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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri
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martes, 27 de enero de 2026

Huellas de Provincia, Misceláneas de ayer y de hoy de Evelio Pérez Cruzzatti 1991

 Huellas de Provincia, Misceláneas de ayer y de hoy de Evelio Pérez Cruzzatti 1991

EL AUTOR y SU OBRA


Evelio Pérez Cruzzatti nació en la pintoresca población de San Nicolás, del entonces Distrito Guanare, Estado Portuguesa, en el año 1944. Es un educador de amplia trayectoria, profesor de idiomas, comunicador social, folklorista, poeta, conservacionista. Enamorado de su tierra llanera, es un portugueseño de temperamento dinámi-co y emotivo. Ha sentido vibrar en su espíritu inquieto el alma de los pueblos de su llanura, en sus fiestas patronales y festivales, en las faenas de pesca en sus numerosos ríos y caños, en cada rincón y en cada sabana, capturando imágenes en su imaginación poética, para retratarlas en las narraciones a través de la radio, como locutor-productor de programas nativistas, o en sus canciones y poemas, como en su prosa emocionada, todo lo cual nos ofrece testimonios fehacientes de las costumbres, del lenguaje característico y peculiar y de las vivencias e idiosincracia del hombre de la llanura. Así se aprecia en sus crónicas, en las que nos presenta la sencillez, la espontaneidad y la angustia de esos pueblos y sus gentes, tantas veces olvidados y menospreciados. Especial atención dedica, tesoneramente, a la defensa de nuestros depredados recursos naturales renovables, en los que alientan esperanzas de redención.



El profesor Evelio Pérez Cruzzatti ha escrito Bandolazos, crónicas de Provincia, publicado por Avila Arte, Caracas, 1986. También es autor de Cuentos Contados, actualmente en imprenta y de esta obra Huellas de Provincia, Misceláneas de ayer y de hoy, encomendada entre otras por la Alcaldía del Municipio Guanare al editor José Agustin Catalá, para su publicación como homenaje a la ciudad capital del Estado Portuguesa en la gran efemérides del Cuatricentenario de su fundación, el día tres de noviembre de 1991.


Huellas de Provincia es un trabajo de factura anecdótica. Es la apreciación de un cronista-testigo de la realidad y el pensamiento de su gente. En su estilo de prosa llana, pincelada de humor criollo, Pérez Cruzzatti enfoca y revela el ritmo y compás de la vida en la Provincia Venezolana; el valor histórico poco reconocido de aquellas poblaciones que también son Patria; el verbo elocuente y particular del habitante de nuestras tierras interioranas. Hay una visión panorámica de terruño y Nación en estas líneas, a las que -como calles de pueblo- les invitamos a transitar con nosotros.


Caracas, octubre, 1991.


Referencia bibliográfica 

Perez Cruzzati, Evelio. 1991. Huellas de Provincia de ayer y de hoy. Biblioteca de Temas y Autores Portugueseños. Edición homenaje del Congreso de la República a la ciudad de Guanare en su Cuatricentenario Caracas/Venezuela/Octubre 1991.  pp 48

domingo, 22 de diciembre de 2024

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL PROFESOR JOSE SANTOS URRIOLA

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL PROFESOR JOSE SANTOS URRIOLA, EL DIA 16 DE ENERO DE 1992, 

EN LA SESION ESPECIAL CON QUE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA CONMEMORO LOS CUATROCIENTOS AÑOS DE LA FUNDACION DE GUANARE

Atendiendo al generoso mandato de la Academia Nacional de la Historia, ocupo la tribuna con motivo de la conmemoración de los cuatrocientos años de la fundación de Guanare. Otros de mis coterráneos, con mayor lucimiento que yo, han podido asumir tan honroso compromiso. Y si he atendido, tras muchas vacilaciones, la designación con que me honra esta ilustre Corporación, lo hago con plena conciencia de mis limitaciones, porque me obliga la magnanimidad de los señores académicos, por amor a mi ciudad nativa y porque mis paisanos hubieran visto, en la negación a aceptar el honor que me confiere la Academia, un desacato a la fidelidad del guanareño por su tierra. De cualquier modo, y sin dudas, por razones del corazón. Así quienes me escuchan extremarán su benevolencia frente a la parquedad de los talentos que el Señor --en su infinta sabiduría- tuvo a bien concederme. Disimularán las torpezas e inexactitudes de un neófito en saberes históricos. Excusarán la efusión del sentimiento, a falta del rigor científico en esta exposición. 

Porque no sería yo quien viniera a presumir de docto ante los guardianes de la memoria nacional, de las advertencias y avisos que de ella se desprenden para el presente y el futuro de los venezolanos. Hablaré entonces del Guanare que me consta, a través de la propia experiencia y de la tradición familiar --que el pueblo de mi niñez y mi adolescencia, se conformaba, prácticamente, en los términos de una sola familia-. Pero lo demás, poco tendré que decir sobre Guanare, después de tres discursos de tanta monta como los pronunciados por Alexis Márquez Rodríguez, en el Concejo de Caracas; Cipriano Heredia Angulo, en el Congreso Nacional; y Pedro José Urriola Muñoz, en la propia ciudad del Espíritu Santo del Valle de San Juan de Guanare, dentro de los actos centrales del Cuatricentenario. 

Por lo demás, la mayor parte -si no la totalidad- de lo que ahora diré aquí lo he compartido antes con mis paisanos, que para ellos escribo con, quizás, abusiva frecuencia. Más aún, incurro en la inmodestia de pretender representarlos, de algún modo. Para ello, sólo cuento con el común sentimiento de lealtad al terruño. Con la pureza de la intención y con el ánimo puesto en el dicho de que el llanero es del tamaño del compromiso que tiene por delante. Esto, simplemente para buscarme consuelo, empinándome, hasta donde sea posible, sobre mi propia cortapisa intelectual, en honor a las mujeres y los hombres de Guanare. Aunque, en el fondo de mi intimidad cobre certidumbre una ancestral advertencia: ni yo mismo me arriendo las ganancias. 

Ahora, aun así, quedaría mucho todavía, al adentrarnos en la dimensión del afecto. En ese algo que, de algún modo, revive la emoción de la infancia, anochecer del sábado -afuera, se encendían las luces de la plaza Bolívar-, frente a la custodia de la Virgen de Coromoto. Y, a partir de allí, muy de paso y con la prudencia de quien se aventura por el cercado ajeno, suscribiría yo una tesis que, a estas alturas, nada tiene de novedosa ni original. Y no lo hago para justificar mis erratas e invenciones. Sino por esa especie de tentación a que todos cedemos, alguna vez, de ratificar con cierta solemnidad nuestras opiniones -aun sin fundamentos de ciencias- en el coloquio familiar. 

Así, pues, me acojo a la ya usual afirmación de que la sustancia de un pueblo no se agota en los papeles de archivo. Y que, al contrario, se expande por las fantasmagorías, las ilusiones y los espejismos del común. No pocas de las historias oficiales, tan cuidadosas de las apariencias, frecuentemente se revisten de ellas, para encubrir lo que, al desnudo, resultaría pura ficción. Y, porque suena a lugar común casi tronitoso, podríamos ahorrarnos la repetición de aquello de que muchas de las más desaforadas fabulaciones se sustentan, a menudo, en lo incontrovertiblemente histórico. La cuestión, entonces, exigirá el ejercicio de la inteligencia. Separar el grano de la paja, cuando sea estrictamente necesario. Y cuando no, admitir la hermosura de la espiga, sin deshacer su integridad. De tal manera, se articularían la insoslayable puntualidad del historiador y las creaciones de la imaginación popular, en un animoso y fructífero intento de entender el complejo social. Y desde esa perspectiva, la presencia de nuestros fantasmas familiares -el Silbón, la Llorona, el Chivato ... - se explicaría, en su momento -medio siglo atrás, un puñito de casas entre la noche y la soledad dal llano-, por la ausencia de alumbrado eléctrico. De ahí, la casera teoría de la electrocutación de esos fantasmas -hoy en día, bien dudosa, cuando los niños se aterrorizaban con los espectros importados por la televisión. 

Pero mal andaría quien no se detuviera en la eficacia poética de nuestras narraciones de aparecidos y espantos, para tocar un extremo la tradición oral. Pues bastaría con rastrear en los orígenes hispanos, indígenas y negros de esas fábulas, indisolubles, en su hora y punto, de la realidad cotidiana; tangibles casi como la cruz del Cerro del Calvario o la plazoleta del mercado viejo, al sol del mediodía. Porque habría también que contemplarlas en sí mismas. Como objetos de arte. Como productos de una platería verbal de generaciones de artistas cuyos nombres se quedaron fuera de los tratados de literatura. Como construcciones del espíritu -los raigales miedos del hombre y sus conjuros-, en que, de algún modo, se integran signos fundamentales del alma colectiva. Así, no tengo el menor empacho en afirmar que muchas de esas fabulaciones se revelan, a mis ojos, con tanta poesía como las mejores leyendas del romanticismo. 

De tal forma, no me siento capaz de hablar sobre Guanare sin ubicarme dentro de lo que, paradójicamente, pudiera definirse en términos de una amorosa objetividad. No hablaré de Guanare sin emoción. Pero no falsearé las cosas para acomodarlas al sentimiento de don Jorge Manrique, de que "cualquier tiempo pasado/ fue mejor ... ". No caeré en lo que García Márquez llamase "la trampa de la nostalgia". No retocaré mis evocaciones para decorar postales de consabida añoranza. Lo cual tampoco significa que me regodee en el llanto por nuestros antiguos males. Porque, dada mi condición de guanareño, respondo a la obligación de la esperanza. Por eso mismo, estoy aquí, señores y señoras. Y desde aquí, vuelvo la vista a mi tierra. El Estado de Portuguesa tiene forma de corazón. Está donde la serranía, trocada ya en colinas, se desmaya femenilmente en el pecho del Llano. O donde la llanura se yergue para abrazarse a los Andes. Un problema de geografía romántica, pues. Tierra de ríos, como una íntima Mesopotamia. En el mapa se entrecruzan decenas de venillas azules, casi cantarinas. Por entre esa maraña fluvial, llegó, hace cuatro siglos un capitán portugués -abuelo de Bolívar- merecedor de un canto de Os Lusíadas. Se llamaba Juan Fernández de León y estaba destinado a fundar la Ciudad del Espíritu Santo del Valle de San Juan de Guanaguanare. Había cruzado leguas y leguas de caimánes, jaguares e indios bravos. Montañas interminables, verdes, ocres, grises, pardas ... Una tras otra. Leguas de selvas y llanuras, de acechanzas, ponzoñozas, sudores, pus, malos sueños y añoranzas, bajo el zumbar de insectos grandes como pájaros; en espera del silbido de la flecha emplumada, mientras el eco multiplica los rugidos del puma. Y más allá, el terrífico metal de los caribes, la raya, el temblador, el chaparral en llamas. Pero, como en la tragedia antigua, algún dios terrible exigía mayores sacrificios. Y en las revueltas aguas del Temerí -o río de los Estribos- pereció una mujer lusitana. Nada sabemos de ella. Debió de ser como Santa Isabel de Portugal, que daba rosas y monedas a los pobres. Y algo de encantamiento hubo en su muerte. El río verdugo comenzó a llamarse el Río de la Portuguesa. Y el nombre se extendió por la comarca con su suavísimo aroma de milagro. 

Allí, Guanare que alcanza cuatrocientos años de historia venezolana, con sus luces y sombras, bajo el vibrante sol del Llano. Y es la historia que, de pronto, se hace maravilla, cuando la Virgen ilumina la choza del cacique Coromoto. Adquiere acento plutarquiano en la voz de José Vicente de Unda, sacerdote y repúblico, el 4 de julio de 1811, cuando, por última vez, razona ante Dios y sí mismo, su voto a favor de la independencia. Se mantiene límpida, como un aire de la montaña sobre el Llano, en el corazón de la gente brava, humilde y noble de mi pueblo. 

Allí, al pie de la última estribación de la cordillera, donde arranca la llanura, está Guanare con su sencilla gravedad de viejo pueblo criollo. Aquí las piedtas y los caminos, los muros, los ladtillos, los árboles, los cauces -diría que aun las nubes- tienen su historia y su leyenda. Cada cosa está allí en memoria -presente u olvidada- de algo que, gústenos o no, viene a tocarnos muy de cerca. Angustias, crueldades, amores, injusticias, fe, desesperanzas, tozudez, debilidad, ternuras de millares y millares de hombres y mujeres. Los indios despojados de lo suyo, en el cerro y la sabana. Los que huyen hacia los pajonales del sur, ululantes como perros heridos y terminan, los más los huesos al aire, bajo la reveroniana luz de los esteros. Los otros que no lograron escapar y fueron ejemplarmente ejecutados, como lo aconseja la justicia de Su Majestad Católica, para llevar el saludable temor y el bien mandado sosiego al corazón de los súbditos de esta parte del mundo. Y junto a eso, innegable, el conquistador que se aquieta. La sed, la calentura y la hamaca. Un día, la convalencia, la sonrisa del maíz y la del hijo mestizo. 

Sobra la tierra aquí. Guanare es apenas unas cuantas callecitas angostas y empedradas, la torre de la iglesia y un puñado de casas, en la mitad del desierto. Sobra la tierra, jugosa de verdura, donde pace el ganado andaluz de largos cuernos. Sobra la tierra para ir con los rebaños, si arrecia la sequía, hasta el mismo Apure. Y sin embargo, de cuando en cuando, se anima la municipalidad con un pleito de límites. Un señor reivindica sus confusos derechos sobre un par de leguas de bosques y praderas que ocupa otro señor, con títulos inciertos. Se alborota el cotarro. Salen a danzar por los empedrados historias de familias que todo el mundo sabe. No falta el pescozón a la salida de misa, el garrotazo aleve y hasta el rezongo de una espada, más óxido que filo. Todo se extingue, al fin y al cabo, en el sedante amarillear de papeles del juzgado español. Lo que no impide, por cierto, la resurrección del litigio, cuando algún leguleyo, medio hambreado, vuelve a menear la causa. 

Siglos de avemarías, temblores de tierra, muertos, aparecidos, procesiones, hierras de ganados, conjuros, alfarería, inundaciones, cólicos misereres, sequías, chismorreos, hematurias, toros coleados, lentas mamposterías, fundaciones, carreras de cintas, oraciones para el gusano de las vacas, duelos y guayabas maduras. Los pequeños esclavos que la señorita -dulce de leche, incienso y azahar- obliga a pararse en el hormiguero del patio, bajo la sombra del mango, detrás de la cocina; y el otro, el negro grande, que se insolentó con el amito y es arrastrado, a la cola de un potro, espantando lagartijas y perdices, por los terronales del verano. 

Gente cavilosa aquella, diagnosticará don Mariano Martí, cuando llega a la ciudad, por principios de 1778. Allí durará ocho meses, en el desarrollo de la ciclópea visita pastoral suya. Trece años por la diócesis de Caracas. La que entonces, valga la acotación al margen -a ojo de buen cubero--, comprendería un tercio del territorio actual de la República. En Guanare, Su Ilustrísima ve, refl~iona, prevé y actúa; se informa, juzga, escarmienta, moraliza, anota, avisa, advierte, amonesta, provee y dispone, con el tremendo peso de su meticulosa autoridad. Así, a expensas propias, inaugura el hospital, que sólo existía de nombre, pues en él no había una cama. Reorganiza el convento de San Francisco, que no contaba con ocho frailes ni alcanzaba a cubrirse con un buen techo de tejas. Soluciona el problema del abastecimiento de agua de la ciudad, abriendo una acequia desde el río próximo hasta la huerta franciscana. Esto de un lado. Que del otro, concilia voluntades de vecinos poco dispuestos al diálogo, a tiempo que arremete ferozmente contra adúlteros, concubinos, mujeres de mal vivir y otras especies pecaminosas. 

No hubo cosa de la que no se ocupara este ilustre señor. Por él sabemos que, para la fecha, se contaba con tres maestros en Gu.anare. Venancio, un cuarentón muy pobre que se limitaba con escaso provecho -más por desinterés de los guanareños en la educación de sus hijos que por incapacidad del preceptor- a la enseñanza de las primeras letras; don Domingo López, joven clérigo de cualidades jamás bien medianas, según puede leerse entre líneas, que dejará pronto la pedagogía, para entrar de lleno a la carrera eclesiástica; y el mejor, a juicio de Martí: don Francisco de Velasco. Nacido en el "Reyno de Aragón" y persona de "genio deambulante" -única tacha que le encuentra su obispo-, Velasco había pasado por Carora y Carache, antes de parar en Guanare. Ello aparece registrado en el Libro Personal de Su Señoría. Allí, se dedica al "dicho Velasco" un sustancioso párrafo, donde se incluyen tanto informaciones acerca de su carácter y sobre sus condiciones de educador, como ciertas consideraciones en tomo a la necesidad de que prosiga en las tareas docentes, aunque se imponga el sacrificio de sus aspiraciones al sacerdocio, y hasta la conveniencia de que contraiga matrimonio, en la ciudad. Todo ello, en el propósito de que el pueblo no se quede sin un buen maestro de Gramática. Y lo más probable: que don Francisco de Velasco, ayuno del valor suficiente para poner -como se dice- "tierra de por medio", terminara por amoldarse a la imperiosa voluntad del obispo y renunciara a su antigua vocación trashumante. De ahí, tal vez, la noble tradición de maestros de escuela que distingue a Guanare. Cualidad que hallará su cabal expresión en el más preclaro de los guanareños: el doctor José Vicente de Unda. 

Por aquí pasaron las primeras partidas de insurgentes voceando la recién nacida libertad. Entonces, un caracolear de señoritos, excesivamente almidonados, en caballos lustrosos de gordura, por las calles de piedras. El apelotonarse, para verlos, de las muchachas, tras la celosía; y el donaire de las mulatas, fustanes desgarrados y patas en el suelo. Pero también la fuga del zambo que dieron por ahogado en Pozo del Horno, y después emergió, quién sabe cómo, con un pañuelo colorado en la cabeza, al frente de una banda de lanceros, ajustándoles cuentas a los blancos, por los llanos del oeste. Pero nuestros soldados pusieron su parte de guanareños para ganar la Guerra Grande. En la madrugada de Ayacucho, en el montón de voces venezolanas, se oía el sonsonete un tanto sordo, cortado de aspiraciones, ligeramente ceceoso, que define el habla de Guanare. Esaban allí, quizás temblando de frío, que no de miedo. Con miedo no hubieran ido hasta allá, tan lejos del pueblo, a poner su partecita, para ganar la guerra. 

Ganamos la guerra. Pero cuánto perdimos. Cómo contar los mozos nuestros que se quedaron con un lanzazo en el pecho, en lo que va de Guanare a Ayacucho. Cómo saber de los que se nos perdieron por la Nueva Granada, por Quito y por el Nuevo Reino del Perú. Cómo curar a los que regresaron sin una pierna o un brazo. O a los que volvieron, mutilados por dentro, el ceño como un tajo en la borrachera sombría. Ganamos la guerra. Pero, ¿quién recoge ahora las ganaderías salvajes? ¿Quién apuntalará estas casas de ruinosos aleros? ¿Quién consuela a las mujeres? ¿Quién nos quita el cansancio de trece años de victorias? Es la hora del tedio sobre la sangre seca. El bostezo, cuando algún ingenuo -que los hay todavía- habla de la gloria. El sonreír fatigado cuando otro ingenuo fantasea con sus planes ele fomentos agrícolas. 

Pero, cuenta la tradición de Guanare, por mayo de 1825, la terquedad vascoazteca-guanareña del padre José Vicente de Unda, cura y vicario de la iglesia de Nuestra Señora de Coromoto, ganaba su más fiero combate, en la --de puro distante-- casi legendaria capital de Colombia. La tozudez del doctor Unda --decían los viejos- había perseguido al Libertador, como un amable remordimiento, por las costas y las sierras de la América meridional, entre deshechas caballerías, pólvoras húmedas, carestía de víveres, arcos de triunfo, saraos e intrigas palaciegas, recordándole -sin faltar al debido acatamiento-- la fidelidad de Guanare a la causa patriota y la esperanza que, en materia de educación, igual que en lo demás, ponían en Su Excelencia los jóvenes llaneros. 

Y ahora, en Bogotá -finas lanzas de lluvia, con tientas de huracán y ragaduras de niebla-, Francisco de Paula Santander, vicepresidente encargado de la presidencia -"vengo a decretar y decreto"-, decide la erección del colegio de Guanare. El primero de la República en el Departamento de Venezuela. Para su manutención se aplicarían los recursos del convento que, en la segunda mitad del siglo xvm, fundaron los hermanos de San Francisco en .la mariana ciudad. Abrirá sus puertas en 1832, bajo el patronazgo de San Luis Gonzaga y la rectoría de Unda. Hasta hoy se conserva, antes con la denominación de Colegio Federal y hoy con el nombre de su esclarecido fundador. Un claro ejemplo de la constancia que pone el guanareño en sus empresas de bien. Porque -de acuerdo con las crónicas del viejo Guanare- las cartas de Unda fueron dando tumbos, de la ceca a la meca, por esteros y páramos, entre riadas y yermos; y alcanzaron el potro de Bolívar, en el reflejo salobre del Pacífico, en la ventisca de los Andes del Perú, más allá de más nunca. 

Después, años de tranquilidad aparente. Porque aquí, en el pueblo, las cosas no se enderezan. Pasa el tiempo -interminables mediodías, alucinantes crepúsculos, primas noches de grillos y de ranas- entre contabilidades de mostrador y de esquinas, con silletas recostadas en la pared: fanegas, almudes, cuartillas, pesos y reales, sin que nadie quede satisfecho a la hora de acostarse. Algunos empiezan a preguntarse qué sacaron en limpio de la Independencia. Una quemante frustración devora las entrañas de la gente, corroe la apacibilidad de los patios, perturba la quietud de los corredores de ladrillos, deteriora la penumbra de los aposentos, se enciende bajo los techos de palma y llamea en los caneyes de los peones. Cuando venga la Guerra de los Cinco Años, encontrará centenas y centenas de hombres, a caballo y a pie, dispuestos para jugárselo todo en la puesta de la justicia federal. 

Guerras y paces amordazadas. Violencias de los alzados. Violencias de los gobernantes. Por más que suenen los tambores y las cornetas, se escucha, en el cuartel-prsión, el alarido de los torturados. Por el cementerio, el tiro con que rematan a los fusilados. Una descarga de máuseres en la casa de gobierno y el trote desesperado de quien escapa por la calle real. La gallarda aventura del general José Rafael Gabaldón, con la cual se restea -valga la expresión coloquial- la juventud de Guanare. La batalla en el pueblo. El sabor fugaz de la victoria. Arden las serranías de Biscucuy en la minuciosa persecución de los rebeldes. Pasan maniatados los cautivos hacia el castillo de Puerto Cabello. 

Para los años treinta, Guanare agoniza. Apenas se oía el latido de su pulso en la soledad de la sabana. Las buenas gentes, gastadas por el paludismo, mano sobre mano, se miraban las caras macilentas, con las fuerzas prendidas en un soplo de brisa como fiebre. Por los terronales de abajo, como se llama en guanareño la sabana austral, bajo el cielo en llamas, deambulaban unas cuatro vacas, muertas de sed. Ello permitía clasificar a Portuguesa como estado ganadero. Y, aclaraban  los textos escolares, productor de queso y de cueros de res. Algunos añadían las plumas de garza, como un levísimo recuerdo de la belle epoque. Allá, a las doce del día, el canto de una tórtola, por lados de los cerros, sonaba como una campanada de melancolía. Desde su breve pedestal, un Bolívar de mármol veía pacer los burros en la plaza. Y hasta en el botiquín de la esquina, las conversaciones morían de inanición. 

Todo parecía extinguirse, gota a gota, como se va la vida de un enfermo deshauciado al compás del tinajero. Y de pronto, en febrero, el revivir de las fiestas coromotanas. Llegaban romerías de Caracas, de Valencia, de Barquisimeto, de Maracaibo, del país entero. Cristianos de fe capaz de mover montañas, que venían por entre el polvo gris del verano. Hombres y mujeres de todas las edades y de las más variadas condiciones, que llegaban sucios de camino, sudorosos hasta la deshidratación, con una palabra de alegría a flor de labios. Como alguien --hijo fiel- que retorna a la casa materna. Y, durante media semana, Guanare crecía en millares de habitantes, en fervor mariano, en el más puro sentimiento de solidaridad humana. Porque cada hogar de Guanare se abría a los peregrinos, con un sentido de hospitalidad casi beduina. Después, se marchaban los visitantes y caía sobre el pueblo aquel silencio viscoso que parecía ahogar hasta el verde del árbol. 

Pero un día apareció el milagro de la Malariología, como llamó el bravo pueblo al pequeño y formidable ejército que, organizado y dirigido por el doctor Amoldo Gabaldón, ganaría la guerra más importante de Venezuela, después de la Independencia, bajo la consigna de "por un pueblo sano en un ambiente salubre". Los cruzados contra el paludismo, que en Guanare encabezó un hombre humilde y recio, don Rafael Blanco Gásperi, uno de aquellos venezolanos que asumieron el reto de la malaria como una ofensa personal y decidieron cobrársela hasta verle el hueso al enemigo -para expresarlo con criolla ferocidad-. Así veo hoy a los de la Malariología, porque los vi, como héroes de una entrañable reconquista, cuando se jugaban la vida, la hacienda, la honra y -se diría- hasta el alma inmortal, en la empresa de disputarle al señorío de las sombras el pedacito de tierra caliente y dulce que Dios nos prometió a los guanareños. 

Desde entonces, Guanare, por la voluntad de supervivencia -la virtud más sobresaliente de mi pueblo, junto con su vocación de cultura y su hidalguía sin fatuidad ni esfuerzo-, acentúa su proceso de afirmación vital. De tres mil habitantes que la buena voluntad del Hermano Nectario María -ilustre guanareño nacido en Francia e insigne promotor del culto nacional a la Virgen de Coromotonos artibuía, por el año treinta y cinco, hemos pasado a una población que sobrepasa, con bastante holgura, el número de los ciento treinta mil vecinos. Pocas ciudades han visto tan rápido desarrollo en tan poco tiempo. Pero eso no es lo más importante. Gracias a su privilegiada sitµación geográfica --debid,1 a !a provisión de los fundadores: levantar una ciudad para llenar el vacío entre El Tocuyo y la Nueva Granada-, en un fértil cruce de caminos, Guanate ofrece oportunidades para un desenvolvimiento excepcional en los diversos órdenes de la actividad humana. Estudios de la Universidad de los Llanos Occidentales así lo demuestran. Como también exigen el planeamiento y la realización de programas, en los cuales se armonicen los imperativos de un desarrollo sostenido con  el manejo adecuado de la naturaleza, la preservación del ambiente y el mejoramiento de la calidad de la vida. 

Para ello se requiere la formación y el perfeccionamiento de recursos humanos, capaces de enfrentar el reto que el destino le plantea a la ciudad, en los siglos que vienen. Y eso resulta asequible en la medida en que sigamos el ejemplo de nuestros mayores, centurias atrás, y de hombres que, hoy como en el ayer inmediato, han hecho de Guanare, dentro y fuera de los términos municipales, una morada para el talento y la probidad. Existe, pues, una alentadora tradición de cuÍtura y de laboriosidad, para edificar sobre ella un futuro esperanzador. Existen, asimismo, problemas, seculares algunos de ellos, como la escasez de agua, aberrante en una ciudad situada entre ríos. Problemas grandes, medianos, pequeños. Problemas . . . Sea propicio el cumpleaños de nuestra procera ciudad para enfocarlos sin pasión, con ánimo librado de prejuicios, en clima de fraterna convivencia. Para tratar de solucionarlos, cada quien en su medida de responsabilidad guanareña. Que es muy buena medida de venezolano y de hombre.


Referencia

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL PROFESOR JOSE SANTOS URRIOLA, EL DIA 16 DE ENERO DE 1992, EN LA SESION ESPECIAL CON QUE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA CONMEMORO LOS CUATROCIENTOS AÑOS DE LA FUNDACION DE GUANARE https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/1993/vol76/no301/3.pdf

lunes, 25 de mayo de 2020

Lo lusitano en la toponimia guanareña y portugueseña

La historia de la ocupación territorial de la región de Guanaguanare, por parte de los europeos comenzó antes de la fundación de Guanare en 1591. En 1530 andaban los alemanes explorando en búsqueda de oro. 




En la zona varios vecinos de El Tocuyo tenían encomiendas, entre ellos algunos portugueses. 

Juan Fernández Cavacas: Desde 1560  era el encargado de una  encomienda. El sector ocupado por la misma se comenzó a llamar Cavacas y quedó plasmado en la geografía: una meseta lleva por nombre Mesa de Cavacas y una quebrada afluente del río Guanare. 


Cabaça, en portugués,
proviene del 
árabe kara bassasa.
Este Fernandez, del que no conocemos mas datos, pero su sonoro nombre parece de origen portugués, lo cual queda reforzado por el apellido, Cavacas, el cual en los documentos antiguos se escribía Cabacas. Se conoce como Cabaça, en portugués, a plantas de la familia de la cucurbitácea, unos tipos de calabazas, parecida a nuestra ahuyana. La palabra proviene del árabe kara bassasa.


La calabaza fue de las primeras plantas cultivadas. Tiene utilidad para elaborar artesanías y en especial recipientes para almacenar bebidas, como ornamento y para elaborar  instrumentos musicales. En África tiene usos parecidos a los que actualmente se usan en América. 

El shekere o calabash es un instrumento de percusión de África del Norte, consistente en una calabaza secada, la cual se recubre con una red de cuentas y el sonido que se genere dependerá de la red y de la forma de la calabaza.


Con ella se elaboran varios instrumentos musicales de percusión. Parecido al güiro y las maracas. Es utilizada la cabaca en la música popular latinoamericana. Tiene su mayor expresión en la música popular brasileña: grupos, orquestas y en especial en la ejecución del jazz latino, en el género bossa nova, en el reggae y la música pop.



Fundación

La ciudad de Guanare fue fundada  João Fernandes de Leão e Pacheco o simplemente Juan Fernández de León, natural de Portimão, Portugal, donde nació en 1543.

Había al momento de la fundación 700 indios y 29 los fundadores de ellos varios portugueses: Pedro Gómez de Acosta, Domingo de Mederos, Blas de Mederos, Manuel Fernández, Melchor Luis, Diego Díaz Sardo, Simón Pacheco, Entre todos se repartieron 26 encomiendas. Veamos quienes dejaron su impronta en la toponimia.

Domingo de Mederos: Este hombre designado Alcalde Ordinario y Alferez de la nueva ciudad, llego a la ciudad con sus hijos Blas y Diego de Mederos. Quedó perpetuado por la quebrada y los barrios llamado Medero ubicado al este de la ciudad (La quebrada es llamada también caño y son dos los barrios: Medero I y Medero II) ). Es de destacar que esta quebrada tiene su nacimiento en las laderas de Mesa Alta y toma rumbo a hacia el SE y desemboca en el caño Igües.

Aunque el registro más antiguo del apellido Mederos aparece en las Islas Azores, que pertenecen a Portugal desde el siglo XV, lo más probable es que éste se haya originado en el pueblo de Mederos, cerca de la frontera entre la provincia de Orense en Galicia, y Portugal. Este apellido de origen portugués, procede de Ponte de Lima, al norte de Portugal. El más antiguo que se conoce de esta familia, según Antonio Machado de Faria, fue Rui Gonçalves de Medeiros, que tomó partido por el Maestre de Avis contra el rey Don Juan I de Castilla, en el siglo XIV (HIR 2020).

Diego Díaz Sardó: Debe haber tenido una encomienda adyacente a la de Mederos. Existe en la cartografía un brazo del río Portuguesa que se desprende de su margen derecha a aproximadamente 150 msnm y a 3200 m (a) antes del puente sobre la carretera troncal 0005 y tiene una longitud de 12 km y desemboca en la quebrada Mederos. Se le conoce como caño Sardinero.

Villanueva

Conseguimos en la cartografía actual dos caseríos Villanueva uno en el estado Lara y otro al norte del poblado de Boconoíto, tal vez hagan referencia al lugar de nacimiento de JFdL el puerto de Villanueva de Portimáo en Portugal. El fundador estuvo acompañado de su hijo Simón Pacheco, el cual tuvo un hijo llamado Juan Pacheco y este a su vez uno llamado Bartolome Sánchez de Villanueva. 





Portugueses presentes en la fundación de Guanare


1. Juan Fernández de León Pacheco, Capitán Fundador, Portugués. 3. Juan Simón Pacheco, hijo del Capitán fundador, Regidor.
4. Pedro Gómez de Acosta, portugués, escribano.
5. Domingo de Mederos, portugués, Alcalde; iba acompañado de sus hijos Blas y Diego de Mederos.
6. Blas Rodríguez Casco, portugués, Alcalde.
11. Manuel Fernández, portugués, Procurador General.
13. Diego Díaz Sardo, portugués.
22. Melchor Luis, portugués. su esposa dio el nombre al estado.

Como vemos los portugueses ham dejado su esencia en la geografia del municipio y en especial en el nombre de la entidad federal: estado Portuguesa. 

Referencias 


Manuel de Mederos (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 15 de abril de 2019 de  https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_de_Mederos

Cabaça (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 15 de abril de 2019 de https://pt.wikipedia.org/wiki/Caba%C3%A7a

Shekere (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 15 de abril de 2019 de https://es.wikipedia.org/wiki/Shekere


Pralon, Nectario María. 1981. Historia del Estado Portuguesa. Ministerio de Educación..pp 52-53 y 83

HIR. 2020. Medero. https://www.heraldrysinstitute.com/lang/es/cognomi/Mederos/Espa%26ntilde%3Ba/idc/612345/

lunes, 15 de abril de 2019

Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos

Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos






LA TRASCENDENCIA DEL PROYECTO 


Por José Santos Urriola 

Las cronologías venezolanas —sobre todo en lo atinente al período de la Tercera República— suelen exhibir una abundosa, aunque no siempre afortunada, información política. Con menos prolijidad, en cambio, manejan cuando se refiere a los hechos sociales. Con mucha parquedad, las cuestiones de la economía. A casi nada se reducen, por último, los asuntos de la vida cultural. Y sin embargo, será en eso, lo último, precisamente, cuando por su cuenta y riesgo lo bus-que, donde el lector, preocupado por la suerte del país, encuentre materia de consuelo, entre las malas venturas, desaciertos, confusiones, corruptelas, megalomanías, crueldades, desfachateces y simples picardías que jalonan, con abusiva frecuencia, la historia nacional. 

Pero, dichosamente, para nuestra salvación en el reino de este mundo, no faltará quien abra una escuela, quien adelante una campaña de salubridad, quien inaugure una sala de lectura, quien publique —a expensas de su exigua bolsa— un tomito de versos, quien recoja las recetas de la venerable cocina criolla, quien clasifique unas plantas, hasta allí mudas para el lenguaje de las ciencias; quien fije en letras algún mito ancestral, quien explique la estructura de la melodía que secularmente ha cantado nuestra gente; quien dibuje un pájaro en proceso de extinción, quien describa unas aguas termales, quien registre las particularidades del español de Venezuela, quien emprenda una exploración remontando las soledades del río... 

Allí, justamente, hallaremos las razones que vertebran nuestra condición de pueblo, a través de los siglos, más allá de los cambios que impone el solo acto de vivir; y, quizás, por ahí mismo, descubramos, no sin orgullo, aun bajo el esclarecedor conocimiento de las propias limitaciones, nuestra pertenencia a la nación de que formamos parte. Así, dentro de ella, sin pueriles pujos de singularidad, la percepción de cierta especifidad de lo guanareño, desde hace cuatrocientos años, ahora. Lo cual no puede quedarse en meras apreciaciones. Pues requiere de la explicación más fehaciente que la pura intuición. Algo que pudiera abrirse paso a través de los estudios de las ciencias sociales, con rigor metódico, con la inagotable capacidad de asombro que define la sabiduría en todas las épocas y con la generosidad que informa las empresas de honradez intelectural, en cualquier disciplina del saber humano. 
Hacia ello, de algún modo, apuntó, y apunta, una vieja aspiración de Guanare. De tal forma, la reiterada vocación por la indagación histórica, entre nosotros, el amor por las tradiciones orales y la te-nacidad en mantener viva la conciencia de comunidad. Eso en que se hermanan con edificante —por democrática— soltura, la puntualidad de las investigaciones doctas, la memoria fluida, o reticente, del anciano —cargada, siempre, de afectividad— y la inefable gracia de las imaginerías populares. Lo que procura cobrar organicidad en la década anterior. Cuando, al calor del bicentenario de Bolívar, se da su nombre a la biblioteca fundada por el Vicerrectorado de Producción Agrícola de la Universidad de los Llanos Occidentales. Esto, sobre un fondo bibliográfico de excepcional valía. La espléndida donación que, a la institución universitaria, hicieron la viuda y los hijos del doctor Carlos Emilio Muñoz Oraa, uno de los guanareños mejor nacidos en las cuatro centurias de existencia de la ciudad del Espíritu Santo del Valle de San Juan de Guanaguanare. A la colección de libros de Muñoz Oraa, se agregaron otros donativos de Luis J. Medina, Pedro José Muñoz, Pedro José Urriola Muñoz y hasta una modesta contribución de quien esto escribe. Con todo, faltaba dar un impulso vital que transformara la amplitud de las virtualidades en realizaciones eficientes. Cubrir el trecho que, según la sapiencia atávica, media entre el dicho y el hecho. O sea, entre muchas cosas, en nuestro caso —para expresarlo con simplismo gráfico—: poner la bibliografía al servicio de los investigadores que orientaran la multiplicación de sus talentos hacia una luminosa comprensión del acontecer regional. Lo cual se vuelve factible en el momento en que José Agustín Catalá, de fecundo regreso a su pueblo, dona a la Universidad el terreno donde se edificará el Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos Occidentales. Allí, a un costado del antiguo Convento de San Francisco, hoy claustro universitario, se alzará, confiamos, más temprano que tarde, la construcción proyectada por el doctor Francisco Peyró, por encargo del mismo Catalá. Así, gracias a la magnanimidad del donante y la puntual maestría del arquitecto, se armonizarán, hombro con hombro, en la antes felizmente llamada Calle del Obispo Unda, el entrañable rasgo de lo colonial y la belleza funcional de lo moderno. 

Cuando esto ocurra, Guanare deberá reconocer la favorable acogida que en la Universidad de los Llanos Occidentales tuvo la proposición de José Agustín Catalá. Ahí, el pedazo de corazón que, en esa obra de tanta envergadura espiritual, pusieron el vicerrector Julio Gélvez y el jefe del Programa de Cultura, Jesús Torrealba Villamizar. Dos nombres a los que, sin duda, habrán de sumarse otros muchos. Porque —lo he repetido en múltiples oportunidades— el guanarerio es terco para el bien. Conoce perfectamente la privilegiada situación de nuestra ciudad como cruce de caminos en la región de los Llanos Occidentales, con su implicación de ventajas e ineludibles compromisos que, desde diversas perspectivas, abarcan una compleja trama de posibilidades creadoras, desde lo económico hasta lo cultural. Sabe que el Centro de Investigaciones Históricas se constituirá en una fértil agencia de servicio a la colectividad. En lugar de encuentro para la reflexión y el diálogo. Pues allí se intentará esclarecer, de manera ejemplar, tal vez como fuente de acción, lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, en el más noble concepto de lo que debemos ser. 
Caracas, mayo de 1992 


José Santos Urriola 


PRESENTACION 

Los Llanos Occidentales tienen un pasado rico en sucesos de importancia regional y nacional y disponen de recursos físicos naturales que, racionalmente utilizados, garantizan un desarrollo aceptable de su población.

Para conocer y analizar los procesos históricos de la zona, lo que a su vez será de gran importancia para prever gestiones sobre el desarrollo -y por iniciativa del editor guanareño José Agustín Catalá, donante del terreno para la edificación de la sede- el Vicerrectorado de Producción Agrícola de la Universidad .Ezequiel Zamora, conjuntamente con un grupo de personalidades que le han dado apoyo a la idea, decidió créar un Centro de Investigaciones Históricas para ayudar la investigación en esta disciplina, mediante el soporte de una infraestructura anexa a la sede del Vicerrectorado de la UNELLEZ, localizado en la ciudad de Guanare, Capital del Estado Portuguesa.

El objetivo es ayudar a los investigadores y estudiantes de esta disciplina; sistematizar y hacer disponible la información existente; establecer los acuerdos con la Academia Nacional de la Historia, con los Centros regionales en el país; así como con los centros o instituciones que se crea conveniente de los países americanos y de Europa.

La sede física de la institución, estará ubicada en el cuadrilátero histórico de la ciudad, donde funcionan organismos promotores y difusores de la acción cultural, tales como el Museo Histórico, Ateneo, Centro de Cultura, la UNELLEZ, escuelas de teatro, orquesta juvenil y centros educativos que mancomunadamente vienen desarrollando una tarea muy única de la región, en el campo de las letras, bellas artes y en la conservación del patrimonio histórico de la capital portugueseña.

El edificio sede del Centro ocupará 620 m2, constará de cuatro áreas adecuadas para el desarrollo de actividades que se interrelacionan para el cumplimiento dé los objetivos específicos.

La juventud y los profesionales de la docencia tendrán en el Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos Occidentales, un receptáculo de conocimientos que les permitirá plantearse los problemas históricos, geográficos y filosóficos, propios, de una comunidad poseedora de tanta sensibilidad como Guanare. Además esta iniciativa podría abrir caminos para que la UNELLEZ empiece la actividad de extensión y postgrado en el área de historia.

La creación de este Centro se inscribe como uno de los homenajes de mayor mérito rendidos a la ciudad de Guanare en el peldaño de 400 años.

Guanare, noviembre 1, 1991

SÍNTESIS DE LA MEMORIA DESCRIPTIVA 

Urbanismo 
La acertada localización del terreno, aún siendo de dimensiones limitadas, ha contribuido en la amplitud del proyecto. Se ubica al lado de las edificaciones históricas donde tiene su asiento el Vicerrectorado de la UNELLEZ (Antiguo Convento de San Francisco) y Casacoima, sede actual del Museo Histórico de Guanare, lo que viene a fortalecer la calidad del sector urbano de la Capital de Portuguesa. 


Arquitectura 

El Centro de Investigaciones Históricas quedará inmerso en un volumen arquitectónico de líneas suaves y proporciones bien equilibradas por sus contrastes de planos sólidos y vacíos. La continuidad y transparencia de sus ambientes expone lo funcional y agradable de sus espacios y circulaciones. El concepto ambiental ha sido considerado como parte esencial del diseño. La ventilación por aire cruzado hace más confortables cualesquiera de sus partes. 
Los materiales están dentro de las líneas convencionales, con la aplicación de sobriedad que exige el tema arquitectónico y social, concluyendo con una total armonía. 

La Programación 

La elaboración de una programación para los requerimientos de áreas necesarias, con lineamientos o directrices que se ajusten o los objetivos del proyecto —Centro de Investigaciones Históricas— dan la respuesta al propósito de tipo social, histórico, cultural, económico, político y docente que está exigiendo el crecimiento y desarrollo de la región, y la ciudad de Guanare en particular. 
El conjunto de actividades incluidas, pretenden alcanzar un orden conceptual para facilitar la convivencia, y que sea más perdurable en la localidad que las meras percepciones pasajeras. 
a. ACTIVIDADES de TIPO SOCIAL y de RECEPCIÓN e INFORMACIÓN, AMPLIAS ÁREAS de circulaciones y reuniones, —exposiciones — información — turismo, etc. 
b. ACTIVIDADES ESPECIFICAS. Biblioteca — Hemeroteca — música — efectos audiovisuales — venta de publicaciones. 
c. ÁREAS DE TRABAJO — consulta — investigación —Dirección, Administración y Gerencia. 
d. Áreas para la exhibición y venta de libros y revistas (información y extensión). 
e. Áreas de servicios básicos y de sanitarios. 
f. Áreas de esparcimiento — Terraza Azotea (participación cívica). 
g. Accesos — comunicaciones verticales y escapes. 
h. Áreas exteriores. 

Concluyendo con los criterios de una metodología para el . diseño y selección de 'materiales adecuados y las instalaciones técnicas estrictamente necesarios para garantizar un buen funcionamiento ambiental. 

Descripción de la edificación 

El terreno —la calle 17— tiene una ligera pendiente. Hay un desnivel de 1,60 apróx. Esta situación de la topografía se aprovecha en el diseño, produciéndose 3 plantas que se articulan a medios niveles, facilitando el acceso —comunicaciones verticales— de una planta a la otra. 
PLANTA BAJA — acceso principal desde la calle, se entra a través de un pórtico al amplio vestíbulo donde se ubican la recepción el área de publicaciones, la oficina del Cronista de la Ciudad, un salón para usos múltiples con capacidad aproximada para 120 personas. Servicios sanitarios para ambos sexos y salida de escape. A medio nivel se llega al salón de biblioteca y a la hemeroteca. 
PLANTA ALTA — también articulada en medios niveles; contiene las áreas de música, audiovisuales, amplia área de exposiciones y 2 aulas con oficinas—cubículos para los historiadores. e investigadores. En esta planta se localiza el ambiente de dirección — gerencia con su correspondiente secretaría, recepción y unidades de sanitarios. 
PLANTA ALTA — parcialmente cubierta para actividades de esparcimiento, cafetín con sus servicios complementarios. 
PLANTA SEMISOTANO — se ha distribuido organizan-do los servicios y áreas de apoyo — área de artesanía, oficina de turismo, asociaciones culturales y área para taller de imprenta, servicios técnicos y sanitarios. 

Estructura 
La estructura de soporte — antisísmica — está formada por una trama modular romboidal, 6 x 6, (módulos de 36 m2). 
La combinación de medios niveles y medios tramos de escalera adoptados a la topografía del terreno y a las características del lugar responden al concepto estático de la edificación diseñada, con las condiciones de seguridad requeridas. 
Los materiales: el concreto armado, combinados con forjados y la alfarería tradicional concluyen con la finalidad de la edificación. 

ASPECTOS PSICOLOGICOS Arg. Francisco Pcyró N. 

Hoy con la invasión de un despiadado y abusivo materialismo, aspecto normal de la vida contemporánea, se está anulando la ESPIRITUALIDAD, capaz de aportar NOBLES IDEAS con digna severidad. Observando lo que se puede considerar como VISIÓN original a través del cúmulo de IDEAS y CONCEPTOS, es que debemos plantearnos la importancia de los EFECTOS PSICOLÓGICOS en la ARQUITECTURA que producen nuestras generaciones. Quizás una explicación rápida —o una SÍNTESIS— de tan necesaria consideración, la debemos hallar con el apoyo de algunos ejemplos: existen todavía bastantes muestras del MUNDO ANTIGUO y PRIMITIVO, que nos ayudan para obtener la capacidad de PREGUNTAS y RESPUESTAS. INMERSOS en el ambiente de una catedral ROMÁNICA o GÓTICA o del BARROCO, o frente a las ruinas de los
DOLMENES, MENHIRES, PINTURAS RUPESTRES, PIRA-MIDES, MURALLAS... vestigios en la variedad del HABITAT HUMANO, maravillas del pasado..., todas construcciones trascendentes en el ESPACIO y en el TIEMPO... he ahí las RESPUESTAS. Contenían la suficiente dosis de SENSIBILIDAD y de AMOR por la IDEA y el TRABAJO que se estaba realizando (aún siendo un período de historia esclavizante). Se conocían bien las proporciones, la línea, la forma, el espacio, lo útil, el equilibrio, las ESCALAS, los SÍMBOLOS, la limitación y posibilidades de los materiales, el COLOR, su TEXTURA, la SONORIDAD, la LUMINOSIDAD, la VENTILACIÓN... no siendo únicamente la MONUMENTALIDAD de la obra la esencia de una noble y singular ARQUITECTURA, para culminar en una elaborada ARMONÍA y BELLEZA, capaz de transmitir, orientar y culturizar al hombre y ofrecerle el camino de los VALORES de su época y así ayudado a encontrar el ENCANTO de su EXISTENCIA —la justicia, la templanza, LA VERDAD.
La planificación es una ciencia: ...más: es un humanismo, un conjunto de todas las ciencias del hombre y para el hombre. La organización de la vida colectiva, para el logro de la felicidad individual es la meta que se traza el planificador. La planificación es de todos los tiempos y de todos los hombres.

El estudio de planificación
Todo el sistema de estudios requiere una organización precisa y compleja que permita lograr una planificación científica. Participarán en el proceso del estudio, además de un grupo escogido de expertos profesionales, todas las fuerzas vivas.

CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS DE LOS LLANOS OCCIDENTALES UNIVERSIDAD DE LOS LLANOS "EZEQUIEL ZAMORA" - GUANARE - VENEZUELA 

Promoción: José Agustín Catalá 
Proyectista: Arce. Francisco Peyró N. 
Ingenieros: Sótero Parra, Víctor Francisco y Julio Gélvez Dibujante: Roberto Escalona 

Comité operativo de desarrollo 
Dr. Luis Herrera Campíns 
Sr. José Agustín Catalá 
Ing° Julio Gélvez Ramos
 Dr. Carlos Gómez Urquiola 
Sr. Jesús Torrealba 

A los efectos administrativos el Ing° Julio Gélvez Ramos, Vicerrector de la Universidad Ezequiel Zamora, ejercerá funciones en calidad de Presidente del Comité; el Sr. Jesús Torrealba actuará como Tesorero y el Dr. Alfaro Brito como Asesor Jurídico. 

Proyecto cuatricentenario a desarrollarse sobre terreno donado por el editor José Agustín Catalá a la Universidad Ezequiel Zamora, ubicado en la Calle 17 de la ciudad de Guanare, justamente en el frente lateral del Vicerrectorado de la UNELLEZ 












                                    

REFERENCIAS


UNELLEZ. 1991. Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos. Folleto 

Santos Urriola, J. 1993. Proyecto Centro de Investigaciones Históricas de los Llanos: Uno de loa homenajes de mayor merito rendidos a Guanare en su cuatricenternario. In Catalá, A. 1993. Anales del cuatricentenario de Guanare. pp 105-106.

sábado, 13 de abril de 2019

CASA DE LOS PINO POU

                           CASA DE LOS PINO POU 

Casa de la Familia Pino Pou
Casona situada en la calle Abreu, hoy carrera 3, cruce con calle canales hoy 15. Aquí nace el eminente médico Rafael Pino Pou, familia muy pobre, pero esto no es obstáculo para que el joven se traslade al centro a continuar sus estudios. Viajando en carretas tiradas por mulas, llega a Valencia y de aquí continúa en oportunidades a Caracas, resuelto a cursar estudios médicos, para sostenerse desempeña varios oficios entre otros; de mesonero en un expendio de comida. Comienza la carrera en 1900 y a pesar de las dificultades económicas del tiempo que le resta el trabajo lleva a feliz término su meta trazada y en 1906 recibe su título de médico cirujano y al encontrar la oportunidad se va a Francia a perfeccionar sus conocimientos y allí recibe el título de médico colonial. Estudia Parasitología con la eminencia para la época en esta materia el doctor Blanchard, para regresar a Venezuela, el sabio francés le hace una carta donde le elogia su talento y su dedicación. Se dedica a la investigación. Resulta un excelente clínico. Realizó interesantes trabajos en el campo de la Bacteriología, sobre fiebre recurrente, y sobre Chagas. Fue individuo de número de la Academia de Medicina, murió el 10 de octubre de 1936. 


Posteriormente, esta casa es adquirida por el poeta Manuel V. Martínez García, quien vino a Guanare, se radicó aquí, fue director de varios periódicos, profesor del colegio y se casó con la honorable señorita Silvina Angulo Ariza y procrearon seis hijos, cinco varones y una hembra, y aún conservan y mantienen en estado aceptable la vieja casona. *

La vivienda no existe, desapareció bajo la desidia de sus dueños y las autoridades y la indolencia e ignorancia del pueblo en general. Solo un terreno vacío y la pared de ladrillos de la antigua cárcel es lo que queda de la casona
                                                                 Alfredo Gomez Alvarez

La casa estaba ubicada al frente de donde estaba la primera casa construida en  Guanare, en lo que hoy es el Colegio Sagrado Corazón de Jesús o Colegio Las Monjas.. Aca puede ver el lugar donde estaba la casa. 


Referencia

Gómez Alvarez, Alfredo. 1991. Pequeña historia de la Ciudad de Guanare. Edición del Congreso de la República Conmemorativas del cuatricentenario de Guanare. Caracas Noviembre 1991. p. 73

viernes, 12 de abril de 2019

MI REQUIEM A RAFAEL GAVIDIA

Pedro Quintero García
¡Ha muerto un gallardo capitán de positivas ejecutorias! Capitán de la ley y de las letras, generoso altruista, Cronista de la ciudad de Guanare, genuino vocero de las penas y alegrías. Había cruzado este valle de lágrimas,. presuroso, como si presintiera lo breve de su carrera terrenal. Logró quemar etapas como llanero de lanza en ristre empeñado en rendir las murallas de la incomprensión. 

Cuando escalaba los peldaños del Olimpo un hado siniestro lo re-duce al limbo de lo desconocido y lo hunde en el lago tenebroso de misteriosas conjeturas y así convierte en más doloroso su calvario, cuyas causales, la vindicta pública reclama esclarecer. 

Reconocemos la habilidad de los malechores para enmarañar sus fechorías y como entre cielo y tierra no hay nada oculto, espero el ad-venimiento de la verdad.

La vida es frágil, expuesta a los monstruos de pasiones infernales, capaces de cometer salvajes homicidios sin esperar conmiseración de Dios y de los hombres. Ejemplos sobran en el mundo, Gandhi y Lut-her King me vienen a la memoria como apóstoles y mártires de un ideal sagrado. ¿Acaso el humanista guanareño sería inmolado en aras de un rito sanguinario especializado en personajes relevantes como venganza de las desigualdades del mundo?

Me unió a Rafael una entrañable cordialidad nacida en comunes propósitos y en todo momento sentí el calor de sus sensatas opiniones, termómetro de su patrimonio cultural y de sus virtudes personales.
Hubiera deseado extender estas divagaciones con algunos episodios importantes, pero la oportunidad sólo me permite esta apretada semblanza sacada de la verdad sin ingredientes extraños. 

Principio por exaltar la devoción de Rafael por Guanare, tierra que no fue su cuna, aunque supo enaltecer en todo momento y circunstancia; aquí sembró un pedazo de juventud y cosechó ilusiones y esperanzas color de rosa al contraer matrimonio con una agraciada dama de la alta alcurnia con quien modeló hijos en la escuela de la dignidad. Gracias a sus persistentes esfuerzos obtiene el título de doctor de ciencias jurídicas y como poseía verdadera vocación, abre su escritorio y empieza a luchar el derecho y la justicia con sonado éxito. 

Aquí recibió su primer golpe cruel del destino al perder su primogénito en un accidente,-sus efectos produjeron una conmoción dolorosa en el seno de su familia. 

Desde el principio del mundo la muerte ha producido un espantoso miedo, como si fuera una maldición inesperada y si recordamos el ciclo biológico, siempre estaríamos dispuestos a recibirla como un acontecimiento natural. 

"Todo ser nace, crece, se reproduce y muere". Nadie se exime de cumplir el primero y último enunciado, uno llena de alegría, el otro llena de dolor. 

Guanare fue para Rafael Gavidia alma máter de sabias enseñanzas que lo preparó para soportar las penalidades y le templó el espíritu para desviar los zarpazos del infortunio. 

Mi amigo poseía una prodigiosa móvilidad en el desempeño de sus obligaciones; a tempranas horas tomaba el desayuno y se encaminaba a su escritorio, leía la correspondencia recibida, redactaba informes y cartas, atendía a algunos clientes, se presentaba al Tribunal para revisar expedientes de sus defendidos, tomaba las debidas notas y quedaba al tanto de los pasos venideros.

Seguía hacia el Ateneo Popular y en calidad de directivo revisaba los programas y cambiaba ideas con sus compañeros. Colaboraba en el periódico "Guanare" y entregaba los artículos casi siempre relacionados con las crónicas de la ciudad. En determinados días se trasladaba a Acarigua para atender asuntos judiciales y aprovechaba para visitar al diario "Ultima Hora", charlaba con sus colegas y les consignaba algún artículo para su publicación. En la noche regresaba al hogar para disfrutar de descanso y tranquilidad.

Como se comprenderá este tren de vida a la, larga agotaría las reservas físicas y mentales y como era natural, en varias ocasiones, en mi condición de médico, le advertí mis temores por un flejamiento que podía derivar un infarto cardíaco y en medio de una sonrisa, me contestó: "de algo hay que morir", una respuesta muy lógica de los sujetos confiados en su fortaleza física, como si ello fuera un seguro de vida. Gavidia disfrutó de un pasatiempo, muy propio de un científico dedicado al mantenimiento de las riquezas naturales. En los aledaños de la población cultivó un rincón paradisíaco al sembrarlo de árboles frondosos, jardines, lagunas artificiales y frutas silvestres.

En el centro construyó un kiosco rural orlado de reliquias de antiguos personajes, restos de viejas construcciones e instrumentos de trabajo hoy desaparecidos.

Había logrado reunir ejemplares de la fauna criolla, admirablemente aclimatados por el especial cuidado en su manutención. A pesar de su vida agitada mi amigo disponía de tiempo para atender este pequeño refugio, llamado a ser el germen de un jardín zoológico.

Cuando llega el momento de su sepelio, las campanas doblan, la familia llora, los amigos gimen, las claman rezan y yo en silencio lo despido con este réquiem sentimental salido de lo más profundo de mis entrañas.

Referencia

Quintero García, Pedro 1991. Guanaguanare. Biblioteca de temas y autores portugueseños. Ediciones del Congreso de la República. pp. 477-479.

martes, 9 de abril de 2019

En Las Marías el Catire Florentino sostuvo la porfia con el diablo

En Las Marías el Catire Florentino sostuvo la porfia con el diablo 

Pedro Pablo Linárez Director 
Museo Arqueológico J.M. Cruxent El Tocuyo Edo Lara


A propósito de nuestra investigación sobre algunos pueblos desaparecidos perte­ necientes a la jurisdicción de Guanare, Estado Portuguesa, tuvimos la oportunidad de visitar los antiguos parajes para reconocer sus evidencias arqueológicas e igualmente pudimos conocer las versiones orales de algunbs pobladores sobre las causas de la desaparición de aquellos Centros Poblados Colo­niales. 


Este fue el caso del pueblo de Las Marías, a escasos kilómetros al este de la ciudad de Guanare, del cual conocimos el hecho histórico de su desaparición por la versión oral que nos fue trasmitida por Doña Ninfa Colmenárez de Guillén, pero esta historia se volvió más interesante cuando la informante nos puntualizó que entre las causas de la desapari­ción de este pueblo; ubicado en la margen izquierda del río del mismo nombre, se decía por tradición, que había sido porque en aquel sitio había sido donde El Catire Florentino sostuvo la porfía con el diablo, y es­to, por supuesto, llama poderosa­ mente la atención por cuanto se tenía entendido, durante más de cincuenta años, que dicho acontecimiento había sucedido en el Estado Barinas y no en Portuguesa. De allí que publiquemos esta versión y parte del romance a propósito que se conozca esta variante de un tema tan complicado como lo es el encuentro de cantores y juglares con el ser supremo de la maldad, en términos religiosos, pero que en términos literarios e históricos forman parte de su creación más rica e imaginativa de estos pueblos llaneros del occidente venezolano.

No sabía Doña Ninfa que durante largos años de vivir en Guanare había guardado en su memoria la historia y parte del romance considerado "uno de los poemas fundamentales de la lírica venezolana y americana el cual fue popularizado por el intelec­tual ''barinés-portugueseño'' Alber­to Arvelo Torrealba quien lo recogió de la voz de los llaneros de estos es­tados vecinos y lo publicó por prime­ra vez en el año de 1940 con el título de "Glosas al Cancionero", versión ésta que fue modificada y "ampliada" para otras ediciones más que salieron al público en 1950 y 1957, respectivamente.

Ahora estamos ante la posibilidad de conocer otra narración del mismo hecho que fue sustraída de la memoria del pueblo que la creó y enriqueció en medio de su mundo de creencias simbólicas a quien en definiti­va le corresponde la autoría intelec­tual colectiva.

Es importante recordar que la si­tuación sobre la creación de esta rica literatura de la profunda expresión filosófica y antropológica ha venido siendo recogida por diversos intelectuales, arreglistas y copistas, quienes al estampar sus rúbricas han dejado en el anonimato a las colectividades que durante año la crearon, enriquecieron y cantaron, con todo el hermoso colorido de este pueblo sabio y valiente.

A continuación presentamos la versión que Doña Ninfa Colmenárez de Guillén nos contó sobre el contrapunteo que Florentino (¿Gamarra?) sostuvo con el diablo en el pueblo de Las Marías. 


"Esa historia me la contaba mi padre y mi madre que el pueblo de Las Marías era muy fiestero, que la gente cantaba mucho, tomaba mucho aguardiente y a ese Florentino nadie le podía ganar cantando en los corridos que el componía".

"Entonces una noche llegó un señor en una mula hasta el patio de la casa donde había una fiesta allá en Las Marías. Se desmontó y llegó donde estaba la gente del baile y preguntó que- quién es Florentino? y él se paró y caminó hasta donde estaba el señor que llegó, que según la gente era el diablo, y le dijo:- Me han dicho que a ti y que no te gana nadie contrapunteando, vamos a ver si puedes conmigo -y Florentino le respondió"- "'Vamos ver!-- y empezaron a cantar.

"Ahí empezó la porfía entre aquellos dos hombres buenos contra punteadores en el pueblo de Las Marías.

Catire quita pesares 
contéstame esta pregunta 
Cuál es el gallo que siempre 
lleva ventaja en la lucha 
y aunque le den por el pico 
tiene picada segura

"Y El Catire Florentino toma un aire v le contesta inmediatamente:

Tiene picada segura
 el gallo que se rebata
 y no se atraviesa nunca 
bueno si tira el pie,
mejor si pica en la pluma


"Así siguieron cantando y cantando toda la noche, pero Florentino ya en la madrugada estaba cansado y parecía que el Diablo lo iba a vencer".

Que ya Florentino es mío 
ñéngueres de Banco seco! 
Taro-taros del Pionio!
si usted dice que hoy suyo 
será que me le he vendío,
 si me le vendí me paga
 porque yo a nadie le fío.
Yo no soy rancho vaquero 
que le mete el agua al río, 
yo no soy pájaro bobo
pá estar calentando nío. 
Zamuros de la Barrosa 
 del alcornocal de abajo 
ahora verán señores
al diablo pasar trabajo


"Florentino se puso a cantarle y a nombrarle a la Virgen de Coromoto y la Virgen del Rosario y entonces ahí fue donde explotó el diablo,  cuan­do le dijo ahora verán señores al diablo pasar trabajo".


Mucho gusto en conocerlo
tenga señor Satanás
Zamuro de la barrosa
salgan del alcornocal
que al Diablo lo cogió el día
queriéndome atropellar sácame de aquí con Dios
Virgen de la Soledad,
Virgen del Carmen Bendita
Sagrada Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro
dulce Virgen de la Paz,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá
piadosa Virgen del Valle,
Santa Virgen del Pilar,
Fiel madre de los Dolores
dame fulgor que tu das,
San Miguel! dame tu escudo,
tu rejón y tu puñal,
Niño de atocha bendito
Santísima Trinidad.


"Aquello se puso negro el salón donde estaba la fiesta, cuando el diablo reventó, todo el mundo salió corriendo asustado de  aquella hedentina a azufre'".

"Esa versión la contaba una tía de Florentino, Marta Gamarra, no ve que los Gamarra eran parientes de Florentino. Después de eso él duró como seis meses muy malo, pero se curó y después no sé. Eso lo sé porque esa señora llegaba a casa y empezando a contarle a mi mamá y uno muchacho oía eso".

"Según esa versión el pueblo de Las Marías empezó en  decadencia a acabarse y acabarse. También tiene parte el Gobierno así como en San Rafael de Las Guanduas. Se dice también que a este pueblo lo acabó la fiebre amarilla, una parte, no sé. Ese y que era un pueblo grande, dice la gente, yo no lo conocí, yo nací en San Rafael de las Guanduas en  1915··.


TOMADO DE 
Pedro Pablo Linares https://www.academia.edu/28253483/En_Las_Marias_Pele%C3%B3_Florentino_con_el_Diablo_1992_ Domingo 01 de marzo de 1992 Periodico super guia dominical pag 8