones de los policías que las sacaron al corredor y al frente de su propio padre una a una, las fueron violando.

— ¡Métanle candela a esos ranchos! — ordenó despectivamente Marín— iy de paso se lo traen preso! ¡En La Vigía los espero, muchachos! — y sin dar tregua le metió las espuelas al caballo al mismo tiempo que haló la brida y el ruano chaceó briosamente.

Al poco tiempo subía Amador Colmenares y el resto de los oficiales con Cantalicio amarrado por la nuca.

Al único calabozo que había, en la jefatura del pueblo, fue llevado, pero Cantalicio no encontró ninguna razón para explicarse aquel atropello, hasta que una noche lluviosa y fría cuando la neblina entraba por la rendija de la puerta, le vino un momento de ira y juró vengarse del gobierno.

— ¡Por Justa Reinoso, mi madre santa, juro no trabajar más nunca hasta que me vengue de esos desgraciados! — exclamó en la cómplice oscuridad de la noche.

Como para esa época eran los revólveres baratos y los vendían en las pulperías, compró uno, y al salir de la cárcel se unió a los Vargas y a los Torres quienes ya andaban en armas contra el general Leonidas Morillo que también se había ensañado contra Pedro Vargas y toda su familia.

Pasaban los días y los revolucionarios, junto a Cantalicio, estaban planeando la pelea. Las noches se hacían largas esperando el anunciado día en que los Vargas tomarían a Córdoba, hasta que por fin una tardecita llegaron y tomaron la jefatura del pueblo donde sólo consiguieron a Amador Colmenares, a quien amarraron y dejaron a Miguelito Torres cuidándolo. A éste le tocamos el violín más tarde — dijo Cantalicio —mientras tanto yo voy con mi gente a La Cuchilla, a casa de Cruz Valera, a cobrar unas cuentas pendientes con Pablito Pargas el que nos mató a "Winchester".

—Pablito Pargas, no sé por qué razones — dice Lucas Pargas — mató a ese Winchester, que era de los Vargas y después se fue a San Fernando de Apure donde su tío José Vicencio Pérez Soto, que era presidente del Estado, lo protegió por mucho tiempo. Además, en la casa de don Cruz Valera estaba su hija María Francisca, que había sido jembra de ese Alcibíades Marín.

Todos los hombres se habían ido, sólo mujeres quedaban en la casa grande de la trilla de Papa'Cruz, entonces dijo Cantalicio:

— Nos tendremos que vengar con las mujeres de ellos.

Mientras que María Francisca y Emilia Rosa se escondieron debajo de la cama, Olimpia quedó al descubierto y Mama'Meye, que era comadre de Cantalicio, se quedó en la puerta a manera de defender a sus hermanas.

— ¡Eso si que no, compadre Reinoso! ¿Cómo va a tirar estas mujeres inocentes? ¡Enfrente a los Pargas o a Luis Conde, pero con ellas no se meta! le dijo Nicomedes Linares.

Después regresaron Cantalicio y Jesús "El Picure" al pueblito y se encontraron con la noticia de que Miguelio Torres había soltado a Colmenares, persuadido por Manuel García.

Todo aquello había empezado porque el general Leonidas Morillo, hijo de los ricos de El Tocuyo y representante del gobierno gomecista, había humillado demasiado a la humilde familia de los Vargas, quienes para mejorar sus vaquitas intentaron cruzarlas con los toros padrotes de Morillo y éste, disgustado, mató la vaca preñada de la escasa cría de aquéllos. Por eso el corrío dice:

Que la guerra de los Vargas
en la montaña empezó
por una vaquita flaca
que Morillo les mató.
Tiro, tiro, tiro, tiro, tiro
yo que en la montaña empezó.

Esa era una gente trabajadora, Pedro y Robertico, que eran los más afamados, buscaron a los Torres, quienes habían vivido
una historia semejante, y mucha gente los acompaño a esa guerra.



Eso dijo Robertico
cuando iba a pasar el puente
ahora es que van a saber
que los Vargas son valientes.
Eso dijo Robertico
cuando iba a pasar el río
ahora es que van a saber
si los Vargas tienen brío.

Pero Morillo decidió resolver su problema personal de mal vecino y miserable hacendado valiéndose de sus influencias con el Gobierno a través de su primo hermano Vicencio Pérez Soto, que era presidente del Estado Portuguesa, y juntos iniciaron la persecución a los hermanos Vargas, quienes se le enfrentaron en la quebrada de El Charal.

— Yo no sé por qué razón — dice Lucas — en esa pelea andaba don Manuel García. Yo no sé por qué él estaba al lado del Gobierno, pero también andaba mi padrino Pablo, que venía a San Fernando, después de la muerte de "Winchester". Parece que don Manuel era criado y ahijado del general Morillo.

Dicen que a Robertico lo mató mi padrino Pablo. No sé. Otros dicen que fue Manuel. Lo cierto es que Manuel García se presentó ante Pérez Soto con el revólver de Robertico. En esa pelea Pedro Vargas se fue muy mal herido y murió cerca de Chabasquén.

El general tocuyano Vicencio Pérez Soto mandó a hacer una fosa común, detrás de donde hoy está la Comandancia de Policía de Córdoba y después citó a toda la gente del pueblito y de los caseríos para que presenciaran el fusilamiento.

Unos de aquellos hombres que iban a fusilar era tuerto y no permitió que le colocaran la venda en el ojo sino que se colocó la mano. Pero yo no sé por qué razón. Cantalicio se escapó, entonces cuando ya estaban todos ahí. Mi tía Nicomedes (Mama'Meye) que era la que se atrevía a hablar, protestó aquella masacre diciéndole a Pérez Soto

— ¿Ese es el ejemplo que usted quería que viniéramos a ver? ¡Así no se matan los hombres!

El resto de los Vargas que se escaparon, menos Cantalicio, los agarraron cerca de Chabasquén, los despacharon a Guanare donde fueron igualmente fusilados en la parte de afuera del cementerio, convirtiéndose hasta hoy en las ánimas más milagrosas de aquel campo santo.


Tiro, tiro, tiro, tiro, tiro yo
que la guerra de los Vargas
en la montaña quedó.

LOS REVOLUCIONARIOS ASALTAN A BISCUCUY


Después que los revolucionarios se retiran a Córdoba ante la represión del Gobierno, al mando del general León Jurado quedó en Biscucuy una guarnición de cuarenta hombres acantonados para continuar la persecución a los revolucionarios. Bajo la jefatura del capitán Polo y el teniente Mónico Castillo estaba aquel pelotón de chácharos gomecistas, quienes orientados por las denuncias e intrigas del coronel Germán N. Uribe salían a perseguir a los campesinos, a quienes le quemaban sus casas por participar o apoyar a la revolución, hasta que Sandalio ManoLan y Cantalicio Reinoso se obstinaron y decidieron darle una lección. Aquellos rebeldes compañeros de Gabaldón no habían entregado las armas ni se quisieron poner a las órdenes del Gobierno. Sólo esperaban el momento oportuno para la acción política y militar, a partir de los informes que sus amigos le suministraban. Mientras tanto, desde su casa frente a la plaza y diagonal a la jefatura civil, el maestro Gamarra observa los acontecimientos de uno y otro bando.

Sabían estos revolucionarios, por informes fidedignos, que el batallón del Gobierno se entrenaba físicamente todas las madrugadas con fuertes ejercicios corporales y, como dato curioso, para esos efectos no portaban las armas de reglamento. Así fue que decidieron asaltar al pueblo por los cuatro costados. Por el este y sur entraría Mano'Lan y Leopoldo Rivero, por el norte Sandalio Linares y Sótero Parra y por el oeste entraría Cantalicio Reinoso y sus seguidores, luego de asaltar al caserío Palo Alzado.

Por la noche del último de febrero de 1930, los pobladores de Biscucuy bajo la entusiasta dirección de don Simón Alzuru y Francisco Bustillos Casals organizaron una fiesta de disfraces a propósito de las celebraciones de carnaval, donde participaron muchísimas personas conocidas y desconocidas.

Efectivamente, así se hizo. Toda la noche fue diversión, después de casi un año de zozobra y amedrentamientos de Mónico Castillo y el coronel Uribe, hasta las tres de la mañana cuando por las frescas calles se fueron retirando los pobladores, no sabiendo que sorpresivamente una hora más tarde, una descarga con máuseres despertarían ensordecidamente a quienes apenas colgaban sus ropas de fiestas.

Todas las armas dirigieron la mira contra la guarnición donde estaba residenciado Uribe, pero curiosamente esa madrugada no entrenó el ejército "porque tal vez había notado algo extraño en la noche, al observar que había muchos desconocidos en el pueblo", dice el maestro Gamarra.(1)

Pero Uribe y su secretario Potentini huyeron por el techo de la cárcel hacia la casa de Alto, donde estaba acantonado el gobierno, la tropa es-taba atrincherada en el piso, mientras que el capitán Polo, jefe de la guarnición, al oír los primeros disparos abandonó el pelotón y salió des-nudo hacia la playa del río, y el teniente Mónico Castillo hizo frente hasta las horas del mediodía, cuando cesó el fuego y se retiraron los revolucionarios, quienes se llevaban herido a "Montañita", hijo de Mano'- Lan, a quien dejaron oculto en una casa amiga, en Quebrada Negra de Chabasquén, pero el gobierno descubrió su escondite, bajándolo mal herido hacia los calabozos de la casa de Gobierno en Biscucuy, donde murió este muchacho, de apenas 14 años, sin prestarle ningún tipo de auxilio.

Como a las cuatro de la tarde, don Elías Sereno Fernández, Pedro Azuaje, Pedro Sánchez y el maestro Gamarra recogieron los muertos y los depositaron en un caney que servía de iglesia. Entre los muertos se encontraba el cabo Mujica, del Gobierno; Eugenio Oconto, de los revolucionarios, y los civiles Ponciano González, un mudo y Ramón Raga.
— Igualmente tuvimos que salir en busca del capitán Polo — dice el maestro Gamarra — quien se había refugiado en el cambural de don Marcos Olavarrieta, vistiendo únicamente su ropa interior. El señor Olavarrieta le facilitó unos pantalones y una camisa para que se vistiera y, acompañado de un grupo de civiles, lo entregaron al cuartel, desde donde lo despacharon al día siguiente con una comisión, al mando del comandante Blanco, para Humocaro Alto. De no haber sido por Cantalicio, quien se retrasó en la acción de Palo Alzado, las cuentas con Uribe se hubiesen saldado, pero el flanco oeste quedó desguarnecido al momento del asalto, dándole oportunidad a Uribe de escaparse.

CANTALICIO REINOS() CAE PRISIONERO Y ES LLEVADO A GUASINA

El maestro Gamarra siempre fue un testigo excepcional. Esta vez hubo una triste escena allá en su casa, frente a la plaza, en el pueblo de Biscucuy. El viejo guerrillero, Cantalicio Reinoso, enfermo de paludismo y una pierna ulcerada en grave estado, se había dado cita con un abogado, tío de Gamarra, llamado Pedro Delgado Lozano.

En una de esas tantas noches sobresaltadas de su vida, una culebra macaurel le había mordido esa pierna ulcerada y ante la imposibilidad de "algún tratamiento médico, decidió quedarse quieto hasta que el reptil murió cansado de morder. Así salvó la vida y por eso, por los rastrojos del río Zagual, llegó renqueando a la casa de Gamarra, donde "le manifestó al tío Pedro que venía con la intención de entregarse a las autoridades, pues se encontraba muy enfermo y cansado de huir".(2)

Cayó Cantalicio sin disparar un tiro — contaba Guillermo Gamarra Ma-rrero— sin pena ni gloria. La entrega fue triste de este solitario guerrillero que añoraba la vida, la libertad y de paso creía en la justicia, en el derecho a la defensa.

— Se despidió de nosotros despojándose de una bolsa de lona que traía terciada, donde portaba un revólver 44, con 50 tiros, y se lo entregó a Juan Durán, quien salió al frente de mi casa y le dio la orden de arresto.

Fue llevado amarrado, boca abajo, a Guanare, donde lo internaron en la Cárcel Pública y sin fórmula de juicio, sin derecho a defensa, lo mandaron a Guasina, la tristemente célebre isla del sur de Venezuela, que más tarde se consumió la vida de muchos venezolanos, entre los que se destaca el poeta José Vicente Abreu.

Contaba Cantalicio que aquel lugar debía llamarse "El fin del mundo" y que ahí mismo estaban sobre las topias ennegrecidas las mismísimas pailas del infierno.

Si el verano era terrible, más desgraciados eran aquellos interminables días de invierno cuando la isla se inundaba y Cantalicio sobrevivía encaramado en los árboles.

¿Con qué se alimentaba aquel hijo de Dios?

— De nada —respondía él mismo — . A veces bajaba de los árboles y comía verdolaga y pira.

En aquel infierno duró dos largos años hasta el 12 de febrero de 1943, cuando salió en libertad gracias a las gestiones del abogado Alirio Ugarte Pelayo, hijo del general Gabaldón. Este generoso guanareño, quien junto a su coterráneo Miguel Ferrer Viera, le trató para curarle la pierna ulcerada de aquel muerto andante allá en el Castillo de Puerto Cabello.

Después de trasladarlo al Hospital "José Gregório Hernández", de La Pastora (Caracas) fue atendido por varios guanareños pasantes entre los que se recuerda el doctor Gonzalo Martínez Angulo.

LA ALBORADA CON NUEVOS HIMNOS 


Después de la primera huelga campesina surgió un poderoso movimiento sindical liderado por aquellos hombres militantes del Partido Comunista de Venezuela; quienes se distribuyeron en las aldeas y caseríos de las riberas de El Tocuyo, sembradas de esa caña que endulza el espíritu de los amos y amarga la vida de aquellos descendientes de esclavos. Fue una larga jornada de dos décadas, desde 1936, donde los sindicatos campesinos eran verdaderos centros de formación y toma de decisiones colectivas. "Los locheros", llamaban despectivamente los amos a los dirigentes del Partido, por la cuota de doce céntimos y medio que aportaban los obreros para las finanzas de sus organizaciones. Pero vino la dictadura de Pérez Jiménez y con ello la persecución de estos soldados de la causa del proletariado, quienes debieron pasar a la clandestinidad.

De pronto, desandando por la vieja ciudad histórica, flor de piedra del siglo XVI, apareció Cantalicio Reinoso, vivito y coleando, maltratado por los años y la guerra, ahora convertido al comunismo. El máuser y su marusa con el Smith Wesson ya no carga, ni siquiera su buscado apellido, simplemente Antonio Rodríguez le dicen en el asilo de San Antonio, donde se refugian los ancianos desamparados. Pero al poco tiempo los comunistas de El Tocuyo saben que el hombre que está en el asilo no es ningún Antonio Rodríguez sino el mismísimo Cantalicio Reinoso, quien en su pierna derecha guarda cuidadosamente las siete picadas de culebra que lo delatan. Por las tardes Fulvio Rodríguez, Ramulfo Peralta, Arévalo y Rafael Rodríguez lo visitan y le dan noticias del acontecer del país. Antonio Rodríguez, tan subversivo, como siempre, no confiesa su identidad y sólo responde entre dientes — "La lucha es contra los amos de este país que no dejan a nadie trabajar".

A los pocos meses un pequeño grupo de hombres llevan el cuerpo yerto de esta leyenda viviente al cementerio de Los Yabitos, mientras el rojo estallido en el cielo despide la tarde de esta Venezuela injusta, ahora mancillada por una dictadura.



(1) Notas de Fernando Bambey. Titulado "Del pan pobre a Guasina", p. 2 (entrevista al maestro Guillermo Gamarra Marrero. Caracas, 1984).

(2) Conversación sostenida con el maestro Guillermo Gamarra Marrero en 1977. Publicada por el testimoniaste en la segunda quincena del mes de febrero de 1978 con el título de "Del asalto a Biscucuy", en el periódico El Serrano, dirigido por el periodista Ramón Salcedo Arteaga.

PEDRO PABLO LINAREZ:

Nacido en Chabasquén, cursó estudios de Historia en la Facultad de Humanidades en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Arqueología en el Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Paleontológicas de la Universidad Nacional Esperimental Francisco de Miranda bajo la tutoría académica del doctor J. M. Cruxent.

Ha dedicado buena parte de su tiempo al estudio de las comunidades de descendientes aborígenes y afrovenezolanos. Por estas razones ha convivido entre los pueblos Wayuu, Kariña, Yukpa, Añu, Piaroa y Mapoyo y entre los grupos afrovenezolanos de Barlovento, Zulia, Falcón, Lara, Yaracuy y Aragua.

Actualmente dirige el Centro de Investigaciones Etnohistóricas, en el Estado Portuguesa, desde el cual organiza la exposición museográfica sobre la cultura aborigen regional del Museo de los Llanos.

Algo más, cronista oficial de su pueblo natal.


Referencia 

Gobernación del Estado Portuguesa. 1994. Concurso literario Portuguesa y su gente Dr Rafael Roberto Gavidia. Coleccion testimonios N° 4. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Guanare. pp 9-19

martes, 24 de septiembre de 2013

Crónicas y cronistas de las provincias de Guanaguanare, cerrillos y laguna de Caranaca

Este es un sitio de encuentro para las crónicas y los cronistas que han desandado por esta mágica tierra de ríos, llanos, colinas, paramos y montañas. 

Comentaremos sobre literatura, artículos  documentos, mapas, sus autores y demás elementos que sean de interés para el conocimiento de nuestra historia. 

Trataremos de digitalizar la mayor cantidad de información, a modo de artículos de libros que tenemos en nuestro archivo.  

A esta tarea divulgativa invitamos a todos aquellos que amen nuestro terruño y queramos dar a conocer nuestro devenir histórico. 

Rendimos un homenaje a todos los que con su pluma, cámara, acciones; han insistido y buscado que quede impresa un retazo de la historia para que todos entendamos de donde venimos y orientemos nuestro rumbo a un futuro en el cual seamos humanistas y tratemos en lo posible de dejar el mundo mejor que como lo encontramos. 

Cualquier artículo, comentario, dato que sea de interés y que este enmarcado en el espíritu de este blog, puede ser remitido a llanoextremo@gmail.com.