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"La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida” Arturo Uslar Pietri

domingo, 29 de septiembre de 2013

RESEÑA DE LA CAMPAÑA REVOLUCIONARIA ACAUDILLADA POR EL GENERAL JOSE RAFAEL GABALDON Y AÑO DE 1929 por Gonzalo García

RESEÑA DE LA CAMPAÑA
REVOLUCIONARIA ACAUDILLADA POR
EL GENERAL JOSE RAFAEL GABALDON
Y AÑO DE 1929

Caracas, 7-11-78


Gonzalo García
Es la Reseña de la Campaña Revolucionaria Acaudillada por el General José Rafael Gabaldón y Acaecida el Día 27 del Mes de Abril del Año de 1929. Para Combatir la Tiranía del General Juan Vicente Gómez, Quien Sostenía a Venezuela Dentro de su Condominio y Fuero Personalista.

Es la Venezuela de Juan Vicente Gómez, y también de Cipriano Castro, los dos grandes tiranos, quienes estatutaron personalidad y dictatorial máxima, y asimismo gobernando constitucionalmente, dentro de Congreso eunuco también designado indirectamente, como votación congresal acaudillada y también dentro de votación concejal de servidumbre.

Por ese motivo, la protesta estudiantil generada dentro de la Universidad Central de Venezuela, el año de 1928, resultó estéril y también socavada. Sus cifras de estudiantes valerosos cayeron dentro de La Rotunda y dentro de las pocas carreteras que como vías de comunicación se reabrían, sosteniendo como sus obreros a estos mismos estudiantes y rebelados el citado año de 1.928.

Dentro de este estado de cosas, como de gestiones políticas cursativas, nada se consiguió, sino la reafirmación de continuar en el poder sin situarle ninguna atención a las reclamaciones subastadoras de la opinión, quien yacía abatidamente postrada, sin sostener ninguna base reaccionaria y patria deparada.

Es así, que el General José Rafael Gabaldón, también lugarteniente y gomecista se rebela y también se centraliza ocupando su hacienda agropecuaria de Santo Cristo, y circunscrita en el Distrito Sucre del Estado Portuguesa.

Es desde aquí que comienza a situar cartas para Gómez, llenas de reclamaciones y patrias ostensoras.

Sin embargo, ninguna de ellas ejerce piedad en el ánimo del dictador Juan Vicente Gómez, para el cual ya Gabaldón, le figura disidente y también objetativo.

Para este entonces, me encontraba en Biscucuy, capital del Distrito Sucre, en Portuguesa. Aquí figuraba de apoderado de la casa comercial del señor Germán Uribe y era cifra oponente al gobierno, en virtud de que, como Presidente del Concejo Municipal de este citado Distrito Sucre, no se me permitió rendir cuentas, ni tampoco fijar su entrega, por haber sido allanado el recinto concejil y figurar su nueva terna munícipe, cursativa por mandato del Jefe Civil y Distrital.

Estando así las cosas, es que se alzó el General Gabaldón, descendiendo hasta Guanare con fines de hacer toma de esta ciudad. Yo me integré dentro de los 31 hombres que bajamos a verificar este acontecimiento patrio tutelario.

Sin embargo, el allanamiento de Guanare no sostuvo, por parte del gobierno instalado, resistencia alguna. Desde aquí, continuamos nuestra marcha hacia Barinas, y haciéndolo por el Paso del río Boconó, dentro de su pueblacho que conducía aún este nombre.

El paso del río Boconó lo encontramos seriamente defendido por el General Sálvano Uzcátegui, quien se encontraba atrincherado en la orilla opuesta y protegido por un montañoso que integraba gran número de árboles robustos y también altos.

Es desde aquí que el General Gabaldón resolviera regresar hasta Biscucuy, con fines de conocer y también reunir las aportaciones que como contigentes revolucionarios enmarcaban el levantamiento contra Gómez y también registrando estado de coordinación militar y paralelo con el nuestro.

A nuestro regreso a Biscucuy, concurrieron Boconó con 80 hombres y 40 máuseres tomados de la oficina de la Jefactura Civil y figurando dentro de éste su comando, don Jesús Altuve Torres, persona de mucha entereza y consecuente amigo gabaldonero. El de Campo Elías, con 20 hombres y algunas armas y teniendo como su jefe al señor Orestes Briceño; como el de Guaitó que comandaba el Coronel Rafael Piñero. Posteriormente, pero por la tarde, se presentó el General Froilán Torrealba (Mano Lan) con su contingente de su hacienda Palma Sola, en Chabasquén. Así es que figuramos mejor dotados dentro de nuestro retorno a Guanare, pero manteniendo el desconsuelo de que ningún otro alzamiento se registraba coordinado con el nuestro, para hacerle frente a Gómez. Sin embargo, hasta última hora, se nos informara que los dos Humocaros, el Tocuyo, Sanare y Guaríco respondieron de igual manera que nosotros y también aguardaban nuestro próximo encuentro.
Área de influencia de la Gabaldonera



Así las cosas, el General Gabaldón resolvió situarse en Humocaro Alto, y haciéndolo a través de la hacienda El Regalo en Chabasquén y alta cordillera de montaña que separa a Guaitó de Humocaro Alto. En la hacienda El Regalo, propiedad del señor Tobías Riveros, éste nos aguardaba en compañía de su hermano Víctor Manuel manteniendo un contingente de 15 hombres y armados de cubanos, escopetas y algunos revólveres; ya aquí, pernoctamos comiéndonos una sabrosa ternera y al día siguiente comenzamos a trepar la montaña de Humocaro Alto, la cual se sostenía muy pendiente y sin vía rural alguna. Colocados del otro lado de esta montaña y haciendo frente con el Valle de Arenales y también Humocaro Alto, nos situamos a esperar para conocer el acaecido participado y también el estado que sostenían sus levantamientos. Sin embargo, nuestra desesperada situación revestía mucha gravedad, y a la vez gran pesimismo, tomándolo dentro del desconocimiento y partidista nacional, para no haber respondido con nuestra insurrección; y también encontrarnos solos y aislados: sin haber aportado fuerzas militares bien armadas  y sufriendo el desengaño, harto desconsolador, de haber sido engañados; y sostener a Gómez con todo su ejército presto para aplastarnos y crematizar así nuestro brote rebelde.

Una comisión proveniente de Humocaro Alto, se nos presentó, portadora de la noticia anteriormente suministrada en Biscucuy y fijando ya tomados los dos Humocaros, El Tocuyo, Sanare y Guaríco. Figuraban el señor Carlos Gil, con 40 hombres armados; Julio Alvarado Silva con su Columna Tocuyana aportando 80 hombres semiarmados; Leopoldo Riveros, proveniente de Hato Arriba, que aportaba 20 hombres semi-armados; ya por la tarde, se reunió, procedente de Córdoba el Coronel Bernardo López con 60 hombres. Sin embargo, todavía nos sosteníamos tambaleantes y muy desconsolados. Es así, que el General Gabaldón optó por situarse en Guanare y esperar que se resolviera nuestra mala situación.

Por tanto, nuestra travesía hasta Guanare la hicimos a través de La Ciénaga donde pernoctamos; para continuar nuestra marcha hasta Guaríco, donde se nos sumó Pedro Antonio Oropeza con 10 hombres semiarmados. Desde Guaríco partimos para Guanare, pero apenas llegamos por la tarde al cruce de los caminos que parten para El Regalo, Villa Nueva y el mismo Guanare.

Al día siguiente, continuamos la marcha vía Guanare; en el caserío El Tigre nos aguardaba Sandalio Linares, aportando un contingente de 150 hombres provenientes de Quíbor y Sanare. Por la tarde llegamos al caserío La Raya, donde se nos reuniera el General Julio Segundo Alvarez, aportando sólo 10 hombres-, ya aquí pernoctamos y a la vez se practicó un inventario formal de nuestro contingente que como tropa fundamentaba nuestra acción, resultando ser el siguiente: 

Sandalio Linares                       150    hombres
General Alvarez                          10           "
Dr. Julio Alvarado                       80           " 
Carlos Gil                                   40           "
Coronel López                           60           "
Capitán Héctor Hernández          80           "
General Torrealba                       40           "
Orestes Briceño                         20           "
Rafael Piñero                            20           "
Leopoldo Riveros                      20           "
Nuestro contingente primario 27           "
Total                                        547      hombres

Figuraban 150 máuseres y algún pertrecho, 13 carabinas, algunos revólveres, escopetas de cápsula, cubanos y escopetas de municiones, con su resto de machetes y limeros.

Desde La Raya partimos hasta Guanare, donde llegamos el día 7 de mayo. Ya aquí, no se preveía ataque alguno de parte del Gobierno. Sin embargo, como a las dos y media de la tarde, resultamos sorprendidos por el General José Antonio Baldó, Presidente del Estado Portuguesa.

Este ataque resultó ser sorprendente y también desprevenido, pues la noticias gubernamentales que recibíamos nada contenían al respecto.

Resultó ser ataque imprevisto y también desorientado, pues yo me encontraba dentro del Hotel Guanare, había desensillado la mula y también bañado así como situándole su ración de pasto.

Del contingente del General Baldó, la columna a cargo de Virgilio Corona resultó ser la primera que se introdujo hasta la Plaza Bolívar, donde se encontraba Sandalio Linares con parte de su contingente, y el cual consiguió rechazarlo, haciéndolo retroceder hasta la Reja de Guanare y después vía de El Papelón, donde se dispersara. Dentro de este combate resultó un muerto, al igual que herido nuestro compañero, muy apreciado, señor Angel Ramón Yépez. Por esta valiente acción, el General Gabaldón hizo General a Sandalio Linares.

Después de mi salida a la calle y habiendo llegado a la esquina de la casa de comercio de don Pancho Sereno, fue que alcanzara a divisar, y fijados en la esquina de la calle transversal y opuesta, a Joaquín Gabaldón Márquez, Carlos Sequera y Alcides Lozada, figurando el contingente a cargo de los capitanes Osián Osechas y Antonio Pérez, combatiendo al que tenía a su cargo Vicente Hernández; y así es, que conseguimos hacerlo retroceder hasta la Plaza de la Coromoto, donde también se dispersara. Pero situados dentro de la Reja de Guanare, y encontrándome inmediato al General Torrealba y a Jesús Lucena Morles, sostuvimos todo el tiroteo que el Capitán Fonseca cargara y contingente éste integrado al Batallón Gómez como su Compañía de selección; y así es, que estas sus descargas las percibimos de solo frente, resultando herida mi mula, como atravesados por balas sus dos bolsones. Este sector a cargo del Capitán Fonseca se encontraba encubierto por una cortina de monte mediano, pero tupido, no habiéndolo reparado por este motivo; además figuraba, desde el alto de la serranía que respalda nos tiroteaba también, dentro de la creencia de que nosotros éramos parte de las fuerzas gubernamentales: pues la bandera nacional se sostenía por igual dentro de ambas partes.

Encontrándome todavía en la Reja de Guanare, fui auxiliado por el General Alvarez quien procedente de la Mesa de Cavacas, donde pernoctaba, se me acercó, para brindarme protección. Por otra parte, también llegó oportuna una compañía que integraba el Contigente de Boconó, a cargo del Capitán Héctor Hernández, figurando aquí, y bien remontado, un señor de apellido Torrealba quien me brindara esta su mula, y así resultó ser que resultando otra vez, igualmente remontado, y continuando nuestro contraataque hasta el caño de Mederos, donde nos contuvimos dentro del temor de que llegaran refuerzos desde Maracay, así es, que tuvimos este su conocimiento respectivo. Desde Mederos nos regresamos hasta Guanare, pero antes de llegar a la Reja, nos encontramos con el General Gabaldón, quien me dijo: Compadre, usted ha hecho mucho; regresemos hasta casa de don Rafael Angel Gásperi, que doña Florinda nos tiene una buena cena. Ya sentados en la mesa, recuerdo que nos dijo Gabaldón: Primero nos vamos a colocar los casados. Y así lo hicimos en número de 14, para quedar los solteros para después; pues, él creía en amuletos. Ese otro día, por la tarde, partimos para Biscucuy.

Nuevamente en Biscucuy, también muy desorientados: se resolvió situarnos dentro de Córdoba, que, como región helada y montañosa, nos ofrecía gran refugio y también ser inalcanzables por el Gobierno.

Por otra parte, como región de sólo montaña, y alta se situaba impenetrable para ofrecer gran resistencia.

Pues el cerco por parte del Gobierno se venía reincorporando, y también vastamente cuantioso, por figurar buenos generales dirigiéndolo, y así era necesario colocarnos dentro de buen recaudo respectivo.

Ahora, ésta su resistencia nos resultó ser muy penosa, por figurar sin recursos de armas y pertrecho. Pues las que cargábamos eran exiguas y carecían de balas. Por este motivo, nuestra fe se había sumergido, al igual que la potencialidad de nuestras energías. Figurábamos exhaustos y también ya acobardados, como hondamente desilusionados, pues habíamos sido engañados, y toda la opinión nacional nos condenaba, en lugar de elogiarnos por nuestra proeza y osadía.

Permaneciendo en Córdoba penosamente resistiendo, dentro de una de mis visitas a la casa de familia que albergaba al General Gabaldón, y a la vez, tomándonos una taza de café, me dijo: Compadre, lo juzgo mejor que otro cualquiera para que se traslade hasta Los Ranchos y perciba allí el contingente de tropa que Mano Lan me envía y también le he solicitado; y así es, que tan pronto lo reciba, lo conduce hasta la Montaña de María Lionza, para que vaya a reforzar al sector de tropa que comanda Leopoldo Riveros, quien se encuentra ya peleando al batallón que comanda el General León Jurado.

Este cometido me resultó harto penoso y también muy expuesto, tomando en cuenta el mal camino y sectores montañosos que tenia que atravesar hasta situarme dentro del paraje montañoso donde se encontraba Leopoldo Riveros. Sin embargo, me sostuve sin percance alguno y así es, que, descendí hasta el fondo de la quebrada que separaba ambas cordilleras, y donde hallé acurrucados y también solitarios a los dos Coroneles, Orestes Briceño y Rafael Piñero, hombres de pelo en pecho y también habiendo sido formados por el General Rafael Montilla, el Tigre de Guaitó. Eran mis mejores buenos amigos, pero aislados, a como se encontraban, y habiendo perdido su guarnición, figuraban marginados.

Más adelante y dentro de plena montaña, tropecé con el Teniente Mogollón, quien figuraba ya desertor, y atascado a como se encontraba dentro de un charco de barro, su posición me causó mucha tristeza; pues figuraba con un machete y un máuser metido dentro del barro hasta la cintura y también lloviendo reciamente, y así es, que me dijo que se encontraba hambriento y también mojado. Me refirió que Leopoldo Riveros ya se sostenía dentro de la retirada, por falta de pertrechos y también de hombres. Es desde aquí y cargando solamente 10 hombres como contingente percibido de Mano Lan que me encumbré hasta el centro de la montaña, y verificándolo penosamente, dado la maltrecha vía y el estado lluvioso, que no escampaba; y así es, que llegué al campamento donde se encontraban los hermanos Torres, y cordobeños y gente muy valiente.

Informado plenamente de la maltrecha situación que sostenía Leopoldo Riveros, obtuve de estos hermanos Torres, que en número de 16 hombres, también armados, escalonaran el resto de la montaña hasta el campamento de Riveros, para reconstruirlo y continuaran peleando, mientras regresaba otra vez donde el General Gabaldón, en solicitud de más fuerzas; y así es, que, a mi regreso hasta Córdoba, contacté dentro de la vía que conducía al contingente de tropa tocuyana que comandaba el Doctor Julio Alvarado Silva, o directamente, un hermano suyo, pues él figuraba como Jefe del Estado Mayor.

Situando, otra vez, en Córdoba, me encontré con la nueva novedad existente de que, en vista de nuestra maltrecha situación, el General Gabaldón conducía una solicitud para el General Gómez, ofreciéndole que toda la oficialidad fuera a la cárcel, para que la tropa quedara en libertad; sin embargo, Gómez rehusó esta precaria solicitud cursativa, por órgano del General Argenis Asuaje, quien se encontraba acampado en Guarico, manteniendo como su secretario a don Mario Araujo, viejo gran amigo del General Gabaldón.

Esta respuesta fue recibida por mí, encontrándome de retorno de la montaña inmediata con el sitio de La Raya, donde me había trasladado con fines de alcanzar llegar hasta Ospino; pero con la mala suerte de encontrarse aquí el General Sálvano Uzcátegui con su contingente de Barinas y cercando esta vía. Situado en un puesto de observación y haciendo frente con el sitio de Las Quebraditas y altura ocupada por el General Federico Araujo, percibí del chofer del General Asuaje, la respuesta de Gómez negativa. Cuando hice ésta su entrega al General Gabaldón, figuraba ya disponiendo ésta su salida (con el resto de la tropa que le quedaba) para situarse en Santo Cristo, o Biscucuy, y así era que tenía que atravesar la montaña rellena que separa estas dos distancias. Incluido dentro de esta retirada, llegamos hasta la orilla izquierda del río Saguás crecido a como se encontraba, se nos hizo imposible su paso. Era de madrugada y lloviendo mucho, dentro de este estado como desgarrador-- que sosteníamos, fue que Gabaldón nos dijo que nos salváramos a cómo mejor lo consiguiéramos.

Reunido con el General Alvarez, mi gran buen amigo, me ofreció ésta su compañía, con dos buenos muchachos que como su escolta lo acompañaban; sin embargo, al rato de encontrarnos, ya para remontar esta penosa vía y ascenderla otra vez, hasta más abajo del pueblo de Córdoba, se nos reunió Sandalio Linares con su sector de tropas y hermanos; y luego dentro de la mediación montañosa lo hizo de igual manera Leopoldo Riveros; así es, que hubimos de recorrer la misma travesía montañosa del día anterior, hasta llegar a la casa aislada donde habíamos pernoctado y tomado café. Ya aquí, por un baquiano que se encontraba en esta citada casa, me informé de una vieja pica que conducía desde Córdoba hasta Guanare; así es que la utilizamos; situándonos en este último paraje, encontramos un viejo cambural de topocho, y tomando algunas manos, nos pusimos a comerlas haciéndolas rebanadas fijándoles mantequilla de una lata que todavía le quedaba al General Alvarez. Aquí encontramos la cabecera del río Portuguesa, pero dentro de altos y hondos barrancos, que no se alcanzaba a transitarlos. Por tanto, aislados dentro del centro escarpado de esta región montañosa, nos recostamos, y con las bestias fijadas con sus riendas dentro de la cintura y previendo que nos quedaramos dormidos, y también nos abandonaran. No se conseguía agua para apagar la sed.

Ese otro día alcanzamos a llegar, o ascender, hasta el sitio de El Portachelo pastoso, aquí conseguimos tomar agua y tomar agua y distinguir a Suruguapo como viejo hato gabaldonero, sin embargo para llegar hasta él, había que descender otra vez por la vía opuesta hasta llegar al río de La Portuguesa y, crecido a como se encontraba, se hacia muy difícil pasarlo. Sin embargo, como nuestras mulas eran muy buenas conseguimos pasarlo y colocando tropa agarrada de las colas y así es: que logramos colocarnos dentro de su orilla opuesta. 

Después de pasar el río Portuguesa, se dispuso nuestra comida con las frutas de los árboles conocidos, y así es, que nos situamos en el hato de Suruguapo propiedad de don Pancho Sereno. Ya aquí; les hablé a todos los compañeros, para abandonarlos a su suerte, conforme yo me sostenía dentro de la mía. Hice compra de ti novillo y les hice reparto de su carne; y así es, que me retiré hasta Ospino; y posteriormente hasta Colombia, donde llegué al Hato del Porvenir paraje éste lejano y también hundido dentro de las sabanas del Corozal y Cravo Norte.

Mi fecha de arribo hasta Colombia suscribió la del día 30-8-29

Corolario


Situado ya en Colombia Arauca, me  sostuve hondamente sumergido y asimismo actuando como comerciante, pero sin posibilidades de retornar otra vez a Venezuela. Había dejado abandonada a mi señora y mi hijo mayor, sosteniendo año y medio de casado, y mi hijo contando cuatro meses como su edad.

Este hondo gran vacío me afectó desgarradoramente, y así es: que tuve que pedir las garantías al General Gómez para retornar al hogar que había dejado: para rehacerlo y situarme dentro de mi situación de trabajo.

Sin embargo, no obtuve las garantías solicitadas: sosteniendo como ésta su secuela que fuera publicada mi carta, por figurar aparejada dentro del estado político existente. Esta publicación me colocó dentro del ostracismo político existente opositor. Por este motivo, mi regreso al País no resultó beneficioso ni tampoco satisfactorio. La opinión me señalaba inoperante y también recusado.

Ahora, como ésta su secuela: sustento que mi inclusión reivindicativa no fue incondicional, ni tampoco enmarcada dentro del fuero contrarrevolución ario existente. Mal podría fijarme dentro de estado indefinido y opositor estéril: a como figuraba la contrarrevolución gomecista, dentro del estado de anarquía y llena de consabidos y también estacionamiento cruento diletante.

Por este motivo, jamás me ha pesado haberlo hecho; ya que jamás he debido abandonar el hogar integrado por la mujer y un hijo. Así es: que vuelto al hogar, lo hallé relleno y fijando estado mustio, pero de siempreviva.

Por otra parte, el mismo General Gabaldón resultó ser otra vez mi amigo de siempre. Nuestra posición ulterior, revive estado transigente y elocuente.
Gonzalo García

Ya, a los 79 años es que figuro consignando esta Reseña de aquella Revolución y año de 1929; para situar este recordatorio y fijarlo tal como ocurrió. Sin embargo, no lo hago como su publicidad, sino tomando en cuenta este mi antecedente y patrio ostensor, que figura eclipsadamente mustio y asimismo sumergido; pero como hombre público que todavía soy, demuestro toda mi sinceridad, como la causa que sostuve para haber pedido mis garantías. 

Gonzalo García

Caracas, 7-11-78.

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