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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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sábado, 31 de enero de 2026

Crónicas Guanariteñas ADIÓS, MARLENE MIRWALD

 Crónicas Guanariteñas


ADIÓS, MARLENE MIRWALD

Yorman Tovar

Marlene Mirwald
Y llegaron a nuestro pueblo. Primero Pedro Mirwald, con parte de su prole: su esposa y dos hijos, pues los otros nacieron en Guanarito. Poco tiempo después llegó su hermano Adolfo Mirwald con su cónyuge Mercedes Jiménez, y sus cinco hijos: Zulay, Gustavo Adolfo, Marlene, Otto y Sigfrido. Adolfo venía de residir y trabajar en uno de los poblados de la Colonia Agrícola de Turén. Lo cierto es que estos dos alemanes se destacaron como expertos mecánicos, sobre todo, en maquinarias Diesel, y así forjaron, simultáneamente dos familias, con criterios de buena ciudadanía y hombres y mujeres útiles a la sociedad. 


En la familia Mirwald Jiménez, se han destacado en las artes del canto y la música tres de ellos: Zulay, Marlene y Sigfrido, formados en la Casa de la Cultura José Luis Cabrera. Sobre todo, MARLENE (nacida el 26 de abril de 1967), quien, por poseer una exquisita voz, formó parte del equipo fundador de tres agrupaciones adscritas a la Casa de la Cultura: el “Grupo Pilón” de música folclórica, la “Coral de Guanarito”, para ocasiones cívicas especiales, intérpretes en grabación del Himno del municipio Guanarito, y también de “Los Cabresteros de Guanarito”, cuya especialidad fue el rescate de los cánticos de aguinaldos. Con su exquisita voz participó en la grabación de un álbum de varios artistas, en el que grabó el pasaje “Hoy hablé de ti”. Todas estas agrupaciones fueron dirigidas por el maestro guanariteño Luis Camacho Polo, quien tomó en cuenta sus dotes cantorales para incorporarla como miembro de la Coral de la UPEL-Guanare. En ese mismo ámbito musical, laboró como docente de aula y en educación musical en la Escuela Básica “Portuguesa” de Guanarito, donde obtuvo su jubilación.


Desafortunadamente, desde hace algunos años, una penosa enfermedad comenzó a minar su salud y a pesar de su fuerza espiritual y de los esfuerzos de la ciencia, no logró superarlo, por lo cual falleció el 22 de enero de 2026. Su voz en el tiempo seguirá retratando su presencia en las instituciones y en la gente en cuyos corazones sembró la generosidad de su íntegra persona. 

Paz a su alma. El Todopoderosa la acoja en su reino.


En Marlene Mirwald, guanariteña,

mestizaje de criolla y extranjero, 

 siempre brillaron con bondad risueña.

Rasgos de Europa y casta del llanero.


 Ella cantaba con amor lo nuestro, 

pues tuvo, cual llanera, el alma pura, 

y Guanarito, como buen Maestro 

le enseñó con pasión nuestra cultura. 


Marlene Mirwald, franca y amistosa, 

fue una cayena, dulce y candorosa 

en el jardín de la amistad sincera


Hoy mi verso de luto, en despedida, 

enaltece lo grande de su vida, 

¡Murió un vergel de canto en primavera!


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)

La Colonia-Guanare, 23 de enero de 2026.

viernes, 5 de noviembre de 2021

ZONNY MANUEL LEÓN FRÉITEZ… EL PEDAGOGO DE LOS CAPACHOS

TROVAS DE TRAVESÍAS
ZONNY MANUEL LEÓN FRÉITEZ… EL PEDAGOGO DE LOS CAPACHOS


Se iniciaba la década de los 70 cuando la Dirección de Extensión Cultural del estado Portuguesa bajo la coordinación del profesor guanariteño Rafael Parra Pinto comenzó a difundir la música llanera a través de un sencillo proyecto conocido como El Teatro Móvil, un camión Dodge gris con la identificación en las puertas. Un camión-Escenario conducido por José Manuel León o Cheo León “El Gavilán de la cumbre”, un sencillo cantante y compositor de la parte alta de Ospino.
Este proyecto constaba de un conjunto llanero conocido como “Los Turpiales del llano” por donde pasaron dos famosos arpistas: Pedro Castro y Ramón Coromoto Martínez. Como cuatrista Inés Castro, y entre los maraqueros que allí actuaron figuraron Jorge “Condorito” Guédez, Hernán Torrelles y José Cheo Ramírez; como bandolista Rómulo Galea, quien a la vez hacía pareja de baile con su esposa Rita Lozada; como contrabajista el indio Teodoro Yústiz, y los dos cantantes estelares eran Julio Frías y el mismo chofer Cheo León. El primer animador y director del conjunto era el piriteño Ángel Graterol Oropeza “El Caballero del llano”, más tarde sustituido por Rafel Solórzano y luego por Florentino García; y –por supuesto- un técnico de sonido, el más jovencito de la partida ZONNY LEÓN, hijo del chofer y cantante, con quien guardaba una extraordinaria semejanza, no solamente en el parecido físico sino también en aquel espíritu pleno del buen humor y el chiste oportuno. En este peregrinar por todos los rincones del estado Portuguesa y otras regiones, Zonny aprendió a defenderse con la bandola, con instrucciones de don Rómulo Galea, pero se destacó más como fino maraquero, alcanzando participación en festivales y actos de renombre en el folclor llanero.
Así conocimos al muchacho que más tarde se convertiría en un docente emprendedor. Primero a nivel de educación media y más tarde en educación superior, figurando como Profesor a Dedicación Exclusiva, con posgrado de la UPEL, después de haberse graduado en ella cuando era el Instituto de Mejoramiento Profesional de Magisterio. Después de laborar en Guanare, a petición de la administración central en Caracas, se abrió un concurso de oposición en el cual resultó victorioso y laboró hasta su jubilación en la capital de la República.


Uno de sus trabajos de ascenso en el escalafón universitario, como docente de música fue uno que difundió en diversos escenarios académicos en compañía de su colega Jesús Figuera. Este trabajo incluía todo lo referente a la ejecución de ese instrumento aborigen. Mientras Jesús Figuera iba mencionando los pasos de la ejecución Zonny iba ejecutándolos en sus maracas.
Además de buen docente, era extensionista y buen investigador de las raíces de la pluralidad musical venezolana. Después de padecer una larga enfermedad, hoy 5 de noviembre fallece a la edad de 67 años. Todavía tenía mucho que enseñar y qué producir este brillante portugueseño. En nombre de mi familia hago llegar una sentida y sincera nota de pesar a su viuda Hilda Vespa de León, a sus hijos y todos los familiares.
De Guanare hasta Caracas
la música hizo cabriolas,
un sollozo de bandola
junto a un réquiem de maracas;
la Quirpa y la Guacharaca
y el seis por numeración
lloraron junto al bordón,
y el cuatro vistió de duelo
cuando se elevaba al cielo
el alma de ZONNY LEÓN.
¡Paz a tus restos!... ¡Dios te reciba en su trono!
Yorman Tovar.
La Colonia-Guanare, 5 de noviembre de
2021.

miércoles, 22 de mayo de 2019

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!


CRÓNICAS GUANARITEÑAS

¡LO QUE VIENE ES ENEAS!
Cierto domingo de 1973 estaba de visita en nuestra casa el paisano-primo Grossman Parra, éste salió para la calle y de pronto entró con un aspaviento: “Asómense un momento… ¡Lo que viene es Eneas!” Todos nos asomamos con curiosidad y nos reímos de la ocurrencia de Grossman. Ciertamente, lo que venía era ENEAS. Se acercaba ENEAS PEÑA, un humilde, simpático e inofensivo anciano, guanariteño genuino, con el nombre del héroe de “La Eneida”, epopeya latina escrita por el poeta Virgilio en el siglo I a. C. continuidad, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya
Nuestro Eneas era también otro guerrero de la vida, pero muy pacífico. Tenía el rostro huraño, con cejas y bigotes poblados y canos, que le daban un semblante de hombre rudo, bajo aquel trajinado sombrerito de paño. Tenía en la voz una gravedad natural, como los experimentados locutores de la buena radio, pero hablaba muy poco. Su diminuta figura la cubría siempre una blusa tipo liquilique y un enrollado pantalón de dril, color kaki o gris, atuendo salpicado de chimó, y sus pequeñas alpargatas, y cargaba siempre un cuartico de ron en un bolsillo. Caballerosamente esgrimía una leve sonrisa cuando lo saludábamos:
-¡Eneas Peña, carajo! … y respondía: -¡Eneas Ramón Peña, a su orden!

Su seriedad y respeto al prójimo rayaba en la tolerancia. Tanto así que no le prestaba atención a las arengas de algunos zagaletones y personas necias que trataban de molestarlo, gritándole: ¡Eneas… cuando lo apretan se mea! Los escuchaba con indiferencia y seguía su lento caminar como si nada.
¡Debe haber vivido entre 80 años o un poco más. Nunca se le conoció concubina ni concibió descendencia. Era más bien un llanero inocente, pero con la indígena malicia del campesino auténtico. Eso sí… un hombre a carta cabal. Lo demostraron sus hechos.

En tiempos otrora en el pueblo se le admiraba por su dos labores especiales: pintor de brocha gorda, con cal y pinturas que él mismo fabricaba con tierra, ceniza, carbón y otras sustancias, mezcla especial para paredes de bahareque; y por ser experto fabricante de trabucos en las fiestas patronales, los cuales hacía con cánulas de bambú verde, llenándolos con carburo y algo de pólvora. Eso sí, era él mismo el encargado de detonarlos. Toda la gente corría y se apartaba para oír la explosión, pero Eneas se quedaba estático, con una sonrisa, esperando el resultado de su ingenio popular.


Siempre se le veía solitario, caminando con parsimonia bajo el tórrido sol guanariteño; y algunas veces en noches de plenilunio, daba gusto mirarlo pasar con las manos hacia atrás. Parecía la imagen del Juanbimba de la tarjeta negra de AD-GOBIERNO para la candidatura de Raúl Leoni en 1963. De vez en cuando le ponía oficio a las manos: pelaba por la carterita de ron, se ajilaba un “palo e músico” y sacaba una pequeña armónica o sinfonía (sustituta del acordeón), la envolvía entre sus pequeñas manos, se la llevaba a la boca, y la arrancaba mientras las notas vagabundas de un viejo bambuco que sonaba en las rock-olas de las cantinas: “métale candela al monte/ que se acabe de quemar, / ya mi china se me fue/ y no sé si volverá”. A pesar de ser bebedor solitario, jamás se le vio acostado en una acera… ¡era un bebedor de vergüenza!

Ya a principio de la década de los 80, una noche veranera, probablemente bebió más de la cuenta para su avanzada edad, y sin saber cómo ni cuándo se acercó al río, y hasta allí llegó su sencilla existencia. Amaneció abollado a la orilla, bajo unos guamos. Por primera vez lo vimos sin sombrero. Su viejo compañero abollaba también junto a una de sus alpargatas. Parecía un muñeco de trapo flotando en las claras aguas veraniegas del río Guanarito. Aquella infausta noche, la luna de Guanarito, sin sospechar el fatídico final de aquel soñador, lo siguió hasta su trágico destino.

A la mañana siguiente, las ya desaparecidas campanas de bronce lo despidieron con melancólicos dobleces, y vimos pasar su entierro de hombre pobre y solitario en un desaliñado cajón mortuorio que donó el Concejo Municipal. Cuando pasó el humilde cortejo frente de la casa de doña Carlota Correa de Mezherane (paso obligado, de la iglesia al cementerio), es probable que, católica como nadie, se halla asomado a la ventana, y seguramente dijo: ¡Eneas, Dios te perdone y te lleve a la eterna gloria!

Por muchos años, después de su muerte, cuando aún en nuestro pueblo no existía el hampa ni la inseguridad, nos parecía ver la diminuta silueta columpiando en la semipenumbra de la noche llanera, y la voz musical de una vieja sinfonía desgranando aquellas notas del bambuco:

“métale candela al monte

que se acabe de quemar,

ya mi china se me fue

y no sé si volverá”

Así fue la sencilla vida de un guanariteño que vivió entre la soledad y la pobreza, pero con el corazón y el alma henchidos de honradez. Nunca pidió clemencia ni mendigó nada, ni siquiera un trago de ron que era su debilidad.

Nota: Por no tener en mi archivo una foto del personaje, ilustro la crónica con una silueta imaginada por mí, y con una gráfica del Puerto "Los Guamos", donde pereció Eneas.


Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)
La Colonia-Guanare, 17 de febrero de 2015.
Son las 11 y 58 minutos de la noche.

viernes, 12 de abril de 2019

“Pedro Chaplaco”: entre el real y lo fantástico del acervo cultural.

CRÓNICAS GUANARITEÑAS

“Pedro Chaplaco”: entre el real y lo fantástico del acervo 
cultural.


Según investigaciones del inolvidable abogado Ángel Armando Yúnez Diaz, los primeros libaneses llegaron a Guanarito en 1915, huyendo de las guerras. Necesario es destacar apellidos como: Yúnez, Fáez, Asís, Gacelt, Magual, Chamate, Cavada, Baruki, Raidi; y personajes don Miguel Mezerhane, don Pedro Raidi, y a “Musiú Carlos” (el único desafortunado de todos).

De esas descendencias hay mucha tela que cortar, y es propicia la ocasión para recordar a Pedro Ramón Báez (su verdadero nombre); otros lo llamaban Pedro Yajure, porque, supuestamente, era hijo de un libanés con ese apellido, en el vientre de una criolla desconocida. Lo cierto es que desde muchacho fue peón de algunos de sus parientes, los Yúnez. Siempre guardó buena relación con los libaneses y sus descendientes, especialmente con los Yúnez, y cuentan también que le don Pedro Raidi y que le guardaba dinero.
Aquilataba en su perturbada humanidad características físicas y espirituales propias de la novelística galleguiana: la apariencia harapienta, inocentona y supersticiosa de Juan Primito; la zamarrería de Melquíades “El Brujeador” y la gracia genuina de Pajarote, y encarnaba perfectamente a Juan “El veguero” de “Cantaclaro”, pero jamás las bribonadas de Balbino Paiva, porque nuestro personaje era honesto; y no podría tener un espíritu diferente aquel hombre descendiente de la trilogía mestiza del llanero, ligada a la impertérrita raza moruna, curtida en los interminables desiertos del histórico Oriente universal.

Lo conocí de trato y comunicación y fuimos buenos amigos, desde cuando mi madre tenía el restaurante en la vieja casona que fue de don Rafael Cuevas, él comía allá y pagaba con quinchonchos, sacos de yuca, topochos y plátanos; y otras veces me madre le quitaba algún préstamo y él le contestaba: a la tarde se lo traigo, y aparecía siempre con el préstamo en monedas sencillas. Yo creo que hacía esto para impresionar, pues en el pueblo comentaban que tenía dinero enterrado, o en el conuco o en la casa.

En la actualidad, al margen izquierdo de lq que hasta hace 15 años fue la carretera (hoy destartalada por falta de mantenimiento) que se inicia, rumbo a la “Calceta Arriba”, “El Placer”, “La Cebereña” y “Morrones”, se construyó la “Aldea Universitaria”, una modesta estructura, con aires de civilización si la comparamos con lo que hace 40 años era ese lugar. Algunos de los que allí laboran hasta altas horas de la noche afirman haber visto por los pasillos la sombra de un viejo campesino flaco, de mediana estatura, sombrero de cogollo y botas de caucho… sólo se escucha en el silencio la onomatopeya de las botas de aquella sombra fugaz, como si estuvieran llenas de agua: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco! Si esto fuere verdad, más allá de lo maravilloso, hay que considerarlo como lógico, dentro de lo verosímil, porque justo en aquel lugar estuvo hasta mediados de la década de los 80 la el conuco o la vega del pintoresco personaje, híbrido de libanés y llanero.

El supuesto origen de su sobrenombre nos remonta a la poesía popular del payador argentino Atahualpa Yupanqui en su canción de arriero “Los ejes de mi carreta” cuando inicia el canto:

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao,
si a mí me gusta que suenen
¿pa qué los quiero engrasaos?

Ese remoquete de “Pedro Chaplaco”, sin querer, lo creó el mismo personaje en su primera juventud, cuando conversaba con los amigos, y les contaba -con la tartajosa voz de anciano que le caracterizó desde joven-, que a él, cuando llevaba el arreo de mulas, lo divertía el sonido de sus botas, mojadas por dentro de sudor: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco! Desde ese entonces comenzaron a mentarlo así, cosa que él rechazaba y se volvía furioso, capaz de agredir a cualquiera con su afilado machete rozador, aunque en verdad, nunca agredió a nadie, aun cuando se daba él mismo la fama de ser experto jugador de garrote. No obstante, fueron muchos los osados que “pidieron cacao” corriendo delante de la amenaza de aquellos tétricos pasos persecutores, mientras le gritaba: ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!... ¡Chaplaco!

Para él existían fechas especiales para el buen vestir: bien fuese el 24 o el 31 de diciembre, o el sábado santo, para ir a la misa, y el día de las elecciones. Resultaba extraño verlo, en lugar de los harapos del pantalón y la franela cruda, manchados de topocho, con un liquilique de lino gris, sombrero “cavalliero” del mismo color, con vuelta “Gardeliana” y un par de alpargatas “Pampaneras”, en vez de botas de goma.
Decía no saber ni la O por lo redondo, pero sabía firmar, y solía leer en voz alta. Muchas veces lo escuchábamos, al pasar por su rancho, leyendo lecciones del libro “Mantilla”. Tras su zamarra imagen de hombre analfabeto, se ocultaba, no un sabio, sino alguien que había asimilado su poca lectura pasada; a veces se ponía a hablar de historia de Venezuela, y si uno le preguntaba el nombre de su padre, respondía: ¡Manuel Piar! Sus innumerables anécdotas, todas son graciosas, algunas muy escatológicas, sin embargo, todavía andan de boca en boca en la oralidad guanariteña. Por ejemplo cuando pasaba con su burro cargado de frutos de su vega y él montado o a pie, soltaba, canturreando coplas como esta:

Del caballo la carrera,
del toro la vuelta el cacho,
de las mujeres me gusta
ponde le sale el muchacho.

Me contó la fallecida doña Luz María Noguera que una vez su madre María Froilana, padecía de dolores lumbares, y Chaplaco le recomendó una pomada llamada “Valera el puy”, que vendían en Farmacia “La Pastora” en Caracas, muy famosa por cierto. Ella tomó muy en serio las dotes medicinales de Pedro y encargó a alguien la pomada. Un mes después la persona a quien ella había hecho el encargo, le contó haber pasado una vergüenza por pedir una vaina que no existía. En cierta ocasión encontró a Delfina Quiñones con un dolor que le empezaba en “la rabadilla” y le salía en las corvas. Entonces Pedro le dice: ¡Mirá, Delfina, lo bueno pa esa vaina son perches de sebo e zorro en hojas de zorrocloco en el rabo! Delfina, que no era pendeja, lo mandó pal carajo con sus recetas, y el hombre se perdió por la calle, en una picaresca carcajada.

Para una semana santa, mi madre dizque le pidió: -Compa Pedro, méteme un morrocoy. El hombre accedió. Cuando estaba en su función de matarife, mi hermano Héctor (“Chochongo”), de 7 años se acercó a curiosear, fue entonces cuando Chaplaco aprovechó la ocasión para su maldad. Cuando Héctor le preguntó por qué abría y cerraba la boca, Chaplaco le dijo: ¡Métale el deo, hijo que ese no jace nada!... el inocente le metió el dedo, cuando doña Lina oyó el grito corrió a ver qué pasaba, vio a Héctor con el dedo sangrante, algunas presas del morrocoy en una totuma, y de Chaplaco ni la sombra. Menos mal que lo que le mandó a meter fue el índice de una mano, si lo manda a meter otra cosa mi hermano no hubieses tenido fama que ha tenido.

Una noche le dio por quejarse, dando fuertes alaridos: ¡me arde el culo! ¡Me arde la cagalera!!Ayayay! Y empezaron a llegar los vecinos a ver qué le pasaba a don Pedro, cuando de repente se levantó, desnudo en pelota corriendo, con el machete en la mano tras de los curiosos. Otra vez comenzó a quejarse de la misma forma, y esta vez fue su vecino Adelis Peraza quien a pesar de las diferencias que tenían, acudió en su auxilio, y al verlo le grita Chaplaco: ¡Adelis, coño e madre, y jacei tú en mi casa, no sabei que somo enemigos por unos gallos! Cuando fue a coger el machete que tenía en un rincón, cogió Adelis un palo de leña y se lo recostó en una costilla… “pa que cogiera filo” –dijo Adelis-

Los últimos días de su vida fueron críticos: le pego un dolor en la cintura y una “esrengadera” que lo puso a caminar en cuatro patas, pero tuvo la suerte de que una vecina: Coromoto Alvarado, la popular “Gorda Coromoto” lo atendía como si aquel fuese su padre. Por esta razón, al morir Pedro Chaplaco, su primo Armando Yúnez le dijo a la generosa mujer que se quedara con aquel rancho, el cual vendió por tenerle miedo al muerto.

Volviendo a lo fantasmal, pienso que es posible que sea el espectro la sombra de Pedro Chaplaco la sombra que recorre los pasillos de la Aldea Universitaria, en busca de un valiente y piadoso que se atreva a sacar el tesoro que –según algunos viejos- dejó enterrado en su otrora conuco, del que tan celoso fue hasta sus últimos días.

Nota: A decir verdad, la imagen que ilustra esta crónica no es la de PEDRO CHAPLACO. La copiamos de la página 104 del libro texto “Abajo Cadenas” o “Juan Camejo”, en el cual aprendí a leer, y siempre, al ver la imagen de varios ciudadanos alzando la vista para leer una información del Consejo Electoral acerca de la importancia del VOTO, uno de esos ciudadanos se me pareció a PEDRO, y por eso se me ocurrió colocarlo allí para que quienes lo conocieron, vean el coincidencial parecido con aquel personaje que se vestía bien en días especiales.



Yorman Tovar (Cronista Popular de Guanarito)

miércoles, 10 de abril de 2019

AQUELLOS LLANEROS DE AGUA ESTAMPAS DEL VIEJO LLANO GLOSA DE LA LLANERIDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS Yorman Tovar 

AQUELLOS LLANEROS DE AGUA

DE ARISMENDI A GUANARITO,
PARTIENDO LAS TURBIAS AGUAS,
REMONTA, EN CANSINO VIAJE
UN BONGO DE VEINTE VARAS.
Gabán Pionio
Viejo llano ribereño
de aquel Guanare impetuoso,
el recuerdo quejumbroso
gime en la voz de mi ensueño.
El marinero, en su empeño,
dejaba escapar su grito,
y la guarura era el rito
que anunciaba los viajeros…
¡Ah mundo, aquellos bongueros!
DE ARISMENDI A GUANARITO.

Viejo bongo, tren fluvial
sobre los rieles del río
donde se fue el amorío
de mi edad primaveral.
Palanquero sin rival
de bongos y de piraguas,
desafiando las macaguas
y los caribes golosos,
y hasta caimanes mojosos
PARTIENDO LAS TURBIAS AGUAS.

¡Con Dios y la Virgen vamos!
Dice Abelardo al patrón,
luego “El chingo” Pantaleón
responde: ¡…on elloj vamoj!
Mangles, caramas y guamos
simbolizan el paisaje,
el bongo marca el oleaje,
barquineando por la carga,
con un motor “pata larga”
REMONTA, EN CANSINO VIAJE

El catire Omar Linares
le comenta a Abel Cancines:
-“En estos viejo confines
voy a enterrar mis pesares”.
Bonguero de cien Guanares,
tú, que sabes de curiaras,
quisiera que me contaras,
sentado allá en la barranca
cómo se nueve a palanca
UN BONGO DE VEINTE VARAS.

Guanare, enero de 2009.



Yorman Tovar

(Cronista Popular de Guanarito)

JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS


JESÚS ENRIQUE FUENTES: UN AMIGO DE VERDAD

Creo que llegó a Guanarito en 1968, cuando llegaron los equipos
eléctricos de CADAFE, cuya planta se instaló a la entrada del pueblo, justo al lado de la casa de familia del desaparecido coterráneo Coromoto Cárdenas. Si no me falla la memoria, creo que nació en Barreras, población cercana a Tocuyito-Carabobo, pues siempre la refería en sus conversaciones. Cuando aún las universidades venezolanas no habían creado la carrera de Técnicos Superiores Universitarios, ya Fuentes había obtenido el título de T.S.U. en Mecánica Diessel, acreditado por una universidad de EEUU. Fue el primer Jefe de Planta que tuvo CADAFE en Guanarito. Allí laboraron entre otros los Peritos Electricistas Luis Enrique Morillo Lucena, Saturno Colina, un amigo de apellido Cedeño, y años más tarde los técnicos Pedro Vásquez y Antonio Umbría Núñez (mi suegro), además de Juancito Ortega (el obrero encargado de la limpieza del área).

A principios del año 1969 mi madre fue arrendataria del restaurante del recordado Guevara, que había fallecido un año atrás. Un día de aquellos ocurrió un accidente con una bombona de gas y el local se incendió. Eladio Crespo Flores, quien era presidente del Concejo Municipal estaba comiendo en aquel infausto momento, salió y prendió su carro, y como a los 15 minutos llegó Jesús Fuentes (jefe de CADAFE) con un camión cisterna y pudo paliar la situación. Desde entonces se hizo nuestro amigo. Por eso afirmo que lo conocimos lo muy de cerca, puesto que mi madre, luego de que nos mudamos para el barrio El Cementerio tenía una casa de bahareque al lado de la nuestra donde ella habita, y se la dio en alquiler a don Jesús, quien además era su cliente comensal. Fue allí donde entablamos una sólida amistad, y de vez en cuando compartíamos un buen whisky, en seguida buscaba un equipo portátil, reproductor de casetes y escuchábamos sus preferencias musicales: Jorge Negrete, Pedro Infante y Los Panchos. Siempre fue un hombre solitario, aunque cordial con quien se adaptara a su firme manera de ser. Hablaba a veces de su familia (esposa e hijos), pero sin ahondar en detalles.

Tiempo después Fuentes se retiró de esa actividad y se dedicó a la agricultura, en una finca que adquirió por los lados de Guanare Viejo; y más tarde se dedicó al transporte de material granular en un viejo volquete que era su dolor de cabeza y su diversión, pues era capaz de desarmar y armar el motor en un solo día.

Siendo agricultor, fue víctima de una emboscada en cayapa, por parte de otros productores envidiosos. Los sujetos planificaron bien la celada. Salieron en una camioneta desde Guanare para Guanarito, y como sabían que Fuentes traía la misma ruta, detrás de ellos, fingieron estar accidentados. Al divisar la camioneta con el capot abierto, Fuentes, experto mecánico y hombre solidario, se detuvo delante de ellos y se propuso a solucionarles la avería, y en lo que dobló la espalda para asomarse al motor le dieron un golpe contundente en la cabeza y huyeron cobardemente, dejándolo tirado en el hombrillo de la carretera, creyendo que lo habían matado, hasta que fue auxiliado por alguien. Esto le costó varios meses de inactividad y le dejó ciertos trastornos cerebrales. Lo cierto es que sus agresores ya murieron y Fuentes todavía está vivito y coleando. Todo lo dejó en manos de Dios, sin pensar en venganzas.

Tenía, por aquel tiempo, unos 60 años, pero también una fuerza increíble, pues alzaba una yanta del camión, con rin incorporado, y de un tirón lo lanzaba a la cachucha del volteo. Otra vez se encontró en la carretera a dos hombres que estaban por despresar un toro que había atropellado una gandola, pero no cargaban cuchillos. Se detuvo Fuentes y los ayudó, y éstos le ofrecieron una pierna, pero entre los dos no podían subirla al camión (cargado de granzón), fue entonces cuando Fuentes la agarró y él solo la lanzó sobre el encerado que cubría el granzón, encendió su camión y arrancó.

Una noche estábamos un grupo de amigos libando cervezas en el bar de Samuel Prieto. En esos llegó el amigo José León Mora (“Morita”), encervezado y hablando con arrogancia. Venía mojado y lleno de barro, y dijo: -le acabo de dar un coñazo a Jesús Fuentes que lo pasé por encima de un charco. Y comentó José Ramón Lucena: -Es probable que Fuentes haya pasado por encima del charco, pero después de zumbar a “Morita” en el barro.

Un buen día se perdió de Guanarito, sin rumbo desconocido. Después supimos que estaba por los lados de Calabozo, remontado en una buena gandola, transportando rubros agrícolas. Dejó una cantidad de cosas, entre ellas unas esquelas de amor, de una dama con la que se carteaba, el diploma-título de TSU en Mecánica Diessel y el retrato que adorna esta crónica, recibiendo un reconocimiento del gobierno regional adeco, pues en el fondo se observa el perfil del profesor araureño Ramón Moreno Delgado (Director de Educación para entonces).

Desde el día de su inesperada partida para no volver, todos los que lo conocimos, nos preguntamos: -¿Y qué será de la vida de don Jesús Fuentes?

Yorman Tovar 

Cronista Popular de Guanarito

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA Andrés Eloy Blanco




!Feliz Domingo a todos mis seguidores!

Yorman Tovar 

EXTRAÑANDO A AQUEL POETA

“No hay que llorar la muerte de un viajero,
hay que llorar la muerte de un camino”.
(Andrés Eloy Blanco)

POETA, HERMANO QUERIDO,
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

SE MUERE LA FE EN LA GENTE
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO
NI LA MUERTE DE UN CAMINO
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.

I
POETA, HERMANO QUERIDO,

ayer nos dijiste adiós,
por eso calló su voz
el saucelito en el nido,
el perro lanzó un aullido
lastimero, penitente;
muere el pueblo impunemente
sin pan y sin medicina.
Crucificada en rutina
SE MUERE LA FE EN LA GENTE.

II
CÓMO LE DUELE TU AUSENCIA

al pueblo que tú cantabas,
al pobre que consolabas
con humor e inteligencia.
Hoy, Juanbimba en la indigencia
pesa menos que un comino,
va con semblante cetrino
como perro callejero,
como triste pordiosero
QUE NO LE IMPORTA EL DESTINO.


III
A ESTA PATRIA EN EMERGENCIA

transmutada en negro infierno
le hace falta un buen gobierno
de cordura y con decencia,
que cese la delincuencia
del Cuello Rojo asesino,
que el USURPADOR cretino
no diga más: “Soy obrero”…
a él no le importa el viajero
NI LA MUERTE DE UN CAMINO.

IV
Y A ESTE PUEBLO TAN HERIDO

por puñales de traición
le hacen falta, otro Simón,
y otro Miranda aguerrido,
y otro PAPA comedido,
no un cómplice indiferente,
sino un Prelado valiente
que defienda al pueblo honrado,
que muere desesperado
CON UNA CRUZ EN LA FRENTE.


REQUIEM POR EL PASTOR DE POLICROMÍAS



Y ENMUDECIERON LOS CIELOS,
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!
ESTIBADOR DE ILUSIONES,
PASTOR DE POLICROMÍAS.



I
El fuego canicular
secó el laurel de la fama,
la vela extinguió su llama
y el pincel se echó a llorar,
se negó el sol a brillar,
y contuvieron sus vuelos
las garzas, ya sin anhelos,
sin vigor quedó el follaje,
de luto vistió el paisaje,
Y ENMUDECIERON LOS CIELOS.


II
Y la rosa matutina
de su secreto vergel,
la que fue panal de miel
mitigando su rutina;
-mientras la tarde declina-
se funde en melancolía
en la tersa poesía
de un manoseado cuaderno…
el silencio se hace eterno… 
¡HA MUERTO PASTOR GARCÍA!

III
El creador acuarelista
de perenne juventud,
pinceladas de virtud
trazaron su alma de artista
se irguió sobre la conquista
de laureles y ovaciones,
adoctrinó corazones
y los perfiló en el Arte
e implantó su reino, aparte, 
ESTIBADOR DE ILUSIONES.

IV
Escultor de la pureza,
pintor de nombre laureado,
¡oh poeta reservado!
Rapsoda de la tristeza,
tu eterno adiós se embelesa
con cándidas fantasías,
sollozan las armonías
de un cuadro, aún no acabado…
El pincel fue tu cayado, 
PASTOR DE POLICROMÍAS.

Yorman Tovar
6 de abril de 2019

sábado, 6 de abril de 2019

Graterolacho ¡Inolvidable!




TROVAS DE TRAVESÍAS

Graterolacho ¡Inolvidable!
(Hoy a 84 años de su nacimiento)

Por Yorman Tovar




En 1989, cuando aún tenía Manuel Graterol Santander su despacho en el sector de “Los Ruices” (Caracas), me encomendó la tarea de recopilarle y prologarle una Antología de poemas nativistas, plenos de romanticismo llanero a la que tituló “CASIMBA, poesía del pueblo”, publicada por José Agustín Catalá y su Editorial Centauro en 1995. El prólogo lo inicié así: “Puedo afirmar que conozco a Manuel Graterol Santander desde 1965, de cuando, ocasionalmente, llegaba a Guanarito uno que otro ejemplar del semanario “El Imparcial” de Don Manolo Escalona”.


Efectivamente, en mi pueblo comencé a leer sus glosas y romances. Y me despertó admiración por aquel extraño nombre: “Graterolacho”, sin pensar, remotamente que años más tarde compartiría con él un encantador elenco en el semanario “El Camaleón”, encartado los fines de semana en el diario El Nacional), junto a Luis Muñoz Tébar (Lumute), Carlos Bujanda, José Hinojosa, Ubaldo Quevedo, Octavio Montiel “El poeta del 23 de enero”; y los caricaturistas: Jorge Haralambides, Jairo Osorio, Omar Cruz, Carlos Cruz y Panchito Borges. Cuando le envié los primeros trabajos, con mi nombre al revés NAMROY TROVÁ, cuál no sería mi sorpresa, el domingo siguiente, cuando aparecieron publicados con el pseudónimo que me colocó: EL MAYOR TROVÓN “El Camaleón de Guanarito”, con el cual se me conoce en las lides de la poesía popular. También tuve el privilegio de que me prologara mi antología de lo que había publicado en 5 años en ese semanario: “Trovas de El Mayor Trovón”, bajo el sello de Ediciones Centauro en 1994.

La obra lírico-romántica y nativista de Manuel Graterol Santander es diferente a la que produjo el escritor desdoblado, bajo la pseudonimia de GRATEROLACHO o “El Camaleón mayor”, y entregarla, saturada de humor, plena de sarcasmo y mordacidad, y a la vez combativa.

La parte lírica se inicia con “Araguaney”, su primer poemario (1959). Eran los tiempos en que, al visitar Portuguesa, participaba –entre tantos eventos de trago y bohemia- en las tertulias de “Punta Brava”, casona de “El cabezón” Armando Hernández Molina en Araure. De esas reminiscencias y de las de sus andanzas de zagaletón en Píritu, recuerda su amigo del alma, el poeta Arjuna Castro Castillo en su romance “El caballo de Manuel”:

“Yo lo conocí potranco
en el Distrito Esteller
y era bastante despierto,
hoy es lo mismo que ayer:
Sobrado en el pasitrote,
pasillano, uno, dos, tres,
y ágil en volatería
era faculto también.
Perverso en la falsa rienda,
porque lo suyo es correr (…)
Y hasta se sabe en detalles
los secretos de Manuel:
cuando le repugna el trago,
cuando lo quiere beber,
cuando tiene el pensamiento
puesto en alguna mujer
y cuando anda en armonía
Graterol con Santander”

En 1982 publica “El caballo de mis coplas” con notas preliminares de Reinaldo Espinoza Hernández, Simón Díaz, Manuel Salvador Páez y Enrique Hidalgo. Espinoza Hernández comenta:
“Manuel Graterol Santander, poeta del amanecer que va recogiendo en su porsiacaso los primeros cantos de la soisola y la menuda harina de los rocíos engrillados, sabanea en sus glosas el cristal de los caños y lagunazos y la piel de vidrio de los ríos llaneros. Mientras ande por las tierras venezolanas siempre tendré en mis labios un verso de Manuel Graterol Santander, el último glosador”.

De este libro, conservo el ejemplar que me obsequió en el III Encuentro de poetas, en 1987, con esta dedicatoria: “PARA YORMAN TOVAR, EL POETA GRANDE QUE SIGUE ENLAZANDO LOS POTROS QUE SE LE ESCAPARON A MI PENSAMIENTO”.

En 1989 publica “Glosamoríos”, donde pone de manifiesto su ingenio de inventar la GLOSA-GLOSA: es decir, un palabreo con dos cuartetas. Los cuatro versos iniciales de cada décima corresponden a la primera cuarteta, y el final o pie tradicional de cada décima es, consecutivamente cada verso de la segunda cuarteta. Nada fácil de construir, sin embargo, la hemos seguido practicando –entre otros- Guillermo Jiménez Leal, José “Cheo” Ramírez y quien escribe.



En el año 1995 aparece “CASIMBA, poesía del pueblo”, una compilación mía con poemas de los tres libros antes mencionados. En la “Puerta de entrada” dice José Ignacio Casal:
“Manuel Graterol es un campesino por haber nacido en Turén y por haber vivido hasta la adolescencia en Píritu y Acarigua. Todo campesino sueña con tener llena la CASIMBA, pero no con frutos ajenos sino de su propia cosecha. Manuel está cosechando muchos años de siembra, de trabajar los surcos del afecto, de regar la semilla de la venezolanidad, con el inagotable manantial de su fuerza creadora, fertilizando el suelo con la fórmula de la amistad, el cariño y la lealtad, porque –como é mismo escribe- es amigo de los amigos, con razón o sin razón, en las buenas y en las malas”.

En el amarillento ejemplar que conservo de esta obra, se lee la dedicatoria: “A YORMAN TOVAR, AUTOR INTELECTUAL DE ESTE PROYECTO. GRATEROLACHO. ABRIL 95”.

Su obra lírica, casi toda en octosílabos, urdidos en décimas y romances, no sólo queda impresa en estos libros mencionados, sino también en diversos Long Play de acetato, Casetes y Discos Compactos (CD) y nuevas tecnologías. En espectáculos y parrandas, sus versos seguirán cabalgando en muchas voces, y especialmente en mi humilde voz, como declamador y locutor. Sus pasajes, joropos, tonadas y golpes, musicalizados por tantos creadores de esta tierra, seguirán su curso en las emisoras de radio y en cada lugar donde esté un poema de Manuel, en voces de Gualberto Ibarreto, María Teresa Chacín, Oscar Martínez, Víctor Morillo, Pablo Baresco, Simón Díaz, Rummy Olivo y otros talentosos intérpretes.

En otra dimensión, la obra humorística de Graterolacho o “El Camaleón mayor”, diferente a la obra lírica Manuel Graterol Santander, se sustenta en la sátira política de todos los tiempos, contra la corrupción, la burocracia de la llamada “IV República”, y los cánceres, de esta “V RES PÚBLICA” hasta la hora de su muerte el 11 de junio de 2010.

En esos versos está plasmada toda su inquietud angustias por Venezuela. En “El Libro Flaco de Graterolacho (nombre paródico de “El Libro Gordo de Petete”); en las viejas páginas de la revista Semanal “Bohemia”, en las casas donde algún coleccionista haya guardado ejemplares de “El gallo pelón” y del Semanario “El Camaleón” y “El Nuevo País” y la innovadora tecnología del TWITER, donde dejó un incalculable número de cuartetas “jodedoras”.


En épocas pasadas el pueblo tenía poco acceso a los poetas, y, lógicamente, había una parte de Portuguesa que no conocía a Manuel hasta que en 1985 se llevó a cabo el I Encuentro de Poetas Portugueseños, evento que tuvo alrededor de 17 ediciones. Fue creado por Manuel Escobar (Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela en Guanare); Luis Bazán García, y Leonel Páez en la AEV Acarigua-Araure, con la cooperación de la Coordinación de Cultura del Gobierno de Portuguesa, dirigida por el Dr. Miguel Eduardo Gómez. Estos encuentros hicieron que Manuel se compenetrara con el pueblo y con el resto de los poetas, tanto de su generación como con los que estábamos iniciándonos en el oficio.

El 13 de junio 1990, en el marco del Bicentenario del natalicio de Páez, se funda la “Casa de la Poesía” en Acarigua, y el Museo de Humor que lleva su nombre, compartiendo honores con su padrino “J. Epitacio” y con Simón Díaz. A partir de ese momento, ese recinto se convirtió en el lugar del reencuentro con ese gran portugueseño al que admiramos, amamos y seguiremos recordando por siempre., aún después de su desaparición física.

Dijo Cristina de Suecia que “los grandes hombres tienen presentimientos de su destino, en lo que rara vez se equivocan”. En su libro “El Caballo de mis coplas”, en el poema titulado “Final” pide el poeta a sus hijos:

“Tráiganme un puñado de la misma tierra
que cuando era niño me cargó en sus piernas
y mojado en lágrimas de un hombre cualquiera
échenlo en mi tumba como última ofrenda”.

Y así se cumplió su petición hecha varias décadas atrás. Y en su poema “Romance para otro amigo”, en “Casimba”, manifiesta el poeta su condición de llanero bien nacido:

“Y es que uno nació llanero
y es difícil olvidarlo,
eso no se olvida nunca,
eso lo tengo bien claro,
y aunque pase de 60
y me sienta más anciano,
Luis Bazán, vuelvo y te digo,
con la música de un cuatro
que en mis hijos y en mis nietos
–aunque me hayan sepultado-
aun después de mi muerte
seguiré queriendo al llano”.



Hoy, a 84 años de tu nacimiento en Villa Bruzual, capital del entonces distrito Turén, hay un incalculable número de venezolanos que como este amigo, te seguimos recordando, Gran Maestro del buen humor, puntero del romance lírico hecho canción, madrinero de glosas, décimas y sonetos, rebaños cimarrones, indomables como El caballo de tus coplas, tú poesía continuará trochando la tierra venezolana, para cumplir lo que tú dices en el poema:
“Entre sus patas de alma
voy divisando un tierrero,
y es tierra venezolana
lo que levanta hacia el cielo,
para que hasta Dios conozca
cómo se canta en mi pueblo”.

¡Descansa en paz, hermano!

viernes, 15 de febrero de 2019

TROVAS DE TRAVESÍAS JOEL HERNÁNDEZ: UN AUTÉNTICO CANTOR.


TROVAS DE TRAVESÍAS

JOEL HERNÁNDEZ: UN AUTÉNTICO CANTOR.

Decía el famoso cantante, compositor poeta y guitarrista argentino Palo Pandolfo en una entrevista periodística: “Hice toda una canción que salió entera sin pensar. Abrí la voz con la armonía, melodía, tres estrofas, el estribillo y puente, que salió de primera voz. Cuando puse play me di cuenta de que hice una cosa tan emocionante que me puse a llorar. Porque estaba diciendo en oficio de cantor cosas que nunca iba a decir. Como el amor viene y va, la piel cambia de color…es una confesión íntima que se me escapó en el inconsciente. Ante esa revelación fue que me dije: Hay que componer así”.
Cuando Pandolfo dice: “porque estaba diciendo en oficio de cantor”, está puntualizando las habilidades propias de un cantor: voz con armonía, estrofas que brotan de la inspiración (la musa) y sentir la emoción espiritual y el buen gusto por lo que se hace en ese instante de creación.

Al respecto afirma Raúl Flores (bailarín, escenógrafo y coreógrafo mejicano): “Tengo muy presente que en mi infancia, durante la década de los 1980s, se utilizaba mucho el término “cantor” o “cantora” para definir a algunos cantantes. Si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), encontraremos que CANTOR es una persona que canta principalmente por oficio. Para dar un ejemplo, podríamos decir que un cantor es un juglar que se gana la vida cantando historias. Pero si nos referimos a que los cantores son por oficio, entonces podemos decir que ellos son los que nacieron cantando; esas personas cuyo canto fue forjado por sus vivencias y en ella se ve reflejada su humanidad”.

Y para complementar su idea, el citado artista mejicano considera cantores en toda la extensión de la palabra a Pedro Vargas, Lola Beltrán y Amparo Ochoa -entre otros- ; y establece la diferencia entre cantor y cantante, definiendo a este último como “persona que canta por profesión”, pues considera que es una “voz fue formada por la experiencia”, pues “adquiere sus dones a través del estudio de la técnica vocal. Esto hace que la voz de un cantante sea más llena, compleja y alcance tonos que a lo mejor un cantor no logrará en su vida”.

En referencia a los conceptos de Pandolfo podríamos deducir que no todo CANTOR es CANTANTE y viceversa, sin embargo, hay CANTORES que aprenden, no solamente a perfeccionar sus composiciones poético-musicales, sino también sus condiciones vocalísticas y a afinar su oído musical para dar por entero lo mejor de sí.

Tal es el caso de JOEL HERNÁNDEZ PÉREZ, nacido en Araure Portuguesa el 15 de febrero de 1947. Abogado, músico, poeta y compositor que comenzó dando rienda a su afición artística en 1969, cuando ensayó su primera experiencia grabando un contrapunteo con el N° 1 de aquella época: Ángel Custodio Loyola. Más tarde prepara un manojo de pasajes para hacer su primer disco de Larga Duración, pero por compromisos laborales propios del Derecho y la política, termina grabando Cheo Hernández Prisco.

En el año 2004 cuando comencé a preparar mi Trabajo de Grado de Magister Scietiarum en Literatura Venezolana (UCV) y lo seleccioné como mi objeto de estudios, en una entrevista estructurada afirmó: “yo compongo letra y musicalizo al mismo tiempo. Esas dos actividades son simultáneas para mí”. La aserción de Joel es similar a la de Pandolfo cuando certifica: “abrí la voz con la armonía, melodía, tres estrofas, el estribillo y puente, que salió de primera voz”. De manera que al referirnos a Joel Hernández, describimos al auténtico cantor.

A finales de la década de los 70 aparece una doble revelación: Joel Hernández, quien ya ha madurado su estilo de componer poesía musical llanera, y Freddy Salcedo, la portentosa voz y elegante estilo interpretativo. Con la aparición de sus canciones –como afirma Guillermo Jiménez Leal: “Joel Hernández le da un nuevo matiz a la música llanera, porque nos presenta un esquema distinto al del pasaje tradicional”. Claro, la misma temática nativista, pero con un sentido didáctico, pedagógico que hablan de la intención del autor. En la voz de “Su Majestad El Llano” (según Joel, su mejor intérprete) vamos a escuchar “La Fundadora” (homenaje a la raíz materna de la producción bovina de un hato ganadero. Una reverencia a tan noble animal que, según la conseja, no debe ser sacrificada, sino dejarla que muera de vieja, “que se la trague la sabana”. También “Viejo soguero”, una referencia al oficio del llanero artesano que fabrica las sogas del cuero de los animales cogidos en faenas de vaquería; y esto no es más que una mera excusa para exaltar el afecto fraternal del llanero por su caballo.

En 1982 la popularidad de Joel se extiende por Venezuela, Colombia y países como México, donde la vaca y el caballo son símbolos genuinos de la canción. Es cuando el insigne araureño se ve obligado a demostrar sus dotes de CANTOR y graba, con el mismo conjunto del maestro Ramón Coromoto Martínez con que había grabado Freddy Salcedo, casi el mismo repertorio. Al oír ese Long Play con “La Fundadora”, “Viejo soguero”, “El bongo”, “El palmar”, “Corral”, “Sombrero”, “La cobija” y otras.

El oyente común, a través de los programas radiales de música llanera opinaba que era imposible que Joel superara a Freddy. Eso lo sabíamos, pues el autor no lo hizo con fines de lucro ni de promociones espectaculares, sino con el objeto de dejar un testimonio de su sentimiento ceador. Pero los oyentes analíticos comenzamos a valorar que la diferencia estaba en que Freddy Salcedo es un verdadero cantante: tenor, dueño de una voz incomparable, incólume, además de ser voz natural, se notaba su escolaridad artística. En cambio Hernández demostraba a través de sentimiento e inspiración, e imprimiendo con mayor énfasis la sugerencia de DIÁLOGO que reflejan “La Fundadora” (conversando con el “Viejo Melecio” y “Viejo soguero” con el picador de sogas).

Hace dos años, en el marco de la celebración de sus 70 años en Acarigua, presentó un Disco Compacto con muchas de sus viejas canciones y otras de más reciente creación, acompañado del TRÍO KRISTAL de Boconó-Trujillo; una perfecta combinación de su voz, ya bien timbrada y con el característico falsete natural, al compás de tres guitarras y un bongó, una innovación que nos permitió percibir la perseverancia de este abogado-cantor por preservar las tradiciones y la cultura del llano, un resultado de sus investigaciones sistemáticas de lo que conocemos con el nombre de LLANERIDAD. Creo que no me equivoque cuando decidí titular mi Trabajo de Grado (libro aún inédito) “Vigencia de costumbres y tradiciones del Llano Venezolano en la Poesía Musical de Joel Hernández”.

Cómo olvidar aquella tarde en que me correspondió defender mi Trabajo de Grado en un aula del Post Grado de la Facultad de Humanidades de la UCV (Los Chaguaramos). Entramos todos a la presentación. El Jurado (incluyendo a mi tutora profesora María Del Rosario Jiménez) ignoraba que aquel hombre delgado, de sombrero y bigote cano, con un estuche en la mano era el objeto de estudio. Una vez que me dieron el veredicto, les pedí permiso para presentarlo, y Joel, con la humildad y serenidad que lo caracterizan, hizo un pequeño recital explicativo de su obra. Todos quedaron satisfechos con mi exposición, pero encantados y sorprendidos con la faena poético-musical de este Cantautor portugueseño.

Después de ese año 2007, hemos actuado en varios recitales, previamente programados, él conversando y cantando sus creaciones y yo, dando muestras –en mi condición de declamador- de la poesía tradicional de Venezuela, con poemas de autores como Germán Fleitas Beroes, Ernesto Luis Rodríguez, Andrés Eloy Blanco, Manuel Graterol Santander, Arjuna Castro Castillo, Luis Bazán García y los míos propios. Creo que próximamente vamos a coincidir en un evento que se realizará en Arauca-Colombia.

Todo lo expuesto anteriormente no fue más que una excusa para desear felicidades a este baluarte CANTOR AUTÉNTICO del llano venezolano, hoy cuando arriba a sus 72 años. ¡Felicidades, Viejo Soguero!
Yorman Tovar 

Nota: La foto de Joel adolescente es de la colección de Maritza Hernández Pérez; la de Joel a caballo es de Rafael “Pepe” Roldán y de la otra desconozco la autoría, por lo que ofrezco disculpas.





Fuente: Wilfredo Bolivar

domingo, 1 de julio de 2018

CRÓNICAS GUANARITEÑAS: LUIS CORONEL: PIONERO DEL COLEO EN GUANARITO

En un interesante ensayo, publicado en la última edición de la Revista Cultural “Escafandra” (Guanarito, Junio 1999), el desaparecido e inolvidable abogado Ángel Armando Yúnez Díaz, intitulado “Presencia de los árabes en Guanarito”, afirma en talentoso paisano que “después de la Primera Guerra Mundial, aproximadamente en 1915, llegaron los primeros árabes de origen libanés a Guanarito, huyendo de las guerras y buscando esperanzas de conformar un hogar. Muchos de ellos venían casados. Hoy día muchos de sus descendientes son grandes trabajadores que han dado gran empuje al comercio y forman parte de familias tradicionales guanariteñas”. Entre esas familias menciona Ángel Armando a sus antecesores Yúnez, a los Raidi, Chamate, Assis, Magual, Mezerhane, Gacelt y Los Fáez.
De esta rama de los Fáez recordamos a doña Faustina, casada con don Pedro Castillo (padres de Nelda, Carmen Sofía, Zulema, Francisco, Pedrito y Sonia); doña Zoila, casada con don Fortunato Leonido (padres de Elina, Nancy, Adela, Miguel Ángel “Cocacola”); Amparo, siempre soltera, madre-tía de Orlando Flores (hijo de Julio Fáez); además de José y Pedro Miguel Fáez; y doña Elena, casada con don Lisandro Coronel, de cuya unión nacieron: Francisco (parrandero de los buenos, concejal por AD en el período de Rómulo Betancourt), Lisandro Antonio (ícono del beisbol en nuestro pueblo), Miguel (dirigente político del sector agrarista, al servicio de varias organizaciones en las que militó), Carmen Elena, alejada de Guanarito desde muy joven, y Luis Coronel Fáez. Este último, nacido creo que en 1937, es junto a don Adelis Peraza Mendoza y Gilberto Castrillo Pinto, pionero del coleo en Guanarito, al cual representó en diversos campeonatos de cuando aquellos toros pueblerinos se realizaban por las tardes en todos los pueblos del llano. De su fama de buen coleador hablan todavía el araureño Valmore Dávila y el “Orgullo de Papelón” Cheo Hernández Prisco. Célebres son sus historias de aquellas fiestas patronales cuando brillaban como estrellas tantos centauros de manga como Jesús María Piña, Rubén Gervasi, Pepe Hernández, Celestino “El musiú” Bauvín, Rafaelito “El Gordo” Maldonado, Servando y Napey Garcés, Evelio “La Chata” Colmenares, Elio “Pelo e muerto” Rodríguez; y luego vino la pléyade de campeones entre los que brillaron “El Negro Benito”, Pedro Viso, Toño Arrieta… cuando el coleo todavía era representación genuina de la heredad de los centauros llaneros, muy diferente al coleo mercantilista del siglo XXI.
Luis Coronel Fáez o “Luis Corona” como le llaman sus camaradas de caballo y manga, es un amigo especial, por ser selectivo al escoger amistades, no obstante, es común verlo a diario en los cafetines de Guanarito, con su inseparable gorra de beisbolista y sus lentes oscuros, como todo un galán, hablando con la gente, y de repente se queda caviloso, con la mirada perdida, tal vez añorando alguna anécdota de tantas vividas en su trayectoria de coleador, en sus combates cerveceros con su cofradía de amigos en el Bar Restaurat “Guaicaipuro”, y en sus negocios de compra y venta de ganado. Es saludable y simpático el momento en que Luis habla de sus innumerables amistades de todas partes del país, que no alcanzarían páginas para mencionarlos.
Tuvo la oportunidad de ser afectuoso amigo y anfitrión de artistas llaneros de fama nacional, pioneros de la canta recia y compositores como José Vicente Rojas, Eneas Perdomo, El Catire Carpio y Ángel Custodio Loyola “El Tigre de Masaguarito” quien en su Long Play (1969) “El Tigre en La Rinconada” incluyó una canción a nuestro pueblo, en agradecimiento a las atenciones que recibió como invitado especial ese año en el marco de las fiestas patronales. De la canción recuerdo estos versos:
Hombres como Luis Corona
y sus amigos también,
que el futuro de su pueblo
quieren verlo florecer.

Podemos afirmar que Luis es un patrimonio cultural nuestro, por ser –como su amigo de siempre Gilberto Castrillo- pionero del coleo e ícono de un pedazo de ese siglo XX guanariteño que nos está arrebatando estos momentos aciagos que vive Venezuela, de los cuales no escapa Guanarito. Hace algunos años escribí los versos que a continuación aparecen, con el fin de que algún cantante los grabara en un joropo, pero me olvidé de ellos hasta hace poco tiempo que los reencontré. Felicidades, Catire Luis Coronel, que Dios te dé vida y mucha salud.

CATIRE LUIS CORONEL
I parte
Catire Luis coronel
coleador de aquellos tiempos,
cuando los toros coleados
eran esencia de pueblo,
mangas de palma y mapora
con bejucos y cabestros.
Cuántas veces te miramos
sobre un caballo mostrenco,
apartando el pelotón
para tumbar de primero.
Tu estampa de coleador
va jineteando el recuerdo
con tu camisa de cuadros,
tu “Borsalino” sombrero
y un par de espuelas plateadas
en las botas reluciendo,
y en los palcos, las muchachas
aguardando aquel momento
para llenarte de cintas
y coronarte de afectos
y así premiar tu faena
¡viejo centauro llanero!
que, afianzado en un estribo
y en el vigor de tu cuerpo,
le dabas un filo e lomo
al toro más altanero.

II parte

Catire Luis Coronel,
llanero guanariteño,
hoy el coleo legendario
se nutre de tu recuerdo,
cuando guapeaba tu alarde
en las fiestas de los pueblos,
coleando con Pepe Hernández,
el diestro santarroseño,
con “El Musiú Celestino”
y Maldonado el gallero,
con el gran Domingo Campos,
el catire refranero
y con Gilberto Castrillo,
tu hermano y gran compañero.
Aquellas recias hazañas
vibran en tu pensamiento.
Allí estás, en Guanarito,
añorando todo aquello,
esperando que “Chongote”
anuncie el turno primero
pa` romper el pelotón
de los años venideros,
sobre un caballo de gloria
y con tu pulso certero
aplicarle un filo e` lomo
al cimarrón del recuerdo.

Yorman Tovar
Guanare, 30 de diciembre de 2007
5:40 a.m.

CRÓNICAS GUANARITEÑAS: RAFAEL VICENTE SOLÓRZANO MORENO “EL KORNE”

RAFAEL VICENTE SOLÓRZANO MORENO “EL KORNE”

Estoy seguro de que muchos guanariteños no lo recuerdan, pero sí los de la generación de los 70. Lo conocimos a principios de la mencionada década en Guanarito, por supuesto. Él y su familia, oriundos de Arismendi-Barinas, se habían residenciado en nuestro pueblo. La memoria no me da para recordar los nombres de su mamá y de su abuela, una viejecita cariñosa y laboriosa de la cocina, expendía comida criolla, muy suculenta, oficio que heredó la hija para levantar una prole numerosa. Del resto de sus familiares, recuerdo a su padre don Gabino Solórzano (creo que apureño), de color moreno y calvo, con cierto parecido a su hijo, por lo cual los amigos más cercanos llamaban “GABINITO” a Rafael Vicente, y de repente le mamaban gallo de manera maliciosa: ¡Gabino a las ñemas no le echa sal!... y “El Korne” se sonreía. También recuerdo a un tío materno, creo que menor que el sobrino, a quien llamábamos “Maití”, y le faltaban los cuatro diente superiores o “el tren delantero” -como decimos en mi pueblo-. Una vez, bañándose en el río, “Maití” botó la dentadura postiza, y Antonio Loyo, en una reunión de jodedera que teníamos en la plaza le pregunta: -¿Y el puente? , y el chico le responde: -¡lo boté en el río! Y le responde Loyo, con sarcasmo: -“No chico. Yo pregunto por el “Puente Maraca” que si ya lo 
volvieron a poner”. El otro tío materno es el mecánico dental Emilio Acevedo (hombre de muchas historias anecdóticas) que merece una crónica aparte, nada más por su manera peculiar de conversar, entre el recato y las palabras escatológicas.

Nació en 1956, estudió primaria en Arismendi y el bachillerato en el liceo Arturo Celestino Álvarez del cual fuimos fundadores. En esa institución, unido a mi pandilla, emprendimos, naturalmente, luchas de protesta y actividades culturales; entre ellas el montaje de “La Leyenda de El Silbón” y él encarnaba el papel de “El llanero invitador” que dice: “Nos vemos en el baile esta noche, catira, al comenzá el joropo”. Por cierto, Muchas representaciones hicimos ese grupo de novatos aficionados. Allí estaban también: Rómulo Colmenares (El Silbón); Juan Mujica Tovar como “Juan Hilario”, Álida Vargas como” La catira”, Ligia García, Aída Vargas y Bertha García (Las muchachas del caney); Alberto Pérez Gómez y Juan Molina (los músicos que regresan del baile de Quebrá Seca); y los fallecidos pedro Jesús García (El visitante) y Nelson Parra como “José Juan”, dirección y narración de quien escribe. Recuerdo que en 1974 nos presentamos en un evento folklórico en el Anfiteatro Oscar Martínez de Barquisimeto; y en Bailadores estado Mérida.
¿POR QUÉ EL KORNE?
En realidad desconozco, primero, si es con K o con C. Él solía identificarse con ese pseudónimo y lo escribía con K. Una vez le pregunté ¿qué vaina era esa? Y me dijo que era el nombre que se le daba a un tipo de gallo experto en riñas (que me lo aclaren los galleros). Todo comenzó una vez que apareció un letrero en el sanitario del liceo. Se notaba claramente que quien escribió el letrero estuvo sentado en la poceta. “AQUÍ CAGÓ EL KORNE”, y todos comenzamos a preguntarnos ¿quién coño sería El Korne? Hasta que un día en que el profesor de Historia Universal, el merideño Luis Emiro Molina estaba entregando unas pruebas parciales y preguntó quién era el fulano Korne. A nuestro amigo no le quedó otra opción que levantarse e identificarse como tal, puesto que era el único que faltaba por recibir nota. Lo cierto es que no identificó el examen y al final de la página colocó: “EL KORNE NO SUPO LAS PREGUNTAS”, y el profesor le colocó: “EL KORNE TIENE 01.

EL KORNE FAKIR
Cada vez que había algún acto cultural no faltaba “El Korne” con sus pericias mágica, pues también hacía de FAKIR: comía hojillas, bombillos y se acostaba sobre pedazos de botellas quebradas, sin sufrir una sola herida, mientras la compañera Ligia García se le montaba en el torso. Ese truco de comer hojillas lo aprendieron Juan Mujica y la misma Ligia. Yo apuesto que de seguir en ese trajín ahorita no pasaría hambre, pues son muchos los bombillos desechados que se consiguen. Practicaba también la imitación de voces, remedando a la perfección la voz aguda y chillona de Rómulo Betancourt, haciéndose llamar “Romuloco”.

EL KORNE POETA
Muchas veces demostró tener vocación literaria natural, específicamente una destreza para escribir relatos. Una vez la profesora de castellano y Literatura María Isabel Balaguer dejó una tarea de composición literaria y la de él fue la mejor con un relato llamado ¡Ahí viene el toro, don Olega!, refiriéndose al abuelo de un amigo cercano (Aurelio Aguilar) a quien lo revolcó un toro en la manga por porfiado. También era aficionado a escribir versos octosílabos, entre tantos, uno titulado “El corrío del churro muerto”, en la ocasión en que en una de las aulas amaneció un rabipelado guindado por la nuca, con un letrero. Y de vez en cuando recitaba un poema del cual recuerdo estos versos:


“Arriba, caballo bayo,
sácame de este maizal,
que por aquí se divisa
la gente de mi rival.

Recuerda, llevas montado
jinete de mucha suerte
que no le teme a las balas
mucho menos a la muerte.

Martín se hallaba en amores
con una hembra casada
y lo entregaron sin pena,
las mujeres despechadas”.

EL KORNE MILITAR
Al graduarse de bachiller nuestro amigo tuvo una magnífica oportunidad de superación, que de aprovecharla, hoy fuese General Retirado. En el año 1976 el Presidente Carlos Andrés Pérez, a través del estamento militar. Recomendó que le dieran oportunidades a algunos bachilleres para ingresar a las FAN como “subtenientes de reserva”. Aquellos estudiarían tres años hasta obtener el grado de teniente. Pero nuestro Korne aprovecho ese tiempo para la “Dolce vita”. Llegaba a Guanarito en un convoy con algunos soldados. Estos se quedaban en el camión mientras él bebía plácidamente cervezas en el bar “Guaicaipuro”, ignorando tal vez que le tenían un seguimiento, y por esa razón le dieron baja.
En una ocasión vi un capítulo de la telenovela “Por estas calles” de Ibsen Martínez y me recordé de mi amigo por la máxima (frase) que salía en un muro al final de cada capítulo. Aquella decía:


Mi padre con cinco estrellas
no pudo ser General,
y yo, con estrella y media
hago la tierra temblar.


Después –si no me equivoco- mi amigo fue inspector de tránsito, de donde creo que salió jubilado, y actualmente labora en el departamento de vigilancia de la empresa COPOSA de Acarigua, desde hace años.
YORMAN TOVAR (Cronista Popular de Guanarito)

ESTAMPAS DEL VIEJO LLANO GLOSA DE LA LLANERIDAD

CRÓNICAS GUANARITEÑAS 

Yorman Tovar


Faena llanera

EN LA HORIZONTALIDAD
DE UNA TIERRA SIN LINDEROS
NACIÓ LA LLANERIDAD,
ORGULLO DE SER LLANERO.



Dilatada geografía
a un margen del Orinoco
donde turpial y piapoco
intercambian melodía.
Embrujo, policromía
adornan la inmensidad.
La palma es diva, deidad,
danzando entre los raudales
con derroches verticales
EN LA HORIZONTALIDAD.

Uno solo, hombre y corcel,
mitológico centauro
conquistan glorias y lauro
en galopes y tropel
lancero entusiasta, fiel
orgullo de los llaneros,
arrieros y cabresteros
bárbaros amansadores
baquianos… conocedores
DE UNA TIERRA SIN LINDEROS.

Llanera es la condición
de nacer en la llanura,
y domeñar la bravura
del astado cimarrón;
llaneridad es pasión
por la ansiada libertad
y hasta la fatalidad
de la sangre y de la guerra.
En esa indómita tierra
NACIÓ LA LLANERIDAD.

Llanera es la raza altiva
de la llanura que amamos,
de Garvasi, David Ramos
y Joseíto La Riva,
el contrapunto en diatriba,
paradigma del coplero,
la cobija y el sombrero,
el corral y el botalón,
la palabra de varón
ORGULLO DE SER LLANERO.


Yorman Tovar
La Colonia-Guanare, 1 de julio de 2018.




sábado, 24 de febrero de 2018

CRÓNICAS GUANARITEÑAS AQUELLAS QUEMAS DE JUDAS

CRÓNICAS GUANARITEÑAS    Yorman Tovar


Corría el año 1973. Eran los días de Carnaval cuando mi amigo de toda la vida MIGUEL GONZÁLEZ TORREALBA me habló de que nosotros dos podríamos preparar la quema de Judas de ese año, ya que Roberto Salazar “El Turupial” y Ramón “El Viejo” Ríos no iban a fabricar el monigote, claro, mi compañero sabía de mi habilidad para hacer versos picantes como los que aparecían de manera clandestina en panfletos anónimos o firmados con pseudónimos como “El coplero desconocido”, Zacarías Meleche y El Coyote Cojo. En efecto… nos reunimos en el pasillo interno del viejo telégrafo, frente de “La Casa del pueblo”, bajo la complicidad de los dos telegrafistas: José Ramón Castillo Vásquez y Alexander Parra. Erigimos un muñeco de madera de más o menos un 1,90, con la mano derecha alzada y con un rostro fabricado con papel “maché”, caricaturizando la imagen del candidato adeco de ese año: Carlos Andrés Pérez. Los adecos se incomodaron, y el secretario juvenil Baudilio Martínez propuso a sus compañeros decomisarnos el muñeco, pero fue pura amenaza. No eran tiempos de violencia. La quema fue un éxito. Pero nos comprometimos porque muchos viejos, entre ellos Adelis Peraza y Pedro “Chaplaco” nos dijeron que teníamos que hacerlo por 7 años seguidos, pues de lo contrario, si no cumplíamos, mucha gente se suicidaría ahorcada como Judas Iscariote. Fue así como Miguel me acompañó 7 años en la tarea. Luego me ayudaron su hermano Pablo José Torrealba, el popular “Yegua Negra” y Ovadis Vizcaya, hasta que me dejaron solo y cumplí la tarea por 21 años ininterrumpidos.
No era tan fácil. Fabricar el armatoste de madera o de cabillas, recoger periódicos, trapos viejos y ropa para vestirlo; fabricar la cabeza con la mayor perfección posible, conseguir explosivos. Para esto aprovechaba las misas de aguinaldo y coleccionaba cohetes, asimismo en las fiestas patronales, más los tumbarranchos y pólvora en lata que me facilitaba el dueño de Bodega “La Fortuna” don Víctor Martínez Durant. La tarea más fácil era escribir los versos del testamento. Desde enero comenzaba a recoger anécdotas, chismes, sucesos insólitos y los volvía rimas jocosas. Muchos me perseguían y me amenazaban. En varias ocasiones mi hermano Oliden me sacó hasta Guanare los lunes en la madrugada, después de la quema, por temor a que se cumpliera alguna amenaza; pero repito: no eran tiempos de violencia. Uno de los que más se incomodaba cuando llegaba la semana santa era mi vecino don Dionisio Vizcaya, quien se perdía para no presenciar ni oír mi lectura del testamento porque sabía que él era una fija en aquellas páginas.
Nunca olvido que para la tercera quema el piriteño Ricardo “El bachiller” Colmenares me dio esta idea: -No seas pendejo, chico. Estás perdiendo tu tiempo y tu talento. Haz como Graterolacho hacía en Píritu. Saca bastante copias del testamento y vendes ese vaina y sacas los costos”; y así comenzamos a hacerlo. Ilustrábamos la portada con una caricatura hecha con un buril sobre un stensil , y transcribíamos en las “Olivetti” del telégrafo los versos, y clandestinamente, o en el multígrafo del Concejo Municipal con la complicidad de Arévalo Cordero, o en el liceo con la confabulación de Orlando Flores imprimíamos los ejemplares que necesitábamos. El domingo vendíamos cada ejemplar a Bs. 10 y yo quedaba buchón después de la quema. A la hora de rociarle gasolina y prenderle el fósforo no faltaban el viejo jodedor José Beltrán sarmiento (alias) “Pisinga” y “El Indio” Rumaldo Quero de voluntarios.
Recuerdo que una vez hicimos la quema en el parque viejo (donde hoy es la Casa de la Cultura) y andábamos paseando el Judas en el meloso Jeep de don Tito salmerón, y el espigado chofer, atormentado por el escándalo que cargaba “Pisinga”, montado con el muñeco en la trompa del carro, hizo que chocara contra un medio tubo de izar la bandera que había atravesado en la acera del Juzgado frente de la Plaza Bolívar. El muñeco se desquebrajó y “Pisinga” daba gritos: ¡Señores, ha ocurrido una desgracia… Judas tuvo un accidente en el jeep de don Tito! El viejo Salmerón, arrecho con “Pisinga, prendió de nuevo su jeep y nosotros tuvimos que reconstruir el muñeco.

En la gráfica que adorna esta crónica se observa al Judas 1979, uno de los más perfectos, montado sobre un burro de caña brava, residuo de unos juegos artificiales, luciendo el Pelo e guama de Miguel, y la camisa es la COTA que le robé a Petra Leonor para calarle la corbata. Flanquean al Iscariote Yorman Tovar (de melena rizada y botas vaqueras) y Miguel González Torrealba (delgadito), y un poco retirado observa –mientras prepara una “comía e chimó” don ramón Guillermo Daza, un viejo sabio andino que fue entrañable amigo de mi familia. Sólo me queda quitar prestada la frase a GROSSMAN PARRA ¡Qué tiempos aquellos!

Yorman Tovar

(Cronista Popular de Guanarito)
elmayortrovon@hotmail.com, jinetetovar@gmail.com

miércoles, 21 de febrero de 2018

CRÓNICAS GUANARITEÑAS Francisco Arias, Francisco Montoya o simplemente “El Cajeto”

CRÓNICAS GUANARITEÑAS  Yorman Tovar


Tenía mi madre su pensión de comida para viajeros en el Paso Real (margen izquierdo del río Guanare) que en aquel entonces era jurisdicción del distrito Guanare y no del municipio Papelón como es hoy. Llegaban en invierno a nuestra casona los bongueros, canoeros, viajeros y pescadores, procedentes de La Unión, Arismendi, Guadarrama, La Aguada Molinera, Las Cañadas, Mata e Topocho, Totumal, La pintura; entre ellos recuerdo a Laureano Rojas (“Don Lauro”) y a su hijo Eulogio; el catire Abel Cancines, el chingo Pantaleón a quien apodaban “Piazo e cuca”, y pescadores veteranos como “El negro Pancho” Tovar y su hermano “Babo rucio”. Eran los tiempos de la balsa del negro Rafael Salazar. Aquel Guanarito del próspero puerto de Los Guamos, donde la vida fluvial era simbología de progreso y movimiento comercial entre nuestro pueblo con Arismendi. ¡Qué tiempos aquellos, Grossman!
Rememoro la vez que, bajo un chubasco, desembarcaron en la barranca de “El musiú” Eufrasio García una madre con su hijo, y cobijados por impermeables de hule llegaron a nuestra casa. Era Demetria Arias, una doña cuarentona, con un defecto en una rodilla que la hacía cojear un poco. La acompañaba su hijo Francisco de unos 17 años, enjuto de cuerpo, rasgos zambos, muy callado, extraordinariamente introvertido y de huraño carácter. De manera curiosa, me quedaba yo observándolo, y creo que tuvo razón el malintencionado que le cuadró el remoquete de “EL CAJETO”, pues tenía un asombroso parecido a un “Chicuaco cajeto” de los que pululan en lagunas, caños y veguetas de ríos. De verdad que son admirables los osados que tienen tan buen tino para poner sobrenombres adecuados al objeto u animal con el que comparan a la víctima. Bastaba con mirar el perfil de Francisco para que uno evocara a ese plumífero lagunero.
Nuestros huéspedes duraron como una semana en casa. Todos los días abordaban la balsa para llegar hasta Guanarito, pues creo que el Dr. Boscaíno estaba tratando al muchacho o a la doña. Nunca olvido cuando la hora de almorzar. Ella lo llamaba con dulce tono: -Francisco, hijo, venga pa que coma. Pero él, antipático, parado en el patio como una estatua, llevando sol, le respondía con autoridad: -¡No, mama… ya le he dicho que no buya comé!... (Querría decir “no voy a comer”).
Desde mediados de los años 60 se mudaron de Arismendi para Guanarito y se ubicaron en una esquina del barrio El Río, frente de la casa de don Juan Ramos. Allí montaron una pequeña bodega, doña Demetria con sus dos hijos varones: Francisco el menor, y el mayor, Ramón Arias, apodado “El Tonino” por su semblante mal encarado. Ramón era un fino pescador y obrero de albañilería. Con ellos vivía también un simpático nietecito, fruto de la única hembra de la familia: Antonia, con el maestro Luis Sánchez (oriundo de Río Caribe) con quien estuvo casada. Este nieto, un gordo muy hábil, se formó jugando pelota “caimanera” en el playón del río… asombroso bateador (aunque lento en la carrera) y mejor fildeador. Después de estudiar en el liceo se empleó como maestro rural (como su padre) y conformó familia con una linda esposa.
Francisco se metía en las cantinas a echarse sus cervecitas, silencioso y siempre con una sonrisa de complacencia, porque la gente que lo apreciaba, le echaban vaina porque, pese a ser analfabeto, sabía dónde estaban ubicadas las selecciones de aquellos despechos montoyeros que eran sus favoritos: “”Amor puro”, “Mujer ingrata”, “Rosa Amelia”, “Camino solitario”, y los joropos “El espanto del troncón” y “El caimán de Boca Brava”, los cuales silbaba con perfecta armonía cuando caminaba, orondo, por las aceras, mientras la muchachada perversa le gritaba: ¡Cajeto… Cajeto! Y él respondía, entre su tartamudeo: “cajeto será tu madre… te voy a poné una navaja en el pescuezo pa que me pidai perdón”.
¿POR QUÉ MONTOYA?
Cuando uno le preguntaba su nombre, respondía, esponjado de orgullo: -Francisco Montoya, hermano de Francisco Montoya el cantante. Una vez, por curiosidad le pregunté: -¿por qué el cantante, si es tu hermano, es apureño y tú arismendeño? … me respondió, tajante: -¡Ay jodo, qué le importa esa vaina, él por allá y yo por aquí! Según me cuenta mi madre, quien pudo ser Montoya fue “El Tonino”, quien era hijo de un tal Cipriano Montoya, pero me cuenta mi distinguida amiga Adriana Silva (arismendeña de cepa) que los tres hijos de doña Demetria eran hijos de un hombre de un apellido extraño: CAÑODEAGUA… Martín Cañodegua. Pero en realidad eran ARIAS como su madre.
Por ese condenado apodo, hubo gente malintencionada que se atrevió a faltarle el respeto a la doña, llamándola “Cajeta”. Uno de ellos fue el bebedor y camorrero Nelson Viera (alias) “Cara e rata”. Este llegó a la bodega y le preguntó a la señora: -Doña, ¿tiene chimó en CAJETA? La doña, silenciosamente se fue hacia adentro, y quien salió a atender a “Cara e rata” fue nada menos que el fornido “Tonino”, que traía un machete en la mano. El sujeto, sorprendido, se perdió calle abajo, hacia el río.
En una ocasión mi amigo Adelmo Rivas se llevó a “Cajeto” para Biscucuy para juntarlo con un personaje popular de ese pueblo, llamado EDICTO. Adelmo se puso a meterles cerveza y al cabo de un rato tuvo que desapartarlos porque se cayeron a coñazo limpio. Tanto “Tonino” como “Cajeto”, además de vecinos, fueron muy amigos de Valmore Betancourt. Una vez, siendo éste alcalde, aprovechó una visita del propio Francisco Montoya y se lo llevó a una entrevista con su “homónimo” y creo que hasta les tomó una fotografía. La señora Demetria falleció hace años, igual que sus tres hijos. Particularmente cuando paso frente de donde vivieron, revivo sus imágenes: la doña detrás del mostrador; “Tonino” sentado en una silla recostada a la pared, mirando el atardecer; y el famoso “Cajeto” peinadito y bien acicalado, saliendo para alguna taguara a beber cervezas y puyar despechos de Montoya, silbando con maestría armónica natural algún pasaje guayabero de su “homónimo” Francisco Montoya (el cantante que tal vez él soñó ser). ¡Qué bellas son las historias menudas de los pueblos! …pero es más bello haberlas vivido.
Yorman Tovar
(Cronista Popular de Guanarito)